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GUERRA EN EL MUNDO MAGICO - Capítulo 9

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Capítulo 9: Capítulo 9 batallas en la academia

“Inicio del día en la academia”

La profesora Carla terminó de mostrarles el lugar y les entregó el horario de sus clases. Luego, finalizó sus labores y permitió que los estudiantes se retiraran a descansar.

En la enfermería del edificio de la clase A, Kara despertó lentamente. El mago que la atendía la examinó antes de retirarse, asegurándose de que todo estuviera en orden.

—Despertaste, sobrina. ¿Cómo te sientes? —preguntó Magnus, su tío, con una mezcla de autoridad y preocupación.

—¿Qué pasó? ¿Dónde estoy? —preguntó Kara, todavía confundida por la intensidad del combate.

—Parece que Lusian te golpeó tan fuerte que dejaste la cabeza un poco nublada —explicó Magnus con seriedad.

—Lusian… ¿Qué pasó? Yo… perdí —dijo Kara, recordando con frustración cómo había terminado inconsciente sobre la plataforma.

—Sí, fue una derrota total. Entiendo cómo te sientes, Kara. Cuando era joven, el maldito de Albert también me derrotaba constantemente, pero gracias a eso pude mejorar y hacerme más fuerte —compartió Magnus, con un toque de empatía.

Kara se incorporó con rapidez, fiera e impaciente, intentando levantarse de la camilla.

—Voy a pedir la revancha. No luché con todas mis fuerzas, sé que puedo vencerlo. Solo me descuidé —exclamó, determinada y desafiante.

—No, eso no fue un descuido —la corrigió Magnus con firmeza—. Vi toda la pelea. Cada movimiento de Lusian fue calculado; anticipaba tus ataques, no dejó ninguna apertura. Si vuelves a enfrentarlo de la misma manera, volverás a perder.

Kara bajó la mirada un instante, pero enseguida levantó el rostro con decisión.

—Tío, ayúdame a entrenar. Debo vencerlo. Esto no puede quedar así —suplicó, su voz teñida de urgencia.

—No puedo —respondió Magnus, recordándole su posición de director—. Soy responsable de la academia y debo ser imparcial con todos los estudiantes.

—Por favor… —Kara frunció el ceño y puso esa expresión de cachorro que tanto sabía conmoverlo.

Magnus suspiró, rendido ante la insistencia y la determinación de su sobrina.

—(No puedo resistir esa expresión…) Está bien. Después de clases, ven a mi oficina. Pero que nadie lo sepa —cedió, con una mezcla de autoridad y complicidad.

Kara sonrió con triunfo contenido, satisfecha de haber logrado que su tío accediera, mientras Magnus la observaba con cierta preocupación por lo que podría desatarse en el futuro.

Al día siguiente, en el salón de la clase 1A, la maestra Clara dio inicio a las clases de magia.

—Hoy les contaré la historia del glorioso héroe del reino, el mago Clase Magister Garrent Plott. Él sacrificó su vida para proteger a muchos compatriotas, enfrentándose solo a más de 1,000 guerreros enemigos. Gracias a sus poderosos hechizos, diezmó las filas enemigas, dejando a nadie en pie. Aunque perdió la vida en esa batalla, su leyenda perdura —comenzó la maestra Clara.

—Como algunos de ustedes sabrán, la magia básica puede ser utilizada incluso por caballeros torpes, pero la magia avanzada es la especialidad de los magos. Por lo tanto, aquellos estudiantes que se especialicen como guerreros y deseen aprender magia avanzada pueden quedarse en esta clase. Quienes comprendan sus limitaciones y no quieran aprender magia avanzada, pueden dirigirse a la arena de combate, donde los estará esperando el maestro Austin Evans —continuó Clara.

—¿No es obligatorio tomar la clase? —preguntó Kasper.

—La academia entiende que no se pueden hacer milagros. Los caballeros nunca han podido dominar la magia avanzada, ya que siempre se concentran en sus habilidades físicas. Solo los inteligentes, como los magos, pueden aprenderla —respondió Clara con firmeza.

—Igual que los magos no pueden aprender las artes de los guerreros —comentó Lusian con un toque de sarcasmo.

Lusian, Kasper, Corwin, Nilson, Craig, Darilyn y Corwick se dirigieron a la arena de combate, mientras que Emily, Jenna, Summer, Naomi, Abdel y Jaslin permanecieron en el salón de clases.

—Ahora que se han ido los que dependen únicamente de sus músculos, podemos comenzar la clase —dijo Clara—. Primero, deben entender que la magia avanzada consume mucho más maná que los hechizos básicos, y cuanto más poderoso sea el hechizo, más maná requerirá. En la segunda fase aprenderán a inscribir hechizos en artefactos mágicos, sean de apoyo u ofensivos. Finalmente, la tercera parte se centrará en los hechizos de apoyo.

