Harén Esper en el Apocalipsis - Capítulo 683
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Capítulo 683: Vestido de fiesta
Rudy, Alice, Rias y Jane salieron del edificio y se dirigieron a la salida. Subieron al ascensor y se teletransportaron a la parte trasera de la isla, donde habían aterrizado a su llegada.
—¿Por qué no vienes también con nosotras? —le preguntó Rias a Alice.
Alice negó con la cabeza y las manos y dijo: —Paso.
—Todavía no está acostumbrada al cielo. Rara vez me deja volar con ella —le informó Rudy a Rias para que no se sintiera triste después de que Alice rechazara su oferta.
—¿Estás segura de que no quieres venir conmigo? Siempre puedes volar en la ciudad, ¿sabes? Solo tienes que volar por encima de las nubes y todo irá bien. Así es como aprendí a volar en mis primeros días. Joder, cómo los echo de menos ahora.
—…
—¿Qué? ¿Acaso vosotras dos no echáis de menos los días en que os salieron las alas por primera vez y aprendisteis a volar? —les preguntó Rudy con una mirada crítica.
—Preferiría no hablar de ello —dijo Jane mientras miraba de reojo a Rias—. No fue una experiencia agradable.
—Sí… Estoy completamente de acuerdo.
—Ahora tengo curiosidad. Tendré que encontrar una forma de sonsacaros esa información —murmuró mientras se frotaba la barbilla con la mano.
—Nos vamos.
—¿Acaso sabéis qué camino debéis tomar? —preguntó Rudy con una mirada crítica.
—Podemos adivinarlo por las estrellas. No eres el único que sabe leer las estrellas y el cielo.
Rudy se encogió de hombros y dijo: —Eso lo aprendí por mi cuenta.
Rias y Jane desplegaron sus alas y se elevaron hacia el cielo de un solo aleteo.
Alice las vio desaparecer en el cielo y murmuró: —Qué bonito.
—¿Mmm? ¿Tú también quieres alas? —preguntó Rudy con una sonrisa pícara.
—No, por favor.
La agarró por la cintura y se teletransportó directamente a la habitación de ella.
—Y ya estamos aquí.
Alice se sentó en la cama y apretó la sábana con las manos.
—Así que por fin ha llegado el momento, ¿eh?
—¿Mmm? —Rudy enarcó una ceja.
—Finalmente compraste un lugar donde cada chica tendrá su propia habitación. Una vez que hayas inspeccionado y restaurado el castillo, tendré mi habitación y… tendremos sexo…
—No me digas que te has puesto nerviosa justo ahora.
—No… —Alice negó con la cabeza y dijo en voz baja—: Es que… es como esa sensación de cuando sabes que te ha ido bien en los exámenes, pero aun así te sientes inquieta el día de los resultados.
—Oh, ya te entiendo.
Alice entrecerró los ojos y dijo: —Dudo que alguna vez te pongas nervioso por tener sexo con una chica.
—La primera vez siempre es estresante.
—Tu primera vez fue con Angelica. ¿Estabas nervioso? —preguntó ella con curiosidad.
—Técnicamente, esa no fue mi primera vez si incluyo la experiencia de mi vida pasada.
—Tu primera vez en tu vida pasada fue con… —Alice le sonrió con torpeza a Rudy mientras lo decía.
—Sí… mejor no hablemos de eso.
Alice miró el reloj de mesa que había en la mesita de noche y dijo: —Veré si puedo despertarme para ir a la escuela.
—No hace falta. Duerme todo lo que quieras.
—Pero dijiste que ibas a revisar el castillo después de la fiesta, y que eso llevaría unas cuantas horas. Si es así, Janet se quedará sola.
—No te preocupes por ella. Yo me encargaré. —Le apuntó con el dedo a Alice y dijo—: Tú céntrate en tu salud. Como dicen, una chica necesita tres cosas para tener una vida sana. Suficientes horas de sueño, suficiente felicidad y suficiente sexo.
—Te lo acabas de inventar.
—Lo hice, pero oye… estoy seguro de que alguien lo ha dicho antes —se encogió de hombros.
—Vete ya. Maria y Ruby deben de estar esperándote.
Rudy besó a Alice en los labios y dijo: —Buenas noches.
Se teletransportó a su habitación en la isla y se cambió de ropa, poniéndose el traje de fiesta que le habían dado.
Fue a la habitación de Ruby mientras se abotonaba los puños de la camisa y murmuró: —Joder… por qué los botones de los puños son siempre tan difíciles de abrochar.
Si Rudy hubiera aplicado un poco más de fuerza, los botones se habrían hecho añicos.
—¿Estáis listas? —les preguntó a Maria y a Ruby.
—Sí, ya estaba casi lista cuando irrumpiste en la habitación antes —respondió Ruby.
—Maria, ayúdame con el botón del puño, por favor.
—¿Y la corbata? ¿No te la vas a poner?
—Ni de coña. Eso no es para mí. Quiero borrarlas de la existencia. ¿Por qué alguien inventaría eso? Siento una curiosidad genuina por saber en qué pensaba la persona que las inventó cuando las diseñó.
En plan, oye, necesitamos un trozo de tela alrededor del cuello que haga que alguien parezca guay cuando lleva un traje o lo que sea. Sin ofender a los que les gusta llevarlas ni a la empresa que las fabrica.
Dijo mientras miraba a Ruby, ya que sabía que a Ruby le gustaba llevarlas con los trajes.
—Rara vez odias algo. ¿Qué te ha hecho la corbata? —preguntó Maria mientras le arreglaba el cuello de la camisa a Rudy.
—Uf… trauma de mi vida pasada…
—Lo sabía. Siempre tienes una razón para odiar algo.
—Y que lo digas. Hay gente en el mundo que odia algo solo porque no le gusta.
—¿No es lo mismo? —se preguntó Ruby con cara de perplejidad.
—Que no te guste algo no debería considerarse odiarlo. Simplemente deberían mantenerse neutrales o no dar su opinión en absoluto.
—Ejem… —El guardia que estaba en el umbral llamó a la puerta, que estaba abierta, y dijo—: La Maestra no deja de preguntar por usted. Antes, cuando dije que había abandonado la isla, parecía enfadada.
—Déjala estar. Apuesto a que me está viendo ahora mismo por las cámaras.
—¡Estás increíble! —Maria le sacó unas cuantas fotos a Rudy con el traje.
—Vamos, no me saques fotos.
—Las pondré como fondo de mi pantalla de bloqueo.
—Qué tortura.
—Eso hace que sienta curiosidad por tu fondo de pantalla de bloqueo. Dame tu móvil. Quiero verlo.
—Le di mi móvil a Angelica. Y creo que tengo el fondo de pantalla de bloqueo por defecto. A menos que Angelica trastee con los ajustes y lo cambie todo según su humor.
Se dio una palmada en la cara y continuó: —Una vez puso chicas de anime, que estaban casi desnudas, en mi pantalla de bloqueo. No lo sabía y, cuando saqué el móvil en el autobús, la gente me miraba como si fuera una especie de criminal.
—Eso lo convierte en el mejor ejemplo de lo que decías sobre gustar y odiar.
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