Haciendo que el segundo protagonista masculino se enamore de mí, la villana - Capítulo 17
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- Capítulo 17 - 17 Capítulo 17 Clase de música I
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17: Capítulo 17: Clase de música I 17: Capítulo 17: Clase de música I La primera vez que Serena vio a Geoffrey desde lejos, pensó que era demasiado pretencioso para su gusto.
Nunca le había prestado atención a su aspecto, dada la mala impresión que tenía de él por la novela.
Esta vez, de pie frente a él, sería una hipócrita si dijera que no sintió que su corazón daba un vuelco.
Sus ojos eran de un azul intenso y su cabello, negro como el ébano.
Desprendía un aura seria y fría, pero le sentaba realmente bien.
Si hubiera que compararlos, Charlton era como el sol, mientras que Geoffrey era como la luna.
Su título de protagonista masculino era bien merecido.
Cuando Geoffrey entró en la habitación, lo primero que vio fue su espalda.
Estaba allí de pie, sin moverse.
Justo cuando iba a pedirle que se apartara, ella de repente pisoteó el suelo y avanzó rápidamente, como si estuviera enfadada, y no más de tres pasos después, la vio a punto de caer, por lo que actuó por instinto.
Su suave cintura era tan pequeña que, cuando la rodeó con el brazo, no pudo evitar notar lo perfectamente que encajaba en su mano.
Y al levantarla, lo asaltó un olor a rosas.
Solo recuperó el juicio para soltarla cuando recordó el grito de Leonard, y fue entonces cuando se dio cuenta de que esa chica era su prometida.
—Gracias, su alteza —dijo Serena mientras hacía una reverencia.
Geoffrey no supo qué responder, como si le hubieran comido la lengua.
Esta vez, teniéndola de frente, vio por completo a su prometida por primera vez.
No era mentira decir que era un espectáculo digno de ver.
Sin embargo, no pudo evitar fijarse en lo escandaloso que era el vestido que llevaba; tanto que, cuando le hizo la reverencia, le ofreció una vista completa de su escote.
No sabía si debía estar enfadado o avergonzado, porque la verdad era que la había estado mirando.
Por suerte, Leonard llegó antes de que pudiera decir nada.
—Gracias, Geoffrey, por salvar a mi hermana.
Serena, ¿estás bien?
—preguntó Leonard mientras la ayudaba a levantarse.
Aún no se había erguido de su reverencia.
—Sí, lo estoy, gracias a su alteza —respondió Serena, mirando a Leonard con inocencia.
Cuando Leonard vio bien a Serena, no pudo evitar exclamar: —¿Pero qué te pasa?
Por favor, mira por dónde vas.
¿Y qué es eso que llevas puesto?
—Rápidamente, se quitó el abrigo y la obligó a ponérselo.
Serena quiso golpearse la cabeza contra algo.
Parecía que nada le salía bien ese día.
—Hermano Leonard, fue un accidente…
y…
¿qué tiene de malo mi vestido?
—respondió Serena al ver a Charlton y a Kylo acercándose detrás de Leonard.
Leonard no supo cómo responder.
No se podía decir que el vestido fuera demasiado revelador, pues si lo llevara cualquier otra chica, incluso parecería normal.
Sin embargo, el color del vestido resaltaba la tersura de su piel, mientras que el corte se ajustaba delicadamente a su figura.
Serena, al no oír la respuesta de Leonard y cruzar la mirada con Charlton cuando este llegó junto a Kylo, pensó que de ninguna manera iba a dejar pasar esta oportunidad.
—Lord Daniel, ¿cree que mi vestido es inapropiado?
—preguntó Serena con voz sensual mientras se quitaba el abrigo de Leonard de los hombros, dejándolo caer al suelo.
Su pregunta y su acción crearon un silencio tan incómodo que se podría haber oído caer un alfiler.
Solo cuando nadie respondió, habló o siquiera se atrevió a respirar, Serena fue consciente de lo que acababa de hacer con toda esa gente presente.
«Esos deben de haber sido los cinco segundos más incómodos de mi vida».
Serena fingió soltar una risita, con los hombros agitándose, mientras que por dentro solo quería que la tierra se la tragara.
—No hace falta que respondan, solo bromeaba.
En fin, gracias, hermano Leonard, y de nuevo a usted, su alteza, por salvarme antes.
Por cierto, soy Serena Lilianne Maxwell —se presentó Serena, dirigiéndose primero a su hermano y luego a Geoffrey.