—¿Dónde podemos practicar los hechizos, profesora? —preguntó un estudiante.

—Al lado del edificio tenemos el área de entrenamiento. Allí podrán poner en práctica lo aprendido —respondió Clara.

Mientras Lusian y su grupo se dirigían a la arena, Jean The Mondring se acercó a Lusian.

—Sr. Lusian, felicidades por la victoria de ayer —lo saludó Jean.

—Gracias… y, ¿quién eres? —preguntó Lusian, extrañado.

—¿No me recuerdas? Albert es mi tío —respondió Jean con una sonrisa.

—Ah, cierto… lo siento, no me acordaba —se disculpó Lusian.

—No te preocupes, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos. ¿Se dirigen al campo de entrenamiento? —inquirió Jean.

—Sí, nos echaron del aula. La señorita Clara parece tener cierto resentimiento hacia los guerreros —comentó Lusian.

—Creo que tiene algún tipo de trauma o complejo de inferioridad. Como siempre, los magos han dominado los torneos —Jean rió entre dientes.

—Es bastante divertido, pero parece que es cierto. Por cierto, Sr. Lusian, ¿fue realmente duro el entrenamiento con mi tío? Considerando tu alto nivel de habilidad, debe haber sido todo un desafío —preguntó Jean con curiosidad.

—Bueno… para ser honesto, sí. Ese maldito demonio Albert nunca fue fácil conmigo. Siempre sentí que más que entrenamiento, era una paliza —admitió Lusian.

—(Riéndose) Eso es verdad, mi tío es un demonio. Todavía recuerdo cuando entrenaba con él. Nunca fue amable conmigo. Pero ahora me alegro, porque muy pocas personas pueden superarme gracias a eso. ¿Fue igual para ti? —compartió Jean.

—Sí, debo admitir que si no fuera por el entrenamiento, ayer habría perdido. ¿Qué tal si hacemos una demostración de nuestras habilidades? Una pelea con espadas sin magia, solo pura habilidad —propuso Lusian.

—Si lo deseas, Sr. Lusian, estaré encantada de hacerlo. Pero no haré todo mi esfuerzo; espero que no te importe perder —respondió Jean, con una sonrisa ligera.

—No hay problema, golpéame si puedes —aceptó Lusian, con determinación.

“Arena de entrenamiento: Lusian y Jean”

Cuando llegaron al área de entrenamiento, Austin ya los esperaba. Miró a los siete estudiantes y a la conocida Jean con atención.

—Buenos días, jóvenes. Mi nombre es Austin Evans y seré su instructor de combate. No estoy seguro de cuánto les explicó la señorita Clara, así que repasaré todo. Tendremos práctica de combate todas las mañanas, así que no es necesario que vayan al aula. Pueden venir directamente al campo de entrenamiento. En la última semana realizaremos el torneo clasificatorio presencial. Cada uno de ustedes luchará contra sus compañeros, incluido tú, Lusian. Aunque ya estés en el ranking general de la academia, cualquier duda que tengan pueden preguntarme —explicó Austin con voz firme y serena.

Conwick Briggs, que se creía el más fuerte de su clase, no pudo contenerse:

—¿Podemos empezar las batallas de clasificación de inmediato? —preguntó con entusiasmo.

—No será posible por el momento, pero puedo organizar los combates para la próxima semana. Cada uno tendrá una pelea diaria. Habrá magos curativos y pociones mágicas disponibles en caso de lesiones —respondió Austin con calma.

—¿Tenemos que esperar una semana? —insistió Conwick, impaciente.

—Sí. Además, señorita Jean, ¿qué hace usted aquí? —preguntó Austin, dirigiéndose a Jean.

—Buenos días, profesor. Solo vine a practicar con Lusian, que tiene el mismo maestro que yo —respondió ella.

—Bien, entonces tendrás la oportunidad —asintió Austin.

Conwick aprovechó para solicitar una sesión de práctica con Kasper, quien aceptó. Quería comparar su fuerza con la de Kara; si ganaba con ventaja, planeaba desafiar a Lusian.

La batalla comenzó. Conwick golpeó el suelo, activando un hechizo de rango 4 que hizo temblar la plataforma, buscando desequilibrar a Kasper. Luego se lanzó sobre él con su espada envuelta en maná de tierra. Kasper, sin inmutarse, saltó hasta dos metros de altura y realizó un ataque descendente con toda su fuerza, usando su afinidad mágica. Conwick fue enviado volando, fracturándose la pierna izquierda al caer.

—Lo siento, creo que me excedí —dijo Kasper, preocupado.

