Harén de Sirvientas de Combate - Capítulo 160
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- Capítulo 160 - 160 Visitado por una Dama Blanca
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160: Visitado por una Dama Blanca 160: Visitado por una Dama Blanca —¿¡Un monstruo!?
Lawrend exclamó conmocionado.
Giró la cabeza en dirección a Joseph.
Había una criatura humanoide con una capucha negra frente a ellos.
Al principio, pensarías que era alguien, pero el fuego del alma que ardía en sus ojos te haría cambiar de opinión.
—¿Eso es un esqueleto?
—preguntó.
Su ropa estaba hecha jirones y podía ver sus huesos blancos.
—Es un Esqueleto Antiguo, para ser exactos —le respondió Joseph a Lawrend.
—¿Qué tan fuerte es?
—preguntó Lawrend con un tono de voz sombrío.
—No lo sé.
Los Esqueletos Antiguos son magos o espadachines del pasado olvidado.
En algunos casos, pueden ser tan fuertes como un Gran Mago, o simplemente unos debiluchos —le respondió a Lawrend mientras negaba con la cabeza.
—Instructor, ¿por qué no nos ataca todavía?
—preguntó Nuon.
—Yo tampoco lo sé —Joseph no tenía ni idea.
Se había acercado a ellos antes y ahora solo se les quedaba mirando.
—Emperatriz Celestial… —El esqueleto cayó de rodillas e inclinó la cabeza.
—¿E-Eh?
¿Qué está pasando?
—Joseph miró al esqueleto frente a él con confusión.
—¿Pero qué demonios?
¿Podía hablar?
—exclamó Lawrend conmocionado.
El esqueleto levantó la cabeza y miró fijamente a Lawrend.
El fuego de su alma lo observaba con atención.
—¿A mí?
—le preguntó Lawrend confundido.
El esqueleto ignoró a Lawrend.
Bajó la mirada y se quedó viendo el bolsillo de Lawrend.
«¿¡Podría ser!?», exclamó para sus adentros con incredulidad.
Lo único en lo que podía pensar que tuviera alguna conexión con este esqueleto era el fragmento de alma de Daisy que estaba en su bolsillo.
¿Cómo era posible que el esqueleto lo detectara?
—¿Lawrend?
—Joseph giró la cabeza hacia Lawrend con el ceño fruncido.
—No sé por qué —respondió, negando con la cabeza.
No podía dejar que Joseph supiera lo del fragmento de alma.
El esqueleto se levantó y caminó lentamente hacia ellos como una persona que cojea.
Joseph lo observaba con cautela.
Lawrend sentía curiosidad por saber por qué le había hecho una reverencia a Daisy.
Posiblemente, estaba relacionado con su pasado.
Si lograba saber más al respecto, podría encontrar más fácilmente los otros fragmentos del alma de ella.
—Ten cuidado, Lawrend —le advirtió Joseph.
—Lo tendré —respondió él solemnemente.
—Por fin puedo morir en paz… —dijo el esqueleto mientras se paraba frente a Lawrend.
De repente, su cuerpo se dispersó con el viento.
Por fin había terminado su trabajo de protegerla.
Ahora ella era libre, una vez más.
—Pero qué… —Joseph estaba confundido mientras el esqueleto se convertía lentamente en polvo.
…
Lawrend lo observó con un sentimiento de melancolía en su interior.
Podía sentir la angustia y el alivio del esqueleto.
Era algo tan extraño que le provocó un escalofrío a Lawrend.
—Está muerto —murmuró Lawrend.
—Mmm —asintió Joseph y dijo—, ustedes dos deberían cuidar bien de Logan.
—Entendido, Instructor.
Nuon se golpeó el pecho.
Joseph los dejó a los dos.
Volvió a su refugio/tienda improvisada.
—Entonces, ¿qué vamos a hacer con él?
—le preguntó Nuon a Lawrend.
—Lévatelo.
Me estoy hartando con solo verle la cara —le dijo Lawrend.
—De acuerdo.
Nuon asintió con la cabeza.
—¡Maldito seas, Lawrend!
Logan recuperó la capacidad de hablar de nuevo y maldijo a Lawrend.
—Ambos estamos en esta misión especial.
Si fracasas, no impresionarás a la chica que te gusta —dijo Lawrend, agachándose frente a él.
Logan se sorprendió al oírlo.
Miró a Lawrend con los ojos muy abiertos.
—¿Qué te hace pensar que tú puedes hacerlo mejor?
—le preguntó Logan con los dientes apretados.
—Los resultados ya lo han demostrado —respondió, encogiéndose de hombros.
—¡Tú…!
Logan se enfureció al oír su respuesta.
Era cierto, pero no estaba dispuesto a admitirlo.
Su orgullo simplemente no permite tal cosa.
Lawrend se dirigió a Nuon.
—Ya me voy.
Llevaría una eternidad hacer entrar en razón a este tipo —dijo.
—Lo intentaré.
Nuon asintió con la cabeza.
—Buena suerte —le dijo Lawrend antes de irse.
Lawrend entró en uno de los refugios improvisados que Nuon había hecho.
Lo inspeccionó y quedó impresionado con lo que Nuon había sido capaz de construir.
Era robusto y estaba bien hecho.
Cerró los ojos y se durmió.
La noche transcurrió en paz.
Lawrend abrió los ojos a la mañana siguiente.
—Eh.
Lawrend miró su luminoso entorno con confusión.
«Sorprendentemente, no ha montado una escena», pensó Lawrend para sí.
Esperaba que se zafara de Nuon y lo atacara en mitad de la noche.
Lawrend salió de su refugio y se dirigió al exterior.
Una niebla fría rodeaba la zona.
Podía ver, como mucho, a 10 metros (33 pies).
—¿Niebla?
¿Qué está pasando?
—se preguntó Lawrend.
—Aquel que fue bendecido por la Emperatriz Celestial, te ofrezco mi lealtad.
Una voz dulce y tranquilizadora le susurró a Lawrend.
—¿¡Quién!?
Lawrend miró a su alrededor con recelo.
Últimamente, la gente no paraba de susurrarle al oído, tanto que estaba empezando a tener estrés postraumático por ello.
—Soy yo…
Una hermosa joven vestida de blanco flotó hasta situarse frente a Lawrend.
Tenía el pelo castaño y una piel pálida y casi transparente.
Así es, era un fantasma.
—¿Daisy?
—la llamó confundido.
Se veía exactamente igual que la Daisy que había visto en aquel sueño.
—¿Qué?
—respondió Daisy a Lawrend.
—¿¡E-Es esa la Emperatriz Celestial!?
—exclamó la fantasma con emoción al oír la voz de Daisy.
—¿Quién eres?
¿Por qué te pareces a mí?
—le preguntó Daisy con voz inquisitiva.
—No lo sé, pero sirvo a la Emperatriz Celestial con todo mi corazón —le respondió la fantasma.
Levantó la mano y la colocó sobre su pecho.
—No me digas, ¿es uno de tus fragmentos de alma?
—Lawrend no pudo evitar preguntarle a Daisy con un tic en la mejilla.
—¡De ninguna manera!
—negó Daisy—.
Si fuera uno de mis fragmentos del alma, lo habría sentido —añadió.
—¿Eh?
¿Entonces no lo es?
Lawrend miró a la fantasma que tenía delante con confusión.
No importaba cómo la mirara, se veía exactamente igual a la apariencia de Daisy que había visto antes.
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