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GUERRA EN EL MUNDO MAGICO - Capítulo 11

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11: Capítulo 11 Paseo a Aguas Termales 11: Capítulo 11 Paseo a Aguas Termales “Consejos entre Hermanos” Cuando Lusian regresó a su habitación, encontró un visitante inesperado: Caleb.

Al verlo, Caleb lo saludó con una mezcla de cordialidad y precaución: —Hermano, veo que te has recuperado.

Lusian arqueó una ceja, sorprendido por la visita.

—¿Tú también vienes a pelear por Isabella, como Leonardo?

—dijo, con un dejo de desdén—.

Te lo aclaro de una vez: no estoy interesado en ella.

Caleb negó con la cabeza, sonriendo con cierta ironía.

—No, no es por eso.

Pero…

golpearlo de esa manera fue un poco excesivo.

Tal vez hubiera sido más inteligente desafiarlo a un duelo formal.

Lusian encogió los hombros con indiferencia.

—No tenía tiempo para alargar un asunto tan insignificante.

Entonces, ¿por qué viniste?

—Solo…

vine a aconsejarte —respondió Caleb, su tono más serio—.

No te metas en problemas.

Papá está demasiado ocupado y no tiene tiempo para lidiar con estas tonterías.

Lusian esbozó una sonrisa sarcástica.

—Ya que viniste a darme consejos, yo también te daré uno: aléjate de Isabella.

Las mujeres solo traen problemas.

Y si no quieres escucharme, nunca vayas solo fuera de la academia.

Eres el heredero del ducado; la gente del imperio estará más que dispuesta a aprovechar cualquier descuido.

Caleb lo miró con genuina preocupación.

—Gracias por el consejo.

Solo me preocupa tu seguridad.

No tenemos por qué ser enemigos, ¿verdad?

—Claro que no —respondió Lusian, su voz fría y distante—.

No tengo interés en cargar con todas esas responsabilidades.

Para eso estás tú.

Caleb asintió, medio sonriendo ante la ambigüedad de su hermano.

—¿Eso significa que me dejarás todo el trabajo pesado?

—Sí —replicó Lusian—.

Esfuérzate y da lo mejor de ti.

Caleb se puso de pie, preparándose para marcharse, aunque su expresión mostraba tanto respeto como cierto desafío.

—Entendido.

Pero no pienses que voy a dejarte vagar libremente.

Al llegar al final del mes, los estudiantes disfrutaban de un descanso de cinco días antes de regresar a sus hogares.

Cuando Lusian salió de la academia, lo esperaban Albert, Charles y 42 caballeros de escolta.

Al subir al carruaje, se sorprendió al ver a Emily sentada allí.

—¿Qué haces aquí?

—preguntó Lusian—.

¿No tienes manera de volver a tu mansión?

—No es eso —respondió Emily—.

La duquesa Sofía me invitó a acompañarlos a comer.

Creo que quiere hablar con nosotros.

Lusian arqueó una ceja, incrédulo.

—¿Hablar con nosotros?

Pero si no hemos hecho nada malo…

Emily lo miró con firmeza.

—¿En serio?

Golpeaste a Kara exageradamente y al príncipe Leonardo sin motivo alguno.

¿Eso no es hacer algo malo?

—Pero aún me falta golpear al príncipe Andrew, a Niel Sneider, y seguramente tendré que darle a Kara una lección más fuerte que la última vez —respondió Lusian, entre susurros.

Emily frunció el ceño, preocupada.

—Debes moderarte si no quieres meterte en problemas.

—¿Y no deberías avisar a tu familia que te demorarás?

—preguntó Lusian.

—Albert ya se encargará de eso —explicó Emily—.

Me informó de la invitación de la duquesa cuando salía con mi hermano.

Durante el trayecto, Lusian divisó a lo lejos a un aventurero que reconoció de inmediato: Keitaro Macallister, el héroe del Dios Kairos del espacio-tiempo.

Inmediatamente ordenó al carruaje detenerse y le pidió a Albert que averiguara todo sobre él.

