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GUERRA EN EL MUNDO MAGICO - Capítulo 10

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Capítulo 10: Capítulo 10 Entre Espadas y Melodías

“Costillas y Secretos”

Magnus levantó a Kara en brazos y la llevó al cuarto de sanación del edificio, mientras Lusian, adolorido y con el cuerpo resentido, se dirigía a su habitación decidido a descansar y evitar el contacto con cualquiera durante el resto del día. Sin embargo, justo cuando estaba por alejarse, escuchó la voz preocupada de Emily llamándolo.

—Lusian, ¿estás bien? —preguntó ella, con los ojos llenos de inquietud.

—Sí… solo necesito descansar un par de días —respondió él, tratando de mantener la compostura mientras ocultaba el dolor de sus costillas rotas.

—Aunque aún soy una novata, creo que puedo ayudarte con la magia de curación que he aprendido estos días —dijo Emily, dando un paso adelante con timidez, pero con auténtica determinación.

Lusian no esperaba ayuda de nadie, pero apreció su intención y asintió con un leve suspiro.—Creo que me rompí dos costillas del lado derecho.

Emily se acercó con cuidado, colocando sus manos sobre la zona afectada. Murmuró el hechizo con suavidad, y un tenue resplandor azul envolvió sus palmas, extendiéndose hacia la herida. El calor sanador recorrió el costado de Lusian, aliviando la presión y relajando los músculos tensos, aunque el dolor profundo persistía: las costillas aún estaban lejos de recuperarse por completo.

—Gracias, Emily. Tu ayuda ha sido muy valiosa —dijo Lusian con sinceridad, dejando entrever una gratitud que raramente mostraba.

Emily sonrió con suavidad y lo dejó apoyarse en su brazo, guiándolo con pasos lentos y cuidadosos por el pasillo, procurando no aumentar su dolor. Lusian avanzaba con esfuerzo, pero la presencia de ella hacía la carga un poco más ligera.

A la distancia, Alejandro observaba desde la sombra de una columna. Su expresión era una mezcla de furia contenida y celos mal disimulados. Sus manos se tensaron hasta que los nudillos se volvieron blancos, y sus ojos siguieron cada movimiento de Emily, cada gesto, cada palabra de cercanía que ella compartía con Lusian.

La escena, para él, no era solo incómoda: era intolerable.

Al finalizar la semana, comenzó la clasificación de combate en el salón 1A. Sobre la plataforma, Jaslin Erkham y Sandra The Mondring se encontraron frente a frente, a una distancia de cuatro metros. La maestra Clara dio la señal, y ambas magas concentraron su energía para conjurar hechizos.

A los diez segundos, una ola de agua de cuatro metros se alzó y se precipitó hacia Jaslin. Con gran destreza, ella ejecutó un conjuro avanzado de tormenta de hielo, congelando la mayor parte del ataque. El resto del agua se dispersó sobre la plataforma, dejándola húmeda pero sin causar daño. Aunque Jaslin logró defenderse, su maná se había reducido notablemente: cada conjuro avanzado drenaba grandes cantidades de energía mágica, mostrando las limitaciones de los magos en combates prolongados.

Sandra, parcialmente congelada, evidenciaba que incluso un hechizo bloqueado podía dejar secuelas si la defensa no era perfecta.

Este enfrentamiento destacó dos puntos clave: la diferencia entre niveles de hechizo —básico, intermedio y avanzado— y la gestión del maná, pues un mago demasiado ambicioso podía agotarse antes de finalizar la pelea.

Cuando la plataforma estuvo lista de nuevo, gracias al hechizo de descongelación de Clara, llamó a Emily y Summer Kesller. Emily invocó una esfera de luz que flotó sobre su cabeza, mientras Summer levantaba un tornado con su magia de viento. La esfera de Emily lanzó rayos de energía que chocaron contra el tornado, generando un espectacular choque de fuerzas.

Summer apenas pudo mantenerse firme; su maná disminuía rápidamente, intentando sostener el tornado y al mismo tiempo protegerse de los rayos. Finalmente, cayó al suelo, exhausta, mientras Emily todavía conservaba parte de su energía.

Este duelo dejó en claro otra lección importante: un mago que intenta mantener dos efectos poderosos al mismo tiempo puede quedar vulnerable si no administra bien su maná, y la resistencia física también resulta crucial, ya que sostener la concentración bajo presión desgasta tanto como recibir daño directo.

Luego fue el turno de Naomi Sneider y Abdel Brown, ambos especialistas en magia de fuego. Durante la batalla, lanzaron conjuros avanzados como lluvia de fuego e inferno, incendiando toda la plataforma. Naomi logró mantenerse en pie con quemaduras leves, mientras Abdel requirió ayuda inmediata de la maestra Clara para evitar lesiones graves.

Al ver esto, Naomi exclamó emocionada:

—¡Maestra, estamos listas para enfrentar a los caballeros y quemarlos hasta los huesos!

