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GUERRA EN EL MUNDO MAGICO - Capítulo 8

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Capítulo 8: Capítulo 8 La Academia

“Banquete en el palacio real”

Lusian terminó la noche descansando en silencio, reflexionando sobre los eventos recientes. El torneo había sido un desafío, pero más que eso, había revelado las grietas en la seguridad del reino y la inevitable tensión entre los nobles y las fuerzas del imperio. Al amanecer, se trasladó de nuevo a la capital, donde se llevaría a cabo la ceremonia oficial de entrega de premios a los participantes.

El día del banquete en el palacio real, Lusian llegó acompañado de Emily. El ambiente era festivo y animado. En el amplio salón, se podía ver al rey Felipe Erkhan Kesller en su trono, acompañado a la derecha por la reina Adelina, el príncipe heredero Andrew con su prometida Roxi Briggs Byrne, y la princesa Elizabeth. A la izquierda se encontraba la concubina real Alessia Ferrussi, el príncipe Leonardo y su hermano pequeño Micael.

Grupos de nobles conversaban animadamente, compartiendo sus experiencias en el torneo de caza. Lusian se acercó a una mesa con una selección de vinos de alta calidad.

Lusian se acercó a la mesa donde se servían los vinos, y Emily lo siguió a cierta distancia, sintiendo un nudo en el estómago. No podía ignorar la presencia de Lusian, aunque cada movimiento suyo la intimidaba.

—No necesitas probar nada si no quieres —dijo Lusian, con la voz tranquila pero firme, midiendo cada palabra.

Emily sostuvo la copa con las manos ligeramente temblorosas y asintió, agradecida por no recibir una presión directa. Tomó un sorbo pequeño, tratando de calmar los nervios que le recorrían el cuerpo.

Lusian la observó en silencio. Sus ojos parecían analizar cada gesto, cada reacción, como si intentara descifrarla. Emily sintió que su corazón latía más rápido y bajó la mirada, luchando contra una mezcla de temor y curiosidad. Sabía que, tarde o temprano, tendría que aceptar a Lusian en su vida, pero aún no estaba lista para bajar la guardia.

El silencio que los rodeaba estaba cargado de significado; no era incómodo, pero sí intenso. Ninguno se apresuraba a romperlo. Cada gesto, cada mirada contenía más de lo que decían las palabras, Sofía no tardó en llegar al lado de ellos y, pellizcando la mejilla de Lusian, le recomendó que no bebiera demasiado. Tras un breve intercambio de palabras cargado de reproche afectuoso, se retiró, dejándolos solos.

Emily lo observaba en silencio, intentando medir cómo acercarse. Lusian, notando su vacilación, le ofreció un leve gesto con la mano, invitándola a seguirlo al centro del salón.

—No te preocupes —dijo Lusian con calma—, solo acompáñame.

Emily asintió con cautela, sus dedos rozando la copa mientras luchaba por controlar el temblor de sus manos. Cada paso hacia él aumentaba el conflicto en su interior: miedo, respeto y una curiosidad que no podía ignorar.

En la distancia, Kara Bourlance conversaba con su padre, el duque Keiler, pero sus ojos no perdían de vista a Lusian, llenos de una mezcla de ira y determinación.

—No es justo, padre —dijo con voz firme—. Llevar bestias mágicas a una competencia debería estar prohibido.

El duque suspiró, con una sonrisa resignada.

—Tranquila, hija. Esa familia siempre encuentra la manera de hacer trampa.

Kara frunció el ceño, mirando fijamente a Lusian.

—Pero mira a ese idiota. Ni siquiera parece importarle haber ganado con la ayuda de la duquesa. No es un verdadero luchador.

—Sí, es un hijo consentido de su madre —comentó el duque—. Apuesto a que si se enfrentara a ti en una batalla, terminaría humillado.

Kara esbozó una sonrisa tensa, la misma que usa antes de encarar un desafío.

—Ya lo verás, padre. En la academia le daré la bienvenida que se merece.

—No te excedas demasiado —advirtió el duque—. Recuerda que la duquesa Sofía es muy sensible a cualquier roce con Lusian. Ya tuve problemas cuando le rompiste el brazo al príncipe Andrew.