—¡Maldita sea, mi pierna! Se suponía que mi cuerpo estaba endurecido con maná de tierra —exclamó Conwick.

—(riendo) Lo siento, estoy acostumbrado a pelear con mi hermana —respondió Kasper con cierta picardía.

Austin se acercó y le entregó a Conwick una poción curativa de rango 6.

—Esto reducirá la fractura gradualmente. Si la tomas durante cuatro días consecutivos, quedarás completamente curado. Recuerda, no más de una por día o podrías intoxicarse por maná —aconsejó el maestro.

—Gracias, lo tendré en cuenta —respondió Conwick, resignado pero aliviado.

Lusian y Jean subieron a la plataforma para su sesión de entrenamiento.

—Muéstrame todas tus habilidades, señor —desafió Jean, con determinación.

—Espero que seas suave con este humilde señor —respondió Lusian, con una ligera sonrisa.

Jean avanzó primero, su espada cortando el aire con velocidad. Lusian reaccionó al instante, bloqueando el golpe inicial con firmeza. Pero Jean no le dio tregua: una estocada rápida y precisa casi alcanzó su torso, y Lusian apenas pudo esquivarla, sintiendo el viento de la hoja rozar su hombro.

Sin perder tiempo, Lusian contraatacó, empujando hacia adelante con un barrido lateral, pero Jean usó su propia espada para interceptarlo y, con un impulso de su cuerpo, lo empujó hacia atrás. Lusian tropezó momentáneamente, su equilibrio amenazado, pero giró sobre sí mismo con agilidad y se lanzó nuevamente al ataque, cargando con todo su peso contra Jean.

Sus espadas chocaron con fuerza, el metal vibrando al contacto. Ambos dieron un paso atrás, separándose lo suficiente para medir sus posiciones. Lusian observó detenidamente la postura de Jean, buscando un patrón, y lanzó un ataque dirigido a su costado derecho. Jean giró el cuerpo con precisión felina, esquivando y, en un movimiento fluido, apuntó un corte hacia la pierna izquierda de Lusian. Él bloqueó con rapidez y trató de contraatacar hacia abajo, pero Jean absorbió el golpe con control absoluto, manteniendo la ofensiva.

—Eres bastante hábil —dijo Jean, retrocediendo ligeramente—. mi tío realmente te ha entrenado bien, pero aún te queda mucho camino si quieres alcanzarme.

—Gracias por el cumplido —respondió Lusian, jadeando levemente—. Terminemos rápido; estamos haciendo esperar a los demás.

Jean sonrió con determinación y avanzó con un ataque completo, combinando velocidad y fuerza en un solo movimiento. Lusian retrocedió, forzando sus piernas para mantener la postura, bloqueando cada golpe que Jean lanzaba con una precisión impecable. Con un movimiento calculado, Jean logró empujar la espada de Lusian hacia un lado y colocar la suya suavemente sobre su garganta, demostrando control y maestría sin causar daño.

—Recuerda, no se trata solo de atacar al cuerpo —afirmó Jean con firmeza—. También puedes usar la espada para desequilibrar a tu oponente, romper su postura y ganar la ventaja.

—Gracias por el consejo. ¿Y tú? ¿Qué piensas hacer cuando termines la academia? —preguntó Lusian, todavía respirando con dificultad.

—Todavía no lo sé —respondió Jean, limpiándose el sudor de la frente—. Varias familias están interesadas en mis habilidades, pero si alguien en particular me invitara a sus filas, podría considerarlo —y con un rápido guiño, añadió—. Ya sabes a quién me refiero.

Lusian sonrió con sinceridad y un brillo de determinación en los ojos:

—Definitivamente me gustaría tener tu habilidad de mi lado. Serías un gran aliado.

Jean soltó una pequeña risa y asintió, con ese aire confiado que la caracterizaba.

“Evaluación y descubrimiento de talentos”

Andrew se encontraba en la oficina del Director Magus, quien le informaba sobre talentos extraordinarios detectados entre las clases bajas. Uno de esos jóvenes, tras las pruebas de afinidad mágica, había demostrado un nivel Delta, algo sumamente raro incluso entre la nobleza.

En el reino, todos los humanos pueden canalizar maná, pero su eficiencia y velocidad de crecimiento dependen del linaje, la dieta y el entrenamiento; la mayoría apenas sube de nivel con los años, mientras que los nobles mayores y los linajes élite, como los Douglas, progresan mucho más rápido gracias a recursos, técnicas avanzadas y carne de monstruos de alto nivel.

Por eso, descubrir un Delta entre la gente común era un hallazgo estratégico de gran valor para la academia, cuyo propósito siempre había sido identificar y formar individuos con capacidades excepcionales para fortalecer al ejército de la familia real. Tal hallazgo despertaba gran revuelo entre los nobles, ya que un talento así se consideraba un tesoro estratégico.

