Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 277
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- Capítulo 277 - 277 273 Operación infiltración 2
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277: 273) Operación: infiltración 2 277: 273) Operación: infiltración 2 El grupo de cuatro llegó a la sala común de Slytherin bajo la dirección de Pansy.
Durante el trayecto, esquivaron a cualquier persona que pudiera cruzarse en su camino, evitando llamar la atención, ya que los personajes que interpretaban no solían tener mucha relación entre sí.
Mientras caminaban, susurraban entre ellos para repasar detalles del plan.
Lo que no sabían era que un charco de sangre invisible los seguía de cerca, sin que ninguno lo percibiera.
Harry y Ron desconocían por completo cuán desventajosa era su posición si las cosas salían mal.
Un pacto de sangre, hecho sin su pleno entendimiento, les impedía revelar ciertos aspectos de lo ocurrido, forzándolos a asumir la mayor parte de la culpa si fallaban.
No es que fueran ingenuos, valientes o generosos al punto de aceptar algo así con facilidad.
Más bien, las chicas los habían confundido lo suficiente con una charla distraída, dejándolos incapaces de analizar los riesgos.
A pesar de ello, probablemente hubieran aceptado igual: eran temerarios, ignoraban el peligro real y estaban desesperados por descubrir si Malfoy era el heredero de Slytherin o, al menos, conseguir pistas que los acercaran a la verdad.
Al llegar a la entrada de la sala común, Pansy pronunció la contraseña: “Sangre limpia”.
Era una clave reciente; todas las contraseñas de las últimas semanas tenían la misma temática, dejando clara la ideología predominante en Slytherin sobre la pureza de sangre.
Probablemente, estas medidas buscaban ganarse el favor del supuesto heredero, en caso de que realmente existiera, y evitar cualquier represalia.
Aunque nadie sabía con certeza quién podría ser el heredero o cuáles eran sus verdaderas intenciones, los más paranoicos preferían prevenir antes que lamentar.
Dentro de la sala principal, las chicas y los chicos se separaron rápidamente.
El plan consistía en reunir a los objetivos en ese lugar y, una vez allí, obtener información sin levantar sospechas.
Este lugar era estratégico: cercano a la salida para facilitar un escape rápido y lo suficientemente amplio como para que pudieran vigilarse y apoyarse mutuamente si fuera necesario.
Los primeros objetivos no representaron mayor problema; eran presas fáciles y sus respuestas apenas requerían esfuerzo para obtener.
Después de todo, este era solo un tanteo inicial.
Sin embargo, el principal objetivo era Draco Malfoy, sobre quien recaían las mayores sospechas.
Interrogarlo a fondo requeriría un enfoque más arriesgado, pues no bastaría con lanzar preguntas triviales.
Por esa misma razón, Harry y Ron se encargaron de esta tarea, mientras las chicas observaban desde una distancia prudente, listas para intervenir si algo salía mal.
La situación resultó más sencilla de lo esperado, ya que el propio Malfoy se acercó al ver qué hacían Crabbe y Goyle.
Harry y Ron no eran precisamente actores ni investigadores expertos, pero su mayor ventaja seguía siendo la suerte.
Los personajes que estaban suplantando eran lo suficientemente torpes y simples como para que su actuación mediocre pasara desapercibida, al menos ante alguien como Malfoy.
Si hubieran tenido que enfrentarse a alguien más astuto, como un profesor, seguramente no habrían salido tan bien parados.
Millicent y Pansy también estaban cumpliendo con su parte no muy lejos de los chicos, mientras mantenían un ojo atento a lo que ocurría con ellos.
Les iba mejor en cuanto a actuación, ya que conocían mejor a quienes suplantaban y habían practicado bastante para ello.
Sin embargo, eso no significaba que fuera sencillo.
Los nervios y la ansiedad crecían cada vez que la persona con la que hablaban parecía confundida por su comportamiento o preguntas.
A pesar de esos momentos incómodos, lograron mantener el control y salir adelante.
Preguntar sobre la Cámara de los Secretos no era tan extraño ni complicado.
Era el tema del momento, y con cada nuevo ataque el interés y las especulaciones crecían aún más.
Las chicas hacían preguntas cuidadosamente preparadas, diseñadas para obtener algo útil: nerviosismo, respuestas contradictorias respecto a conversaciones anteriores, o incluso confesiones accidentales.
Se había trabajado mucho en estas preguntas, esforzándose para que sonaran naturales, pero, a pesar de ello, no podían excederse.
Un interrogatorio demasiado insistente levantaría sospechas.
No eran actrices profesionales ni espías entrenadas, pero hicieron lo mejor que pudieron.