Kara no titubeó, aunque su tono se suavizó levemente.

—No te preocupes, padre. Solo serán fracturas leves —dijo con orgullo, mientras el duque asentía, divertido.

En otro grupo, Isabella Armett se encontraba irritada por los constantes intentos de Caleb de cortejarla. Ya estaba bastante molesta y, para empeorar la situación, el príncipe Leonardo se acercó y le solicitó un baile. Caleb se interpuso de inmediato, generando una tensión palpable.

—Señorita Isabella, ¿no desea bailar con un príncipe sustituto? —dijo Caleb, con un tono desafiante.

—Lo dice alguien que no puede competir con su hermano menor —replicó Leonardo, con firmeza.

Las chispas volaban entre Caleb y Leonardo, mientras Elizabeth pasaba por allí y se detuvo, observando con compasión la situación. Conocía bien el conflicto entre Caleb y Leonardo, y sabía del acuerdo entre su padre y el duque Laurence que permitía a Isabella decidir con quién quedarse.

—Ven conmigo, Isabella. Te mostraré un lugar más tranquilo —propuso Elizabeth, extendiendo la mano hacia ella. Isabella aceptó, agradecida por el rescate momentáneo.

—Aún siguen sin dejarte en paz —preguntó Elizabeth mientras caminaban.

—Estoy desesperada. No puedo hacer nada para rechazarlos, y mi familia no tiene poder suficiente para intervenir —respondió Isabella, suspirando.

—Te entiendo. Si no fuera por mi padre, no sabría cómo lidiar con tantos que intentan aprovecharse de mi estatus —dijo Elizabeth, mirando con desdén a Lorenzo Denisse, quien siempre encontraba pretextos para acercarse a ella—.

Mientras avanzaban, se encontraron con Lusian, que se dirigía al salón de descanso, con una expresión que mezclaba agotamiento y cierta distracción.

—Señor Lusian, qué gusto verlo —saludó Elizabeth con una leve sonrisa.

—Princesa, señorita Isabella —respondió Lusian con respeto, inclinando ligeramente la cabeza. Su fatiga parecía disiparse un poco al verla; algo en ella siempre lograba despertarle interés, aunque se esforzara por mantener la compostura.

—Se dirige a descansar. No me diga que va a soñar con cierta señorita —comentó Isabella, confundida por la atención de Lusian hacia Elizabeth.

—No, claro que no. Solo quiero alejarme de la multitud —respondió Lusian, tratando de disimular su incomodidad. Sus ojos, sin embargo, traicionaban un ligero interés, algo que Andrew habría odiado notar si estuviera presente.

Emily, después de separarse de Lusian, se encontró con Clarisse Stanley, prometida de su hermano, cerca de un ventanal que daba al jardín iluminado por antorchas.

—¿Cómo estás? ¿Y mi hermano? —preguntó Emily, tratando de sonar despreocupada, aunque la preocupación se reflejaba en su voz.

—Hola, Emily. Fue por bebidas —respondió Clarisse con una sonrisa tenue, intentando calmar la tensión del momento.

Emily frunció el ceño, observando el semblante de Clarisse.

—Te ves decaída. ¿Paso algo? —insistió, preocupada.

—Mi familia quiere que rompa el compromiso con Manuel —confesó Clarisse con un suspiro.

Emily se llevó una mano al pecho, sorprendida.

—¡Es por mi culpa! Por comprometerme con Lusian —se lamentó, su voz apenas un susurro, cargada de culpa.

—No es tu culpa. Solo que a mi padre no le gusta involucrarse en asuntos complicados —explicó Clarisse, con firmeza pero sin reproches.

Emily bajó la mirada, pensativa.

—¿Y tú qué piensas hacer? —preguntó con cautela, curiosa por la resolución de su amiga.

—Yo no pienso romper el compromiso —afirmó Clarisse, con determinación en la voz—. No por presión familiar ni por nada. Es mi decisión.