Geoffrey fue el primero en recuperarse.
—Por favor, compórtese con dignidad, señorita Maxwell —respondió con el ceño fruncido.
Después, se alejó de ella, pasando de largo a sus amigos.
A pesar de su belleza, seguía siendo la chica con la que su padre quería que se casara, y eso no le sentaba nada bien.
Aparte de eso, su comportamiento y su etiqueta dejaban mucho que desear en comparación con la chica en la que él estaba interesado.
Vio a Emily, que lo había estado evitando desde la asamblea, más adelante, así que decidió sentarse cerca de donde estaba ella.
Mientras tanto, Leonard estaba tan conmocionado por lo que Serena había dicho que ni siquiera pudo dignarse a ofenderse por lo que Geoffrey hizo.
¿Acaso su hermana siempre había sido así?
No solo le había preguntado a otro hombre sobre su atuendo, sino que además se había presentado audazmente.
Kylo también se quedó sin palabras.
Solo pudo abrir los ojos como platos, quedarse boquiabierto y negar con la cabeza.
Ni él mismo sabría qué haría si estuviera en el lugar de Geoffrey.
A Serena no le sorprendió.
Ya esperaba la respuesta de Geoffrey a su presentación, pues era lo mismo que sucedía en la novela.
Serena se presentaba y él decía la misma frase.
Quizás el único que se ofendió por ella fue Charlton.
¿Qué se le va a hacer?
Hacía tiempo que sus ojos estaban velados por el color rosado del amor.
—¡Hola, Serena!
¡Así que ya estás aquí!
¡Vaya, qué guapa estás hoy!
¿De dónde sacaste ese vestido?
¡Tengo que conseguir uno igual!
Gizel y Via van a venir.
¡Vamos a sentarnos juntas y a guardarles un sitio a cada una!
—dijo Milly mientras enganchaba su brazo al de Serena.
—Ah, claro.
Hermano, nosotras nos sentaremos aquí atrás.
Ve a sentarte con tus amigos —dijo Serena, pues ya había visto las cosas de él en la mesa de delante.
—De acuerdo.
Siento lo que dije antes.
Por favor, no te lo tomes a mal.
Solo estoy preocupado por ti —dijo Leonard con sinceridad.
Quería pedirle que se sentara con él, o sentarse él con ella, pero con lo que había pasado antes, pensó que su hermana querría guardar las apariencias.
Kylo quiso decir algo, pero prefirió no hacerlo, ya que si pedía sentarse con ella y con Charlton, podría causar un malentendido con Geoffrey.
Cuando los tres se disponían a marcharse, Charlton, nuestro siempre tan razonable segundo protagonista masculino, se dio la vuelta y caminó de regreso hacia Serena.
Los ojos de Serena se iluminaron de repente con gran expectación.
—Le pido disculpas por el comportamiento de mi primo, Lady Maxwell, ha sido impropio de él.
Además, con respecto a su vestido, creo que le queda muy bien, pero es cierto que resulta un poco demasiado…
agradable a la vista —dijo Charlton mientras le sonreía—.
Me adelantaré.
Esta vez, fue Serena quien se quedó muda mientras sentía el calor subir por sus mejillas.
El corazón le latía tan deprisa que temió que pudiera desmayarse.
—Vamos, Serena, sentémonos —dijo Milly, sonriéndole con complicidad—.
No sé qué está pasando, pero levanto la bandera blanca.
Puedo asegurar que el chico que me gusta ya está enamorado.
La chica de antes, como sea que se llame, bueno, que se ahogue en un mar de lágrimas.
Sin rencores, ¿eh?
Porque también veo que tú, amiga mía, estás igual de prendada.
—¿Tú también lo crees?
—preguntó Serena, sin siquiera tener la decencia de negarlo.
—Lo sé.
Por cierto, ¿no sigues prometida?
—No se lo digas a nadie, pero espero con todas mis fuerzas que se rompa.
—Bueno, no te culpo.
Oí por casualidad lo que dijo ese idiota antes.
Ni siquiera es tan guapo.
Serena soltó una risita y dijo: —Estoy de acuerdo.
No es tan guapo como MI Charlton y, desde luego, es un idiota.
—Bueno, qué más podía decir; no había nada de malo en reclamarlo como suyo, pues pensó: «No importa cuánto lo niegue, ya es mío, es solo cuestión de tiempo».
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