Emily, sorprendida, preguntó qué sucedía.

Lusian respondió con indiferencia: —No es nada importante.

Al llegar al restaurante, un imponente edificio de cinco pisos, un mayordomo los guió a través de cada planta: el primero sencillo, el segundo más llamativo, el tercero lujoso, y el cuarto y quinto, impresionantes.

Lusian divisó a Alessia Ferrussi, concubina del rey, y al Conde Tobi Macallister con sus hijos, así como al Duque Derek Sneider.

Finalmente, llegaron a la mesa de la Duquesa Sofía, donde se sentaron Lusian y Emily.

La Duquesa Sofía, aparentando estar molesta, amonesto a Lusian: “Veo que mi querido hijo, a quien he criado para que sea un gran noble, no se está comportando a la altura.

Por lo tanto, te voy a castigar.

Cuando terminemos la academia y regresamos al ducado, entrenarás todos los días con Albert desde el amanecer hasta el anochecer, sin descanso”.

Lusian, sorprendido por la dureza del castigo, respondió: “¿No crees que estás exagerando mucho por pequeñeces, madre?”.

Alessia, la concubina del rey y madre del segundo príncipe, quien había estado observando la escena, se acercó a la mesa de la Duquesa Sofía acompañada de su séquito de doncellas.

Su porte era firme y su mirada cargada de autoridad, demostrando que, aunque carecía de un título noble oficial, su influencia como madre de un príncipe le confería peso en los asuntos del reino.

—Señora Duquesa, ¿me permite un momento de su tiempo?

—preguntó Alessia con un tono que combinaba respeto y firmeza—.

Me gustaría tratar un asunto importante.

La Duquesa Sofía, con un gesto de impaciencia, respondió: —Espero que sea rápido, estoy reprendiendo a mi hijo.

—Será breve, no se preocupe —aseguró Alessia, manteniendo su postura decidida.

Alessia y Sofía se alejaron un poco de la mesa.

Alessia comenzó con firmeza: —Supongo que ya habrá escuchado lo que ha hecho su hijo.

Sofía respondió con seguridad: —Sí, tomaré medidas para que reflexione sobre su comportamiento.

Alessia replicó con un hilo de desafío: —Creo que debería informarme sobre sus medidas antes, ya que mi hijo es quien se ha visto afectado por sus acciones.

Sofía, manteniendo su postura dominante, respondió: —No es necesario.

Los asuntos de nuestra familia son de nuestra incumbencia, y nadie puede intervenir, ni siquiera el rey.

Si desea causar alboroto por algo tan insignificante, entonces adelante, pero no espero que sea útil.

En su mente, Alessia frunció el ceño y pensó: (Esta mujer no tiene idea de lo que hará el imperio si seguimos así.

No permitiré que los Douglas se salgan con la suya.) Sofía, al notar la tensión, añadió con desdén: —Estaré atenta a cualquier intento inútil de intervención.

Los Douglas nunca han agachado la cabeza ante nadie y no comenzarán ahora.

Alessia se retiró con un aire de determinación, lanzando una mirada de advertencia hacia Lusian, prometiéndose no dejar las cosas así.

Sofía regresó a la mesa donde estaban Emily y Lusian.

—No hay problema, pero lidiar con gente orgullosa siempre es molesto —comentó Sofía, intentando suavizar la tensión.

Emily, preocupada, preguntó: —Señora Sofía, ¿y si el rey interfiere?

—Emily, escúchame —respondió la duquesa con firmeza—.

Ya eres parte de la familia, y debes actuar con el estatus que ello implica.

Incluso si alguien de la familia real se atreviera a faltarte al respeto, tú debes mantener tu dignidad y la de nuestra familia.

No quiero escuchar que alguien te faltó el respeto y lo permitiste.

Emily asintió: —Sí, señora.

Lo tendré muy presente y no deshonraré el apellido Douglas.

Lusian se inclinó hacia ella y le susurró: —No te preocupes, yo me encargaré de eso.

