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GUERRA EN EL MUNDO MAGICO - Capítulo 13

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  4. Capítulo 13 - 13 Capítulo 13 Asalto a la Base del Culto
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13: Capítulo 13 Asalto a la Base del Culto 13: Capítulo 13 Asalto a la Base del Culto “El Asedio de las Sombras” En la entrada principal de la base del culto demoníaco, ubicada al suroeste de la montaña, Lusian, Emily, Adela, Charles, ciento diecinueve caballeros y veinte magos se preparaban para iniciar el asalto.

Al norte se encontraba Leónidas junto a cuarenta y nueve caballeros y diez magos.

Al oriente, Keitaro, Iris, veintidós aventureros y Jaiden Jenkins lideraban a veintinueve caballeros y cinco magos.

Por último, en el lado occidental, Albert dirigía a treinta y nueve caballeros y diez magos.

El grupo estaba estratégicamente dividido para rodear la base del culto demoníaco y atacar desde diferentes direcciones.

Cada líder contaba con un número considerable de soldados y magos, lo que les proporcionaba una fuerza suficiente para llevar a cabo el asalto.

Lusian dio la orden de avanzar a un grupo de cuarenta caballeros mientras los magos se preparaban para lanzar un hechizo de viento de área.

Con su conocimiento del juego —el mismo mundo que alguna vez Erwin había completado—, sabía que al luchar contra muertos vivientes, los magos negros solían usar un hechizo de área que generaba una neblina capaz de fortalecer a esas criaturas y envenenar a quienes ingresaran en su radio de efecto.

Pocos momentos después, mientras los caballeros se acercaban a la entrada de la cueva, una densa neblina comenzó a extenderse alrededor de la puerta.

De la tierra brotaron cadáveres putrefactos, y varios miembros del culto demoníaco salieron de la misma caverna.

En medio de ellos, era visible un Linch que empuñaba una alabarda.

Al verlo, Lusian sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Los magos, siguiendo sus órdenes, lanzaron el hechizo de viento para dispersar la neblina.

El enfrentamiento entre los caballeros y los muertos vivientes comenzó con ferocidad.

Sin embargo, las criaturas parecían surgir más rápido de lo que podían ser destruidas.

Lusian tomó una decisión estratégica y ordenó el avance de veinte caballeros adicionales, dejando sesenta en la retaguardia para que sirvieran de apoyo e intercambiaran posiciones con los heridos o los que agotaran su energía mágica.

Mientras tanto, los magos se turnaban para mantener los hechizos activos.

Aunque solo había un mago con afinidad de luz —particularmente efectiva contra los no muertos—, los magos de fuego aprovecharon su poder y lanzaron hechizos de Inferno.

Con el apoyo de otros cuatro magos de viento, incineraron a varios enemigos que se acercaban peligrosamente a los caballeros, quienes ya estaban completamente abrumados por la cantidad de adversarios.

—¿De dónde salen tantos?

—preguntó Emily.

—El culto demoníaco debió profanar todas las tumbas de las aldeas cercanas —respondió Lusian—.

Para crear no muertos se necesitan cadáveres.

No aparecen de la nada.

Por eso algunos están en estado de descomposición y otros son solo huesos.

—Entonces…

¿cuántos cadáveres podrían aparecer?

—Miles, quizás más.

Lo bueno es que no son tan fuertes, pero su número es el problema.

Si no tenemos cuidado, nuestros caballeros agotarán su energía mágica —explicó Lusian.

—Pensé que sería más sencillo —murmuró Emily, bajando la cabeza—.

Yo también puedo apoyar a los magos.

Conjuró un hechizo de área de Purificación para ayudar en la batalla, pero su efecto fue menor de lo esperado, lo que causó una evidente decepción en su rostro.

—¿No es extraño?

—preguntó Lusian, observando la débil luz que se desvanecía—.

La luz y la oscuridad no pueden tocarse, entonces ¿cómo es posible que tomen forma física con el maná?

—¿De qué estás hablando?

—preguntó Emily, intrigada.

—De ti —respondió Lusian con calma—.

Estás investigando cómo crear un hechizo de luz más fuerte, ¿verdad?

—¿Cómo lo sabes, Lusian?

—preguntó sorprendida.

Lusian sonrió y sacó un pergamino de su bolsillo.

Lo desenrolló y mostró a Emily un dibujo detallado de un hechizo de luz.

—Porque yo también lo estoy intentando.

Mira, estoy investigando cómo potenciar mi magia de oscuridad.

