Harén Esper en el Apocalipsis - Capítulo 486
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Capítulo 486: Informe de guerra
Tras llegar al campo de batalla del este, Virgil suspiró aliviado.
—Te dije que lo estaba manejando bien —comentó Rudy—. Después de todo, es mi esposa.
—Sí… espera… —Virgil se volvió hacia Rudy con expresión confusa—. ¿Dijiste esposa? —preguntó.
—Eh… estoy bastante seguro de que ya la he llamado mi esposa antes. ¿Por qué te ves tan sorprendido?
—¿Pero cuándo y dónde te casaste con ella?
—En la cama… durante el sexo…
—Sabes… si no fueras el Señor, habría peleado contigo…
Rudy se tronó los nudillos y dijo: —Si quieres, todavía podemos pelear.
—¡Nadie va a pelear! —gritó Jane—. ¡Dejen de hablar de peleas!
Rudy acercó a Jane hacia él y dijo: —Deberías ponerte de mi parte, esposita.
—No estoy de parte de nadie. Simplemente no quiero peleas en la familia.
Virgil miró al cielo y murmuró: —¿Por qué siguen aquí las nubes? No puedo ver la luna.
Rudy sopló aire por la boca, creando un agujero gigante entre las nubes.
—Deberían disiparse pronto —dijo entonces.
Virgil miró la luna y dijo: —Tienes un tiempo limitado aquí. Deberías prepararte para irte si no piensas quedarte.
—¿Cuánto tiempo tengo?
—Unos quince minutos, diría yo. Nos llevaría más que eso volver al palacio. Por no mencionar que abrir el portal tarda diez minutos —informó Virgil.
—Puedo volver al palacio en un segundo, así que eso no es un problema —dijo Rudy. Bajó la mirada hacia el ejército y preguntó—: ¿Alguna baja en tu ejército?
—Algunas, sí —asintió Jane—. Les lancé un hechizo de protección, pero no pudo salvarlos de ataques fuertes y pesados.
Rudy se llevó la mano a la barbilla y murmuró: —Nunca he intentado una teletransportación con un número tan grande, pero intentémoslo. También tengo curiosidad por saber qué pasa.
Rudy le hizo una señal a Virgil, y Virgil asintió en respuesta antes de volverse hacia el ejército.
—¡Todos! ¡Tómense de las manos o asegúrense de que se están tocando!
Rudy abrazó a Jane y puso la mano en el hombro de Virgil mientras este agarraba a uno de los soldados.
—¿Están listos? —preguntó Rudy—. Déjenme advertirles de antemano que se sentirá horrible.
Rudy los teletransportó a todos a la arena sin esperar la respuesta de nadie. Quería teletransportarlos al palacio, pero no estaba seguro de si funcionaría a gran escala, así que en su lugar los teletransportó a una arena abierta.
Después de eso, voló más alto con Jane en brazos y dijo: —Voy al palacio. Virgil, ¿puedes abrir el portal mientras tanto?
—… —Virgil miró mal a Rudy, pero soltó un suspiro y dijo—: De acuerdo.
—Gracias, hijo —se burló Rudy en voz baja.
Después de eso, voló hasta el palacio en lugar de teletransportarse allí.
Jane abrazó a Rudy con fuerza y frotó su cara contra el pecho de él.
—¿Qué haces? —preguntó Rudy con calma.
—Acabo de darme cuenta de algo.
—¿Mmm?
—¿Crees que Rias me dejaría ir contigo al mundo humano?
«Ah, sí… Me pregunto qué habrá planeado Rias para eso».
—¿Por qué no le cuentas todo a Rias? —sugirió Rudy.
—Ni hablar… Me odiará y no volverá a hablarme nunca más.
«Ella no quiere contarle a nadie, pero espera que los demás le cuenten a ella. Yo, por supuesto, cuento todo a su debido tiempo. Le conté todo a Jane y le conté todo a Rias. Nunca tuve intención de ocultar lo de mi harén.
Jane aceptó y se unió a mi harén, al igual que Rias, pero Jane no lo sabe. ¿Y por qué Rias no le ha dicho nada todavía? Dijo que se encargaría de ello, pero está claro que no lo ha hecho. ¿Qué estás planeando, Rias?».
Aunque Jane podía volar, no soltó a Rudy y siguió abrazándolo hasta que aterrizaron en el palacio.
Jane se miró la ropa y dijo: —Quiero darme un baño, ya que me siento algo irritada después de la guerra.
—Puedes hacerlo en el mundo humano. Por ahora, solo ve a buscar tus cosas.
—De acuerdo.
—Y trae a Niti también. Debería estar esperando la invitación —añadió.
—Lo sé —dijo Jane. Se dio la vuelta y añadió—: De ninguna manera podría sobrevivir sin una doncella.
Rudy vio a Jane marcharse y luego murmuró: —Princesa mimada.
Se dirigió apresuradamente a la cámara de Rias y la encontró custodiada por varias guardias.
…
Rudy se acercó a ellas, pero las guardias lo detuvieron.
—Nadie tiene permitido acercarse a la cámara de la Princesa Rias sin el permiso del Monarca Vampiro —dijeron.
—Apártense.
Rudy las ignoró a todas y abrió la puerta sin importarle nada.
—¡No puede…! —La guardia se detuvo, y todas cayeron de rodillas al darse cuenta de quién era él.
Rudy entró en la habitación de Rias y cerró la puerta tras él usando telequinesis. Miró por la habitación, pero no pudo encontrar a Rias.
—¿Rias? —la llamó.
—¡Aquí!
Estaba en el armario, pero la puerta del armario estaba cerrada por alguna razón.
Rudy abrió la puerta del armario y entró; era como otra pequeña habitación.
—¿Todavía estás empacando tus cosas? —preguntó mientras se acercaba a ella.
—No. Ya lo hice hace unos días. Estoy aquí para darle un último vistazo a mi armario y sacar la ropa que ya no uso, para poder dársela a las doncellas o quizá a los ciudadanos —respondió sin mirar a Rudy.
—Ya veo. —Rudy la abrazó por la espalda y la besó en el lado del cuello y luego en la mejilla.
—¿Qué pasó con la guerra?
—Terminó hace mucho tiempo.
—¿Ah, sí? ¿Entonces por qué tardaste tanto en venir a verme? —bromeó ella—. Te estaba esperando.
—Hubo una pequeña turbulencia en mi vuelo por el mal tiempo, así que se retrasó un poco —rio suavemente mientras respondía.
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