Guerra de Invocadores: Solo Yo Invoqué Bestias Divinas - Capítulo 769
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Capítulo 769: Profundos y Necrófagos Marinos
Nathan se quedaba mirando el mar cada vez que tenía tiempo, y parecía estar pensando en algo profundo.
Flora y Selena sentían curiosidad, pues Nathan podría haber descubierto algo importante.
Pero Anubis y Fenrir estaban a su lado, lo que las hizo pensar que Nathan estaba discutiendo algo con ellos dos en vez de con ellas.
Lo que no sabían es que Anubis y Fenrir arqueaban las cejas, pues Nathan había vuelto a enloquecer.
—Mmm… Esto es muy difícil. Me pregunto a quién debería elegir. ¿Debería ser Cristóbal Colón? No, la verdad es que no. Ahora mismo no estoy intentando encontrar una isla. Quizá pueda decir que soy Cristóbal Colón cuando estemos buscando otro continente.
—¿Y qué tal el Almirante Zheng He? No, no. Fue un explorador, así que no creo que encaje con la temática actual. ¡Quizá debería reírme y ya está, Yohohoho! —esbozó una sonrisa pícara Nathan.
—… —Anubis y Fenrir no supieron qué decir al ver a Nathan ponerse así.
—No me importa a quién intentes imitar, pero no olvides que estamos aquí para encontrar el objeto para el próximo familiar. Si te andas con estos juegos, podríamos fracasar, ¿sabes? —suspiró Anubis.
Nathan hizo un puchero. —¿No puedo divertirme un poco?
—Puedes hacer eso en el viaje de vuelta —negó Anubis con la cabeza—. Aunque seamos capaces de luchar, puede que no seamos de mucha ayuda. Este es un territorio desconocido para nosotros, así que, en lugar de quedarte aquí, deberías volver dentro y conservar energías.
—¿El pájaro todavía no ha vuelto? ¿Aún no hay alienígenas? —frunció el ceño Fenrir—. Por ahora no veo que se acerque nada peligroso, así que todo debería ir bien. Pero… es extraño. En un lugar como este, debería haber algún alienígena.
Nathan negó con la cabeza, impotente. —Yo tampoco lo sé, pero si hablamos de alienígenas, se me ocurren varios nombres.
—Según la descripción básica, parece que nos enfrentaremos a los Profundos. Son los seres acuáticos más famosos, con rasgos de pez y de rana. Pueden vivir en las profundidades del océano, pero también pueden subir a la superficie.
—Aunque, si no recuerdo mal, de hecho pueden cruzarse con los humanos y crear descendencia híbrida. Por ahora no estoy seguro, así que quizá se lo pregunte a la duquesa más tarde.
—Aun así, no creo que encontremos al Padre Dragón ni a la Madre Hidra en esta expedición. Son dos Profundos enormes, casi divinos, a los que adoran sus congéneres inferiores.
—El problema será Cthulhu. Se le considera un primigenio. No sé si está en este planeta o no. En cualquier caso, si nos adentramos más en el mar, podríamos encontrarlos. Sin embargo, mientras no existan historias sobre ellos, no deberían aparecer en esta misión.
—¿Quizá uno de sus engendros, como Zoth-Ommog? —Nathan entrecerró los ojos—. Sea como sea, no podemos bajar la guardia.
Fenrir sonrió con arrogancia. —¿Je? Parece que pronto nos vamos a divertir.
Anubis suspiró. —¿Por qué tengo la sensación de que cuanto más fuertes nos volvemos, más nos acercamos a la verdad? Y más fuertes son los alienígenas a los que debemos enfrentarnos. Todo este tiempo hemos estado luchando contra sus engendros, pero una vez que nos acerquemos a la verdad, ¿se supone que tendremos que luchar contra esos seres con nombre propio?
Nathan asintió. —Es lo más probable. Al fin y al cabo, quien abrió el portal a este mundo fue uno de esos seres.
—¡Dejadme luchar contra ellos!
Nathan le echó un vistazo al rostro emocionado de Fenrir antes de darse la vuelta. —En fin, estad atentos a los enemigos. Yo me retiro primero.
Fenrir y Anubis no dijeron nada y permanecieron en su puesto, asegurándose de que no se acercara ningún alienígena.
Antes de regresar, Nathan fue a ver a Flora primero. Había algo que necesitaba de ella.
—¿Qué? ¿Lo dices en serio? —Flora parpadeó un par de veces, confundida por la petición que le acababa de susurrar.
—Sí. Es solo una medida de seguridad. Ya conoces mi suerte, así que tengo que hacerlo de un modo u otro —asintió Nathan.
Flora se lo pensó un momento antes de aceptar. —Está bien. Debería ser bastante fácil.
—Genial. Gracias. Voy a ver a tu tía un momento, que hay algo que me gustaría preguntarle.
—¿Mi tía? No me digas que te gustan las mujeres mayores… —entrecerró los ojos Flora—. ¡Aunque Selena lo acepte, yo no!
Nathan sonrió con amargura. —Aunque me gustasen las mujeres mayores, tu tía no sería una de ellas.
—¿Eso significa que sí te gustan? —volvió a entrecerrar los ojos Flora.
—… —A Nathan le tembló una ceja. ¿Por qué tenía la sensación de que Flora se parecía cada vez más a Selena en su forma de entenderlo?
Nathan soltó un suspiro y se limitó a agitar la mano mientras se alejaba.
En cuanto llegó al despacho de Lena, empezó a preguntar por las leyendas del pueblo, pues quería confirmar quiénes eran sus oponentes.
—Mmm… —Lena se cruzó de brazos—. Nunca he oído hablar de esa leyenda. Nunca ha venido ningún monstruo enorme a la ciudad.
—En cuanto a nuestros oponentes, sí, son esas criaturas con aspecto de pez o de rana. Sin embargo, hay algunos que se parecen a un necrófago.
—¿Necrófagos Marinos? —Nathan enarcó una ceja—. Ya veo. Profundos y Necrófagos Marinos, ¿eh?
—¿Conoces sus nombres? —frunció el ceño Lena.
—Mis familiares se enfrentaron a ellos, no a esas dos razas en concreto, sino a los alienígenas —dijo Nathan, mintiendo con tanta naturalidad que Lena no encontró ningún fallo en su expresión o tono—. A esos dos se les conocía por esos nombres.
—Ya veo. Aun así, no sé nada sobre esa leyenda. Mi familia lleva aquí al menos un siglo y nunca ha sucedido nada parecido.
—Además, ¿qué has dicho antes sobre el cruce? ¿Es eso siquiera posible?
—¿Quizá? —Nathan sonrió con amargura—. No lo sé.
Lena bajó la vista, sumiéndose en sus pensamientos. —Mmm. Nunca he oído hablar de cruces. Y cuando nos atacan, solo se centran en matar.
—Ya veo —pensó Nathan—. «¿Será por la célula negra que a estos alienígenas les encanta matar en vez de reproducirse? En cualquier caso, no es un tema agradable de tratar».
—En fin, gracias por la información. Solo con sus nombres ya es suficiente. Si podemos averiguar más sobre los alienígenas, mejor que mejor —asintió Lena—. Por ahora…
Justo cuando iba a decirle a Nathan que descansara un poco, oyeron sonar la campana del barco, que anunciaba un ataque.
—Por ahora… —Lena sonrió con amargura, corrigiéndose a sí misma—. Sal y asegúrate de que no nos destruyan.
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