Recitó un hechizo durante unos veinte segundos, y un rayo oscuro impactó contra el cuerpo de un no muerto.

Este se tambaleó, pero continuó avanzando.

—Como era de esperar, la magia de oscuridad no es muy efectiva contra los no muertos —comentó Lusian.

Emily observaba impresionada y le pidió que le enseñara cómo hacerlo.

—No es tan difícil —dijo Lusian—.

Solo tienes que pensar en no darle forma física a la magia de luz, simplemente concéntrala en su intensidad.

—¿Realmente quieres que entienda eso?

—preguntó ella, dudosa.

Lusian sonrió.

—Es difícil explicarlo con palabras, pero inténtalo.

Tienes el talento suficiente para descubrirlo por ti misma.

Sus palabras parecieron infundirle confianza.

Emily asintió y comenzó a canalizar su maná de una forma diferente, determinada a perfeccionar su magia de luz.

Mientras tanto, el mago de luz del escuadrón se quedaba sin maná, a pesar de haber exterminado a muchos no muertos con su hechizo de Flechas de Luz, que causaba un daño severo a las interminables filas enemigas.

No habían pasado ni diez minutos desde el inicio de la batalla cuando varios caballeros comenzaron a ser heridos, e incluso un par cayó bajo los ataques de los magos del culto.

La situación habría sido desastrosa si los caballeros no contaran con sus armaduras y espadas de categoría legendaria.

Además, cada uno poseía un artefacto superior que incrementaba su afinidad mágica.

Los no muertos comenzaron a disminuir, ya no aparecían en grandes números.

Sin embargo, el Linch, un ser de poder temible, dio un paso al frente para atacar.

A su alrededor surgieron diez cadáveres cubiertos con las armaduras de los caballeros de Erkhan.

—¡Maldición!

Tienen no muertos de alto nivel —gritó Lusian, reconociendo la amenaza que representaban.

—Debieron encontrar cadáveres de caballeros…

esto será problemático —dijo Charles, con el ceño fruncido.

Se dirigió a su líder y pidió—: Mi señor, solicito permiso para unirme a la batalla.

Los caballeros no resistirán mucho si son asediados por el Linch y esos no muertos.

Lusian asintió con gravedad.

—Bien, ve, Charles.

Llévate a Umber contigo.

Sin embargo, Umber no se movió.

—Él no se alejará de usted mientras haya peligro, mi señor —intervino Adela con firmeza—.

Yo enviaré a Aureus para ayudarlo.

Lusian comprendió la importancia de aprovechar al máximo las habilidades de cada miembro y ordenó a los magos con afinidad de agua lanzar hechizos por donde pasara Aureus.

La estrategia dio resultados: los magos se posicionaron detrás de las filas de caballeros y comenzaron a liberar poderosos hechizos de agua.

Aprovechando el momento, Aureus activó su habilidad Manto Congelante.

A medida que los hechizos de agua impactaban a los no muertos, las filas enemigas comenzaron a congelarse.

Aunque el daño no era grande, el efecto les dio a los caballeros el tiempo necesario para acercarse y destruirlos con sus ataques.

La combinación de los caballeros y el poder de congelamiento de Aureus permitió aniquilar a una gran cantidad de enemigos.

La estrategia resultó efectiva para debilitar las fuerzas del culto y permitir que el grupo avanzara.

El Linch, junto a sus caballeros no muertos, arremetió con fuerza contra los caballeros de Douglas, causando la muerte de varios de ellos.

La situación era crítica hasta que Charles se adelantó y se enfrentó directamente al Linch.

Mientras tanto, los demás caballeros combatían a los no muertos y los magos apoyaban lanzando potentes hechizos de fuego.

Charles aprovechó las ráfagas de viento conjuradas por su propia magia para combinar su ofensiva con las llamas de los magos, aumentando su potencia y precisión.

Aun así, era evidente que su derrota sería cuestión de tiempo si los demás caballeros no lograban eliminar a los no muertos con rapidez.

En ese momento, Lusian, percibiendo la diferencia de poder entre el Linch y Charles, decidió apoyarlo directamente.

Se dirigió al campo de batalla y, elevando la voz, gritó a Emily para que permaneciera junto a los magos —por su propia seguridad— y no se expusiera al combate cuerpo a cuerpo.

El Linch hizo retroceder a Charles con un golpe de su alabarda; el caballero perdió el equilibrio y cayó.

Cuando la alabarda se alzó para asestar el golpe final, un rayo de luz impactó en el brazo derecho del no muerto.