Sofía, observando la cercanía entre ellos, comentó con un tono de advertencia y cariño: —No la consientas tanto, Lusian.

Ella debe aprender, así como tú lo has hecho.

—No seas tan estricta, madre —respondió él con una sonrisa—.

Déjala que aprenda poco a poco.

Después de cenar, Sofía, Lusian y Emily dieron un paseo por el centro de la ciudad, dejando a los ciudadanos asombrados al ver a un enorme león caminando tranquilamente por las calles.

Al llegar al parque central, Lusian observó una fuente adornada con la estatua de la diosa de la luz, Aurora Celestia.

Justo entonces, un caballero se acercó a Sofía para informarle sobre una convocatoria de la reina Adelaine.

Lusian acompañó a Emily hasta la mansión de los Carter, donde fueron recibidos por el conde Daniel y Manuel.

—Bienvenido, señor Lusian —dijo el conde Daniel, con una sonrisa cordial—.

Felicidades por su destacado desempeño en la Academia Faldmord.

Ahora se encuentra entre los 15 guerreros más sobresalientes.

—Gracias por su refinado comportamiento —respondió Lusian, con un dejo de ironía—.

Lamentablemente, su heredero no parece tener esa misma educación.

Emily intervino rápidamente: —Lusian, no seas tan rencoroso.

Mi hermano ya ha reflexionado sobre su comportamiento, ¿no es así, hermano?

Lanzó una mirada fulminante a Manuel, quien bajó la cabeza, con cierto gesto de vergüenza.

—La academia es la academia y la nobleza es la nobleza, señor Lusian —replicó Manuel con respeto—.

En este lugar, usted tiene todo mi respeto.

Espero que pueda comprenderlo.

—Está bien, lo comprendo —dijo Lusian, asintiendo—.

Emily, que tengas una feliz noche.

“Intrigas de Reinas” Mientras tanto, en una habitación del palacio de la reina, Adelaine y Sofía conversaban tranquilamente.

—Ya veo que eso pasó con esa mujer —comentó Adelaine con curiosidad.

—Esa pobre princesa perdida ni siquiera conoce su posición —respondió Sofía, con desdén.

—Tu hijo últimamente me recuerda mucho a ti cuando eras joven —continuó Adelaine con una sonrisa—.

Toda una alborotadora.

Sofía rió suavemente: —Sí, parece que todos mis esfuerzos para hacer de Lusian un Douglas fuerte y respetado están dando frutos.

Tenía miedo de estar siendo demasiado estricta, pero verlo así, seguro de sí mismo y sin vacilar ante nadie, me llena de orgullo.

—Sí, parece que lo criaste tan bien que mi estúpida Elizabeth está interesada en él —añadió Adelaine.

—No la culpo, tiene buen ojo —dijo Sofía con una sonrisa irónica—.

Qué lamentable que los Douglas y los Erkhan no puedan comprometerse.

Si no fuera por eso, me encantaría recibir a Elizabeth como nuera.

Adelaine cambió de tema: —Todo lo que me pediste para manejar el problema llamado Caleb ya está listo.

¿Vas a seguir con eso?

—Por supuesto —afirmó Sofía—.

Cualquier obstáculo que se interponga en el camino de mi hijo será eliminado.

—Parece que Laurens la embarró seriamente esta vez —comentó Adela con un dejo de diversión.

Al día siguiente, Lusian se levantó para salir, pero Albert lo abordó con información sobre el aventurero que Lusian había ordenado investigar.

Tras recibir las noticias, Lusian se dirigió a ver a Sofía.

Al ingresar, fue sorprendido por una voz conocida y un abrazo inesperado.

—¡Pero mira quién es, mi pequeño señorito!

—exclamó Adela, radiante abrazando a lucían.

—Adela, ¿Qué haces aquí?

—respondió Lusian, sorprendido por el repentino encuentro, soltándose del abrazo de Adela.

por lo que adele le pregunto ahora te molesto.

