Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 273
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273: 269) Cambios en el feudo 273: 269) Cambios en el feudo Aparecí de repente en el feudo y, al hacerlo, noté cómo, cada vez que entraba, el lugar parecía cambiar un poco más.
Realmente me estoy esforzando en esto, y este pequeño territorio sigue creciendo y mejorando constantemente.
Solo con recorrer el pueblo se pueden ver nuevos edificios o mejoras en los ya existentes.
No puedo decir que ha sido fácil; prácticamente he gastado gran parte de mi energía en crear oro con el poder de la piedra filosofal que corre por mi sangre.
Todos esos viajes a Gringotts…
Pero estoy satisfecho.
Aunque ahora mi objetivo no está en el pueblo, pasar tiempo con las chicas tampoco está mal, aunque últimamente siempre están cansadas.
Tomé la decisión de entrenarlas después de que Petunia se recuperara de los rituales y descubriera que tenía la capacidad física de al menos tres hombres.
Ese se convirtió en mi nuevo objetivo, aunque sin descuidar el cariño y amor que merecen.
La mayor parte del entrenamiento no consiste en clases teóricas ni en ejercicios estrictamente prácticos, sino en realizar las misiones diarias y semanales del tablón.
Viajar a pequeños mundos donde no solo se curten en la vida real, sino que también exploramos y disfrutamos aventuras juntos.
Hablando de las misiones del tablón, ya he logrado comprender un poco cómo funcionan en cuanto a su duración.
Las misiones diarias pueden durar desde unas horas hasta pocos días.
Las semanales van desde semanas hasta meses.
Las mensuales pueden durar desde varios meses hasta unos pocos años.
Supongo que, si logro desbloquear las misiones anuales, estas podrían extenderse de varios años a décadas.
Ciertamente, gasté muchas monedas de cristal en actualizar el tablón, pero valió la pena.
En cuanto a las monedas de cristal: Las misiones diarias tienen una baja probabilidad de otorgarlas como recompensa, entre 1 y 10 monedas, pero encontrarlas es raro; suelen aparecer entre cientos de misiones.
Las misiones semanales ya presentan una probabilidad cercana al 50/50 de otorgarlas, aunque nunca vi más de 50 monedas de recompensa.
Las misiones mensuales ya ofrecen recompensas en centenas, pero la cantidad varía según el desempeño en la misión.
En fin, solo digo que las monedas gastadas se recuperan lentamente, pero en el futuro, ya no se tratará de compensar pérdidas, sino de obtener una verdadera ganancia.
Dejé de divagar en mis pensamientos mientras continuaba mi camino.
Miré a lo lejos, en el borde del feudo, donde en una zona despejada se erguía un gran campo de Quidditch.
Ese era el campo que construí para mi hermana y las brujas del Nido, tal como lo prometí.
Era grande, incluso más que el de Hogwarts, con las dimensiones de un estadio profesional.
Uno pensaría que con solo colocar tres aros en cada lado habría terminado rápidamente, pero no.
Este estadio no era normal.
Gasté bastante dinero en él, aunque, por suerte, no usé monedas de cristal.
Sin embargo, al final logré que cumpliera con mis expectativas: era el estadio perfecto para entrenar a las chicas.
Las gradas eran pequeñas, mucho menores que las de Hogwarts, pero eso no importaba, ya que el público no era una prioridad.
Los aros podían cambiar de forma y tamaño, además de moverse en distintas direcciones, girar o incluso desplazarse por el perímetro del campo.
También se podía modificar el ambiente y el clima: de la estabilidad actual a un calor abrasador, una helada, lluvias torrenciales o incluso granizo, todo sobre el campo.
Además, el suelo podía arder en llamas o transformarse en agua.
Entrenar aquí permitiría volar bajo cualquier condición.
Dejando de lado el campo de Quidditch, había muchas más cosas en las que había invertido.
Aunque esta vez gasté un poco más, seguí evitando el uso de mis preciadas monedas de cristal siempre que fuera posible.
Una de las opciones más útiles que encontré fue la capacidad de invocar jugadores NPC de Quidditch—aunque de nivel bastante bajo—durante una hora al día para jugar partidos de práctica.
