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ĜØŁĐ - Capítulo 8

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  4. Capítulo 8 - 8 Capítulo 8 El precio de una promesa
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8: Capítulo 8 ” El precio de una promesa” 8: Capítulo 8 ” El precio de una promesa” –La razón por la que te ataqué es sencilla —dijo Nox, y con un leve movimiento de sus manos, el ataúd que siempre cargaba comenzó a abrirse lentamente.

Lilith, al verlo, se puso en guardia; su espada de doble filo vibraba con un brillo amenazante.

Yo tragué saliva.

Por dentro detestaba que Nox no atacara; esa calma me ponía más nervioso que cualquier golpe.

Pero, para mi sorpresa… no atacó.

Cuando el ataúd se abrió por completo, quedé helado.

Dentro había un cuerpo.

Un cuerpo perfectamente conservado, sin el menor rastro de descomposición.

—Dime —dijo Nox, con voz baja pero firme—, ¿qué harías si tuvieras la posibilidad de revivir a la persona que más amas?

Esa pregunta me atravesó el alma.

Por un momento, los recuerdos que tanto había intentado enterrar regresaron con fuerza: gritos… una figura bañada en luz… y un cuerpo convirtiéndose en oro ante mis ojos.

Sacudí la cabeza, intentando alejar las imágenes, y le respondí: —No lo s… Pero antes de terminar, el cuerpo dentro del ataúd se volvió completamente visible.

Ya no era una sombra.

Era una chica de unos 1.70 de estatura, cabello castaño oscuro, piel tan pálida como la nieve.

Parecía dormida… pero no respiraba.

Su quietud era demasiado perfecta.

Nox habló de nuevo, sin apartar la vista de ella: —Tal vez no lo sepas, pero además de las maldiciones existen objetos malditos.

No todos sirven para luchar; algunos tienen propósitos más… especiales.

Si sabes usarlos, hasta el objeto más inútil puede volverse poderoso.

Señaló el ataúd con una mezcla de orgullo y tristeza.

—Como ves, este ataúd no fue creado para pelear.

Solo sirve para evitar la descomposición del cuerpo… pero, después de tantos años de batallas y experimentos, logré comprenderlo.

Ahora puedo usarlo de formas que antes ni imaginaba.

Lo que viste en el hospital fue una muestra de ello.

Aunque, claro… cada uso tiene un precio.

Si lo fuerzo demasiado, pierdo el control.

Y créeme: todos los objetos malditos piden algo a cambio.

A veces… hasta tu propia vida.

Sus palabras me dejaron helado.

¿Objetos malditos?

¿Más personas como yo?

Era demasiada información.

Pero aún no respondía lo más importante.

—¿Y eso qué tiene que ver con que me atacaras?

—pregunté, frunciendo el ceño.

Nox sonrió con esa arrogancia que me hervía la sangre.

—Tiene todo que ver.

La razón por la que te ataqué fue… para revivirla.

Mis ojos se abrieron de par en par.

—¡Eso es imposible!

¡Una persona muerta no puede regresar!

—¡Claro que sí!

—gritó él, lleno de furia—.

¡Aquella persona me lo prometió!

—¿Aquella persona?

—repliqué, alzando la voz—.

¿Quién es?

Nox se dio cuenta de que había hablado de más; su mirada se endureció.

No dijo nada más, solo se giró hacia la puerta.

—Como ya te dije —murmuró mientras caminaba—, hay objetos que pueden lograr cualquier cosa… incluso traer a alguien de la muerte.

Pero el costo son sacrificios.

Y tú… eres el último que necesito.

Una persona con una de las maldiciones más poderosas que he visto.

Ese es el precio.

Se detuvo antes de cruzar el umbral.

—Por haberme ayudado cuando quedé inconsciente, no te atacaré hasta que te recuperes.

Pero, cuando eso pase… vendré otra vez por ti.

—¡¿Y cómo sabes si no te están usando?!

—le grité.

Sin voltear, cerró la puerta con fuerza y solo dijo una última frase: —Es en lo único que puedo tener esperanza ahora.

El silencio que quedó después fue abrumador.

Solo me quedé allí, viendo la puerta cerrada, con más preguntas que respuestas.

Y un presentimiento amargo… de que lo peor apenas comenzaba.

Suspiré y miré el reloj.

8:00 p.m.

Aaah, apenas son las ocho… espera… ¿¡YA SON LAS OCHO?!

¿Tanto tiempo ha pasado?

Volteé hacia Scarlett, que seguía tan tranquila como si no hubiera pasado media vida desde que llegamos.

Ya pasó tanto tiempo y ella sigue aquí… será mejor que la acompañe antes de que piense que soy un maleducado o algo así.

Me levanté decidido, pero apenas di un paso, una mano firme cayó sobre mi hombro.