La maestra Clara respondió con cautela:

—No seas ilusa. Un hechizo avanzado tarda de diez a quince segundos en conjurarse, y un caballero puede dejarte fuera de combate en cinco.

Naomi se quedó en silencio, sorprendida:

—¿De verdad hay tanta diferencia entre magos y caballeros?

—Sí —explicó Clara—. Los caballeros tienen velocidad y resistencia física superior. Pueden ejecutar ataques mortales antes de que un mago complete un hechizo avanzado. Por eso los magos deben aprender a combinar rapidez, defensa y estrategia, en lugar de confiar solo en el poder bruto de su magia.

En ese momento, el anuncio de un duelo clasificatorio entre un caballero y un mago resonó por toda la academia. Los estudiantes de la clase 1A salieron rápidamente hacia la arena para presenciar el enfrentamiento.

“Maná Lo Paga Todo”

Cansada de la persistencia de Lorenzo, Elizabeth decidió desafiarlo a un combate para ponerlo en su lugar.

La arena vibraba con la tensión mientras Elizabeth y Lorenzo se enfrentaban. Los estudiantes de la clase 1A contenían el aliento, anticipando un choque de poder y estrategia.

La arena temblaba bajo los pasos de Lorenzo. El viento que lo envolvía rugía como una bestia salvaje, levantando remolinos de polvo y desgarrando la bruma en su avance. Cada pisada dejaba una grieta leve en el suelo reforzado, como si el terreno no estuviera hecho para contener su potencia.

Algunos estudiantes retrocedieron instintivamente. Otros sólo susurraron su nivel, con incredulidad:

—Cincuenta y dos…

Lorenzo no los escuchaba. Había dejado atrás la necesidad de impresionar. Solo existía la fuerza de su cuerpo y el filo de su espada.

Esta vez… no retrocederé, pensó.

Su espada silbó al elevarla, cargada con viento de nivel Beta. El aire se apartó a su paso, como si temiera tocar el filo.

Elizabeth lo observó en silencio. No dio un solo paso atrás.

Su cabello flotó levemente, atraído por la electricidad que se acumulaba a su alrededor. No era miedo; era precisión contenida. Su nivel —cincuenta y nueve— y su afinidad Delta le permitían gastar energía con una eficiencia casi antinatural.

Si resisto los tres primeros movimientos, la batalla estará decidida.

No tuvo que esperar. Lorenzo atacó primero.

El impacto fue brutal.

El viento comprimido descendió como una guadaña, pero Elizabeth levantó la mano y el relámpago cayó antes que la espada. Un rayo puro lo golpeó en el pecho y lo empujó varios metros atrás, obligándolo a clavarse al suelo con la hoja de su espada para no caer.

Lorenzo gruñó, dolorido. Chispas eléctricas se dispersaron por su armadura.

—Nada mal… princesa —murmuró, escupiendo sangre.

Elizabeth no respondió. Con un movimiento suave, conjuró cinco esferas eléctricas que comenzaron a girar a su alrededor, emitiendo un zumbido agudo. Cada una lanzaba descargas calculadas que lo obligaban a bloquear o desviar con el viento, drenando con rapidez su resistencia.

Lorenzo comprendió lo peligroso de esa estrategia.

Está administrando su maná… y obligándome a gastar más del que puedo recuperar.No quiere vencerme rápido. Quiere cansarme.

La certeza lo inquietó más que el dolor.

Impulsado por la urgencia, golpeó el suelo con la rodilla y liberó un torbellino encajonado a su alrededor. El aire se volvió cortante. Elizabeth esquivó saltando hacia atrás, pero una ráfaga le cruzó el muslo, dejando una quemadura rasgada de viento.

Sangró. Y sonrió apenas. No por arrogancia, sino con auténtico interés.

—Interesante.

Lorenzo ya respiraba con dificultad. Sus músculos ardían y el viento que lo reforzaba comenzaba a dispersarse. Elizabeth, en cambio, mantenía una postura firme. Sus esferas aún danzaban a su alrededor, aunque más lentamente, como depredadores dando vueltas antes del golpe final.

Él lo entendió.

Su escudo cedió. Su fuerza también.

Elizabeth bajó la mano.

—Fin del cálculo.

Un relámpago descendió desde lo alto, concentrado y silencioso. Golpeó a Lorenzo con precisión absoluta. No hubo grito. Solo el estruendo seco de un cuerpo cediendo ante una fuerza que lo superaba.

El guerrero cayó, inconsciente. La arena vibró con el impacto.

La electricidad que rodeaba a Elizabeth se desvaneció gradualmente mientras ella exhalaba, sin altivez.

—Espero que no vuelvas a molestarme —dijo, en voz baja—. O la próxima te ira peor.

Nadie se atrevió a romper el silencio.

Los estudiantes estallaron en aplausos, primero dispersos, luego poderosos, como una ola que recorrió las gradas. Algunos se pusieron de pie, otros murmuraban con incredulidad; nadie había previsto un desenlace tan calculado. El combate no había sido una demostración de fuerza bruta, sino una lección magistral de eficiencia, afinidad y estrategia.