En ese instante, Manuel llegó acompañado por Alejandro, saludando a ambas con una sonrisa amplia, ajenos a la tensión del diálogo. Empezaron a conversar animadamente, dejando a Emily y Clarisse con un aire de calma agridulce, mientras Emily sentía cómo un nuevo conflicto se formaba en su interior.

“Reuniones y conspiraciones”

En el salón de descanso del duque Derek Sneider, la luz de las antorchas iluminaba los rostros tensos de los presentes. El aire estaba cargado de humo y desconfianza. Se encontraban reunidos el conde Tomas Denisse, el conde Noah Armett, el conde Brandi Brown y Mateo Carruso, todos con la mirada fija en Derek, cuyo ceño fruncido reflejaba su impaciencia.

—Entonces, Tomas, ¿tus planes han fracasado? —dijo Derek con sarcasmo, su voz goteando desdén.

Tomas se recostó en su silla, cruzando los brazos con calma.—Solo fue un pequeño contratiempo. Los planes siguen en marcha. El destino del reino ya está definido —respondió con confianza, aunque un leve matiz de ansiedad asomaba en sus ojos.

—¡Pequeño contratiempo! —rugió Derek—. ¡Intentaron asesinar al príncipe en pleno torneo de caza y tú no envías más refuerzos! ¿Acaso subestimas la gravedad?

Brandi se inclinó, con la curiosidad mezclada con cautela:—Sí, Tomas, necesitamos más hombres. ¿Por qué no se envió un segundo grupo de asesinos? Esto podría arruinarlo todo.

Tomas entrelazó los dedos, su expresión calmada pero firme:—¿Más hombres? ¿Acaso quieren que nos descubran? Ya fue increíble que lográramos infiltrar cuarenta guerreros del Imperio sin levantar sospechas. Un segundo intento habría sido un desastre. La operación estuvo al límite; cualquier error y habríamos perdido todo.

—¡Pero si hubieran tenido éxito, el príncipe estaría muerto! —protestó Mateo, su frustración evidente.

—Y si enviamos más asesinos ahora, los Douglas no dudarían en rastrearlos hasta la última villa del reino —intervino Noah con tono grave—. Tomas tiene razón: la discreción es la única forma de mantenernos un paso adelante.

Tomas se levantó lentamente, su presencia imponente en contraste con la pasividad de los demás.—Escúchenme bien —dijo, con voz cortante—. No hay lugar para la torpeza. Si quieren resultados, deben entender el riesgo: la discreción vale más que la ambición inmediata. El Imperio no perdona errores, y los Douglas tampoco; cualquiera que se atreva a traicionar al reino será eliminado sin piedad. Un paso en falso y este reino arderá, y no habrá riqueza ni artefactos que los salven.

Mientras en el salón principal el banquete alcanzaba su punto culminante y los jóvenes se preparaban para ingresar a la academia, detrás de las habitaciones del rey y de los Douglas, un cuarto secreto servía como escenario de reuniones privadas entre el rey Felipe y el duque Lawrence. Felipe lo observaba con mirada grave, consciente del tiempo transcurrido desde su último encuentro. A pesar de su juramento como monarca, sentía la impotencia de no poder alterar la rígida estructura de poder heredada desde la fundación del reino: el ducado Sneider controlaba la administración, los Bourlance la seguridad, y los Douglas… la inquisición. Su fama, temida y maldecida por la mayoría, ocultaba la verdad: su misión era mantener el reino puro, libre de la corrupción de los nobles y de cualquier amenaza que pudiera dañarlo.

—Hace tiempo que no nos vemos, Lawrence. ¿Cómo ha estado? —preguntó Felipe, intentando suavizar la tensión.

—Bien, su majestad. Y usted, ¿cómo marchan los asuntos del reino? —respondió Lawrence, midiendo cada palabra.

—No tan bien —dijo Felipe con un suspiro—. El Imperio parece haber comenzado a conspirar contra nosotros. Por cierto, dale las gracias a Lusian por salvar la vida de mi hijo. Prometo compensarlo como se merece.

Lawrence asintió, sorprendido por la mención de Lusian, pues el joven nunca le había comentado su intervención.—Se lo comunicaré, su majestad. Respecto al Imperio, comenzaré a investigar de inmediato. Si hay infiltrados, es probable que cuenten con la colaboración de alguna familia de la nobleza.

