Harén Esper en el Apocalipsis - Capítulo 644
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Capítulo 644: Atrevida Rize
—Yo… —balbuceó Rize, tragando saliva—. Yo no…
Rudy chasqueó la lengua con rabia al oír unos pasos que se acercaban al aula.
Un segundo después, Andrew entró y vio a Rize y a Rudy solos en el aula. Estaba revisando todas y cada una de las aulas para asegurarse de que estuvieran bien cerradas, pero nunca esperó encontrarse con Rudy y Rize.
—¿Qué están haciendo ustedes dos? ¿Qué pasa aquí? —preguntó con una mirada sentenciosa.
Miró por el aula para ver si había una tercera persona en algún lugar.
—La señorita Rize me está ayudando con los estudios —respondió Rudy.
La mochila de Rudy estaba en su habitación y sus libros, en su pupitre, tal como los había dejado cuando fue al baño. Al oír los pasos, corrió a su pupitre y se sentó.
Mientras, Rize permaneció junto a la pizarra, la cual también estaba llena de ecuaciones y soluciones matemáticas de la clase que Rize había impartido antes. Aparentemente, Rudy y Rize estaban en un entorno de clase completamente normal, a pesar de lo que había sucedido entre ellos unos segundos atrás.
—¿Un estudiante varón y una profesora joven solos en el aula, ayudándole a estudiar? No me parece una situación apropiada —comentó él.
—¿Qué tiene de inapropiado? Los profesores ayudan a los alumnos incluso después de las clases, ¿no?
—Sí, pero esto es un asunto diferente. No hay nadie en la clase, ni en las aulas vecinas para saber o ver lo que de verdad estaban haciendo. ¿Y por qué no estás en el patio con los otros estudiantes? Tengo que contarle este escándalo al director y…
—¿Y decir qué? —interrumpió Rudy a Andrew, y aseveró—: ¿Que una profesora estaba ayudando a un alumno con sus estudios mientras todos estaban ocupados con los deportes? No creo que haya nada de malo en eso. Además, nunca he participado en un evento deportivo, ni siquiera en el pasado, y todos los profesores de este colegio lo saben.
Por no hablar de que estoy utilizando ese tiempo en mis estudios en vez de desperdiciarlo en algo irrelevante e inútil que nunca me ayudará en la vida. Si quiere ir a ver al director o publicar esto en el periódico, adelante. Pero es lo suficientemente inteligente como para saber que el criticado será usted.
Andrew apretó los dientes y dijo: —No te pases de listo conmigo, gusano miserable.
Dicho esto, Andrew abandonó el aula.
—Calvo —suspiró Rudy.
Rudy miró a Rize y vio que ella lo observaba con una mirada sentenciosa.
—¿Qué? —preguntó—. Por favor, no digas algo como «has sido grosero con él», porque esa mierda de tipo se merece que lo traten así.
Rize negó con la cabeza y dijo: —Solo me preguntaba una cosa.
—¿…? —Rudy enarcó una ceja como respuesta.
—Que no me gustaría que me trataras como tratas a Andrew.
—Mi humor y mi personalidad cambian dependiendo de la persona con la que estoy hablando —se encogió de hombros Rudy.
Rize sonrió levemente y preguntó: —¿Así que, si rechazo tu confesión de amor, me tratarías de esa forma?
—¿Como tú me tratas siempre a mí para llamar mi atención? —le devolvió la sonrisa Rudy.
Rize se acercó al pupitre de Rudy y se plantó frente a él con una mirada fulminante.
—Nunca supe que fueras tan descarado.
—Yo no diría eso. Ahora… —Rudy se reclinó y preguntó—: ¿Serías tan amable de resolver el problema que tengo? No puedo solucionarlo sin tu ayuda.
—¿Lo intento, entonces? —asintió y miró el libro sobre el pupitre de Rudy—. ¿De qué problema estás hablando?
—El problema de mi corazón.
—… —Rize negó con la cabeza con decepción y dijo—: Debería haberlo visto venir.
—Mi respuesta, por favor.
Rize lo meditó un momento y dijo: —De acuerdo. Te responderé si consigues el primer puesto en cualquiera de las actividades deportivas que se están celebrando ahí fuera.
—Oh…
—¿Qué? ¿Creías que era tan fácil acorralarme? Pues no. Si quieres mi respuesta, entonces tienes que ganártela —dijo con aire de suficiencia.
—Bien jugado —rio Rudy entre dientes.
Guardó sus cosas en la mochila y se levantó de su asiento.
—Vámonos.
—Espera, primero tengo que cerrar la ventana.
Rize se apresuró a cerrar la ventana abierta, pero cuando se dio la vuelta, sus labios fueron sellados por los de Rudy.
Abrió los ojos como platos al darse cuenta de que Rudy la estaba besando, y cuando abrió la boca un poco por la sorpresa, Rudy introdujo su lengua y empezó a besarla con pasión.
Rize intentó apartarlo, pero se dio cuenta de que aquella podría ser la última vez que besaría a Rudy, así que empezó a corresponderle al beso. Pero eso no duró mucho.
Unos segundos después, Rudy se apartó y dijo: —Vámonos. Se nos hace tarde.
…
Rize estaba enfadada porque no había podido besarlo tanto como él a ella. Lo empujó contra la pared y empezó a besarlo con agresividad.
—¿Crees que solo tú puedes iniciar los besos, eh? Pues yo también puedo.
Tras unos cuantos besos, Rudy recorrió el cuerpo de Rize con sus manos y dijo: —Vaya, alguien ha estado haciendo ejercicio.
—Te lo dije, he empezado a ir al gimnasio. Pronto empezaré a tomar clases de defensa personal, para poder aprender a defenderme.
—¿Ah, sí? Veamos de lo que eres capaz.
Rudy invirtió las posiciones y empujó a Rize contra la pared, pero no la besó como ella esperaba. Por supuesto, no estaba usando su poder y se valía únicamente de su fuerza humana.
—Intenta apartarme y haré lo que tú quieras.
Rize puso las manos en los hombros de Rudy e intentó empujarlo, pero él no se inmutó. Después, intentó liberarse de su agarre, pero tampoco funcionó.
—¿Qué ocurre? —sonrió él con arrogancia.
Rize acercó lentamente su rostro al de Rudy y comenzó a besarlo. Cualquiera habría pensado que se había rendido, pero no era así. Besó a Rudy porque quería acercarse a él.
Lo bastante cerca para agarrarle las joyas de la familia. Se las agarró con fuerza y dijo: —Si no me sueltas, te las aplasto.
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