Elizabeth respiró hondo. Aunque aún sentía un leve temblor recorriéndole el cuerpo, su mirada permanecía firme. No celebró ni sonrió. Simplemente observó a Lorenzo, que yacía a pocos pasos, consciente pero exhausto, con la dignidad intacta de quien cae solo después de haberlo dado todo.

Hubo un instante de silencio reverente.

Lorenzo había resistido más allá de sus límites, reafirmando la fortaleza innata de los guerreros frente a los magos. Pero aquel duelo dejó en claro que el talento natural, la diferencia de nivel y la afinidad Delta de Elizabeth eran factores que iban más allá de la fuerza física. Su control absoluto de la energía, la precisión al mantener la distancia y la capacidad de sostener hechizos avanzados durante toda la contienda habían inclinado la balanza.

Había ganado sin necesidad de imponerse. Venció como lo hacen quienes comprenden su poder: sin desperdiciar un solo movimiento.

La maestra Clara se acercó a Naomi con pasos ligeros, los ojos brillando de emoción y las manos apenas temblando por la adrenalina del momento.

—¡Eso fue extraordinario! —exclamó, sin poder contenerse—. ¡Un mago venciendo a un guerrero!

Alzó una mano como si estuviera a punto de lanzar un hechizo, y su voz se llenó de orgullo.

—¿Lo ven? Esto es lo que ocurre cuando el talento se combina con velocidad… y una pizca de genialidad mágica.

Giró sobre sí misma con una gracia jocosa, contagiando de entusiasmo a los alumnos más cercanos.

—Recuerden esto: lo fundamental no es solo el poder —dijo, señalando hacia la arena—, sino la rapidez al invocar, la precisión al calcular, y jamás subestimar al adversario… ni siquiera a los caballeros más resistentes. Si Elizabeth fue capaz de sostener esa ofensiva mientras lo controlaba todo, es porque convirtió su estrategia en arma.

Algunos estudiantes intercambiaron miradas, sorprendidos al sentirse animados por primera vez tras una batalla tan intensa. Clara sonrió al notar el rubor en sus mejillas.

—Así que… —añadió con un guiño cómplice— ¡a practicar! Y asegúrense de mantenerse despiertos. No quisiera que alguien reciba una pequeña quemadura… puramente didáctica, desde luego.

“Caballeros sin Corona”

Por la tarde, mientras Emily se dirigía a visitar a Lusian, se encontró con Alejandro y Manuel, quienes la saludaron alegremente.

—Felicidades por tu primera victoria, Emily —dijo Alejandro con una sonrisa.

—Estoy muy orgulloso de ti, querida hermana —añadió Manuel.

Emily agradeció y preguntó cómo estaban.

—Bien. ¿Qué haces aquí? Este es el alojamiento de hombres —comentó Alejandro.

—Voy a ver a Lusian para ayudarlo con un hechizo de curación —explicó Emily.

Alejandro, visiblemente molesto, replicó:

—No es necesario que te acerques más a él. Sabes que vamos a ayudarte a romper ese compromiso.

Preocupada, Emily respondió:

—No quiero que hagan nada que ponga a nadie en peligro.

Alejandro intentó tranquilizarla:

—Hermana, no corremos peligro. Todo va según el plan. Mira el escudo que llevo en el pecho.

Emily, sorprendida, preguntó:

—¿Te uniste a los caballeros del rey?

—Sí, quiero ganarme el favor del príncipe Andrew y recuperar las tierras que le pertenecían a mi familia —afirmó Alejandro.

Emily, con cierta tristeza, preguntó:

—¿Entonces ya no volverás a nuestro territorio?

—Los visitaré cuando pueda, lo prometo —respondió él.

A lo lejos, Emily vio a Lusian caminando junto a un lobo negro y se acercó rápidamente.

—¿Adónde vas, Lusian? Deberías seguir descansando —dijo preocupada.

—La maestra Casandra me pidió que la ayudara con una de sus clases —respondió Lusian, acariciando al lobo Umber.

Emily insistió:

—Primero déjame ayudarte a recuperarte un poco.

Lusian, confiado, replicó:

—No creo que sea necesario. Además, tus amigos parecen estar bastante enojados.

Emily, incómoda, los llamó para que se acercaran. Alejandro y Manuel obedecieron, aunque con evidente desgano.

—No esperes formalidades —comentó Alejandro, con altanería—. Esta es la academia.

—Aquí las jerarquías se miden de forma distinta —añadió Manuel, imitando su postura—. Confío en que lo comprendas.

Emily, sorprendida por la actitud, les reprendió:

—Deben comportarse como corresponde.

Alejandro, desafiante, felicitó a Lusian por haber vencido a Kara dos veces y expresó su deseo de enfrentarlo cuando se recuperara, para “despertarlo de su mundo de ensueño”. Lusian respondió con seguridad:

—Claro, cuando quieras. Te ayudaré a ver la realidad. Lo siento, pero tengo cosas que hacer. Les deseo un buen día… —murmuró mientras se alejaba, apenas audible— lejos de mí.

