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Harén de Sirvientas de Combate - Capítulo 11

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  3. Capítulo 11 - 11 Un ataque sorpresa
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11: Un ataque sorpresa 11: Un ataque sorpresa —H-Hermana Mayor, tengo miedo… ¿Puedo abrir los ojos?

Ella sintió cómo la afilada hoja de la espada le abría lentamente una herida en el cuello.

Fue un proceso muy lento y doloroso.

La sangre le resbalaba por el cuello.

—Ella, confía en tu Hermana Mayor.

¡Ten por seguro que te salvaré!

Aleshia rechinó los dientes mientras miraba a Julian con odio.

La había fastidiado.

Le dio la oportunidad de tomar a Ella como rehén.

Y pensar que todo iba tan bien.

Aleshia sacó su daga del cadáver que tenía al lado y caminó lentamente hacia ellos.

—¡No te muevas!

Julian le gritó.

Tenía una expresión demencial en el rostro.

Apretó con fuerza la espada contra el cuello de Ella.

Julian miró a hurtadillas al hombre al que le había cortado la muñeca antes.

El hombre se deslizó lentamente a la espalda de Aleshia.

Los ojos del hombre brillaron con intención asesina y Julian sonrió con malicia.

Aleshia notó algo extraño en la expresión de Julian y se giró de inmediato.

Se quedó de piedra al ver una espada que se abalanzaba en su dirección.

Fue tan repentino y rápido que no tuvo tiempo de esquivarla.

Aleshia se tensó y se preparó mentalmente.

Usó su daga para intentar una parada.

Sobra decir que la daga salió volando por los aires.

Era totalmente incapaz de detener el impulso de una espada que quintuplicaba su tamaño.

—¡Agh!

Aleshia sintió un dolor agudo en la mano por la fuerza del golpe.

El hombre volvió a blandir su espada para atacarla.

—¡Ya te tengo!

Con un rugido, el hombre puso toda su fuerza en ese ataque.

Aleshia estaba completamente desarmada.

No tenía nada con lo que parar el golpe o defenderse.

—¡Hermana Mayor!

Ella ya no se atrevió a cerrar los ojos cuando oyó a Aleshia gemir de dolor.

Lo que vio fue a su Hermana Mayor a punto de ser alcanzada por una espada; se le heló el corazón.

Gritó, agitada.

Aleshia ya no tuvo tiempo de mirar hacia Ella.

La determinación afloró en su rostro, que adoptó una expresión demencial.

¿Qué es lo más aterrador en el campo de batalla?

Es esto.

Un enemigo que está dispuesto a morir contigo.

A Aleshia ya le importaba una mierda.

Si iba a morir en ese momento, se llevaría a ese hombre con ella.

Aleshia golpeó con el dorso de la mano la espada que se dirigía hacia ella.

Se aseguró de dirigir el golpe al plano de la hoja.

Se necesita la máxima concentración para poder hacer algo así.

Aleshia se olvidó de todo lo que la rodeaba y se concentró únicamente en la espada que venía hacia ella.

Con una sincronización perfecta, consiguió golpear el plano de la hoja.

Desvió la espada de su trayectoria original, aunque solo fuera un poco.

Pero fue suficiente para darle a Aleshia la oportunidad de contraatacar.

Acortó distancias con el hombre y le lanzó un puñetazo a la cara.

El hombre no pudo levantar a tiempo su mano herida para bloquear.

Con un fuerte estrépito, el hombre quedó inconsciente.

Aleshia jadeaba, exhausta.

Aquello le había supuesto un enorme desgaste físico.

Todo el entrenamiento que había recibido en la Organización de Asesinos de la Flor Sangrienta había merecido la pena.

—¡Johan!

Julian le gritó al hombre que había quedado inconsciente.

No hubo respuesta.

Julian apretó los dientes y la hoja de su espada se hundió lentamente en el cuello de Ella.

—¡H-Hermana Mayor!

Ella se agitó frenéticamente.

Tenía miedo de morir.

Todavía quería ayudar a su Hermana Mayor en el futuro.

No podía morir ahora.

—¡Ella!

¡Detente, te dejaré vivir!

Aleshia le gritó a Julian, aterrada.

Su Hermanita era su mundo.

No podía soportar verla morir delante de sus narices.

—Je, je, je.

¡Primero desnúdate, antes de que me vaya!

Al ver la oportunidad, una sonrisa lasciva se dibujó en el rostro de Julian.

No pensaba marcharse sin obtener ningún tipo de beneficio.

—¡Miserable!

Aleshia rechinó los dientes, furiosa.

Era un descarado.

Si su hermanita no estuviera en sus manos… ¡Lo haría pedazos!

—Sí, yo.

¡Ahora desnúdate!

Una sonrisa libidinosa asomó a su rostro mientras recorría el cuerpo de ella con la mirada.

La hoja de su espada seguía apretada contra el cuello de Ella.

—E-está bien…
Aleshia asintió a la fuerza.

Lentamente, se bajó las bragas por debajo del vestido.

—¡Oh, oh!

¡Qué provocadora!

El rostro de Julian ardía de lujuria.

Verla quitarse las bragas tan lentamente lo estaba volviendo loco.

—¡Hermana Mayor, no!

¡Sálvate tú!

Ella gritó, presa del pánico.

No quería que su Hermana Mayor se humillara solo para salvarla.

De lo contrario, nunca podría perdonárselo.

Aleshia no le hizo caso a Ella.

Enrolló sus bragas blancas y las apretó con fuerza en una mano.

Luego, Aleshia balanceó el brazo y le arrojó las bragas a la cara a Julian.

Julian se encogió al verla balancear el brazo, pero se relajó al darse cuenta de que solo eran sus bragas.

Su expresión se volvió más lasciva a medida que las bragas se acercaban a su rostro.

Cuando las bragas le golpearon la cara, aspiró profundamente y una expresión de éxtasis inundó su rostro.

—¡Ahhh!

¡El olor de las bragas de una mujer…!

Aleshia no dejó pasar la oportunidad y corrió de inmediato hacia su daga, que estaba en el suelo.

La recogió justo en el momento en que Julian agarraba las bragas.

—¡Muere!

Aleshia gritó.

Su brazo se movió y la daga salió disparada hacia la cara de Julian.

Julian, que todavía estaba en éxtasis, no tuvo la menor oportunidad de reaccionar.

La daga se le clavó en el cráneo sin el menor suspense.

Los ojos de Julian se abrieron de par en par mientras la vida se escapaba lentamente de su mirada.

Su último pensamiento fue que era una lástima no haber podido ver a Aleshia completamente desnuda.

—¡Hermana Mayor!

El rostro de Ella se llenó de felicidad al ver que su Hermana Mayor atacaba en lugar de someterse.

—¡Ella!

Aleshia corrió hacia Ella y la abrazó con fuerza.

Su corazón latía a mil por hora por la angustia.

Ella estaba atada con cuerdas, por lo que solo pudo sonreír, feliz de reunirse de nuevo con su Hermana Mayor.

—Hermana Mayor…
Las hermanas permanecieron así un rato, hasta que Aleshia por fin recordó que Ella seguía atada al soporte de madera.

Aleshia sacó la daga negra clavada en la cabeza de Julian y limpió la sangre de la hoja en la ropa de este.

Cortó las cuerdas y liberó a Ella.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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