—Está bien. Localiza al colaborador y elimínalo si es necesario. Y si requieres apoyo, avísame —ordenó Felipe con firmeza.

—Así se hará, su majestad —respondió Lawrence. Aunque Felipe desaprobaba la violencia extrema de los Douglas, había algo en su frialdad calculadora que le resultaba tranquilizador en momentos de crisis.

Momentos después, en el salón, el banquete continuaba. Felipe, sentado en su trono, llamaba a los representantes de cada familia para entregar los premios del torneo de caza. Felicitaciones, reverencias y murmullos recorrían la sala mientras los jóvenes se preparaban para iniciar su vida en la Academia Real de Magia y Artes de Combate. Sonreía con cortesía, sin sospechar que, más allá de la luz de la ceremonia, las sombras del reino continuaban su silenciosa vigilancia: los Douglas, incógnitos para todos, aseguraban que la corrupción y la traición no encontraran refugio.

“Llegada a la Academia Faldmord”

Cinco días después, Lusian llegó a la academia Faldmord, una pequeña ciudadela situada fuera de la ciudad de Acropolis. Desde la ventana del carruaje, observó la larga fila de estudiantes y familias que esperaban para registrarse, y preguntó con un hilo de impaciencia:

—¿Tardaremos mucho en la fila?

Albert rió suavemente, acariciándole la cabeza con gesto paternal:

—Buena broma, mi señor.

El carruaje de los Douglas tomó una entrada exclusiva, reservada para las familias de la nobleza superior, evitando la multitud que se amontonaba en la puerta principal. Al llegar a la recepción, fueron recibidos por el subdirector Axel Thompson, cuya mirada evaluadora recorría a Lusian y a Umber.

—Bienvenidos a la academia. A partir de este punto no se permite el ingreso de personal ajeno a la institución. La seguridad de todos los estudiantes está garantizada por la familia real —anunció Axel con voz firme.

Albert se inclinó levemente ante Lusian y le entregó un pequeño anillo mágico.

—Mi señor, hasta aquí puedo acompañarlo. Este anillo me permitirá localizarlo si necesita salir de la academia. Por favor, no se aventure solo.

—No soy un niño pequeño, Albert —respondió Lusian, aunque por dentro apreciaba el gesto de cuidado.

Al intentar ingresar con su bestia mágica, se encontraron con una negativa inmediata del subdirector.

—Lo siento, señor Douglas, no podemos permitir que traiga a su bestia —dijo Axel con rigidez.

Albert intervino, visiblemente molesto, pero antes de que la situación escalara, Magnus Bourlance apareció en la sala. Su imponente presencia, reforzada por su condición de guerrero clase Magister Delta, hizo que el ambiente se silenciara.

Albert se mantuvo firme, recordando viejos tiempos. Magnus, director de la academia y antiguo rival de Albert, evocó con una mezcla de respeto y diversión los años en que Albert, joven y obstinado, siempre lo superaba en duelos y pruebas. Aquella rivalidad había forjado una relación de respeto mutuo que aún se percibía entre ellos, aunque ahora Magnus ocupaba un lugar de autoridad.

—No les has enseñado bien a tus subordinados, Magnus —dijo Albert, visiblemente enojado.

—Albert, solo es un pequeño malentendido. No nos interpondremos en el camino del jovencito Douglas; no queremos ver enojada a la duquesa —respondió Magnus entre risas.

Después de un momento, Albert se retiró.

Tras un gesto de Magnus, Lusian pudo ingresar finalmente con Umber. Quien al entrar en su habitación, quedó sorprendido por el lujo que Sofía había asegurado. Los sirvientes acomodaron sus pertenencias mientras él observaba cada detalle. Serían veinticinco días de estudio intensivo, con apenas cinco de descanso durante cuatro meses.

Con Lusian ya encaminado hacia sus habitaciones, Magnus se volvió hacia Axel, su mirada firme y serena imponiendo respeto.