Emily dio un paso adelante antes de que pudiera alejarse por completo.

—Espera, Lusian. Déjame acompañarte.

Alejandro los miró marcharse, notando con frustración que la atención de su hermana hacia Lusian parecía incluso mayor que antes. Pero su expresión cambió cuando los vio entrar al aula de domadores de bestias, donde la maestra Casandra Lloyd los recibió con una sonrisa medida y una mirada que denotaba interés genuino.

La maestra Casandra recibió con entusiasmo a Lusian y dirigió una mirada curiosa a Umber, el imponente lobo que lo acompañaba.

—¡Bienvenidos a mi clase, señor Lusian y señorita Emily! —exclamó con alegría—. He solicitado su ayuda para una demostración ante mis estudiantes sobre el magnífico control que posee la mejor domadora de bestias del reino: la duquesa Sofía.

—Estoy listo para ayudar, maestra Casandra —respondió Lusian con seguridad, manteniendo la calma que siempre lo caracterizaba.

“Domadores y Bestias”

Casandra los condujo al campo de entrenamiento donde se llevaría a cabo la demostración.

Al entrar, Lusian y Emily se encontraron con una joven de cabello negro y ojos amarillos, acompañada por un felino elegante. Al ver a Lusian, la joven se acercó rápidamente y se arrodilló con respeto.

—Bienvenido, mi señor. Es un honor verlo aquí —dijo con reverencia.

La maestra Casandra, visiblemente molesta, interrumpió:

—Adela Douglas, ponte de pie. Este no es lugar para esos gestos.

Adela, discípula de Sofía y leal a Lusian, replicó con firmeza:

—Lo siento, maestra, pero como futura general de los Douglas es mi deber mostrar respeto a mi señor.

—No es necesario aquí, Adela —intervino Lusian con calma, haciendo un gesto para que se levantara.

Ella obedeció, diciendo:

—Como ordene, mi señor.

Casandra retomó el control del campo de entrenamiento y miró a Lusian con firmeza:—Bien, Lusian. En este terreno se espera que demuestres tu control sobre tu bestia.

Con precisión, dio una ligera explicación sobre los domadores. Aquellos de afinidad Alpha, Beta y Gamma podían vincularse con una sola bestia durante toda su vida; los Delta y Epsilon, con dos; y los Omega, hasta tres. Cada vínculo era permanente, roto únicamente por la muerte de la criatura, la cual causaba un dolor que ningún domador podía soportar sin un estremecimiento.

La primera prueba consistió en destruir diez objetivos dispersos por el campo. Lusian dio la orden a Umber, y la bestia los derribó con facilidad. Casandra lo observaba boquiabierta; normalmente, controlar a una criatura de ese nivel con tal precisión requería años de entrenamiento. Y Lusian, ni siquiera domador oficial, lo hacía parecer simple.

La segunda prueba fue una pista de obstáculos. Umber debía recorrerla guiado únicamente por los pensamientos de Lusian. Cada salto, cada giro, cada esquiva se ejecutó sin error alguno. Los ojos de Casandra no podían apartarse de la escena: si la duquesa Sofía hubiera estado presente, se podría suponer que ella controlaba a la bestia. Pero no. Todo indicaba que Lusian era el verdadero maestro.

La tercera prueba enfrentó a Umber contra otra criatura. Dada la categoría de Umber, la única apta para el duelo era la salamandra de Casandra, una imponente criatura de 1,10 metros de alto por 2,50 de largo, clasificada como B-Gamma.

—Práctica sin magia de apoyo —indicó Casandra—. Solo órdenes directas a las bestias.

—Entendido, maestra. ¿Alguna otra indicación? —preguntó Lusian.

—La seguridad de las bestias está garantizada. Pueden resultar heridas, pero contamos con métodos para curarlas —aseguró ella con calma.

El duelo comenzó. Casandra ordenó a la salamandra lanzar bolas de fuego, que Umber esquivó con agilidad sobrehumana. Contraatacó con esferas de maná oscuro, calculadas con precisión quirúrgica. Lusian conocía la debilidad de las salamandras: un golpe en la garganta bastaba para neutralizar sus ataques.

Al notar la oportunidad, Umber ajustó su estrategia. Una esfera de maná oscuro impactó justo debajo de la garganta de la salamandra, dejándola atascada y exhalando humo por la boca. Casandra intentó reaccionar, pero era demasiado tarde. Umber se acercó con decisión y apoyó su pata sobre la cabeza de la salamandra, marcando el final del combate.

Casandra quedó muda, incrédula ante la maestría de Lusian. No había duda: él controlaba a Umber como un verdadero domador… aunque no lo era. La intención de Casandra al convocarlo frente a sus estudiantes era clara: demostrar que manejar a una bestia requiere habilidades excepcionales, y que solo un domador entrenado podría lograrlo. Sin embargo, Lusian la había dejado sin argumentos, mostrando que, gracias al hechizo de su madre, podía controlar a Umber con una facilidad que desafiaba todas las expectativas.

