Harén de Sirvientas de Combate - Capítulo 164
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- Capítulo 164 - 164 Pueblo de la Cola de Undrasil
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164: Pueblo de la Cola de Undrasil 164: Pueblo de la Cola de Undrasil Volaron durante medio día antes de que un pueblo apareciera en el horizonte.
En su centro había un edificio alto que llamó especialmente la atención de Lawrend.
—¿Eso es una…
antena?
—preguntó Lawrend sorprendido.
En la cima del edificio había una varilla puntiaguda con un círculo al final.
No importaba cómo lo mirara Lawrend, parecía una antena.
—Lo es.
Se usa para las comunicaciones con el reino.
Como están lejos, los artefactos mágicos habituales no son capaces de enviar comunicaciones, así que esta es la solución —le explicó Joseph a Lawrend.
—Interesante…
—murmuró Lawrend para sí mismo.
Ni siquiera se le había ocurrido que este mundo pudiera tener alguna forma de avance tecnológico similar a las de su mundo anterior.
—Estamos aterrizando —les dijo Joseph.
El guiverno redujo la velocidad y sobrevoló en círculos un claro un poco alejado del pueblo antes de aterrizar con un golpe sordo.
Lawrend fue el primero en bajar de un salto del guiverno.
Nuon lo siguió y luego Logan.
Por último, Joseph le dio una palmada al guiverno antes de bajar de un salto.
—Vamos —les dijo Joseph.
Empezó a guiarlos hacia el pueblo.
—¿Cuál es el nombre del pueblo?
—preguntó Lawrend mientras lo seguía.
—Se llama el Pueblo de la Cola de Undrasil.
Su nombre proviene del hecho de que está al lado de la cola del Bosque de Monstruos Undrasil.
La cola es este extremo del bosque con forma de «C» —les explicó Joseph.
—Oh, ¿tienen algo exótico aquí?
—preguntó Nuon.
—Ya lo verán —Joseph se dio la vuelta y les sonrió.
—De acuerdo.
Nuon asintió con la cabeza.
Al poco tiempo, llegaron a la entrada del pueblo.
—¡Alto!
¿De dónde vienen?
Un espadachín con ropa ajustada los detuvo.
Miró al grupo de Lawrend de arriba abajo.
Había duda en sus ojos.
—Venimos de la capital —le respondió Joseph.
—¿La capital, eh?
¿Alguna prueba?
—preguntó el espadachín.
—Toma.
Joseph le pasó una tarjeta de identificación al espadachín.
—Oh, ¿es usted un Archimago?
El espadachín miró a Joseph con sorpresa.
—¿Por qué?
¿Es extraño?
—preguntó Joseph con el ceño fruncido.
—No lo es.
Es solo que para un espadachín como yo es difícil sentir la fuerza de los magos —respondió el espadachín, negando con la cabeza.
—Ah, de acuerdo.
¿Podemos entrar ya?
—le preguntó Joseph.
—Claro.
El espadachín asintió con la cabeza.
Se hizo a un lado para que el grupo de Lawrend entrara en el pueblo.
Había mucho ajetreo.
Se oía el fuerte parloteo de la gente a su alrededor.
Sin embargo, era muy obvio que ninguno de ellos era un civil normal.
Era más bien una reunión de aventureros.
La mayoría eran espadachines y magos.
—¿Hay esclavos semihumanos?
—soltó Lawrend.
Había un semihumano con orejas de perro a lo lejos, delante de ellos.
Estaba encadenado mientras cargaba un saco de frutas.
—Mmm.
Este es el centro de esclavos semihumanos del reino.
El espadachín que vieron en la puerta es una Espada de la Colina (N.
T.: equivalente a Archimago).
La seguridad es estricta en este lugar.
Intenten no causar problemas —les explicó Joseph a Lawrend y al resto.
—Sí, Instructor —respondieron respetuosamente.
—Como mi trabajo aquí ha terminado, ustedes tres pueden hacer lo que quieran.
Vengan a visitarme al Gremio de Magos si tienen alguna pregunta o cuando completen la misión especial —les dijo Joseph a modo de despedida.
—Gracias por traernos, señor Joseph —se despidió Lawrend.
—Gracias.
Nuon agitó la mano.
—Le haré caso a Lawrend.
No se preocupe, señor —le dijo Logan a Joseph.
Joseph asintió con la cabeza y se separó de ellos.
Nuon giró la cabeza hacia Lawrend.
—¿Y bien…?
¿Qué vamos a hacer ahora?
—preguntó.
—Busquemos una posada donde quedarnos —respondió Lawrend.
—De acuerdo —asintió Nuon con la cabeza.
Así, los tres caminaron por la calle principal en busca de una posada.
—¡Vaya!
Hay tantos ingredientes mágicos —exclamó Nuon mientras miraba a su alrededor.
Había montones y montones de diferentes tipos de ingredientes mágicos dispuestos sobre mesas.
Muchos de ellos eran tipos raros de plantas.
Algunos eran cortezas de árboles raros, otros sangre de monstruos poderosos, y alguna que otra variedad de ingredientes que se encuentran por la zona.
—¿Quieres comprar algunos, Lawrend?
Son baratos en comparación con los precios de la capital —le preguntó Nuon a Lawrend con una sonrisa emocionada en su rostro.
—Realmente no les encuentro ningún uso —respondió Lawrend y negó con la cabeza.
—Yo compraré algunos —le dijo Nuon.
—Hazlo antes de que regresemos.
Solo nos retrasará —le dijo Lawrend.
—Ah, sí…
Haré justo eso —asintió Nuon con la cabeza a regañadientes.
Lawrend le había pinchado el globo de la emoción.
Los tres acabaron pronto frente a una posada.
Había un gran letrero en su fachada que decía: «Posada del Gato».
—Un nombre interesante —les dijo Lawrend.
—¿Tendrán gatos adentro?
—preguntó Nuon con curiosidad.
—Probablemente —respondió Logan.
—Como sea, entremos.
Lawrend los instó a entrar.
Entraron en la posada y, de repente, una chica gato semihumana los recibió con una sonrisa en el rostro.
—¡Bienvenidos a la Posada del Gato, Grandes Maestros!
La chica gato hizo una reverencia hacia ellos.
Llevaba un revelador uniforme de sirvienta, y tenía orejas de gato negras y una cola negra.
El uniforme mostraba su profundo escote, y su falda corta exhibía sus piernas lisas y blancas.
—¡VAYA!
—exclamó Lawrend al ver a la sirvienta chica gato.
Sus ojos se abrieron de par en par y la escaneó con la mirada.
«¡Quiero una!», pensó para sí con emoción.
Su respiración se volvió agitada mientras su imaginación se desbocaba.
—¿Estás bien, Lawrend?
—Nuon no pudo evitar preguntarle a Lawrend.
Parecía que le costaba respirar.
—E-estoy bien —respondió Lawrend y se calmó.
—¿Qué tipo de cama les gustaría a ustedes tres?
También ofrecemos «servicios secretos» —les ofreció la sirvienta chica gato con una sonrisa.
Disimuladamente apretó sus grandes pechos juntando los hombros.
Eso los hizo parecer más grandes y eróticos.
—Una habitación para cada uno —le guiñó un ojo Lawrend.
—¡Claro!
Síganme —respondió ella con una sonrisa.
—Y también, un servicio secreto —le susurró Lawrend al oído.
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