En comparación, talentos como Sofia The Mondring, que poseía el nivel Omega, representaban un dominio casi absoluto, capaz de superar a cualquier oponente en fuerza y resistencia. De no haber estado ya comprometida con el heredero Douglas en ese momento, el rey habría deseado que se convirtiera en su reina, asegurando así una descendencia extraordinariamente poderosa; un Omega era, en esencia, casi una leyenda viviente.

—Bien, Magnus —dijo Andrew con voz firme—, quiero conocer a este joven talento.

—Por supuesto, mi señor. Se encuentra en los edificios de la clase E —respondió Magnus con respeto.

—¿Es realmente tan inferior? —preguntó Andrew, con un matiz de curiosidad.

—Sí, mi señor —confirmó Magnus—. Es un plebeyo, por lo que debemos guiarlo desde los rangos más bajos. Su potencial es enorme, pero su educación y entrenamiento serán determinantes. A pesar de su falta de instrucción, posee el maná de un guerrero de nivel veinte y una afinidad mágica con el elemento aire en grado Delta. Eso significa que cada hechizo de aire que lance consumirá mucho menos de lo habitual. Con el entrenamiento adecuado, podría rivalizar con los magos de élite.

—Muy bien —respondió Andrew—. Eso facilitará moldearlo a nuestra conveniencia. Convertirlo en un sirviente leal al reino será sencillo si se le entrena correctamente.

Magnus condujo a Andrew hacia el área donde se alojaban los estudiantes. Desde lejos, el príncipe pudo observar los 124 edificios que albergaban a 1,690 alumnos, además del imponente edificio central donde se impartían las clases más avanzadas.

—Aquí, en el aula 1-38E, se encuentra Asher —informó Magnus—, el joven talento con afinidad mágica de nivel Delta. Su habilidad es extraordinaria. Incluso con recursos completos, alcanzar niveles como los suyos es prácticamente imposible; su afinidad lo hace único.

Andrew asintió, comprendiendo que no se trataba solo de entrenar a un estudiante cualquiera, sino de guiar a un talento que, bien instruido, podría cambiar el equilibrio de poder del reino.

—¿Quieres que lo llame aparte ahora? —preguntó Magnus.

—No, primero saludemos a toda la clase, y luego lo llamaremos —respondió Andrew.

Andrew recorrió el aula saludando a los 43 estudiantes de nivel cadete, quienes respondieron con honores medidos y respetuosos. Tras los saludos, Asher fue llamado a la sala de profesores.

—Debes estar preguntándote por qué estás aquí —comenzó Andrew.

—Sí, señor. ¿He hecho algo mal? —preguntó Asher, con evidente nerviosismo.

—No, cálmate —dijo Andrew, con un gesto tranquilizador—. Quiero hacerte una oferta. ¿Te gustaría convertirte en escudero de la familia real?

—Señor, ¿podría repetirlo? —respondió Asher, desconcertado.

—¿Quieres servir a la familia real? —aclaró Andrew.

—No soy digno, señor, pero si se me da la oportunidad, le juraré lealtad eterna —respondió Asher, inclinándose con humildad.

—Bien. Me gusta tu actitud y, sobre todo, tu talento. Estoy dispuesto a ayudarte, pero tendrás que darlo todo. Como sirviente de la familia real, no puedes deshonrar nuestro nombre y deberás trabajar más duro que tus compañeros —explicó Andrew.

—Sí, señor. Estoy dispuesto a darlo todo. Siempre he soñado con ser un caballero de la guardia real y no desperdiciaré esta oportunidad —declaró Asher, con determinación brillando en sus ojos.

De vuelta en el área de la Clase A, Andrew se dirigió a Magnus con voz firme.

—¿Quién es el maestro del grupo donde está Asher? —preguntó.

—Es el Caballero Francisco, de la clase Lord —respondió Magnus.

—Asígnale a Cristian —ordenó Andrew—. Es de la clase Magister. Quiero que supervise a mi nuevo sirviente y le proporcione todos los recursos necesarios para ascender en clase lo más rápido posible. Entrénalo con cuidado; debe convertirse en un sirviente de alto rango de la familia Erkhan.

—Es probable que los demás estudiantes lo envidien e incluso lo acosen —advirtió Magnus, con cierta preocupación.

—Dile a Cristian que se encargue de eso —replicó Andrew con firmeza—. No nos importa lo que piensen los demás. Una vez que se convierta en sirviente de la familia real, debe ser tratado como tal. No todos somos iguales, y esa es una de las funciones de la academia: enseñar a cada estudiante a comprender su posición —sentenció, con la autoridad de un príncipe acostumbrado a que se cumplan sus órdenes.

