Haciendo que el segundo protagonista masculino se enamore de mí, la villana - Capítulo 316
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Capítulo 316: Capítulo 313: Mientras ella dormía III
Serena se despertó sintiéndose un poco aturdida. Con sed, se incorporó para beber un poco de agua. Miró a su alrededor y se vio en su dormitorio. Le resultó extraño no poder recordar cómo había vuelto. Lo último que recordaba era que había cenado y se había quedado dormida en el sofá de la sala de estar mientras esperaba la llamada de Charlton. Se miró y vio que ya llevaba puesto un camisón. ¿Había vuelto a su habitación anoche? No parecía poder recordarlo. Por otro lado, nada parecía fuera de lugar. Bueno, excepto que sentía que había tenido un sueño húmedo anoche. ¿Tanto extrañaba a Charlton?
Al cabo de un rato, oyó que alguien llamaba a la puerta.
—Milady, ¿está despierta? ¿Puedo pasar? —se oyó la voz de una mujer a través de la puerta.
—Adelante —respondió Serena.
Mildred entró e hizo una reverencia a Serena a modo de saludo. —Milady, por favor, permítame ayudarla a prepararse para el día.
—Ah, es usted, Mildred. ¿Dónde está Beatriz? —preguntó Serena mientras se masajeaba la sien.
—Beatriz ha pedido permiso para ausentarse esta mañana. Puede que no vuelva en las próximas dos semanas, ya que ha surgido una emergencia familiar repentina. Por lo tanto, de momento, yo me encargaré de sus tareas —explicó Mildred.
Serena le echó un vistazo a Mildred. Llevaba dos años siendo su ama de llaves. La mujer rondaba los cuarenta y cinco años y parecía amable. —Está bien, pero usted es el ama de llaves. ¿No sería más fácil delegar la tarea en otra sirvienta?
Mildred negó con la cabeza. —No se preocupe, milady. Tengo más tiempo libre que los otros sirvientes de la mansión. Además, sería un honor para mí servirla personalmente estas dos semanas.
Serena finalmente asintió. —De acuerdo. Por cierto, ¿fue usted quien me ayudó anoche? No consigo recordar cómo volví a mi dormitorio.
Mildred siguió sonriendo. —Sí, milady. Anoche se quedó dormida en la sala de estar. La desperté y volvimos juntas hasta aquí. Parecía demasiado somnolienta, así que también la ayudé a cambiarse.
Serena se sintió un poco avergonzada, pero simplemente dejó pasar el asunto.
—
Serena continuó con su día como de costumbre. Leyó otro fajo de invitaciones a fiestas dirigidas a ella, pero no estaba de humor para asistir a la mayoría. De todos modos, como su posición en los estratos sociales era alta, había muy poca gente ante la que necesitara guardar las apariencias.
Cuando el reloj dio las cuatro de la tarde, decidió que era hora de llamar a Charlton. Ya debería estar en casa. Marcó su número de teléfono y esperó a que alguien respondiera.
—¿Diga? —habló la persona al otro lado de la línea.
Serena reconoció su voz de inmediato. —¿Charlton?
Charlton sonrió al oír su voz. Intentando bromear, fingió no reconocerla. —Sí, soy yo. ¿Quién habla?
Serena también sonrió, sabiendo lo que él hacía. —Solo una de sus muchas admiradoras. Así que, Lord Daniel, ¿podemos ser amigos por teléfono?
Charlton se rio entre dientes. —Vale, tú ganas. ¿Cómo estás? Anoche llamé, pero me informaron de que ya estabas dormida.
—Estoy bien. Estuve esperando tu llamada, pero sí, me quedé dormida. Quizá fue por la novela tan aburrida que estaba leyendo. Y bien, ¿has hablado con tu madre? ¿Cómo se lo has dicho? ¿Qué ha dicho ella?
—Sí, lo he hecho. Pues, le conté cómo sedujiste a su único hijo y lo convertiste en tu amante. Luego, le hiciste beber una poción de amor y, por culpa de eso, él ya no puede vivir sin ti. Ah, pobrecillo.