Por su parte, Malfoy no era particularmente difícil de sonsacar.
Siempre había tenido la boca suelta y un impulso por demostrar más de lo necesario.
Harry y Ron, una vez más, se beneficiaban de la suerte.
Sin embargo, aún no lograban obtener la información que buscaban.
En su lugar, Malfoy se desvió para mostrarles una noticia del Profeta Diario sobre el incidente del coche volador de los Weasley, en el que Arthur Weasley había sido multado.
Debido a la conocida rivalidad entre los Malfoy y los Weasley, Draco encontró la noticia tremendamente divertida, burlándose abiertamente.
Harry y Ron tuvieron que seguirle el juego, fingiendo risas nerviosas y forzadas mientras se sentían cada vez más incómodos.
Era especialmente humillante tener que soportar aquello, sabiendo que ellos mismos habían causado el problema.
La conversación continuó, pero tomó un giro que incomodó a algunos presentes, mientras Draco, inconsciente de la molestia que estaba causando, seguía hablando con arrogancia.
“Me sorprende que El Profeta aún no haya dicho nada sobre todos estos ataques.
Supongo que Dumbledore está ocultándolo todo.
Si esto no se detiene pronto, tendrá que dimitir.
Mi padre siempre dice que la dirección de Dumbledore es lo peor que le ha ocurrido a este colegio.
Le gustan demasiado los de familias muggles.” Draco hizo una pausa, frunciendo el ceño y agitando la cabeza con un gesto de desdén antes de continuar.
“Lo segundo peor es que ese estúpido Weasley haya entrado en Slytherin.
Aún no puedo creerlo” dijo con un tono cargado de desprecio.
“Mancha nuestro buen nombre con su sola presencia.
Los Weasley son todos traidores, igual que quienes los apoyan.
La dignidad de los sangre pura queda arruinada por gente como ellos.” Tanto Pansy como Millicent no estaban demasiado lejos, y el volumen de la voz de Draco no era precisamente bajo.
Ninguna de las dos estaba contenta con lo que escuchaban, pero era Pansy quien claramente parecía más molesta.
No le gustaba que despreciaran a Red por nada, aunque podía tolerarlo por el bien de la misión.
Sin embargo, Malfoy nunca sabía cuándo cerrar la boca.
Insultar a los Weasley…
en el pasado, ella misma lo habría hecho sin reparo.
Pero ahora todo era diferente.
Últimamente, Pansy se llevaba bastante bien con Ginny, especialmente en este último tiempo.
La pequeña Weasley, además de sospechar sobre la relación ilícita que Pansy mantenía con su hermano, parecía apoyarla de verdad.
Aquello la sorprendía.
Ginny no solo había guardado silencio, sino que había dejado en claro que no interferiría en su relación con Red, siempre y cuando él tuviera la libertad de extender sus alas hacia otros.
Esa condición desconcertó a Pansy al principio, pero pronto entendió que Ginny parecía estar despejando el camino para Luna, como había insinuado antes.
A Pansy no le molestaba.
Después de aceptar el tipo de relación que su amado planteaba y deseaba, estaba dispuesta a abrir un poco las puertas, incluso para alguien tan peculiar como Lovegood, siempre y cuando supieran quién mandaba.
Por todo esto, el apoyo de Ginny a su relación con Red, pese al secretismo, era algo que Pansy valoraba mucho.
Pero justo por eso, las palabras de Malfoy solo aumentaban su enojo.
“No puedo creer que por un momento pensara que podría ser un verdadero Slytherin, ya saben, con lo poderoso que es” dijo Draco con desdén.
“Pero toda idea de que tuviera una pizca de nuestra nobleza y honor se fue al escusado en el momento en que empezó a salir con esa odiosa sangre sucia presumida.
Que alguna prostituta muggle haya abierto las piernas para un mago en el pasado no le da el derecho de creerse igual que nosotros.
Y viendo cómo se pega a Weasley, solo demuestra lo zorra que es, igual que sus antepasados.
Es casi tan molesta como él.
No creo que ningún director que se respete dejaría entrar a semejante desgracia en la escuela.
No importa qué tan fuerte sea, tener una novia de tan baja clase…” Pansy ya tenía una vena latiendo visiblemente en su frente y las manos fuertemente apretadas.
Sí, odiaba a Hermione, pero nadie, absolutamente nadie, tenía derecho a denigrarla de esa manera…
salvo ella.
No podía negar las virtudes de Granger, por más que le costara admitirlo.
En el pasado, siendo su amiga durante un breve tiempo, había llegado a respetarlas.