—Axel —dijo—, sé lo que sientes hacia los Douglas. Pero te lo advierto: actuar por rencor personal sería un desastre. Nadie controla a esa familia y cualquier choque directo con ellos solo traería problemas que no podríamos manejar.

Axel apretó los puños, con la rabia burbujeando:

—No puedo quedarme de brazos cruzados mientras…

—Escucha —interrumpió Magnus con voz firme—. La academia no puede permitirse conflictos con los Douglas. Su influencia es demasiado grande, y los rumores que corren sobre ellos… cualquier acción imprudente nos pondría a todos en riesgo. Si dejas que tu odio guíe tus decisiones, no solo te pondrás en problemas, pondrás en peligro todo lo que hemos construido aquí.

Axel tragó saliva, comprendiendo la gravedad de la advertencia.

—Entiendo… lo tendré en cuenta —respondió con un hilo de tensión, pero con respeto hacia Magnus.

—Bien —asintió Magnus—. Mantente firme, pero controla tu fuego. La estabilidad de la academia y de los estudiantes es lo primero.

Al día siguiente, en el edificio de cuatro pisos, la clase 1A esperaba en el salón la llegada del instructor. Lusian, Emily y el resto del grupo—Nilson Stanley, Jaslin Erkhan, Cowick Briggs, Naomi Sneider, Summer Kesller, Darilyn Macallister, Kasper Bourlance, Abbel Brown, Jenna Mondring, Corwin Armett, Sandra The Mondring y Craig Dennisse—se mantenían atentos y en silencio.

—Mi nombre es Carla Baker y seré su directora de grupo durante estos cuatro meses —anunció con voz firme—. Lo primero que deben saber es que, en la academia Faldmord, su estatus no significa nada. Todos serán tratados como estudiantes de pleno derecho, y se espera un comportamiento ejemplar. Representarán al curso 1A ante los demás.

Carla avanzó unos pasos, recorriéndolos con la mirada.

—Su posición tampoco es definitiva —continuó—. Si un estudiante de un curso inferior demuestra mayor habilidad en evaluaciones, duelos o misiones internas, ascenderá. Y quien esté en el 1A y quede por debajo, descenderá. Aquí, ser superado tiene consecuencias reales.

Un silencio tenso se extendió por el salón.

Naomi levantó la mano.

—Profesora, ¿qué tan fuertes son los estudiantes de los cursos inferiores?

—La academia clasifica a todos por fuerza, habilidad y potencial estratégico —explicó Carla—. Los cursos se dividen en cinco niveles:

—Curso 1A: la élite. Legionarios, guerreros o magos con destrezas sobresalientes. Ustedes representan la cúspide de su generación.—Cursos 1B, 1C, 1D y 1E: cadetes que destacaron durante un mes intensivo de entrenamiento. No son débiles; solo están en proceso de consolidar su poder.

Craig frunció el ceño.

—¿Tendremos que relacionarnos con ellos?

—Muy poco —respondió Carla—. Estarán ocupados intentando ascender o evitar caer más abajo. Pero recuerden: ser del 1A no los hace superiores. Aquí, la jerarquía es una responsabilidad, y cualquier señal de arrogancia será castigada en combate.

Emily intervino, curiosa:

—Entonces, si alguien destaca, ¿puede subir hasta nuestro curso?

—Exactamente —asintió Carla—. Cada mes revisamos el desempeño general. Un cadete que brille o gane una batalla clasificatoria puede ascender al 1A de inmediato, ocupando el puesto de quien no dé la talla.

Kasper levantó la mirada.

—¿Y los duelos entre cursos?

—Son parte esencial de la formación —respondió Carla—. Los cursos inferiores pueden desafiar a los superiores una vez al mes, y ustedes harán lo mismo entre sí. Tres combates contra compañeros de su especialidad y uno contra la opuesta. Evaluamos habilidad, estrategia y crecimiento.

Lusian, con discreto nerviosismo, preguntó:

—Maestra… si surge un conflicto con un curso superior, ¿cómo se procede?

—En combate —respondió Carla con seriedad—. Pero cada reto solo puede realizarse una vez al mes. Ese límite mantiene el orden y evita abusos.