Lusian se sintió incómodo y decidió responder con sinceridad: —No es que haya comenzado a odiarte, Adela.

Simplemente hemos crecido y las cosas han cambiado.

La academia no es un lugar para actuar con la misma confianza que teníamos antes.

Adela se sorprendió ante la frialdad de Lusian y preguntó: —¿Así que se trata de eso?

¿Ya no podemos comportarnos como cuando éramos niños?

Lusian percibió la confusión en su rostro y aclaró: —No se trata solo de eso, Adela.

Hay responsabilidades y expectativas que debemos cumplir.

Ambos hemos crecido y ya no es debido abrazarnos.

Sofía intervino, llamando la atención de ambos mientras acariciaba al tierno tigre blanco que había entregado a Adela siete años atrás: —Paren ustedes dos y vengan aquí.

Adela, ¿cómo va el crecimiento de este pequeño?

—Todo va bien —respondió Adela, acariciando a Aureus—.

Su afinidad mágica está mejorando rápido; apenas con siete años ha alcanzado la categoría Épsilon.

Creo que Casandra no está muy contenta por eso.

Sofía frunció el ceño: —¿La maestra Casandra te está causando problemas?

—A veces —admitió Adela—, pero desde que Umber la derrotó de manera tan humillante, ha bajado un poco la intensidad.

Sofía sonrió, con un brillo decidido en los ojos: —Si se pasa de la raya, tendré que saludarla personalmente.

Aprovechando la pausa, Lusian aprovechó para hacer su petición: —Madre, quiero ir a la villa Dreville.

He oído que es un buen lugar para descansar cerca de la capital y su famosa fuente de sanación parece muy eficaz.

Sofía asintió, pero impuso una condición: —Está bien, pero lleva a Emily contigo.

Quiero que ustedes dos se lleven bien.

—No es necesario, madre —dijo Lusian, intentando disuadirla—.

Emily y yo ya nos llevamos bien.

Además, ella está descansando con su familia; no es bueno molestarla.

Sofía golpeó la mesa con firmeza: —Parece que te has vuelto lo suficientemente intrépido como para contradecirme.

Lusian sintió el rugido de Larryet cerca de su oído y respondió con rapidez: —Claro, madre.

Si eso es lo que deseas, así se hará.

Sofía le pellizcó la mejilla con cariño: —Muy bien, me gusta que seas un buen niño.

Adela, emocionada, saltó: —¡Yo quiero ir!

Sofía suspiró: —Está bien, quédate y entrena a Aureus.

Irás como escolta de Lusian.

Es mejor que empieces a practicar de inmediato.

Ve a avisarle a Albert que aliste trescientos soldados para acompañarlo.

“La Villa Dreville” En la oficina del gobernador de Dreville, el barón Aritz Erkhan gritaba a sus subordinados: —¡Apúrense!

Terminen de alistar el alojamiento lo antes posible, o pagarán las consecuencias.

Los subordinados salieron disparados, corriendo a preparar todo, conscientes de que debían tenerlo listo en una hora para presentar buenas noticias.

Andrea, la hija de Aritz, intentó calmar a su padre: —Padre, no te enojes tanto.

No es algo tan urgente.

Aritz respondió con frustración: —Y tú escóndete en tu habitación y no salgas hasta que ese Douglas se largue de aquí.

Andrea se sorprendió y preguntó: —Parece que nos está visitando una especie de demonio.

¿Por qué te pones así?

Aritz explicó con seriedad: —No lo entiendes, tonta.

Ese joven señor puede hacer lo que quiera en este lugar y no puedo decirle nada.

Andrea trató de razonar: —Padre, contamos con 2,000 soldados y eres un fiel subordinado del rey.

Si ese muchachito se porta mal, solo debes retenerlo e informar a su majestad.

Aritz suspiró y negó con la cabeza: —Definitivamente no entiendes, eres demasiado joven.

Ese joven señor viene con 300 soldados, y si es como he escuchado, la duquesa Sofía asignó a los mejores guardias para cuidar a su hijo, todos de clase Lord o superior.