Adela se acercó, feliz por la victoria de Lusian, y le pidió reunirse con ella cuando tuviera tiempo.

Al salir del edificio, Lusian se volvió hacia Emily:—Tengo hambre. ¿Vamos a comer algo?

Emily, sin otros planes en ese momento, sonrió y aceptó encantada.

Al llegar, se encontraron con una gran multitud de clientes, entre los que destacaban Andrew y Elizabeth. Lusian quiso felicitar a Elizabeth por su impresionante victoria sobre Lorenzo, pero, al no poder hacerlo en público, se limitó a dirigirle una rápida mirada antes de guiar a Emily hacia una mesa desocupada.

Ya sentados, Lusian preguntó a Emily qué le gustaría comer. Ella rió suavemente y, en tono de broma, sugirió averiguar si tenían costillas de salamandra ahumada. El tema de las salamandras parecía seguir presente en su conversación, quizás como un guiño divertido tras la reciente batalla entre las bestias mágicas.

Un empleado del restaurante se acercó para tomar la orden de Lusian y Emily y luego se retiró.

—¿Viste la batalla entre Lorenzo y Elizabeth? —preguntó Emily con entusiasmo—. Fue increíble. Me gustaría llegar a ser como ella algún día.

Lusian pensó para sí que ella sería incluso mejor, pero no dijo nada al principio. Sin embargo, terminó soltándolo en voz alta:

—Vas a ser mejor que ella.

Emily se sorprendió y sonrió:

—Gracias… no sabía que me veías así.

Lusian, recordando el personaje de Emily en el juego, decidió profundizar:

—Sé cuánto te apasiona la magia y que quieres usarla para proteger a los que amas. Desde niña, leías libros sobre hechizos, te esfuerzas por ser más fuerte y quieres crear tus propios conjuros. Eres una chica inocente, con sueños grandes… quieres hacer del mundo un lugar mejor.

Emily, impresionada por la precisión de sus palabras, preguntó:

—¿Cómo sabes tanto sobre mí?

—Es normal investigar a la persona con la que te han comprometido —respondió Lusian con naturalidad, aunque en su mente reconocía lo torpe que sonaba ante alguien que apenas conocía.

Emily, consciente de la fama de la familia de Lusian y de la tensión entre ellos, se disculpó:

—La verdad es que no te conozco realmente.

Lusian sonrió suavemente:

—Lo sé. Y es mejor así. Por ahora, concéntrate en tus estudios y en tus sueños. Sé que los lograrás.

Emily agradeció la confianza, y Lusian respondió que no era nada. Pero en su interior, se dio cuenta de que se estaba abriendo demasiado; era peligroso, pues sabía que Emily podría convertirse en una futura enemiga.

Emily, algo preocupada, preguntó:

—¿Qué quieres decir con eso?

Lusian, cambiando rápidamente de tema, sonrió con nostalgia:

—Olvídalo… solo estoy un poco pensativo.

Después de disfrutar su comida y conversar con tranquilidad, Lusian y Emily se levantaron del restaurante. La tarde avanzaba y el aire estaba lleno de la mezcla de aromas de la ciudad y del bullicio de los preparativos para el torneo clasificatorio de la clase 1A.

—Se ve que hoy hay mucho movimiento en la academia —comentó Emily, observando a grupos de estudiantes dirigirse apresuradamente hacia la arena de entrenamiento.

—Sí —respondió Lusian, con la mirada atenta—. Es el día de las primeras batallas del torneo. Algunos de tus compañeros estarán enfrentándose en poco tiempo.

Emily sintió un leve escalofrío ante la idea, mezclando emoción y nerviosismo.

Mientras caminaban, el rugido lejano de la multitud y el estrépito de los hechizos lanzados desde la arena llegaban a sus oídos. Lusian frunció ligeramente el ceño, evaluando la situación.

—Creo que sería prudente mantenernos cerca, pero sin intervenir —dijo—. Observar puede ser tan útil como participar.

Emily asintió, comprendiendo que Lusian estaba preocupado por su seguridad, aunque en realidad también había una curiosidad evidente en su mirada. Desde lejos, podía verse el caos controlado de la arena: estudiantes corriendo, hechizos iluminando el aire y el entusiasmo de la audiencia llenando el ambiente.

—Parece que hoy va a ser un día intenso —murmuró Emily, fascinada.

—Lo será —respondió Lusian con una leve sonrisa—. Pero no te preocupes, vamos a verlo con calma. Por ahora, disfruta del espectáculo y aprende lo que puedas.

“La Montaña que Respira”

Tras salir del restaurante y disfrutar de un rato de tranquilidad con Emily, Lusian sintió que el día aún le deparaba sorpresas. La emoción del torneo clasificatorio de la clase 1A se percibía a lo lejos; la multitud de estudiantes y espectadores llenaba los pasillos de la academia, y el aire vibraba con la anticipación de los duelos.