Sentí una presión tan fuerte que mi respiración se detuvo.

Lentamente giré la cabeza… y ahí estaba Lilith, con esa mirada gélida que podía hacer que hasta un demonio pidiera disculpas.

Su aura helada me envolvió, tan intensa que me quedé completamente inmóvil.

—A-ah… espera, espera, espera… —balbuceé, tratando de no sonar como alguien rogando por su vida (aunque lo estaba haciendo).

Lilith me apretó un poco más el hombro.

—Conque tienes una herida —dijo con voz firme—.

No vas a ir a ningún lado.

Sé cómo eres y no pienso dejar que te esfuerces más.

Yo llevaré a la chica a su casa.

“No pienso dejar que te esfuerces más.” Era su forma de preocuparse, lo sabía… pero igual daba miedo.

Pero no tuve tiempo de protestar.

De pronto, mis pies dejaron de tocar el suelo, y lo siguiente que recuerdo fue estar acostado en mi cama, arropado hasta el cuello.

Ni idea de cómo lo hizo, pero definitivamente rompió las leyes de la física y del consentimiento.

Lilith estaba en la puerta junto a Scarlett, lista para salir.

Antes de cerrar, me lanzó una mirada que decía claramente: “Si te levantas, te mando directo al hospital.” Solo pude asentir, con la expresión de alguien que acaba de firmar su sentencia.

La puerta se cerró con un suave clic.

El silencio llenó la habitación.

Suspiré, hundiéndome en la cama.

—Genial… me cuidaron a la fuerza —murmuré, mirando el techo—.

¿Así se siente tener una niñera profesional con espadón incluido?

Me giré hacia un lado, viendo el vacío junto a mí.

Aunque… bueno, se preocupó.

No lo dirá nunca, pero se preocupó.

Y eso… eso vale más que todo el hielo del mundo.

Hice una mueca.

—…aun así, sigo vivo de milagro.

Y, con ese pensamiento, cerré los ojos, resignado.

—Lilith Nevaris… la sirvienta, la sombra… y ahora oficialmente mi pesadilla con uniforme de enfermera —murmuré, medio sonriendo.

Miré al techo, medio frustrado y medio agradecido.

Supongo que… solo quería ayudar, a su manera.

Me acomodé en la cama, cerré los ojos y solo pensé una cosa antes de quedarme dormido: Si esto es cuidarme, no quiero ni imaginar cómo será cuando se enoje de verdad.

El dolor en mi costado me despertó.

Abrí los ojos… y casi me da un infarto.

Lilith estaba frente a mí, mirándome seriamente.

Tan cerca, tan inmóvil, que sentí cómo el corazón se me quería salir por la boca.

—¿Q-qué… haces… Lilith?

—pregunté con la voz entrecortada—.

Ya… es muy tarde.

Ella no apartó la vista.

—¿Cómo que qué hago?

—respondió con su tono frío de siempre—.

Estoy cuidando de ti.

Su mirada se volvió aún más molesta.

—No puedo creer que no me dijeras que estabas herido.

¿Acaso pensabas ocultármelo?

Tragué saliva.

—Es que… no quería preocuparte.

Lilith suspiró y me dio un suave golpe en la frente.

—Tonto —dijo, con una leve sonrisa que apenas duró un segundo—.

Es mi obligación cuidar de ti.

Tomó una gasa y una pomada de la mesita, se sentó al borde de la cama y añadió: —Así que no te muevas.

Déjame hacerme cargo de tu herida.

No pude evitar reír nervioso.

—¿Sabes que das miedo cuando dices eso, verdad?

Lilith lo ignoró.

—Cállate y respira.

Mientras limpiaba la herida con cuidado, su expresión se suavizó.

—No vuelvas a hacerte el fuerte solo para que yo no me preocupe —murmuró—.

No necesito que finjas.

Me quedé en silencio.

Por un momento… juraría que la temperatura del cuarto ya no era tan fría.

Cuando terminó, colocó una venda nueva y se quedó observándome, asegurándose de que no intentara levantarme.

—Listo —dijo en voz baja—.

Ahora duerme.

—Pero si no tengo… —bostecé— …sueño… No sé si fue la herida, el cansancio o su voz tan tranquila, pero apenas parpadeé… y el sueño me arrastró sin resistencia.

Lo último que sentí fue una mano tibia retirándome el flequillo y la voz de Lilith susurrando, casi imperceptible: —Descansa… idiota.

Y así, entre el silencio y su presencia, caí dormido.

Por primera vez en mucho tiempo… sin sentir miedo.

————————————————— Al alejarme de la casa de Jay, mientras caminaba bajo la luz de las estrellas, resonaban en mi cabeza sus últimas palabras.

Cada paso sonaba hueco, como si el eco del pasado me persiguiera.

Sabía que existía la posibilidad de que todo esto —mi misión, mi promesa, mi lucha— solo fuera una farsa.

