Harén Esper en el Apocalipsis - Capítulo 631
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Capítulo 631: Memoria
Han pasado unos minutos desde que Rudy y Reina empezaron a besarse. Aunque Reina estaba encima, intentaba igualar la velocidad de Rudy.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Reina, deteniéndose de repente en mitad del beso.
—¿Mmm?
—Te he estado besando, pero no me devuelves los besos.
—Estaba… perdido en mis pensamientos.
—Sabes que no me gusta que te concentres o pienses en nadie más cuando estás conmigo —dijo Reina, frunciendo el ceño y entrecerrando los ojos.
—Lo sé.
—¡¿Entonces quién es más importante que yo para que pienses en esa persona incluso mientras me besas?!
—Bueno… —dijo Rudy con una leve sonrisa—. Su nombre empieza por R.
—¿Es una chica nueva? —dijo Reina, frunciendo aún más el ceño.
—No. Ya la conoces.
—¿Rias? Venga ya, estás siempre con ella. ¡Dedícame algo de tiempo a mí también!
—No, no es Rias —negó Rudy con la cabeza—. Y tampoco es mi madre ni Rize. La chica en la que pienso es… asombrosa. A veces es infantil, pero la mayor parte del tiempo es madura.
—… —dijo Reina tras reflexionar un momento—. Así que, después de todo, es una chica nueva.
—No lo es —rio Rudy por lo bajo, mientras tocaba juguetonamente el cuerpo de Reina.
—Su nombre tiene cinco letras y la última es una A —dijo él con una sonrisa pícara.
Reina miró a Rudy con expresión confusa, preguntándose si había olvidado a alguna compañera del harén cuyo nombre empezara por R y terminara en A.
Al ver que a Reina le costaba entenderlo, la besó en los labios y le dijo con calma: —Es Reina.
—Pero… esa soy yo…
—Sí. Hablaba de ti.
—Eh… ¿por qué ibas a echarme de menos si estoy contigo?
—Espera un segundo. Rudy apoyó su frente contra la de Reina y compartió su recuerdo con ella.
En menos de un minuto, Reina empezó a llorar y abrazó a Rudy.
—¿Todo eso fue real? —preguntó.
—Sí.
Rudy llevaba a las chicas al parque acuático al menos dos veces al mes porque Jessica no paraba de pedírselo. Se había convertido en un cliente habitual del parque acuático y también se había hecho amigo de los padres de Reina.
Rudy también había jugado con Reina cuando sus padres estaban ocupados trabajando. Se quedó en el parque acuático unos días, ya que la madre de Reina estaba embarazada de Rina, su hermana pequeña.
Tuvo un parto prematuro y se convirtió en un lío agotador para sus padres, ya que tenían demasiadas cosas de las que preocuparse. Podían cerrar el parque acuático unos días, pero había un evento reservado con antelación que no podían cancelar.
Y no había nadie que cuidara de Reina, así que Rudy se encargó de todo mientras sus padres estaban en el hospital. Su padre llamaba cada hora para que le pusieran al día de la situación.
No solo Rudy, sino que Jessica y Rebecca también habían jugado con Reina.
—No sabía que tenías semejantes poderes…
—No es… mi poder. No tengo ningún control sobre él.
—Gracias por mostrarme eso… de verdad…
—Es un placer. Ojalá pudiera hacer algo para evitar que… ya sabes…
—Si… —Reina se mordió los labios y balbuceó—: si aprendes a controlar ese poder, ¿salvarás a mis padres?
—… —Rudy bajó la mirada y respondió—: Podría decirte que sí y prometértelo, pero no quiero mentirte si ni yo mismo lo sé. Pero te prometo que me esforzaré al máximo. Si pudiera cambiar el pasado, ten por seguro que lo haría. Hay demasiadas cosas que debo arreglar.
Reina besó el cuello de Rudy y fue subiendo con sus besos por sus mejillas. Luego, le acarició la cara y empezó a besarle en los labios. Mientras tanto, Rudy desnudaba lentamente a Reina, pero sin quitarle la ropa por completo.
Solo quería tocar y ver sus hermosas partes.
Reina se incorporó un poco para que Rudy pudiera bajarle la falda y quitarle las bragas.
Una vez preparado el terreno, Reina le bajó la cremallera del pantalón a Rudy e introdujo su serpiente en su cueva.
—Ahm~… Se siente aún mejor después de que me mostraras algo tan emotivo.
—Vamos con calma. No hace falta ir fuerte. Nadie va a venir a estas horas a molestarnos —dijo Rudy con serenidad, apretando el cuerpo de Reina contra el suyo.
Diez minutos más tarde, Rudy echó un vistazo a la puerta justo cuando se abría de repente.
—¡…! —Reina giró la cara para que la persona que había entrado no se la viera.
—¿No echaste el cerrojo? —preguntó Rudy.
—Cerré la puerta. Creo que se me olvidó girar el pestillo.
Quien entró no era otra que Rias, que había venido al despacho de Reina a mirar algo.
—No me puedo creer que estéis haciendo estas cosas a plena luz del día —comentó.
—¿Puedes entrar y cerrar la puerta antes de que nos vea alguien? —pidió Rudy con calma.
Rias entró en el despacho y cerró la puerta.
—Si tanto miedo os da que os vean, entonces no hagáis cosas por las que os puedan pillar. Y, como mínimo, cerrad la puerta con llave o comprobad bien que está cerrada.
—Bueno, noté que estabas fuera, así que miré hacia la puerta. Es más, iba a quitar el seguro y a abrirte, pero ya estaba abierto.
—¡Podéis parar de hablar, por favor! ¡Qué vergüenza estoy pasando! —Reina fulminó a Rudy con la mirada y añadió—: ¡¿Por qué estás tan tranquilo si nos están mirando?!
—Los dos estamos vestidos y no puede vernos las partes sagradas. Además, es miembro del harén, así que no hay problema, ¿no? —le preguntó Rudy con curiosidad.
—No lo hay, pero aun así… es la primera vez que me miran…
Rias cogió una silla, le dio la vuelta para quedar de cara a la puerta, se sentó y dijo: —Ya no miro. Acabad pronto. Quiero hablar con Rudy sobre una cosa.
—¿Por qué da tanto gusto? —le preguntó Reina a Rudy, con la cara sonrojada.
Preguntó en un susurro.
En lugar de responder a su pregunta, Rudy la empujó hacia un lado del sofá y puso en marcha su pistón.
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