Y así, mientras se acercaban al borde de la arena, la sensación de anticipación crecía, como si cada chispa de magia que cruzaba el cielo anunciara los desafíos que los esperaban más adelante.

—Parece que el torneo ya ha comenzado —comentó Lusian, observando cómo grupos de estudiantes se dirigían apresuradamente a la arena.

Emily lo siguió con curiosidad, notando la mezcla de ansiedad y expectación en su semblante.

—¿Vamos a verlo desde cerca? —preguntó, fascinada por la energía que emanaba del lugar.

—Sí, pero mantengámonos discretos —respondió Lusian—. Hoy es el día de las primeras batallas. Observarlas puede enseñarte más que cualquier libro.

Se acercaron a la plataforma principal justo a tiempo para ver los primeros combates. Lusian ya estaba recuperado de sus lesiones y su atención se centró en los participantes que se enfrentaban con fuerza y habilidad.

El maestro Austin llamó a Kasper Bourlance y Nilson Stanley a la plataforma, y la batalla comenzó con rapidez. Kasper no dio oportunidad a Nilson; lo abrumó con golpes de espada reforzados por su fuerza física, rompiendo sus defensas y dejándolo inconsciente con un golpe certero en la cabeza.

Tras retirar a Nilson a la zona de recuperación, el siguiente combate convocó a Corwin Armett y Craig Denisse. La arena se llenó de llamas y hielo mientras sus hechizos chocaban, creando una densa nube de vapor. Finalmente, Corwin aprovechó la humedad acumulada en el suelo para desestabilizar a Craig y, con un golpe rápido y preciso, lo noqueó, dejando a la multitud boquiabierta.

En otro sector, Conwick Briggs se enfrentaba a Darilyn Macallister. La tierra y la magia chocaban en un duelo intenso, donde cada movimiento calculado podía decidir el resultado. Darilyn esquivaba y bloqueaba los ataques, obligando a Conwick a acercarse y luchar cuerpo a cuerpo, buscando un punto débil que apenas parecía existir.

Mientras la arena vibraba con el caos de los combates, Lusian observaba desde un rincón apartado. Se acercó al maestro Austin con un gesto de ansiedad mezclado con expectación:

—¿Voy a tener que luchar hoy? —preguntó, con cautela.

El maestro sonrió burlonamente:

—Quizás sería mejor que ahorres tus fuerzas para la próxima clasificación. No querrás usar la excusa de que Kara te rompió algún hueso, ¿verdad?

Lusian asintió, consciente de que el torneo apenas comenzaba y que cada enfrentamiento sería una lección, no solo de combate, sino también de estrategia y control emocional.

Tras la tensión del torneo y las intensas batallas, Lusian sintió que necesitaba un respiro. Al día siguiente, la rutina de la Academia Faldmord lo llevó a una de esas clases que él siempre consideraba “innecesarias”, pero obligatorias: artes y cultura con el objetivo de fomentar la cultura dentro de las altas esferas sociales. Esta era una de esas rarezas que le resultaban extrañas a Lusian, quien preferiría enfrentarse a su próximo combate que sentarse a discutir sobre arte.

Caminando por la sección de música, Lusian observó cómo los estudiantes se sumergían en la interpretación de sus instrumentos. Con cierta curiosidad y un poco de resignación, decidió probar suerte con el piano. Sus dedos temblaban sobre las teclas, y tras unos pocos intentos, la melodía que surgió fue un desastre. La guitarra, el violín… nada parecía responder a su toque.

Se sintió desalentado, hasta que su mirada se posó en una flauta olvidada en un rincón. Esa flauta evocaba recuerdos de otra vida, de un tiempo en que la música había sido su refugio. Con cuidado, se dirigió a la luz cálida que se filtraba por la ventana y comenzó a tocar. Una melodía suave y melancólica llenó el aire, cautivando incluso a los que estaban lejos de él.

A lo lejos, Isabella estaba hastiada de las constantes disputas de Caleb y Leonardo por llamar su atención. Sus juegos de poder y vanidad la aburrían sin fin. Entonces, un sonido suave y melancólico llegó hasta ella desde un rincón del salón: una flauta, ejecutada con delicadeza y precisión.

Isabella frunció ligeramente el ceño, reconociendo la técnica detrás de la melodía. Su mente hizo un rápido cálculo: conocía de nombre al muchacho que tocaba. Su reputación lo precedía, y la sombra de los eventos del pasado le generaba un escalofrío. No obstante, la música era imposible de ignorar; era hermosa, triste, casi familiar en un modo que no podía explicar.

Se quedó observando desde la distancia, escondida tras una columna, sin acercarse ni hacer ruido. No quería llamar su atención, pero no podía evitar que su corazón se acelerara ante la autenticidad de lo que escuchaba. Por un momento, Isabella permitió que la música la envolviera, dejando de lado los temores que la mantenían cautiva de las intrigas de la nobleza, aunque sin dejar de ser cautelosa.