—¡OYE! —exclamó Serena desde el otro lado de la línea.
Charlton se rio. —¡Vale, es broma! Simplemente le dije que nunca me casaría con otra mujer que no fueras tú, y le pedí ayuda para convencer, o al menos hacer que su hermano, el rey, estuviera abierto a la idea de que yo pidiera tu mano en matrimonio.
A Serena se le iluminaron los ojos. —Entonces… ¿cómo se lo tomó?
—¿Y cómo iba a tomárselo si no? Por supuesto, accedió a ayudarme. Aparte de que soy su único hijo, le alegró que fueras tú. Le caes bien y me temo que, cuando seamos una familia, ¡te favorecerá más a ti que a mí! Siempre había querido una hija.
Serena negó con la cabeza mientras sonreía, aunque Charlton no pudiera verla. —Estás exagerando.
—No, no exagero. Ayer estuve de compras con ella y no tienes ni idea de la de adornos que eligió para ti. Uy, se supone que eso es una sorpresa, no le digas que te lo he contado. Serán sus regalos para ti más adelante. ¿Y te lo puedes imaginar? ¡Ya está eligiendo ropa de bebé! O sea, le dije que aún no tenemos ese plan, pero ella insiste en que ocurrirá pronto. Me dijo que, una vez que te lo pida y nos comprometamos, la boda debería celebrarse en menos de un mes. Que no sirve de nada prolongarlo. Y que, justo después, vendría un lindo retoño.
—Bueno, no se equivoca.
—¿Qué? ¿Puedes repetirlo? —preguntó Charlton de nuevo al oír sus palabras, con una sonrisa de oreja a oreja.
—He dicho que no se equivoca. Me encantaría casarme contigo en cuanto me lo pidas. Y también estoy deseando formar una familia contigo —dijo Serena, con la voz llena de risa.
Charlton siguió sonriendo mientras sentía que el pecho se le henchía de plenitud. —Te quiero, Serena. Que sepas que, cuando eso ocurra, no habrá nada más en la vida que pueda pedir.
—Yo también te quiero. Te echo de menos… Ojalá pudiéramos estar juntos en este mismo instante.
—Yo también te echo de menos. Sinceramente, querría ir para allá ahora mismo… —dijo. Luego suspiró.
—No te preocupes. Conozco la situación, lo que me recuerda que ayer intenté llamarte. Antes de irse, Leonard me advirtió que tuviera cuidado y que también te lo dijera a ti. También dijo que, por el momento, deberíamos limitar nuestros encuentros y nuestro contacto, ya que cree que Geoffrey te está vigilando.
—Lo tendré en cuenta. Dale las gracias a Leonard de mi parte cuando vuelva.
—¿Crees que sospecha algo sobre nosotros? Si no, ¿por qué te estaría vigilando?
—No, o al menos eso espero. Creo que me ha estado vigilando por lo que le dije durante tu ceremonia de graduación. Intentó invitarme a su facción, pero me negué. Debe de haberse ofendido.
—Ya veo. Entonces… ¿has visto la invitación para el baile que organiza la duquesa Ligeti la semana que viene?
—Sí, de hecho, ya he enviado mi confirmación. Solo pensar en el lugar me trae buenos recuerdos. Me pregunto si tendré la suerte de ver a mi amada entonces.
Serena soltó una risita. —Quizá.
—
Después de que los dos hablaran, Serena escribió su confirmación en respuesta a la invitación. Luego, continuó con su día. Por la noche, volvió a su habitación y Mildred la ayudó. Bebió agua antes de acostarse en la cama y luego cayó en un profundo sueño.
Mildred volvió a la habitación y comprobó cómo estaba Serena. Tras confirmar que estaba profundamente dormida, abrió la ventana para mirar afuera y hacer la señal.
Al ver a la figura encapuchada salir del coche, bajó para dejarle entrar.
—
Continuará
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