“Planes políticos y compromisos”

Cuando Andrew llegó a su salón de clases, fue recibido por Manuel Carter y Alejandro Jones.

—Buenas tardes, señor —saludó Manuel con respeto.

Andrew dirigió su mirada hacia Alejandro, conocido como el segundo más fuerte de la academia, y le preguntó:—¿Has considerado mi propuesta?

—Sí, mi señor —respondió Alejandro con firmeza—. He decidido aceptarla. Quiero convertirme en su caballero real. Sin embargo, me gustaría hacerle una petición, y espero que la considere.

Andrew frunció ligeramente el ceño, intrigado. —Muy bien, busquemos un lugar privado para hablar.

Mientras se alejaban, Andrew preguntó:—¿De qué se trata?

Alejandro no vaciló:—Si es posible, quisiera organizar un grupo para acabar con la familia Douglas. Es necesario poner fin al mal que han traído sobre el reino.

Andrew se detuvo, giró hacia él y lo miró con desdén. —Escucha, ahora mismo es imposible iniciar un conflicto. El Imperio ya ha tomado control total del reino de Sylveria, y sus ojos están puestos sobre nuestro territorio. Cualquier movimiento precipitado pondría en riesgo todo lo que defendemos.

—Entiendo, mi señor —respondió Alejandro con respeto, inclinando la cabeza—. Le pido disculpas por la osadía. En ese caso, me gustaría solicitar su ayuda para cancelar el compromiso de Emily Carter con Lusian, un enlace impuesto por los Douglas que obligó a los Carter a ceder ante sus demandas.

Andrew suspiró, evaluando cuidadosamente la situación.—Hablaré con mi padre para ver cómo podemos intervenir, pero no puedo prometer nada.

—Gracias, señor. Aprecio su disposición —dijo Alejandro—. Aun así, sigo muy interesado en unirme a sus filas y servirle con lealtad.

En otra parte de la academia, Elizabeth caminaba junto a Lorenzo Denisse, quien la cortejaba con insistencia.

—Princesa Isabel, por favor, acepte la propuesta que mi familia le ha hecho. Le prometo que seremos muy felices juntos —suplicó Lorenzo.

Elizabeth frunció el ceño, visiblemente irritada.—No estoy interesada en alguien como usted. Es la cuarta vez que se lo digo. Si continúa con esta inútil insistencia, habrá graves consecuencias —advirtió con firmeza.

—Oh, mi amada princesa, por favor, dame la oportunidad de entrar en tu corazón —insistió Lorenzo con desesperación. (Ya verás, princesa arrogante, tarde o temprano el Imperio destruirá este reino, y cuando llegue ese día, rogarás por mi ayuda. Te haré mi esclava… y haré contigo lo que quiera.)

—No te veo como alguien digno, y tu familia carece del prestigio suficiente. Así que desaparece de mi vista o te haré volar —sentenció Elizabeth, con severidad.

Cuando Lorenzo finalmente se alejó, Isabel entró en una habitación y ordenó a su séquito que asegurara la privacidad. Allí, la esperaba un joven de ojos amarillos que la observaba con expresión seria.

—¿Por qué me llamaste, princesa? —preguntó Lusian.

—¿No te gusta estar a solas conmigo, Lusian? Eres tan cruel —comentó Elizabeth con una sonrisa juguetona. (Dios, está empezando a molestarme y tengo muy poca resistencia ante sus encantos.)

—Por favor, ve directo al grano. Si nos descubren, tendremos problemas —respondió Lusian, seco.

—¿Pero no es divertido? —bromeó Elizabeth.

—No —replicó Lusian, sin mostrar emoción.

—Eres un aburrido. Pero, si quieres saberlo, te lo diré. Mi padre está muy agradecido porque salvaste la vida de mi hermano. Me pidió que te hiciera un regalo —explicó Elizabeth.

—¿Ah, sí? ¿Dónde está mi supuesto regalo? —preguntó Lusian, alzando una ceja.

Elizabeth se acercó a su oído y susurró:—¿No ves que tu regalo está justo a tu lado? ¿O acaso no soy un regalo suficiente para ti?

—Ya es suficiente. Vayamos al punto. ¿Por qué me convocaste? —insistió Lusian. (Creo que estoy llegando a mi límite.)

—Oh, mira lo adorable que eres cuando intentas ocultar tu vergüenza —bromeó Elizabeth, revelando una delicada caja y entregándosela.

Lusian abrió la caja con cautela, desconfiado.—¿Me estás proponiendo matrimonio? Sabes perfectamente que la sangre de los Douglas y los Erkham no se puede mezclar —dijo, fijando la mirada en ella, tratando de contraatacar y avergonzar a la princesa.

Elizabeth no apartó su mirada.—Eso es algo que tal vez podamos cambiar juntos.