Lusian, ajeno a la presencia de Isabella, continuó tocando, perdido en sus propios recuerdos, mientras la joven permanecía en la sombra, una espectadora silenciosa que no se atrevía a cruzar la línea.

Finalmente, un impulso controlado por la fascinación que sentía por la música la hizo avanzar unos pasos, lo suficiente para dejar que Lusian la notara. Su voz, apenas por encima de un susurro, se unió a las notas de la flauta:

—¡Qué bonita melodía! ¿Dónde la aprendiste?

Lusian, sorprendido por la voz y la inesperada presencia de Isabella, dejó de tocar y la miró, notando la cautela mezclada con admiración en su expresión. —Es una melodía que escuché de una tierra muy lejana —respondió, con un aire de misterio.

Isabella, aún prudente, se permitió un leve brillo en los ojos. —¿Dónde está esa tierra? Me encantaría visitarla algún día.

Lusian bajó la mirada, su voz cargada de melancolía. —Desafortunadamente, no creo que pueda ir allí. Ni siquiera yo puedo.

La decepción surcó el rostro de Isabella, pero su pasión por la música no se apagó. —Me hubiera gustado aprender esa melodía —confesó, con un leve temblor en la voz.

Lusian, reconociendo la autenticidad en su interés, le sonrió ligeramente. —No es tan complicado. Si quieres, puedes intentar imitarla en el piano. Te vi tocando antes y eres bastante buena.

Isabella se acercó con cautela al piano, lista para seguir la melodía de Lusian. Sus manos comenzaron a danzar sobre las teclas, transformando las notas de la flauta en una tonada más cálida y llena de vida. Al terminar, giró con discreción hacia él, sin perder la compostura, y preguntó: —¿Conoces más melodías?

—A decir verdad, sí —respondió Lusian, con un extraño sentimiento de conexión que nunca había anticipado.

En ese momento, Leonardo interrumpió, acercándose con aire de superioridad. —Si realmente te gusta la música, Isabella, podrías acompañarme al palacio real. Allí hay músicos excepcionales.

Isabella, manteniendo la cordialidad y la prudencia, sonrió suavemente. —Te agradezco la invitación, pero lo consideraré para otra ocasión.

Lusian sintió que era momento de retirarse, pero Isabella, con discreción y sin exponerse demasiado, formuló una pregunta:

—Señor Lusian, ¿cuándo piensa volver a la clase de arte? —su voz contenía curiosidad, pero también respeto.

—No lo sé, supongo que cuando tenga tiempo —respondió él, sorprendido por el interés genuino en sus melodías.

Isabella inclinó ligeramente la cabeza, con una esperanza contenida. —¿Podría enseñarme otra melodía la próxima vez que venga a esta clase?

—Claro —contestó Lusian, sintiéndose inesperadamente animado—. Será la próxima vez entonces.

Isabella apenas permitió que una pequeña sonrisa iluminara su rostro. —¡Perfecto! Estaré esperando —dijo suavemente, mientras Lusian se alejaba, con una ligera sonrisa, pensando en la sutil pero significativa conexión que había comenzado, aún en la distancia y la prudencia.

Lusian caminaba decidido hacia la salida, pero Leonardo lo detuvo, sorprendido de que alguien como Lusian pudiera disfrutar de la música.

—¿No sabía que a alguien como tú le gustaba la música? —preguntó Leonardo con una sonrisa desafiante.

Lusian, consciente de la imagen que debía mantener y sin dejar entrever emociones, respondió con determinación:

—¡Quítate de mi camino!

Leonardo, confiado en su posición, se negó a moverse y mencionó su lugar dentro de la familia real, insinuando que Lusian no se atrevería a lastimar a alguien de su estatus:

—No creo que te atrevas a lastimarme. Después de todo, ¿quién eres tú para desafiar a alguien de mi estatus?

Lusian, calculando la situación y sabiendo que debía seguir actuando como un Douglas para evitar problemas mayores, levantó la voz, dejando claro que no toleraría la provocación:

—¡Quítate de mi camino, es la última vez que te lo advierto!

Sin más palabras, Lusian canalizó mana en un puño y golpeó el estómago de Leonardo con precisión, dejándolo sin aire y derribándolo al suelo. Sin detenerse, continuó su camino hacia la salida del salón.

Mientras Leonardo intentaba levantarse, un par de ojos amarillos brillantes se acercaron peligrosamente a su rostro. Umber, el lobo negro que siempre acompañaba a Lusian, dejó ver sus colmillos, apenas rozando la cara de Leonardo.

Cuando Lusian salió del salón, Umber se alejó de Leonardo, siguiendo fielmente a su amo mientras éste desaparecía por el pasillo.

Lusian descansaba tranquilamente cuando alguien tocó la puerta de su habitación. Un sirviente le informó:

—Señor Lusian, los señores Dilan Bourlance, Julián Erkhan y Liam Briggs lo esperan en el salón de recepción.