A pesar de la complicada situación entre ellas, Pansy sabía que Hermione era mucho más que las palabras de Malfoy.
Y mientras lo escuchaba hablar, no podía evitar preguntarse cómo era posible que alguna vez hubiera llegado a gustarle Malfoy.
Ahora solo sentía una furia creciente y un deseo casi incontrolable de golpear algo para calmarla.
Aunque tampoco estaba segura si su enojo se debía más al insulto hacia su amiga/enemiga o al hecho de que se refirieran a Hermione repetidamente como la “novia” de Red.
“…tiene el mismo gusto que un troll.
Cualquier mujer que pueda considerarse su novia es tan desagradable como el moco de un gusarajo, y él es igual que el propio gusarajo.” Su tono era sonoro, cargado de desdén.
*Whoosh* Malfoy tuvo que interrumpir su discurso abruptamente cuando una taza de té salió volando hacia él y le golpeó en la cabeza.
Por suerte para él, la taza no estaba llena de té caliente; de lo contrario, podría haber salido mucho peor parado.
“¡¿Qué demonios?!” exclamó furioso, girándose para mirar hacia atrás.
Todos los presentes lo miraron, sorprendidos tanto por el ataque como por la taza, que ahora rodaba por el suelo.
Sin embargo, nadie parecía dispuesto a asumir la autoría ni a señalar de dónde había venido.
Draco, irritado, despotricó durante unos minutos, pero su berrinche no llegó a nada concreto.
La persona responsable del ataque había sido lo suficientemente astuta como para disimular y ya se estaba alejando con pasos firmes y un enojo evidente.
Por lo bajo, casi murmurando, repitió con tono burlón: “Tú eres un gusarajo…
y todas tus novias son mocos de gusarajo.” El incidente interrumpió por completo el flujo de información que los infiltrados buscaban obtener.
A pesar de los intentos de retomar el tema, Malfoy estaba demasiado alterado y solo le interesaba descubrir quién se había atrevido a atacarlo.
Rápidamente mandó a los falsos Crabbe y Goyle a investigar.
Harry y Ron, viéndose obligados a interpretar sus papeles, no tuvieron otra opción que seguir sus órdenes.
Sin embargo, su suerte cambió cuando Millicent chocó con ellos en el pasillo.
Astutamente, mencionó el nombre de la chica que Pansy estaba interpretando, dejando entrever que se había marchado justo después del ataque a Malfoy.
Draco, enfurecido, ordenó a Crabbe y Goyle que fueran a buscarla.
Esta distracción les dio a Harry y Ron la oportunidad perfecta para escapar sin problemas.
Con el caos a su favor, los infiltrados lograron salir de la sala común de Slytherin con tiempo suficiente para esconderse y cambiarse antes de que la poción multijugos se disipara.
Todo el grupo cumplió con su parte de forma eficaz, y pronto se dirigieron hacia los baños de Myrtle la Llorona, donde se reunirían para hacer un resumen de la misión.
Gracias al pacto establecido, Harry y Ron estaban obligados a relatar todo lo ocurrido sin omitir detalles, para luego olvidar por completo que lo habían contado.
Este pacto también eliminaba cualquier recuerdo de la participación de las chicas más allá de haberles proporcionado la poción, cortando así cualquier posible rastro que pudiera llevar a ellas.
En el camino de vuelta, se reencontraron con Pansy, quien se unió al grupo.
Al llegar al baño, encontraron a las demás: Penelope, Padma, Parvati, Ginny, Luna, Daphne, y una Lavender escribiendo diligentemente en su libro mientras conversaba con Myrtle.
Sin embargo, algo estaba mal.
Las caras de las chicas reflejaban preocupación.
“¿Le pasó algo a Hermione?” preguntó Harry de inmediato, temiendo que algo grave hubiera ocurrido con la poción.
“Sí, pero nada serio” respondió Daphne, calmadamente.
“Red dijo que nos relajáramos.
Está en la enfermería, y pidió que no lo molestemos.” “¿Y entonces por qué tienen esa cara?” Preguntó Ron, algo desconcertado.
“Hubo otro ataque”dijo Penelope, cortante.
“Fue un prefecto de Slytherin…
y nuestras sospechas esta vez eran incorrectas.” La noticia dejó atónitos a quienes no estaban al tanto, pero no había tiempo para procesarlo del todo.
Siguiendo el protocolo, los infiltrados relataron todo lo que había sucedido mientras Lavender lo registraba cuidadosamente.
Una vez hecho esto, el grupo se preparó para una reunión inmediata en la que planificarían el siguiente paso.
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