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Harén Esper en el Apocalipsis - Capítulo 507

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Capítulo 507: Cassy

—¿Puedo suponer que estás familiarizado con las mafias? —preguntó la mujer.

Ella ya lo sabía todo, pues evidentemente en el informe se mencionaba que Rudy Ross era el primo de Maria y su guardaespaldas. Eso significaría que Rudy también era un Mafia.

La mujer intentaba poner a prueba la honestidad de Rudy en su declaración y si debía creer en sus palabras o no. Sus habilidades estaban muy por encima de las de los otros oficiales.

—Puedes suponerlo sin problemas. Pero tienen inmunidad legal, así que no puedes hacernos nada ni a ellos ni a mí.

—Sí, lo sé. ¿Cómo crees que me convertí en la jefa de este departamento a la temprana edad de veintitrés años?

—¿Trabajo duro? ¿Pasión? ¿Dedicación? ¿Nepotismo?

—No. —Ella negó con la cabeza y apagó la grabadora antes de inclinarse hacia el escritorio. Miró a Rudy a los ojos y le dedicó una sonrisa encantadora. —Sobornando a los oficiales corruptos y matando a todo el que se interpuso en mi camino. Otros luchan contra los competidores, yo simplemente me deshago de ellos.

—Esa… también es una forma.

—Obviamente era una broma, niño. Relájate.

—¿Conoces la definición de «broma»? —preguntó Rudy—. Se supone que deben ser graciosas.

La mujer miró su teléfono y dijo: —John está aquí. Le pediré que venga a mi despacho.

Un minuto después, John entró corriendo en el despacho de la mujer y respiró hondo un par de veces. Al parecer, había venido corriendo hasta allí.

—John, he venido a recoger las drogas que me confiscaste —dijo Rudy con expresión seria.

—¿Qué…? —John enarcó una ceja, confuso, y preguntó—: ¿Cuándo ha pasado eso?

—Je —se burló la mujer de Rudy y comentó—: Parece que tú también tienes que aprender el significado de una broma.

—Venga ya, ha sido gracioso.

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó John con cara de perplejidad—. ¿Y tú, Cassy, otra vez usando tu despacho para maquillarte? Puedo oler el asqueroso olor del esmalte de uñas.

—Qué maleducado, Jonny. ¿Qué tiene de malo? Puedo hacer lo que quiera en mi despacho. Y esas no son formas de hablarle a tu jefa.

«Cassy y Jonny…». Rudy miró alternativamente a la mujer y a John, y se preguntó: «Usan apodos y, por su forma de hablar, parece que se conocen muy bien. ¡No me digas que esta tía es de verdad su novia!».

—Johnny, ¿cuántos pecados has cometido? —preguntó Rudy con una sonrisa pícara.

—No tienes permitido llamarme así.

—Bueno, ¿cuál es tu informe, John? —preguntó la mujer.

—Está todo claro. La coartada de la sospechosa cuadra. Estaba en la cafetería cuando ocurrió el asesinato —informó John.

—Así que volvemos al punto de partida. ¿Cuántos sospechosos quedan ahora en la lista?

—Dos más, pero ninguno de los dos está disponible. Uno está fuera del país y el otro fuera de la ciudad. Les hemos pedido que vengan y han aceptado —respondió John.

—Haz una cosa: visita de nuevo la escena del crimen y finge que has encontrado una pista sólida sobre quién es el culpable. Y asegúrate de hacer ruido al entrar en el apartamento.

—Claro, pero… ¿de qué serviría eso?

—Cree que el asesino podría ser del mismo edificio de apartamentos o, mejor aún, uno de los vecinos de la víctima —intervino Rudy de repente.

—…

La mujer miró a Rudy sorprendida y asintió en señal de reconocimiento.

—Deberías dedicarte a esto, Rudy Ross. Tienes un talento excepcional y sería un desperdicio que no contribuyeras a la sociedad —afirmó la mujer.

—Pues que se desperdicie —se encogió de hombros Rudy.

—Y yo que tenía ganas de trabajar contigo.

—Cassy, ¿en serio estás coqueteando con un estudiante de instituto ahora mismo? —John entrecerró los ojos y negó con la cabeza con asco e incredulidad.

—¿Qué, estás celoso? —se burló ella.

—Claro que no. Solo estoy preocupado por Rudy. Tienes esa personalidad juguetona y por eso es peligroso dejar a un chico a solas contigo. No sé cómo lo haces, pero siempre consigues que se enamoren de ti. Sobre todo durante los interrogatorios; haces que lo confiesen todo y resuelves los casos.

—Jonny, me estás haciendo quedar como una especie de zorra. Ojo, que todavía guardo mi virginidad para alguien que no caiga ante mis encantos. Solo amaré al hombre que no se enamore de mí ni siquiera con mis insinuaciones, porque ese hombre nunca traicionará mi amor una vez que consiga que se enamore de mí.

—¿Eres masoquista?

—Emm… ¿qué relación tenéis? Tengo curiosidad.

—Somos amigos de la infancia —respondió John—. Es la hija del anterior jefe, pero no consiguió este puesto por eso. Nació siendo un prodigio. Cuando tenía seis años, resolvió un caso que llevaba una década sin resolverse.

—Su padre solía traerla aquí, y ella revisaba los informes del caso. Adivinaba quién era el culpable, y resultaba ser verdad. A los quince años, ya había resuelto más de cincuenta casos por su cuenta.

—Guau. No he pedido una biografía entera, pero… guau. Es impresionante.

—Y encima, es guapa de nacimiento —añadió John.

—Vaya, vaya, ¿intentas que me sonroje? —rio la mujer por lo bajo—. Porque si es así, tendrás que esforzarte más.

—No te creas tanto.

—Sabes, Rudy —dijo la mujer, volviéndose hacia él—. Incluso siendo un prodigio, sigo siendo una doncella inocente. Cuando tenía dieciséis años, le confesé mi amor a John, y él me rechazó diciendo que no era su tipo. ¿Puedes creerlo? ¡Rechazó a alguien como yo!

—¡¿Por qué le estás contando todo eso?!

—¿Porque quiero? —se encogió de hombros ella.

—Espera… dijiste que solo amarías a la persona que no te correspondiera. ¿Eso significa… que sigues enamorada de John? —preguntó Rudy con curiosidad.

—Claro que no. No soy el tipo de chica que iría detrás de un chico después de que me rechazara una vez.

—Bien, porque ya hay una chica que me gusta —suspiró John, aliviado.

—¿Ah, sí? Cuéntanoslo —dijeron Rudy y la mujer al unísono con expresión curiosa.

—¿Por qué os lleváis tan bien de repente? Terminemos con el asunto por el que ha venido Rudy. Seguro que estaba ocupado manteniendo a raya a su hermana.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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