Sin levantar la mirada, Lusian se dirigió al salón y se encontró con los miembros del comité disciplinario de la clase A.

Dilan, con tono formal, le informó:

—Señor Lusian, somos del comité disciplinario. Debido al altercado que provocó en el aula de arte, el director solicita su presencia. Por favor, acompáñenos.

Lusian, con una pizca de desdén, replicó:

—¿El blandengue de Leonardo fue a quejarse?

Julián intervino, serio:

—No, señor Lusian. Muchos presenciaron el incidente.

Lusian asintió distraídamente:

—Ya veo. Bueno.

Mientras tanto, en la oficina del director, Magnus y Kara discutían. Kara, frustrada, exclamó:

—¡Nada de lo que me enseñas sirve! Perdí otra vez. ¿Cómo se supone que mejore rápidamente?

Magnus, sereno, respondió:

—No busques atajos. El entrenamiento es paso a paso. No trates de correr antes de aprender a caminar.

—Pero mientras tú me enseñas cosas inútiles, Lusian se vuelve más fuerte. ¿No viste lo humillante que fue la última pelea? —insistió Kara.

Magnus reconoció la situación:

—Tú has crecido, pero él también. Albert creó un monstruo que evoluciona con cada combate. Sus reflejos, su instinto… Cuanto más luchas contra él, más se adapta a tu estilo. Lo sé porque también lo viví. Pero estoy seguro de que superarás este obstáculo. Solo no te apresures.

Kara, al borde de la ira, gritó:

—¡MALDITO LUSIAN! ¡Lo odio!

Se levantó y salió de la oficina, encontrándose con Dilan, que escoltaba a Lusian. Kara buscó la mirada de Lusian, pero él no la dirigió hacia ella y continuó hacia la sala del director. Aprovechando la ocasión, susurró a su hermano Magnus:

—¿Escuchaste algo?

Magnus, con un toque de sarcasmo, respondió:

—Aparte de tus gritos de odio hacia Lusian, no se escuchó nada más. Tranquila, todo está bien.

Kara, avergonzada, murmuró:

—Demonios… cómo lo odio.

En la oficina, Magnus invitó a Lusian a sentarse y le sirvió una bebida.

—Admiro tu valor. ¿De verdad golpeaste a un príncipe? —preguntó.

—Solo quité una mosca que bloqueaba mi camino. Le advertí varias veces, pero no quiso escuchar —respondió Lusian con calma.

Magnus reflexionó:

—Tendré que informar esto a la familia real y a tus padres. Esto podría convertirse en un problema político.

Lusian contuvo la risa:

—Tú y yo sabemos que nada va a pasar. La familia real y los Douglas ya trabajan juntos para neutralizar las conspiraciones del imperio. Además, ¿no es la política de la academia promover la igualdad? ¿O solo es un eslogan para aparentar?

Magnus, sorprendido por su conocimiento, dijo:

—Eres muy maduro para tu edad. Laurence debe estar ciego si piensa en Caleb como heredero.

—Eso es irrelevante. ¿Para qué me llamaste? —preguntó Lusian.

—Pensé que te asustarías y corregirías tu mala actitud, pero veo que es inútil —respondió Magnus.

—Ya veo. Si eso es todo, me voy. Ah, y si quieres que me comporte bien, aleja a Kara de mí —dijo Lusian.

—No puedo prometerlo. Esa chica es incontrolable, pero intentaré que solo te desafíe cuando termine la academia —replicó Magnus.

—¿Por qué está tan obsesionada conmigo? —cuestionó Lusian.

—Porque la venciste. Eres menor que ella, la humillaste y le diste una buena golpiza. ¿Aún preguntas por qué? —explicó Magnus.

—Bueno, Alejandro y Andrew también la vencieron —acotó Lusian.

—Ellos solo sobrevivieron por un poco de mana restante. Si le hubieran dado la victoria a Kara, nadie habría dicho nada. Así que tendrás que soportarla hasta que te venza —explicó Magnus.

—¿Estás seguro de que puede vencerme? La próxima vez, le daré una golpiza tan fuerte que no recordará ni quién es —desafió Lusian.

—Como sea. Trata de soportarla y no causes más problemas. Vete de aquí —sentenció Magnus.

Al salir, Lusian se topó con Axel Thompson, cuyo rostro reflejaba soberbia y determinación. Sin perder la compostura, Axel sostuvo ante él los documentos de su posible expulsión y se dirigió a Magnus con orgullo por el deber cumplido.

Pero Lusian ni siquiera se inmutó; siguió caminando con paso firme, ignorando por completo la amenaza implícita. Axel, molesto, dio un paso al frente para detenerlo, pero un solo grito de Magnus lo hizo retroceder de inmediato:

—¡Entra y cierra la puerta!

Resignado, Axel obedeció, dejando que Lusian continuara su camino sin obstáculos, mientras su sombra parecía impregnada de desafío y autoridad silenciosa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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