Emily, tras completar su hechizo de luz, había conseguido herir con fuerza al enemigo.

Aprovechando la distracción, Lusian lanzó una serie de hechizos de oscuridad contra el Linch.

No parecieron causarle daño directo, pero sí captaron su atención y lo alejaron de Charles.

En ese instante, Umber, el fiel compañero de Lusian, interceptó al no muerto y mordió con fuerza el brazo donde éste empuñaba la alabarda.

El daño fue tan severo que estuvo a punto de arrancarle el brazo.

“La Luz y la Oscuridad” En la mansión Douglas, Sofía recibió la alerta enviada por Umber.

—¡ALEPH!

—ordenó con voz tensa—.

Prepara la mayor cantidad de tropas que puedas, ¡ahora mismo!

—Como ordene, duquesa —respondió Aleph, el leal comandante, y se apresuró a movilizar recursos.

Laurence, que se encontraba cerca, se acercó con el ceño fruncido.

—¿Qué sucede, Sofía?

—preguntó con urgencia.

—Lusian está en peligro —contestó ella, grave.

Con el apoyo decisivo de Umber, el grupo logró derrotar al Linch con rapidez.

Pero la victoria fue amarga: de la cueva comenzaron a salir no muertos que no mostraban señales de descomposición.

Eran cuerpos frescos, animados por una magia grotesca.

Charles y Lusian intercambiaron miradas cargadas de preocupación; sabían que aquello aún no terminaba.

—¡Empezaron a matar a los aldeanos, mi señor!

—afirmó Charles, alarmado.

—Tenemos que entrar ya —dijo Lusian con determinación—.

Si no lo hacemos rápido, no solo correrán peligro los prisioneros: nuestros enemigos aumentarán en número.

Dentro de la cueva, Jerges, líder del culto demoníaco, dio órdenes para seleccionar a los aldeanos más fuertes y someterlos a un ritual destinado a convertirlos en no muertos.

Sin mostrar piedad, los miembros del culto comenzaron a asesinar a hombres y mujeres adultos, trazando un círculo mágico mientras utilizaban la habilidad de un Linch para impregnar los cadáveres con maná corrupto.

Su objetivo era ganar tiempo y crear una distracción que les permitiera escapar.

Antes de que el culto pudiera completar su objetivo, Albert irrumpió en la cueva tras derrotar a uno de los Linch.

El culto, para proteger su retirada, desplegó la mayoría de los no muertos hacia la entrada principal, reservando cuarenta y dos de ellos para obstaculizar a Albert y asegurar la huida de sus líderes.

En total, los cultistas habían logrado crear cuatrocientos catorce no muertos.

—Acaben con todos esos molestos estorbos —ordenó Albert con voz firme—.

No quiero más bajas.

Persigan a esos imbéciles y no los dejéis escapar.

Uno de los hombres de Albert, con preocupación, preguntó: —Señor Albert, ¿no apoyaremos a nuestro señor?

Albert, sereno, respondió: —Charles no es tan inútil como muchos creen; puede encargarse.

Nuestra prioridad ahora es cumplir las órdenes: perseguir a los miembros del culto y evitar que huyan.

En la puerta oriental de la cueva se libraba una batalla desesperada.

Varios miembros del culto demoníaco intentaban huir por esa vía, liderados por Saul, el segundo al mando, un mago de rango Magister-Delta.

Los aventureros que trataban de detener su escape estaban siendo abrumados por la fuerza de los enemigos.

Los hechizos de Saul y de los demás magos del culto atravesaban sin dificultad las defensas de los aventureros, incluso de aquellos que portaban armaduras de rango superior.

La situación era crítica, pero los caballeros Douglas resistían con firmeza gracias a sus armaduras de mayor calidad y su disciplina férrea.

Saul se enfrentaba directamente a Caín.

La diferencia de poder era abismal: el mago envolvía el cuerpo de Caín con su maná contaminado, aplastándolo lentamente.

Caín apenas podía resistir la presión, y comprendió que había cometido un grave error al desobedecer las órdenes de Jaiden, el comandante del grupo Douglas.

Entre el dolor y la desesperación, Caín se arrepintió de su insensatez, de su orgullo y ambición.

Pero antes de que su vida llegara a su fin, reunió sus últimas fuerzas y logró herir la mano de Saul, causando una leve pero inesperada interrupción en su concentración.

Mientras tanto, Keitaro combatía junto a sus compañeros aventureros de clase oro contra un grupo de guerreros del culto.