Concluida la explicación, Carla guió al grupo por las instalaciones. Recorrieron el salón de arte, el de música, el laboratorio de alquimia, el aula de domadores de bestias, la cafetería y, al final del pasillo, la biblioteca común para todos los cursos.

“Primer duelo clasificatorio”

Finalmente, llegaron a la arena de combate, dividida en cuatro plataformas amplias, donde los estudiantes de tercer año practicaban intensamente. Lusian pudo notar que cada plataforma estaba ocupada por un curso distinto. Carla aprovechó la oportunidad para explicar:

—En la academia, las clases se nombran según el año y el grado de fuerza —dijo—. El número indica el año que cursan: uno para primer año, tres para tercer año. La letra A representa a los mejores del curso, los más fuertes. Así, un 3A es el grupo élite de tercer año, mientras que 1B sería un curso de primer año aún en desarrollo.

Lusian asintió, comprendiendo un poco mejor la jerarquía que definiría gran parte de su vida académica a partir de ahora.

—Esta plataforma estará asignada a ustedes —indicó Carla—. Aquí entrenarán a diario y se llevarán a cabo las batallas clasificatorias. Cada curso tiene su propia área, pero si desean practicar con otros cursos, pueden coordinarlo con sus instructores.

Mientras Lusian observaba, Kara, que lo había estado estudiando con ojos afilados desde que entraron, se acercó al grupo del 1A con pasos firmes y decididos.

—Bienvenidos a la academia —dijo, con una sonrisa burlona que no lograba suavizar la dureza de su mirada—. Como explicó la maestra, pueden pedirme orientación cuando lo necesiten. Y si alguien quiere entrenar… adelante.

Kasper Bourlance frunció el ceño y dio un paso adelante:—Kara, es el primer día. No hace falta lastimar a nadie aún.

—Cállate, Kasper —respondió ella con un tono cortante—. ¿No hay nadie que quiera probar suerte? Lusian, ¿te animas?

Lusian levantó la mirada, sorprendido y desconcertado.—¿Yo? Pero… yo no… —pensó—. ¿Qué he hecho para merecer esto?

Kara cruzó los brazos, burlona y desafiante:

—No sabía que en los Douglas hubiera cobardes. Entonces, te desafío a un duelo clasificatorio.

Lusian tragó saliva. La palabra “clasificatorio” le sonó a peligro inmediato.—¿Duelo clasificatorio? ¿Qué es eso? —preguntó, buscando ganar tiempo mientras evaluaba sus opciones.

Carla intervino con calma, como si leyera sus dudas:—Es un modelo de evaluación que usamos en la academia para medir la fuerza de todos los estudiantes, sin importar el año que cursen. Los duelos clasificatorios permiten identificar a los más fuertes y asignarles su posición en la jerarquía. Aquí se pone a prueba habilidad, estrategia y resistencia; no es solo un combate, es una forma de conocer quiénes destacan realmente.

Carla, con una sonrisa profesional y serena, intervino:

—Este torneo se diseñó originalmente para los años superiores, pero los de primer año también pueden participar. Estar entre los quince más fuertes de la academia es un honor que pone a prueba habilidad, estrategia y resistencia. Haz tu mejor esfuerzo, Lusian.

Lusian se pasó una mano por la frente. “¿Cómo terminé en esto si ni siquiera he hecho nada?” Aun así, aceptó con firmeza, consciente de que no podía retroceder.—Está bien… dime las reglas —dijo finalmente.

El maestro Enzo Kesller, alto y robusto, con mirada calculadora, se acercó:

—No se permiten artefactos mágicos; todas las habilidades deben ser personales.—Los uniformes poseen un hechizo de defensa de nivel cinco; no hay protección adicional.—El combate no será a muerte; solo se permiten fracturas o laceraciones.—Usarán armas de la academia, sin filo ni potenciadores.—Y Lusian, tu bestia mágica no participará en esta ocasión.

Kara sonrió burlonamente, disfrutando el momento:—No vayas a llorar porque no puedes usar a tu mascota.

Lusian sostuvo la mirada, decidido:—Puedo luchar sin la ayuda de Umber.