Si quisiera, podría invocar verdaderos profesionales, pero no estaba dispuesto a gastar mis monedas de cristal en ello.
Sin embargo, hubo otras mejoras en las que sí decidí invertir.
Adquirí varias Snitch mejoradas, no solo en velocidad y agilidad, sino con habilidades únicas; algunas pueden teletransportarse cada cierto tiempo, mientras que otras se calientan al rojo vivo al ser tocadas.
También conseguí Quaffles que aumentan de peso cuanto más tiempo las llevas contigo y Bludgers con una inteligencia de rastreo y ataque muy superior a las normales.
Estas últimas incluso pueden multiplicarse o adoptar las propiedades de las otras pelotas.
En definitiva, este campo no solo serviría para entrenar a los mejores jugadores de Quidditch, sino que también podría forjar la fuerza aérea mágica más competente del mundo.
Aun así, ese no era mi objetivo por ahora.
Esa fase vendría más adelante, cuando invitara a las chicas a entrenar aquí.
Pero antes de eso, me aseguré de dividir el espacio para que ninguna de ellas pudiera percibir ni acceder al resto del feudo.
Con esa idea en mente, continué mi camino.
Me alejé de las construcciones humanas y me dirigí hacia los exteriores, a los pequeños bosques periféricos.
En el trayecto, pasé junto al cementerio donde suele residir Helena, y sí, allí estaba.
Este cementerio había crecido enormemente desde su construcción.
Al principio, era poco más grande que una casa y contaba con apenas menos de una decena de tumbas.
Ahora, su tamaño se había multiplicado casi diez veces, y su atmósfera era completamente distinta.
Además de las tumbas en el suelo, se habían construido algunas criptas y un pasaje subterráneo que conducía a una catacumba, cuyo tamaño era equivalente al del cementerio original.
Aunque tenía pequeños senderos y algunos árboles, este lugar no era un cementerio colorido ni apacible.
No, solo acercarse a él bastaba para sentir la presencia de la muerte.
La tierra parecía estar marchita, los árboles secos y ennegrecidos, y aunque en el feudo las nubes eran escasas, la mayoría parecían acumularse aquí, volviendo este sitio más oscuro que cualquier otra parte.
Helena se encontraba en el centro del cementerio, en lo que podría haber sido una pequeña plaza si no fuera por el círculo mágico grabado en el suelo, decorado con calaveras en las esquinas y otros elementos nigrománticos.
De vez en cuando, se podía ver a la fantasma absorbiendo corrientes de energía, unas de un verde espectral y otras de un azul gélido.
No muy lejos de allí, se alzaba una pequeña torre—o quizás debería llamarlo pilar—con un orbe en la parte superior que emanaba la misma energía que Helena absorbía ocasionalmente.
Toda esta expansión del cementerio se debió a nuestro viaje a la Necrópolis.
No obtuvimos demasiado en aquella misión, ya que resultó ser increíblemente difícil.
Había tanta magia de muerte instantánea que el “Avada Kedavra” de Voldemort parecía un simple truco de campesinos en comparación con lo que encontramos allí.
Sin embargo, lo poco que conseguimos lo aprovechamos al máximo.
El único problema real es que, en teoría, si Helena dejara de absorber esta energía, en menos de un mes algunos cadáveres comenzarían a levantarse por sí solos.
Su intervención ralentiza este proceso, pero no lo detiene por completo.
El cementerio sigue acumulando grandes cantidades de energía de la muerte, y poco a poco se está convirtiendo en un lugar similar a la Necrópolis: una tierra dominada por los muertos.
Y esto solo empeorará a medida que el cementerio continúe mejorando.
Aunque en el futuro esto podría ser útil para entrenar, por ahora los muertos que podrían alzarse son simples criaturas sin mente, meros espectros que solo buscan destruir la vida.
Son débiles…
pero, ¿por cuánto tiempo?
Quizás, si logramos regresar a la Necrópolis, podamos descubrir más secretos.
En ese mundo, en una sola casa podría haber tanto conocimiento sobre la muerte como el que podría existir en un país entero aquí.