A pesar de su valentía, apenas lograban mantener la formación.

De no ser por el apoyo constante de los magos Douglas, habrían sido aniquilados hace tiempo.

—Keitaro, debes ayudar al señor Jaiden con tu habilidad —le gritó uno de sus compañeros—.

Si no lo haces, todos moriremos aquí.

Keitaro dudó, sabiendo que su poder podría revelar demasiado sobre él.

—No puedo ser visto usando mi habilidad…

quedaré expuesto ante todos —respondió con voz tensa.

—Si no lo haces —intervino Iris, mirándolo fijamente—, nuestros amigos también morirán.

Por favor…

ayúdalos.

Keitaro comprendió que no tenía otra opción.

Decidido, corrió hacia el sector donde luchaba Jaiden, ignorando las advertencias sobre el peligro.

El comandante decapitaba a un enemigo cuando lo vio acercarse.

—¡Chico, no vengas!

Permanece con tu grupo, este sector es demasiado peligroso —advirtió Jaiden sin dejar de combatir.

Pero Keitaro habló con firmeza: —Señor, tengo una manera de acercarlo a ese mago, Saul.

Con su magia, está abrumando a todos.

Jaiden, intrigado, se permitió escuchar.

—¿Qué puedes hacer tú, chico?

—Puedo enviarlo detrás de él —explicó Keitaro con confianza—.

Solo debe preparar su mejor golpe.

Yo me encargaré de traerlo de vuelta.

El comandante lo observó por unos segundos, midiendo su determinación.

Finalmente asintió.

—Bien.

Intentémoslo.

Keitaro activó su habilidad y grabó un sello mágico en la mano de Jaiden.

Un parpadeo después, el comandante desapareció de su posición y apareció detrás de Saul.

El mago apenas alcanzó a volverse cuando la espada de Jaiden le atravesó el cuello.

Su cabeza rodó por el suelo, y en el siguiente instante, Jaiden desapareció nuevamente para reaparecer junto a Keitaro.

El uso del hechizo drenó por completo el maná de Keitaro.

Con la muerte de Saul, todos sus hechizos de apoyo se disiparon, desorganizando de inmediato a los guerreros del culto.

Cinco minutos más tarde, Jaiden y su equipo avanzaron hacia el interior de la cueva, aunque el costo fue alto: diez aventureros y cinco caballeros Douglas habían caído en la batalla.

En el sector norte, Leónidas, líder de los magos con afinidad de tierra, dio la orden de preparar un poderoso hechizo para aplastar a cualquiera que intentara escapar.

No tuvieron que esperar mucho: varios miembros del culto, acompañados por no muertos, emergieron de la cueva…

solo para ser sorprendidos por enormes rocas que cayeron sobre ellos, reduciéndolos a polvo.

Aquel paso se suponía secreto, conocido solo por los iniciados del culto, pero Charles había logrado descubrirlo al interrogar a los prisioneros capturados.

Al verse emboscado, Jerges, líder del culto, ordenó al Linch que lo acompañaba activar su habilidad: transferir la fuerza de un ser del inframundo a un cadáver.

Aunque el efecto solo duraba quince minutos, otorgaba al no muerto la fuerza de un guerrero Magister.

Jerges envió a los ciento cincuenta no muertos restantes al frente y ordenó a Elio, su tercer al mando, que los fortaleciera con hechizos de apoyo.

Leónidas, comprendiendo la magnitud de la amenaza, activó de inmediato todos los hechizos preparados con antelación, desintegrando a cuarenta y seis no muertos.

Pero el resto avanzó sin tregua.

Los caballeros Douglas resistieron cuanto pudieron, hasta que la diferencia numérica comenzó a inclinar la balanza.

Leónidas se enfrentó directamente al ser potenciado por el Linch.

Enseguida entendió que no podría derrotarlo fácilmente, pero no retrocedió.

A pesar de haber agotado buena parte de su energía mágica, desplegó sus mejores técnicas.

Cada impacto hacía temblar el suelo.

El maná contaminado del enemigo lo estaba envenenando lentamente, quemándole los pulmones con cada respiración.

Entonces escuchó un grito desde la retaguardia: —¡Retrocede, Leónidas!

Obedeció por instinto, y un instante después el no muerto fue alcanzado por una lluvia de fuego.

El cuerpo ardía, pero aún se movía.

Reuniendo sus últimas fuerzas, Leónidas activó su hechizo de fortalecimiento físico más poderoso.