—Maldita sea… ¿Qué hace este anillo? —preguntó Lusian, tocándolo con cuidado.

Con una sonrisa victoriosa, Elizabeth explicó:—Es un artefacto mítico que potencia la magia oscura que usas. Reduce el consumo de maná y aumenta el daño de tus ataques. Es una lástima que no puedas entrenar con él en la academia, pero puedes probarlo cuando quieras.

Lusian se levantó, listo para marcharse, pero Elizabeth no lo dejó escapar. Lo siguió molestando hasta que Andrew irrumpió en la habitación.

—¡Te he atrapado, Lusian Douglas! ¡Quítale las manos de encima, desgraciado! —exclamó Andrew.

—¿No ves que tu hermana es la que me acosa? —replicó Lusian con una sonrisa sarcástica—. Por eso eres un príncipe inútil.

—No pongas excusas. Si sigues así, tendrás que casarte con mi hermana —amenazó Andrew.

Elizabeth apretó con más fuerza el cuello de Lusian.—¿Ves, Lusian? Ahora tendrás que hacerte responsable de mí —dijo con una sonrisa desafiante.

—¡Suficiente! Umber, sácame de aquí —suplicó Lusian, montando rápidamente a su montura y escapando de la habitación, dejando a Elizabeth y Andrew solos.

—Está bien jugar con él, pero ten cuidado de no ir demasiado lejos —aconsejó Andrew con un suspiro.

—¿Jugar? ¿Quién dijo que estaba jugando? —replicó Elizabeth con una sonrisa desafiante.

Andrew la miró con severidad.—¿De verdad tienes intención de entablar una relación con Lusian? Sabes que las familias Douglas y Erkham no pueden unirse por matrimonio. Esa regla existe desde la fundación del reino, y romperla interferiría con los roles que cada familia cumple.

—Pero Lusian no es el heredero —argumentó Elizabeth—. Técnicamente, es posible.

(¿En serio está considerando esto?)—Sabes perfectamente que Caleb es el obstáculo. La duquesa nunca permitirá que alguien que no sea su hijo herede el ducado —respondió Andrew.

—Entonces renunciaré al apellido Erkham y me convertiré en la futura duquesa Douglas —declaró Elizabeth, sin una pizca de duda.

Andrew parpadeó, incrédulo.(…)—Si tanto insistes en esa locura, ayúdame con algo, hermana. ¿Conoces a Alejandro Jones? —preguntó.

—¿El superviviente de la familia de los traidores? —respondió Isabel, arqueando una ceja.

—Ese mismo. Quiere convertirse en caballero real, pero también pidió la anulación del compromiso entre Lusian y Emily —explicó Andrew.

Elizabeth sonrió con interés.—No conozco a Alejandro personalmente, pero ya me cae bien. Aun así… no será fácil romper ese compromiso.

—Mi padre no puede intervenir directamente contra los Douglas. Necesito que le pidas a mamá que hable con la duquesa Sofía y trate de cancelar el enlace. Eres su favorita, después de todo —dijo Andrew.

—Mira quién lo dice: el niño mimado del reino —replicó Elizabeth.

—Por cierto —añadió Andrew con calma—, olvidé mencionar que Alejandro inicialmente propuso una cruzada para eliminar a todos los Douglas.

Los ojos de Elizabeth brillaron con una mezcla de sorpresa y desprecio.—Ese insolente no conoce su lugar. Deberíamos matarlo antes de que genere problemas.

—No hay necesidad. Es un talento que conviene aprovechar. Piensa que ya superó a tres herederos de ducados —señaló Andrew.

—A dos —lo corrigió Elizabeth con orgullo—. Lusian lo pondrá en su sitio. ¿Lo viste pelear? ¿Sabes lo fuerte que es?

—Sí, lo vi —admitió Andrew—. Y seré sincero: podría perder en un duelo contra él. Tendré que dejarle claro que no me desafíe hasta que termine la academia. Al menos quiero graduarme como número uno.

“Furia y Maestría”

Cuatro días después, Kara terminó su sesión de entrenamiento con su tío Magnus, el director de la academia. Se sentía segura y decidida: esta vez no perdería su revancha contra Lusian. Mientras descendía al primer piso en busca de su oponente, un anuncio sobre un duelo de clasificación llamó su atención. Al escuchar el nombre “Douglas”, se apresuró hacia la arena de combate.

Al llegar, vio a Caleb Douglas y Leonardo Erkham frente a frente, listos para iniciar la pelea. Leonardo, ansioso por esta oportunidad, sentía cómo los nervios intentaban apoderarse de él. Isabella y sus hermanos observaban desde las gradas, y este era su primer combate de clasificación general; quería dar una impresión impecable.