Con nuestros soldados no podremos derrotarlos, mucho menos retenerlo.

Andrea frunció el ceño: —¿Clase Lord?

¿Qué significa eso exactamente?

Aritz la miró con paciencia y explicó: —Mira, Andrea, todos los guerreros tienen un nivel de poder que indica su fuerza y habilidades mágicas.

Del 1 al 19 son amateurs, principiantes sin experiencia real.

Del 20 al 39, son legionarios, más entrenados y confiables en combate.

Del 40 al 59, siguen siendo legionarios, pero con más experiencia y disciplina.

Del 60 al 69 son Lords, capaces de liderar tropas y enfrentar situaciones peligrosas sin vacilar.

Del 70 al 79, son Magisters, expertos en tácticas y magia avanzada.

Del 80 al 89, se les llama Champions, guerreros temibles y temidos en todo el reino.

Y del 90 al 99, los Omicron, prácticamente leyendas vivientes, cuya fuerza y habilidades rozan lo imposible.

—Así que, si los guardias de Lusian son Lords o superiores —continuó Aritz—, eso significa que estamos hablando de combatientes del nivel 60 para arriba, entrenados, con magia y tácticas que superan con creces a nuestros soldados.

Por eso no podemos enfrentarlos directamente.

Andrea asintió lentamente, comprendiendo la magnitud del problema.

—Entonces…

no es exageración que estés tan nervioso.

Andrea se sorprendió al escuchar eso, ya que conocía la fuerza del ejército de su territorio.

Ella preguntó: “Padre, no podemos ofender a ese señor.

Por cierto, ¿cómo se llama ese joven?”.

Aritz respondió con seriedad: “Lusian Douglas The Mondring”.

Andrea reconoció el nombre: “Ese sujeto lo he escuchado en la academia.

Es de primer año, de la clase A, y fue uno de los 15 mejores de la academia.

También fue el que golpeó al príncipe Leonardo”.

Aritz se mostró satisfecho de que Andrea finalmente comprendiera la gravedad de la situación: “Vaya, ahora lo entiendes.

Ahora vete a tu habitación”.

En la entrada de Dreville, Iker Erkhan, hijo del gobernador, esperaba al desagradable invitado.

—Buenos días, mi nombre es Iker Erkhan.

En nombre de mi padre, les doy la bienvenida —dijo, intentando mantener la cortesía.

Leónidas Kash, representante de Lusian, respondió con amabilidad: —Un gusto conocerlo, me llamo Leónidas Kash.

Por favor, guíenos al lugar donde se alojará mi señor.

Iker condujo a Lusian y Emily a través del edificio que su padre había preparado para ellos.

Mientras recorrían los pasillos, Emily comentó: —Es un lugar bastante agradable, ¿verdad, Lusian?

—Sí, lo es —afirmó Lusian—.

Lamento haberte obligado a venir.

Emily sonrió con tranquilidad: —No te preocupes, lo entiendo.

Pero dime, ¿por qué quisiste venir a este lugar?

Lusian decidió no revelar sus verdaderos motivos y respondió con naturalidad: —Quería tomar aire y relajarme, alejarme un poco de la bulliciosa ciudad.

Emily captó un matiz en su respuesta y agregó: —Se nota que también quieres alejarte de tu familia.

—No es eso exactamente —admitió Lusian—.

Es complicado.

Mejor dejémoslo así.

¿Qué te parece si paseamos por el pueblo?

El pueblo de Dreville contaba con 15,000 habitantes y estaba protegido por una sólida muralla, erigida para defenderse de los ataques de monstruos.

Entre sus tesoros se encontraba una cascada de sanación que descendía desde la montaña, cuyas aguas se mezclaban con un flujo de maná.

Emily admiró el paisaje mientras Lusian comentaba: —Pero hay que tener cuidado.

Permanecer demasiado tiempo en estas aguas puede ser peligroso; el cuerpo asimila el maná hasta cierto límite, y si se excede, termina envenenándose.

