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Haciendo que el segundo protagonista masculino se enamore de mí, la villana - Capítulo 28

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  3. Capítulo 28 - 28 Capítulo 28 El consentido del profesor I
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28: Capítulo 28: El consentido del profesor I 28: Capítulo 28: El consentido del profesor I Serena se miró satisfecha en el espejo con su uniforme escolar.

Cuando Beatriz se lo consiguió el viernes pasado, se lo probó emocionada, solo para llevarse una decepción.

Así que lo modificó un poco para que la falda le quedara tres pulgadas por encima de las rodillas.

Aunque era un poco corta, hacía que sus piernas parecieran más largas.

Además, había visto a otras chicas llevando faldas aún más cortas durante la asamblea.

También tuvo que entallar la americana para que le quedara perfecta.

Cuando Serena llegó al vestíbulo, vio a Milly, Gizel y Via esperándola.

—Veo que algunas hemos tenido la misma idea —dijo Gizel al observar que tanto ella como Serena y Milly habían modificado su uniforme.

—Y yo veo que soy la única a la que no han informado —bromeó Via con buen humor.

Las cuatro se rieron mientras caminaban hacia el edificio principal.

La noche anterior, los chicos dejaron a Serena y a Milly en la residencia femenina justo después de cenar, ya que al día siguiente tenían clase.

Al llegar, se encontraron con Gizel y Via en el vestíbulo.

Luego fueron a la habitación de Serena a cotillear.

Hablaron de lo que habían hecho los dos últimos días y Serena también les contó su relación con Charlton.

Pensó que era mejor decírselo directamente.

Primero, porque sería bastante difícil ocultárselo.

Segundo, porque si no, solo haría las cosas más incómodas en el futuro y ellas podrían incluso sentirse excluidas.

Tercero, porque esto las uniría más.

Y por último, porque incluso podrían ayudarla y convertirse en sus cómplices.

Las chicas se sorprendieron, pero decidieron apoyarla.

Como aún era temprano, no se cruzaron con mucha gente de camino a su aula.

Por eso, Serena se sorprendió gratamente cuando vio a Charlton apoyado en la barandilla de la escalera, como si la estuviera esperando.

Leía un libro, o al menos lo fingía, pareciendo el Adonis que era.

Lo vio levantar la vista, como si buscara a alguien.

Entonces, sus miradas se encontraron.

No pudo evitar la sonrisa que floreció en su rostro.

No se esperaba que fuera él quien organizara su encuentro «inesperado».

Los ojos de Charlton se iluminaron cuando vio a Serena.

No pudo evitar que las comisuras de sus labios se curvaran hacia arriba.

Cualquiera que le viera la cara en ese momento sabría, obviamente, que estaba completamente enamorado.

—Buenos días, Srta.

Serena, Srta.

Milly y amigas —dijo Charlton mientras se acercaba a ellas.

—Nos vemos luego en clase —dijo Milly mientras ella y las chicas les sonreían con complicidad.

—¿Lo saben?

—preguntó Charlton cuando las chicas se fueron.

Serena asintió.

—Bueno, son mis amigas y sería difícil ocultárselo.

¿Por qué?

¿Estás molesto?

—Claro que no.

Si pudiera, le gritaría a todo el mundo que esta chica, que además es la más guapa de todo el imperio, es mía —dijo Charlton con una sonrisa arrebatadora.

—Tú y tu labia —dijo Serena, con ganas de besarlo.

—Solo digo la verdad.

Serena rio tontamente.

—¿Bueno, qué querías decirme?

—¿No puedo simplemente querer ver a mi novia?

Por cierto, el uniforme te queda bien.

¿Pero no es la falda un poco corta?

—Lo he preparado solo para ti.

¿No te gusta?

—dijo Serena con picardía.

—Bueno, admito que estás muy guapa con él, y también jodidamente sexi.

—¿Pero…?

—No lo malinterpretes, es solo que no me gusta la idea de que otros hombres te miren con ojos lascivos.

—No me ofendo, pero no lo llevo por ellos.

Es solo que llevarlo así me hace sentir guapa —explicó Serena.

—De acuerdo, mientras tú seas feliz.

Me conformaré con pensar en sacarles los ojos a todos —dijo Charlton riendo.

—Ahora, en serio, ¿por qué estás aquí?

—Solo quería verte porque te echaba de menos.

También quería ver a mi novia con el uniforme escolar por primera vez.

Pero ahora que te he visto así, no puedo evitar preguntarme si, ya sabes, podríamos vernos en la sala privada más tarde.

Serena rio tontamente ante su desparpajo.

—Bueno, tengo un trabajo que todavía no he conseguido hacer.

Así que tengo que ponerme con él más tarde.

Charlton frunció el ceño.

—¿Qué tal si te ayudo con eso?

—preguntó entonces con cautela.

—Vale, nos vemos en la biblioteca después de clase —dijo Serena de forma sugerente.

La imaginación de Charlton se disparó de repente mientras sonreía como un idiota.

Al ver que llegaba más gente, Charlton acompañó a Serena a su aula, que estaba justo al lado de las escaleras.

—Te veré luego.

Serena le sonrió y asintió como respuesta.

—
El día pasó con una lentitud exasperante para Serena.

Apenas estaba en su segunda clase y ya no podía evitar bostezar.

La clase era de matemáticas, y el álgebra básica era demasiado fácil para ella.

No ayudaba que su profesor, el Sr.

Sullivan, enseñara como si estuviera enseñando a párvulos solo porque eran chicas.

—Muy bien, Srta.

Evans, por favor, siéntese —dijo el profesor, bastante satisfecho de que alguien entendiera su lección—.

Ahora pasemos al siguiente ejemplo.

Luego escribió en la pizarra.

3x + 2 = 11
—Y ahora, ¿alguien se ofrece voluntario para salir a la pizarra y resolver esta ecuación?

—preguntó.

Nadie levantó la mano para responder.

—Es solo nuestra segunda clase y ya siento que me sangra el cerebro —susurró Gizel, que estaba sentada al lado de Serena.

Serena se giró para mirarla, pensando: «¿En serio?».

—¿Qué?

Serena no tuvo más remedio que suspirar.

Recordó que era la primera vez que estas chicas se enfrentaban a esta asignatura.

En su época, el álgebra básica se enseñaba a los estudiantes de primer año de secundaria.

Ella, aunque no era un genio, se había graduado con un máster de una de las mejores universidades de su país.

Así que debía de haber una enorme disparidad entre su percepción de la dificultad de cada asignatura y la de ellas.

Para no ofender a su amiga, Serena se limitó a sonreír y asentir.

—Todas las asignaturas son difíciles la primera vez que te enfrentas a ellas.

Yo ya he estudiado esta materia antes, así que si no entiendes el concepto, quizá pueda ayudarte.

—Vaya…

gracias, Serena, ¡eres la mejor!

—Srta.

Morris y Srta.

Maxwell, ¿les importaría compartir con la clase qué es tan importante que no están prestando atención?

—las interpeló el profesor.

—Nada, señor, solo nos preguntábamos cómo resolver la ecuación —dijo Serena, que no quería enfadar al profesor.

—Bien, entonces, Srta.

Maxwell, ¿le importaría salir e intentar resolver esto por nosotros?

Serena, al no tener otra opción, se levantó de su asiento y se acercó a la pizarra.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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