Con un rugido, descargó un golpe final que partió al no muerto en dos.

Pero antes de caer, la criatura logró lanzar un corte que abrió el peto de su armadura, hiriéndolo gravemente en el pecho.

Varios caballeros corrieron a asistirlo y lo arrastraron hacia la retaguardia, intentando estabilizarlo.

A su alrededor, la batalla continuaba; los rugidos de los no muertos y el estruendo de la magia llenaban el aire.

La línea Douglas resistía…

pero apenas.

Albert alcanzó al grupo del culto demoniaco, desatando una batalla encarnizada.

A pesar de su resistencia, los miembros del culto fueron masacrados sin piedad.

Ante la inminente derrota, Jerges tomó una decisión desesperada: sacrificó a sus propios hombres, usándolos como escudos humanos para abrir paso entre las filas de los caballeros.

Con unos pocos supervivientes, logró escapar con la ayuda del Linch.

Tras la batalla, Albert se acercó a Leónidas, que yacía herido en el suelo.

—¿Estás bien?

—preguntó con tono burlón—.

Una simple misión y ya estás tirado al borde de la muerte.

Leónidas gruñó, irritado.

—¿Por qué tardaste tanto, viejo imbécil?

Dijiste que no demorarías en apoyarnos.

Albert exhaló con resignación.

—El plan se complicó.

Tuve que improvisar y, de paso, encargarme de un esqueleto bastante molesto.

Todo esto porque mi señor así lo quiso.

—Sacó una perla negra de su brazalete.

Leónidas reconoció de inmediato el objeto y murmuró con fastidio: —Los Linch no deberían ser problema para ti.

Albert sonrió con aire satisfecho.

—Y no lo fueron.

Pero había muchos miembros del culto demoniaco.

Cuando acabé con ese Linch, la cara de esos idiotas era impagable.

“Sangre en la Montaña” Mientras tanto, en la entrada principal de la cueva, se iniciaba la liberación de mujeres, niños y ancianos cautivos del culto.

Fueron rescatadas seiscientas dieciocho personas.

El aire se llenó de llanto y lamentos: unos lloraban de alegría por su libertad, otros por la pérdida de quienes habían sido convertidos en no muertos.

Poco después, Albert, Leónidas y Jaiden se acercaron a Charles en busca de noticias sobre su señor.

—¿Dónde está mi señor?

—preguntó Albert con preocupación.

—Está junto a los caballeros caídos —respondió Charles con voz sombría.

Leónidas frunció el ceño.

—¿Le afectó la muerte de sus hombres?

Charles no respondió; simplemente señaló hacia donde se hallaba su señor.

Los tres se acercaron y lo vieron entre los cuerpos de los caídos.

Lusian permanecía sentado, con el rostro endurecido por el dolor y la determinación.

Su mirada perdida reflejaba el peso de la decisión que había tomado.

Mientras la luz de las antorchas iluminaba los rostros de los aldeanos liberados, una sensación áspera le atravesó el pecho: ninguno de ellos habría dado su vida por él.

Sus caballeros, en cambio, lo habrían hecho sin dudar.

Y aun así…

los había salvado.

Una pregunta amarga se instaló en su mente: ¿todas las vidas valen lo mismo?

Albert se aproximó con cautela.

—¿Está bien, mi señor?

Lusian exhaló lentamente.

—No lo sé.

A veces pienso que tomé la decisión equivocada.

Albert lo miró con seriedad.

—Buena o mala decisión, eso depende de a quién le preguntes.

Sacrificar veintinueve vidas bajo tu mando para liberar a esas personas puede ser moralmente correcto, pero políticamente, es un error que podría pesarte.

Como noble, se te juzgará por el resultado, no por la intención.

Lusian comprendió la lección.

Si aquello fuera un juego, sus hombres revivirían…

pero no lo era.

Debía cargar con su pérdida.

—¿Hablas como mi maestro o como amigo?

—preguntó con amargura.

Albert sonrió apenas.

—Como maestro, deseo que aprendas a asumir las consecuencias de tus decisiones y que no temas elegir lo correcto, aunque duela.

Pero como amigo…

puedes sentirte orgulloso.

Salvaste muchas vidas y evitaste una tragedia mayor.

Le dio una palmada en el hombro antes de retirarse.

Lusian permaneció en silencio, perdido entre pensamientos y culpas.

A poca distancia, Emily sanaba a los aldeanos con su magia de luz.