Cuando el instructor Josh Bell dio la señal, la arena se llenó de tensión. Leonardo levantó las manos y conjuró un hechizo de tormenta eléctrica. Nubes oscuras y chispeantes se arremolinaron sobre él, mientras su espada se cargaba con rayos zumbantes de energía pura. Cada chispa drenaba su maná, y sabía que debía ser preciso: un error lo dejaría exhausto antes de tiempo. Con un grito de determinación, se lanzó hacia adelante, el suelo vibrando bajo sus pasos, arremetiendo contra Caleb con un golpe fulminante que parecía rasgar el aire mismo.

Caleb, envuelto en un aura de maná oscuro que ondulaba como sombras vivientes, se mantuvo firme. Su afinidad con la oscuridad le permitía absorber parte del ataque, pero no sin esfuerzo. Ágil, levantó su espada, imbuida de un brillo sombrío, y chocó contra la tormenta eléctrica de Leonardo. El estruendo resonó en toda la arena, lanzando chispas al aire. Con un empuje potente, Caleb hizo retroceder a Leonardo varios pasos y descargó un golpe descendente brutal, que Leonardo apenas logró bloquear, el metal de sus espadas resonando como un grito de guerra.

Sin perder tiempo, Caleb atacó de nuevo, lanzando un puñetazo directo al rostro de Leonardo. El impacto fue seco y contundente; la sangre brotó de su nariz. Sin dar tregua, Caleb descargó una serie de cuatro golpes precisos, cada uno buscando quebrar la guardia de su oponente. Leonardo resistió como pudo, tambaleándose bajo el castigo, hasta darse cuenta de que debía recurrir a sus fuerzas ocultas.

Con un suspiro de concentración, Leonardo invocó su hechizo más poderoso. Cuatro esferas eléctricas giraron a su alrededor, chispeando energía pura. Su maná se drenó rápidamente, pero el efecto fue suficiente para recuperar el control del combate durante un instante. Con un grito de batalla, se lanzó con todo lo que le quedaba.

Pero justo cuando parecía que la victoria estaba a su alcance, siete esferas de maná oscuro descendieron del techo como meteoritos malévolos. Leonardo levantó sus espadas para bloquear, pero solo detuvo cinco. Las otras dos lo impactaron con fuerza, lanzándolo al suelo con estrépito. Cada golpe drenaba su maná y dejaba marcas de energía residual en su piel.

Ambos guerreros, respirando con dificultad y cubiertos de heridas, se miraron fijamente, la rivalidad ardiendo en sus ojos.

—Alimañas imperiales, ¿qué otro truco tienes bajo la manga? —se burló Caleb, sonriendo desafiante.

—Sangre inferior, ¿te atreves? Terminemos con esto —respondió Leonardo, apretando los dientes mientras su maná menguaba peligrosamente.

Sin más preámbulos, Caleb se lanzó al ataque. Las espadas chocaron en un frenesí de acero y magia. Invocando la habilidad que Laurence le había enseñado, hizo emerger del suelo púas afiladas de maná oscuro, que brotaron hacia Leonardo mientras Caleb continuaba una serie implacable de golpes. Cada púa reflejaba el control absoluto de Caleb sobre la magia, y Leonardo cayó gravemente herido, incapaz de mantener la defensa.

Justo cuando Caleb iba a asestar el golpe final, el maestro Josh intervino con rapidez, alzando la voz y deteniendo la pelea, declarando vencedor a Caleb.

Con una sonrisa fatigada, Caleb pasó junto a Leonardo, el agotamiento marcando cada respiración. Su maná estaba casi vacío, y cada inhalación recordaba cuánto había empujado sus límites. A lo lejos, vio a Isabella y le dirigió una sonrisa; ella, sin embargo, ni siquiera lo miró.

Mientras tanto, Kara observaba la batalla anterior con desdén. Caleb y Leonardo le parecían débiles, casi insignificantes. Sus ojos recorrieron la arena hasta fijarse en Lusian, y con voz firme y decidida, lo llamó:

—¡Lusian!

Lusian giró la cabeza, su mirada fría como acero:—¿Qué quieres?

—¡Te desafío a un duelo de clasificación! —gritó Kara, sus ojos brillando con la intensidad de un fuego interno.

—¿Estás loca? Déjame en paz —replicó Lusian, entre divertido y resignado. ¿Este lunático obsesionado con la batalla ahora me apunta a mí?

—¿Tienes miedo de no poder vencerme? Esta vez te destruiré —respondió Kara, su aura de maná visible como un halo pulsante alrededor de su cuerpo.

—Ya te derroté una vez. No tengo nada que demostrar —contestó Lusian con una sonrisa sarcástica.