El salón de clase A se vació mientras los estudiantes se agolpaban en balcones y pasillos para observar. Entre los más atentos estaban Andrew y Alejandro, recordando las batallas previas contra Kara y el daño que les había infligido. La tensión era palpable: nadie esperaba un combate fácil.

Tras la inspección final de seguridad por parte de Carla, Lusian y Kara se situaron en el centro de la plataforma de combate, rodeados por las miradas expectantes de sus compañeros. Enzo dio la señal, y la batalla comenzó.

Kara fue la primera en atacar. Su movimiento era rápido y preciso, buscando la cabeza de Lusian. Él apenas tuvo tiempo de reaccionar, desviando el golpe por milímetros. Internamente agradeció a Albert por el entrenamiento riguroso: sin esas enseñanzas, habría terminado derribado en el primer intercambio.

Sin perder tiempo, Lusian lanzó su primera serie de hechizos de maná oscuro: lanzas y esferas brillantes que surcaban el aire con velocidad y precisión. Kara bloqueaba cada uno de ellos con un control impecable, demostrando que no dependía de trucos ni magia para mantener la ventaja.

—No puedo dejar que me tome distancia —pensó Lusian, evaluando la situación—. Su fuerza de ataque es devastadora si logra impulso completo. Mantenerme cerca será crucial, aunque limite el alcance de mis habilidades.

Kara comenzó a notar que Lusian no era un principiante. Sus movimientos eran fluidos, calculados, y la combinación de espada y magia mostraba entrenamiento avanzado. Este chico es más peligroso de lo que esperaba, pensó. Por su parte, Lusian descubrió que Kara no era tan impredecible como recordaba del “juego”; aún formidable, pero sus patrones eran detectables.

El combate se intensificó. Kara lanzó un ataque en área que habría derribado a cualquier estudiante promedio, pero Lusian se mantuvo firme, bloqueando, desviando y absorbiendo cada golpe con precisión. Finalmente, ella logró empujarlo lo suficiente para crear distancia, preparando su ataque más poderoso.

Lusian reaccionó con rapidez. Lanzó un hechizo de distracción: una esfera de energía que explotó justo delante de Kara, aturdiéndola momentáneamente. Sin perder un instante, avanzó y ejecutó la técnica de contragolpe que Albert le había enseñado: elevó su espada al mismo tiempo que Kara bajaba la suya, desviando el golpe y rompiendo su arma en el choque.

Aprovechando la apertura, Lusian impactó con el pomo de su espada, derribándola inconsciente al suelo. Un silencio absoluto recorrió la sala mientras todos procesaban lo ocurrido.

—¡Lusian ha ganado! —anunció Enzo, con voz firme—. El duelo clasificatorio ha terminado.

Caleb, el medio hermano mayor de Lusian y heredero designado del ducado por decisión de su padre, observaba el combate con una mezcla de asombro y temor. Ver a su hermano menor derrotar a Kara con tanta facilidad lo hizo cuestionarse su propia superioridad. Recordaba demasiado bien su propia derrota contra Kara: le había partido varios huesos y lo había dejado en cama durante tres días. Que Lusian lograra vencerla en su primer duelo era un golpe a su orgullo, un recordatorio humillante de que la fuerza se heredaba automáticamente.

Jean the Mondring, de la clase 2A y sobrina de Albert, reconoció al instante las técnicas que Lusian empleaba. Sin duda, provenían del entrenamiento riguroso de su tío. Jean, sintiendo una mezcla de pena y admiración, sabía lo exigente que era Albert; ella misma había sufrido para alcanzar su puesto 14 en la clasificación de la academia y ser considerada una prodigio con la espada.

Elizabeth, observando desde el balcón del tercer piso, sonreía mientras veía a Lusian demostrar su valía a través de sus acciones. Cada movimiento reflejaba talento, concentración y determinación, dejando claro que no había llegado a 1A por casualidad.

Por su parte, Magnus Bourlance miraba cómo su sobrina había sido derrotada de manera tan humillante. En lugar de enfadarse, pensó que esta experiencia la ayudaría a crecer, fortalecer su carácter y aprender de sus errores. La derrota no era solo un golpe de orgullo, sino una oportunidad para madurar como combatiente y persona.

