Haciendo que el segundo protagonista masculino se enamore de mí, la villana - Capítulo 284
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Capítulo 284: Capítulo 281: Cámara de los Lores 5
El martes 24 de julio, Alexander informó a Charlton de que las líneas telefónicas estaban listas y que podían proceder con la demostración en el palacio. Ese mismo día, Charlton le escribió a su tío Regulus sobre este asunto.
Se sorprendió al recibir su respuesta al día siguiente, en la que se le informaba de que debían prepararse para el viernes, ya que el rey y los miembros de la Cámara de los Lores estaban ansiosos por ver la demostración y les habían concedido audiencia ese día.
Así, el 27 de julio, Charlton y Alexander Bell se encontraban en los terrenos del palacio, esperando a que los llamaran para entrar.
—
Dentro de la Cámara de los Lores, el rey, los dos príncipes, cerca de dos tercios de los miembros de la nobleza del reino y todos los miembros de los ministerios estaban presentes para la demostración. Cuando el ministro de Obras, el duque real Regulus William, describió lo que el teléfono podía hacer, todos sintieron curiosidad. No escatimó en elogios hacia el producto e incluso lo llamó la innovación del siglo.
El presidente de la cámara comenzó a hablar de algunos asuntos hasta que el rey Eduardo V se aclaró la garganta para detenerlo.
—Dejen los informes para más tarde. Quiero proceder con la demostración —dijo.
El presidente acató de inmediato las órdenes del rey y le hizo una señal al sirviente que estaba al otro lado de la cámara.
—Lord Charlton Daniel, Sr. Alexander Bell, por favor, prepárense para cuando el presidente anuncie sus nombres. Ambos entrarán en la cámara —les dijo un paje.
Charlton asintió con la cabeza, con el corazón latiéndole con fuerza. Era la primera vez que entraba en la cámara y hoy debía causar una buena impresión. Una impresión positiva, pero al mismo tiempo, que no resultara amenazante.
El presidente anunció: «Que entren Lord Charlton Daniel y el Sr. Alexander Bell, los propietarios de la Compañía de Teléfonos Bell-Daniel».
Charlton, seguido por Alexander, entró. Sabía que no podía mostrarse demasiado imponente, así que optó por detenerse en el banquillo donde se sitúan los acusados. Alexander no sabía qué hacer, así que simplemente siguió su ejemplo.
Entonces, Charlton inclinó la cabeza y el cuerpo en un ángulo de cuarenta y cinco grados mientras se colocaba la mano derecha sobre el pecho izquierdo. —Su majestad.
Todos en la cámara observaban a Charlton. Cuando se detuvo en el banquillo, algunos de los que sentían aversión por su padre se rieron por lo bajo.
El Rey se rio entre dientes, pensando que su sobrino, con toda su brillantez, también era un poco estúpido. Bajando la guardia, lo amonestó ligeramente.
—¿Por qué te has detenido ahí? Deberías haberte acercado un poco más para que pudiera verte con más claridad, Charlton Daniel.
Charlton no se levantó, ya que no se le había indicado explícitamente que lo hiciera.
Al verlo así, el rey se sintió complacido. Bien, su hermana había criado a su hijo con reverencia a la corona. —Puedes levantarte.
Solo entonces Charlton decidió levantarse y, al verlo, Alexander también siguió su ejemplo.
—Ahora, todos los aquí presentes hemos oído hablar de esa innovación de tu compañía. Así que quiero que nos hables de este producto y nos demuestres cómo funciona. Puedes avanzar para empezar.
Cuando Charlton y Alexander se reunieron, Alexander le pidió a Charlton que llevara la voz cantante en la demostración, ya que no tenía la confianza para hablar delante del rey y los demás. Charlton sabía por qué estaba aprensivo y, además, quería aprovechar la oportunidad.
Así pues, comenzó a hablar.
—Su majestad, su alteza, mis lores, estamos aquí ante ustedes para presentar y demostrar humildemente el producto que es el teléfono. Como todos sabrán, hoy estamos aquí para solicitar permiso para colocar los cables telefónicos junto a los cables de electricidad por la comodidad y facilidad de todos —comenzó.
Mientras hablaba, muchos de los nobles volvieron a mirarlo. Aunque antes había cometido un error, su discurso era muy claro; hablaba despacio y con humildad, pero captaba la atención de los oyentes.
El rey miró a Charlton por segunda vez. El muchacho no se parecía a su padre. Mientras que la presencia de su padre era tan abrumadora que ponía la piel de gallina, la de Charlton era agradable a la vista. Al principio, pensó que el chico le desagradaría por ser hijo de Charles, pero dada la actitud que había mostrado, pensó que podría darle la oportunidad de ser útil en el futuro.
Además, el chico aún era joven, ¿qué podía hacer sino intentar ser útil?
Charlton continuó con la explicación y, cuando terminó, el teléfono fue llevado a la larga mesa del frente, tal y como se le había indicado a un sirviente del palacio. Charlton y Alexander se acercaron al teléfono.
A efectos de la demostración, se habían instalado dos teléfonos en los terrenos del palacio: uno en la Cámara de los Lores y el otro dentro del palacio. Ese día se harían dos llamadas: una al otro teléfono en el palacio y la otra al puerto de Windsor.
Durante el proceso, el rey, que tras sus reflexiones había decidido darle una oportunidad a Charlton, bajó de su trono para unirse a ellos. Al ver este favor, los nobles, que hasta entonces solo miraban a Charlton y a Alexander fingiendo indiferencia, mostraron abiertamente su curiosidad poniéndose de pie.
Los ministros, Geoffrey y Frederick fueron a situarse detrás del rey.
—Muy bien, Charlton, muéstranos lo que este producto puede hacer —le indicó el rey Eduardo V.
Todos los demás que no tenían derecho a acercarse más estiraron el cuello para saber qué estaba pasando.
Charlton, sentado frente al teléfono, también estaba nervioso. ¿Y si el producto no funcionaba bien ese día? Sin embargo, no lo demostró. En su lugar, respondió: —Sí, su majestad. —Luego, marcó el número de teléfono que Alexander le había dado.
El teléfono sonó y, desde el palacio, uno de los ayudas de cámara del rey fue a contestar.
El timbre cesó y, vagamente, Charlton oyó un crujido en la otra línea; entonces, habló. —¿Hola? Llamo desde la Cámara de los Lores, ¿pueden oírme? —preguntó Charlton.
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