Dejé atrás el cementerio y, finalmente, llegué al bosque.
Me dirigí a una zona en particular que ahora estaba cubierta de telarañas, aunque dentro de un área bastante controlada.
Suspiré, consciente de lo que me esperaba allí, sin estar del todo seguro de cómo debía sentirme, e ingresé.
Mi prole arácnida había nacido hacía ya un tiempo.
Al nutrirlas con mi magia de sangre mientras aún estaban en sus huevos, había acelerado su nacimiento más de lo que hubiera imaginado.
En realidad, de no haberlo hecho, su incubación habría tomado mucho más tiempo que el de una acromántula común.
Lo sé bien, pues tuve que alimentarlas varias veces antes de sentir que su vitalidad alcanzaba un nivel aceptable.
Parecía que la hibridación había prolongado su periodo de gestación, pero, una vez resuelto ese obstáculo, nacieron incluso más rápido que sus congéneres normales.
No puedo negar que su existencia me sorprendió.
Desde sus características físicas hasta sus particularidades, todo en ellas resultaba fascinante… y, de algún modo, familiar.
Eran mis hijas.
Mudaron su piel por primera vez poco después de nacer, un proceso que me resultó extraño de presenciar.
Gracias a mi constante apoyo y nutrición, crecieron con rapidez, alcanzando la adultez en cuestión de semanas.
Fue un desarrollo asombroso.
Noté que, a diferencia de su larga incubación, su crecimiento posterior era increíblemente acelerado.
Ahora, de pie en medio del bosque cubierto de telarañas, podía sentir su presencia acechando entre las sombras.
Eran mis pequeñas, aquellas que habían crecido tan rápido.
No pude evitar sentir un calor interno, un afecto instintivo hacia ellas.
Al principio, todo había sido un experimento… pero ahora, ya no me importaba cambiar mi punto de vista.
Sin embargo, este no era el momento para sentimentalismos.
Mis hijas debían salir al mundo.
Este bosque, aunque seguro, era un entorno vacío: no había depredadores, no había presas, no existía un ecosistema completo real.
Ellas, por naturaleza, eran criaturas dominantes; dejarlas aquí por más tiempo podría afectarlas mentalmente, no se adaptaban a la paz.
Necesitaban enfrentar el exterior.
Me quedé inmóvil en el centro del bosque, cerré los ojos y aguardé.
No tardé en escuchar los pasos veloces y emocionados acercándose por todas partes.
En cuestión de segundos, me vi rodeado.
Pude sentir sus emociones… y lo único que me impedía apegarme aún más a ellas era la certeza de que no podían amar como un humano.
Tal vez por su especie o por alguna otra razón, su afecto hacia mí apenas alcanzaba un décimo de lo que sentiría un humano en las mismas circunstancias.
Pero lo que sí tenían era un respeto y una lealtad inquebrantables, algo que difícilmente cualquier ser humano podría imitar.
Era una conexión profundamente jerárquica, un reconocimiento absoluto de que yo estaba por encima de ellas.
Lo aceptaban como una verdad innegable.
Y, en cierta forma, quizás debido a mi propia naturaleza inhumana… yo también lo comprendía.
“Chicas, llegó la hora” Anuncié mientras activaba [Viaje de Masa].
“Como les dije, es momento de partir.
Las llevaré a cumplir su primera tarea.” “¡Ssssiiiissss!” “¡Vamoss!” “¡Papaaaahhh!” “No peudo esperar” *sonidos de araña*(Quiero cazar…) Las escuché dirigirse a mí con sus característicos tonos chasqueantes.
Bueno… al menos, aquellas que podían hablar.
Sin embargo, incluso las que no poseían voz articulada lograban hacerse entender.
Y no me refiero únicamente a la [Esencia de Druida], que también facilitaba la comunicación, sino a la extraña conexión que compartíamos.
No era una comprensión perfecta, como si hablaran en un idioma familiar, pero podía captar sus intenciones y las emociones que intentaban transmitir.
Teníamos un vínculo profundo e instintivo.
Pocos instantes después, desaparecimos del feudo.
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