Lusian bajó de la plataforma, su mano derecha todavía temblando por el impacto del golpe de Kara. Sabía que, de haberlo recibido de lleno, habría quedado seriamente herido. Cada músculo estaba en alerta, recordándole la delgada línea entre fuerza y técnica.

Emily se acercó, el ceño fruncido por la preocupación.—¿Estás bien, Lusian? —preguntó con voz baja, temiendo acercarse demasiado.

—Fue complicado —respondió Lusian, respirando hondo—. Un mal movimiento y habría terminado muy mal. Si me hubiera demorado un segundo más en desviar la fuerza del último ataque, habría perdido.

Emily intentó aliviar la tensión con un comentario:—Escuché que Kara siempre les rompe los huesos a los que entrenan con ella.

—Su fuerza es descomunal —dijo Lusian, apretando los puños mientras la adrenalina todavía recorría su cuerpo—. No quiero volver a enfrentarme a ella si puedo evitarlo.

—Te entiendo —dijo Emily, sonriendo suavemente, aunque sus ojos reflejaban respeto y algo de temor por lo que acababa de presenciar.

Lusian la observó un momento antes de preguntar con frustración:—¿Por qué me odia tanto esa loca?

Emily bajó la cabeza antes de responder, midiendo sus palabras:—Mucha gente estaba molesta contigo por usar Bestias Mágicas y ganar el torneo de caza. Los Bourlance llevaban años intentando ese torneo; tu victoria rompió expectativas y provocó resentimiento.

Lusian asintió lentamente, comprendiendo la situación. La familia Bourlance competía año tras año para mantener su prestigio, y él, sin quererlo, había alterado esa dinámica. Su victoria con la ayuda de las Bestias Mágicas había herido orgullos y despertado celos. Ahora entendía el odio irracional de Kara: una mezcla de orgullo herido, envidia y la necesidad de reafirmar su competividad.

Carla continuó con el recorrido como si nada hubiera pasado, su sonrisa tranquila reflejaba que la competición de este año sería intensa y emocionante. Finalmente, llegaron al mural de clasificación de la academia.

—Tener su nombre aquí es el mayor honor, para ustedes y para sus familias —dijo Carla, señalando con solemnidad los nombres inscritos en letras doradas—. Este mural no solo refleja habilidad; es la reputación que cada guerrero y mago construye durante su tiempo en la academia.

Lusian se acercó, sus ojos recorriendo la lista de guerreros y magos. Allí estaba Kara, su última oponente, con el puesto de tercera clasificada. Y ahora, tras su victoria, su propio nombre ocupaba ese lugar: el tercer guerrero más fuerte de toda la academia. Un logro que lo situaba directamente en la élite y lo obligaba a asumir responsabilidades: aceptar todos los duelos que le solicitaran y, cuando estuviera preparado, desafiar a los primeros puestos.

Caleb, a cierta distancia, observaba con asombro y una inquietud contenida. Como heredero del ducado Douglas y medio hermano de Lusian, ver a su hermano menor superarlo en habilidad y control lo hacía sentir vulnerable. Su silencio ocultaba una mezcla de respeto, temor y humillación; la supremacía hereditaria garantizaba la fuerza real. Sabía que la genética también jugaba en su contra: Lusian había heredado la afinidad más potente por su madre, mientras él solo alcanzaba un nivel inferior.

Lusian frunció el ceño, reflexivo.—¿De verdad tengo que aceptar todos los duelos que me soliciten? —preguntó, sintiendo el peso de la responsabilidad sobre sus hombros.

—Sí —respondió Carla con voz firme—. Esa es una de las obligaciones de los mejores: ayudar a crecer a los más débiles y mantener el equilibrio del poder dentro de la academia.

Lusian asintió, comprendiendo que cada victoria no solo lo posicionaba en la academia, sino que también comenzaba a reescribir la dinámica de poder familiar y del reino. Cada duelo, cada victoria y cada estrategia lo acercaban más a un lugar que ni siquiera su propio padre, el duque Laurence, podría ignorar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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