Que tal vez me estaban utilizando… pero no podía permitirme dudar.

No después de tanto.

Tenía que creer.

Tenía que aferrarme a algo, aunque fuera una mentira.

Porque, si soltaba esa creencia… si admitía que todo esto era inútil… entonces ella habría muerto por nada.

El precio de mi promesa era grande.

Demasiado grande.

Pero ya había aceptado pagarlo, incluso con mi propia alma.

El viento soplaba frío y el silencio de la noche se volvió pesado.

De pronto, sentí algo.

Una presencia detrás de mí.

No era humana.

No era normal.

Era algo… conocido.

Me detuve, entrecerré los ojos y entré en un callejón oscuro.

Las luces parpadeaban débilmente, proyectando sombras distorsionadas.

—¡Sal!

—grité con voz firme—.

¡Sé que estás ahí!

El sonido de pasos lentos resonó en la oscuridad.

Una voz masculina, tranquila pero cargada de burla, respondió: —Qué temperamento el tuyo, Nox… No has cambiado nada.

Intenté distinguir su rostro, pero solo vi una figura envuelta en un manto negro, su silueta deformada por las sombras.

—¿Quién eres?

—pregunté, aunque en el fondo ya lo sabía.

La voz sonrió; podía escucharse en su tono.

—No importa quién soy.

Lo importante es quién me envía.

El aire se volvió más denso.

Mi corazón se aceleró.

—Aquella persona —continuó— me mandó para decirte que está muy decepcionado de ti.

Me quedé helado.

—¿Decepcionado?

¿Por qué?

—respondí incrédulo—.

¡He cumplido con todo lo que me ha pedido!

¡Cada misión, cada sacrificio, cada maldito paso!

La figura avanzó un poco.

—¿De verdad lo crees?

—dijo, casi divertido—.

Has hecho lo que se te ordenó, sí… pero también has dudado, Nox.

Y la duda es el primer paso hacia la traición.

—¡No he dudado!

—grité, aunque incluso a mí me sonó débil.

El desconocido soltó una carcajada suave.

—Tu corazón dice otra cosa.

Te preguntas si ella realmente volverá, ¿no?

Si todo este sufrimiento, toda esta sangre… valdrá la pena.

Apreté los puños.

No podía negar lo que decía.

—Cállate —dije entre dientes.

—Oh… ¿te toqué una herida?

—su voz se volvió venenosa—.

No olvides con quién hiciste el pacto.

Aquella persona lo ve todo, lo sabe todo… y no tolera los errores.

Dio un paso más.

Vi un brillo carmesí en sus ojos.

—Considera esto una advertencia, Nox.

La próxima vez que falles, no será una conversación como esta.

—¿Advertencia?

—repliqué—.

¿Y qué se supone que he hecho mal?

El sujeto guardó silencio unos segundos y luego habló lentamente: —Tú sabes bien el porqué.

Has dejado que la compasión te distraiga.

Has interferido con quienes no debías.

Y lo peor… has empezado a sentir empatía.

—¿Empatía?

—murmuré.

—Sí —respondió—.

Ese chico, Jay.

Él no era parte del trato.

No debiste involucrarte.

Ahora los ojos de “aquella persona” están puestos sobre ti.

Mi respiración se volvió pesada.

Pensé en ella… en la promesa.

—Entonces… ¿qué quieres que haga?

—pregunté en voz baja.

Sentí cómo la sombra sonrió.

—Cumple tu misión, Nox.

Y hazlo sin dudar.

Esta vez solo fue una advertencia; la próxima será tu sentencia.

Comenzó a alejarse, pero antes de desaparecer se detuvo.

—Tu próxima misión se te asignará mañana.

Y esta vez… no habrá segundas oportunidades.

—¡Espera!

—grité—.

¡Dime al menos qué quieren de mí!

La sombra giró apenas el rostro.

—Suerte, Nox… la vas a necesitar.

Y se desvaneció entre las sombras.

El silencio regresó.

Solo el viento acompañaba mi respiración agitada.

Sabía que esa advertencia no era solo eso.

Era una amenaza.

Una sentencia disfrazada de compasión.

Apreté los puños, respiré hondo y murmuré para mí mismo: —No pienso fallar… no ahora.

Y seguí caminando, dejando que mi sombra se perdiera bajo la luz de la luna.

Con ella, mi última pizca de duda también desapareció.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Agente000 Y así, con esta escena, se empieza a revelar la verdadera oscuridad detrás de Nox.

Ya no hay vuelta atrás, papus… lo que viene será más intenso, más crudo y con verdades que dolerán.

Las piezas del tablero empiezan a moverse, y cada decisión traerá su precio.

Prepárense, porque el siguiente capítulo no solo será largo… será revelador.

Como siempre —será épico, papus.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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