Cada grito y cada lágrima que oía aumentaban su sentimiento de culpa.

Cuando terminó, se acercó con timidez.

—¿Puedo acompañarte?

—preguntó suavemente.

—Claro —respondió Lusian sin apartar la vista del horizonte.

Emily, con voz temblorosa, confesó su pesar por las muertes ocurridas.

Lusian negó con la cabeza.

—No te culpes.

Fue mi decisión.

Tú hiciste lo que debías…

y lo hiciste bien.

Aprendiste el hechizo por ti misma, y eso te honra.

Emily lo miró con gratitud, luego lo abrazó con ternura.

Lusian, algo incómodo al principio, respondió al gesto, sintiendo que lo necesitaba más de lo que creía.

—Gracias —murmuró él.

Ella se alejó, sonrojada por las miradas curiosas de los caballeros.

En ese momento, Jaiden se acercó discretamente a Lusian.

El joven duque lo escuchó con atención mientras le informaba sobre la afinidad de Keitaro con la magia espacial.

Aquella revelación llamó de inmediato su atención; no era un poder común, y solo una familia en el Imperio era famosa por dominarla: los Macallister.

Lusian entrecerró los ojos, pensativo.

—Magia espacial…

—murmuró para sí—.

Interesante.

Sin perder tiempo, ordenó que trajeran a Keitaro.

El joven aventurero sintió cómo un escalofrío le recorría la espalda al escuchar su nombre.

Sabía que su habilidad estaba bloqueada temporalmente y que, si Lusian decidía entregarlo al Imperio, no tendría forma de escapar.

Con cada paso hacia la tienda del duque, su respiración se volvía más pesada.

En el peor de los casos, estaba dispuesto a arrodillarse y rogar por la vida de su esposa.

Cuando finalmente entró, Lusian lo esperaba sentado, con una expresión serena pero con una mirada que parecía atravesarlo por completo.

—Macallister, ¿verdad?

—preguntó Lusian con calma, sin apartar los ojos de él.

Keitaro se tensó al instante.

—No, señor…

no sé de qué habla —respondió apresuradamente.

Lusian sonrió levemente, aunque su mirada seguía siendo inquisitiva.

—Hace tiempo escuché una historia curiosa —empezó—.

Decían que el heredero de una prestigiosa familia imperial, comprometido con una princesa, se enamoró de una noble de menor rango que vivía cerca de sus tierras.

Usando su magia de teletransportación, huyó con ella una noche y desapareció del Imperio.

—Hizo una pausa, observando la reacción del joven—.

¿Te suena conocida esa historia?

Keitaro tragó saliva.

—¿Vas a entregarme…

y cobrar la recompensa?

—preguntó con un hilo de voz.

—No —respondió Lusian, negando suavemente con la cabeza—.

Mi familia tiene suficiente riqueza como para rivalizar con las grandes casas del Imperio.

No necesito tu recompensa.

Se inclinó ligeramente hacia él y añadió en tono más serio: —Sin embargo, me debes un favor.

Y cuando llegue el momento, tendrás que saldar esa deuda.

Keitaro lo miró confundido, sin saber si debía sentirse aliviado o más asustado.

Lusian continuó, esta vez con un tono casi paternal: —Déjame darte un consejo, Keitaro.

Deja de arriesgar la vida de tu esposa.

En este reino hay una familia que huyó del Imperio hace años…

y también llevan el apellido Macallister.

Keitaro asintió lentamente.

—Sí, lo sé.

Son una rama secundaria de mi familia.

Escapé antes de que ellos lo hicieran.

Pero…

—suspiró— mi antigua casa ha enviado múltiples solicitudes al rey para que los entreguen.

Si me acerco a ellos, solo pondré a todos en peligro.

Lusian meditó un instante, luego habló con voz tranquila pero firme: —En ese caso, buscaré otra vía.

Cuando regresemos, te presentaré ante alguien de confianza.

Andrew puede ser un idiota arrogante, pero sabe reconocer el talento cuando lo ve.

Keitaro lo miró sorprendido.

—¿De verdad harías eso por mí?

—Considera esto parte de la deuda que me debes —respondió Lusian con una media sonrisa—.

Pero no lo olvides, Keitaro: en este mundo, la magia no lo es todo.

La lealtad y la prudencia valen mucho más.

Keitaro sintió que esa frase pesaba más que cualquier amenaza.

Había roto su silencio para salvar vidas…

y ahora su futuro dependía de aquel duque cuyo juicio era tan impredecible como el del destino mismo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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