—Muy bien. Solo recuerda que la próxima vez ni siquiera podrás mirarme a los ojos sin recordar la paliza que te daré hoy —sentenció Kara, desafiándolo abiertamente.

El maestro de 3A, Enzo, alzó la voz:—¡Que comience el duelo de clasificación!

La arena se iluminó con destellos de maná. Desde el primer instante, Kara atacó como una tormenta viviente. Sus puños y pies brillaban con energía arcanamente imbuida, cada golpe liberando ondas de fuerza que vibraban en el aire. Lusian apenas logró esquivar, sus movimientos medidos y estratégicos, dejando estelas negras que atravesaban la arena como sombras líquidas.

Kara había perfeccionado con su tío Magnus hechizos de fortalecimiento físico que multiplicaban su fuerza y resistencia. Su cuerpo emanaba un aura dorada de energía concentrada, mientras cada golpe drenaba su maná. Sabía que debía vencer rápido; de lo contrario, el agotamiento la pondría en desventaja.

Lusian, a su vez, canalizaba su afinidad con la oscuridad. Su espada parecía absorber la luz a su alrededor, y su aura oscura se extendía como tinta sobre el suelo. Combinó ataques físicos con esferas de maná negro lanzadas con precisión quirúrgica, obligando a Kara a dividir su atención. Cada bloqueo drenaba ambos, pero la determinación de Lusian lo mantenía firme, sus ojos amarillos brillando con fría resolución.

En un movimiento calculado, Lusian convocó siete púas de maná oscuro que brotaron del suelo como agujas de sombra. Cada púa emitía un zumbido siniestro al atravesar el aire. Kara intentó esquivar y bloquear, pero una de las púas la alcanzó en el costado derecho. Aun así, logró lanzar un potente golpe con su espada hacia Lusian. Él consiguió bloquearlo, pero la fuerza del impacto le rompió dos costillas. La energía de Kara temblaba ante la brutalidad del choque, y su aura parpadeó, debilitándose.

Kara, impulsada por la furia y la adrenalina que aumentaban su fuerza, se lanzó con una embestida que cayó como un trueno. Su ataque concentrado generó ondas de choque visibles en el aire. Lusian apenas logró bloquear el impacto, pero su espada se quebró al recibir la fuerza del golpe. Su maná oscuro chisporroteó al contacto con la energía de Kara, mientras la arena vibraba bajo la intensidad de sus habilidades, levantando polvo y fragmentos de roca con cada intercambio.

Lusian arrojó su espada rota hacia Kara como señuelo; ella la bloqueó por instinto, pero ese instante de distracción fue suficiente. Lusian apareció frente a ella y le propinó un puñetazo directo en el abdomen, el impacto resonando como un tambor hueco. El golpe le arrancó el aire y drenó gran parte de su maná restante. Ahora, cada movimiento le exigía un esfuerzo titánico; sus hechizos de fortalecimiento físico comenzaban a consumir más de lo que aportaban, convirtiéndose en un riesgo mayor que un apoyo.

Finalmente, cuando Kara ya no pudo sostenerse con la fuerza suficiente, Lusian reunió lo último de su energía y canalizó un golpe decisivo directo a su quijada. El impacto resonó como un latigazo. Kara salió despedida hacia atrás y cayó al suelo, jadeando, con su aura dorada reducida a un débil parpadeo. Por un instante, la arena entera pareció temblar bajo el eco del golpe, y un silencio pesado descendió sobre los espectadores, que observaban sin atreverse a respirar.

Lusian se mantuvo erguido, respirando con dificultad, pero su mirada seguía firme y desafiante. Avanzó hacia Kara con pasos pesados, decidido a dejar una marca imborrable en su memoria, una que le impidiera volver a desafiarlo jamás. El sonido de los golpes retumbó en la arena, seco y repetitivo, mientras cada impacto hacía estremecer a los espectadores. Nadie se atrevía a pronunciar palabra; todos observaban con un temor silencioso cómo la ferocidad de Lusian dominaba por completo el combate.

El maestro Enzo, al ver la escena, decidió intervenir de inmediato. Con un gesto enérgico y la voz cargada de autoridad, dio por finalizado el combate para detener aquella brutalidad.—¡Basta! ¡El duelo termina aquí! —proclamó. La arena quedó en silencio mientras declaraba a Lusian como vencedor.

Magnus se acercó a Kara, observándola con ojos fríos y calculadores.—Definitivamente, la sangre de los Douglas corre por sus venas. Solo esos cretinos son capaces de semejante crueldad —sentenció.

El eco del combate aún vibraba en la arena. El polvo seguía suspendido en el aire, y los espectadores apenas habían recuperado el aliento. Aquel duelo, marcado por la ferocidad y el orgullo, quedaría grabado en la memoria de todos durante mucho tiempo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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