—Vaya…

—dijo Emily, intrigada—.

Nunca había oído algo así.

Lusian sonrió levemente: —Es uno de esos detalles que hacen a este mundo tan particular.

Al llegar a la cascada, Adela se adelantó hacia Lusian: —Mi señor, permítame verificar la seguridad de la cascada.

—No exageres —respondió Lusian—.

Solo es agua.

¿Qué peligro puede haber?

Albert se rió: —Déjala, así está mejor.

Lusian suspiró, algo frustrado: —Va a estar así de intensa todo el viaje, ¿verdad?

Emily observó a Adela con curiosidad: —Se llevan bastante bien.

¿Desde hace cuánto se conocen?

—Cuando Adela tenía diez años —explicó Lusian—.

Mi madre comprobó su afinidad mágica y decidió tomarla como discípula.

Desde entonces ha pasado mucho tiempo entrenando en el castillo…

y también le dio a este tigre que la acompaña.

Emily asintió, comprendiendo: —Ya veo…

se ve bastante emocionada.

—Sí —añadió Lusian con una sonrisa irónica—.

Está jugando a ser una gran escolta…

y se está volviendo insoportable.

Mientras se acercaban al agua, un guardia apareció frente a ellos: —Bienvenidos —saludó—.

Soy un guardia de la cascada.

Si desean ingresar, por favor escuchen las instrucciones antes de entrar.

—¿Es necesario?

—preguntó Adela.

—Por supuesto —respondió el guardia—.

Tu vida depende de ello.

—¿Es tan peligroso?

—insistió Adela.

—Si escuchan y siguen las recomendaciones —explicó—, no habrá problemas.

La duración de la inmersión depende de la fuerza de cada uno.

Excederse puede ser mortal.

Si sienten mareos, dolor de cabeza, estómago, entumecimiento, temblores o dolor en el pecho alrededor del núcleo de maná, deben salir inmediatamente: son señales de envenenamiento por maná.

Adela regresó junto a Lusian e informó sobre las advertencias.

Él se mostró intrigado.

—Me gustaría probar —dijo.

Emily no se quedó atrás: —¡Yo también quiero!

—Sí —advirtió Adela—.

Es peligroso si se exceden, pero usado correctamente purifica el maná y ayuda a sanar heridas.

Emily se puso la bata y entró a la cascada, resistiendo solo cuatro minutos y cincuenta segundos antes de salir.

Al salir, se acercó a Lusian, quien no pudo evitar sonrojarse al verla con la bata mojada.

Rápidamente le ofreció una toalla: —Cámbiate…

no quiero que te vean así.

Luego, Lusian se adentró en la cascada y logró mantenerse cinco minutos y veinte segundos.

Adela y Aureus entraron juntos y duraron cuatro minutos y cuarenta y cinco segundos.

Albert fue el siguiente y sorprendió a todos con una duración de diecisiete minutos y treinta y cinco segundos.

Lusian murmuró con resignación: —Qué molesto tener que esperar a Albert.

Charles aprovechó la oportunidad y resistió quince minutos y diez segundos, dejando claro que algunos miembros del grupo tenían un control del maná realmente impresionante.

Durante la cena, mientras todos comían tranquilamente, Charles de repente se agarró el pecho y casi cayó de su asiento.

Leónidas reaccionó de inmediato y lo sostuvo, mientras la alarma se extendía por la mesa.

Albert, con calma, intervino: —Tranquilos, todo está bien…

Charles acaba de ascender a Magister.

Felicidades, aunque te tomó un poco más de lo habitual.

Lusian frunció el ceño, preocupado: —¿Qué le pasó a Charles?

Albert explicó: —¿No recuerdas, Lusian?

A ti también te pasó un par de veces cuando ascendiste de clase y tu núcleo de maná se expandió.

Es doloroso al principio, pero una vez que se estabiliza, todo vuelve a la normalidad.

Lusian asintió, fingiendo recordar: —Ah, claro…

cuando me pasó eso, fue justamente por subir de clase.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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