Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 278
- Inicio
- Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo
- Capítulo 278 - 278 274 La Gatita y la Bestia
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
278: 274) La Gatita y la Bestia 278: 274) La Gatita y la Bestia La enfermería estaba inusualmente tranquila aquella tarde.
Aparte de los alumnos petrificados y la nueva incorporación al grupo de pacientes, había pocas personas.
Algunos curiosos intentaron asomarse para averiguar quién era la nueva víctima y en qué estado se encontraba, pero la señora Pomfrey los echó sin miramientos.
Entre los pacientes que permanecían allí, había alguien que prefería mantenerse oculta.
Detrás de unas cortinas cerradas, Hermione se refugiaba en su cama, sintiendo una vergüenza insoportable.
No podía soportar la idea de que los demás la vieran en ese estado.
Pero, para su desgracia, la persona a la que más quería evitar… había llegado.
“Hermione…” llamé suavemente.
Un sobresalto recorrió su cuerpo.
“¡¿Red?!
¿Qué haces aquí?!” exclamó, alarmada, aferrándose a la sábana y cubriéndose hasta la cabeza.
“¿Cómo que qué hago aquí?” respondí, fingiendo inocencia.
“Vine a ver a mi novia en la enfermería.
¿No es lo lógico?
¿O acaso esperabas que ni siquiera me preocupara por ti?” Mi voz se tornó dolida.
“¿Es que solo me consideras tu novio por apariencia?
¿Acaso… ni siquiera crees que lo nuestro es real?” “¡No!
Yo…” su voz sonó débil, llena de inseguridad, pero no se movió ni un centímetro de su escondite.
“No quiero que me veas así…” Suspiré, aunque una sonrisa traviesa se asomó en mis labios.
“Hermione… ya sé cómo te ves.
Las chicas me lo dijeron… gatita.”(Red) “¡RED!” chilló, con un tono entre furioso y avergonzado, aferrándose aún más a la sábana.
Por suerte, ya había lanzado encantamientos insonorizantes en esta pequeña sección, así que nadie más podía oírnos.
Reí con diversión y, sin contenerme, pasé mi mano por encima de las sábanas, acariciando suavemente su pie… o más bien, su patita peluda.
“Recuerdas cuando te negaste a usar el disfraz de gato para la fiesta de Halloween?” pregunté con tono burlón.
“Parece justicia divina.” “¡Esto no es justicia divina, es una broma cruel!” sollozó, indignada.
“Seguro que todo esto es tu culpa.” “¿Cómo podría ser mi culpa?
Aunque me encantaría atribuirme el mérito…” reí con malicia.
“Pero, aceptémoslo, esto te pasa por rechazar mi idea del disfraz.” Para provocarla aún más, le hice cosquillas.
“¡Ya suéltame!” pataléo, tratando de alejarme.
“Soy tu novia, ¡no puedes tratarme así!” “Si realmente fueras mi novia, me dejarías verte” dije con fingido dramatismo.
“No puedes mantenerme en la incertidumbre así, sin saber qué te pasa…” “Te vas a reír…” murmuró con vergüenza.
Todo lo que quería era que me fuera y no la viera hasta volver a la normalidad.
Me acerqué un poco más, bajando la voz.
“Hermione… incluso si me río, ¿qué más da?
Tú misma lo dijiste: soy tu novio.
Y como tu novio, tengo derecho a reírme de ti… al igual que tú tienes derecho a burlarte de mí.
Pero mientras nos sigamos queriendo, nada de eso importa.” Volví a acariciar su pierna con ternura, sintiendo la suavidad de su nuevo pelaje.
“No te ocultes de mí.
Ni tu belleza ni tu fealdad cambiarán lo que siento por ti.
Porque eres tú, Hermione.
Mi novia.
Mía… sin importar la forma en la que estés.” Bajo la sábana, su cuerpo tembló ligeramente.
Había logrado conmoverla, al menos un poco.
Sus amigas ya la habían visto, al igual que Madam Pomfrey.
Y ella me conocía demasiado bien.
Sabía que, en su estado actual, yo no me detendría hasta descubrir la verdad… con o sin su consentimiento.
La sábana comenzó a deslizarse lentamente de su cabeza, dejando ver primero su cabello despeinado y las adorables orejas de gato que sobresalían de él.
Sus ojos tímidos se asomaron poco después, brillando con un destello dorado a la luz tenue de la enfermería.
Finalmente, su rostro quedó completamente expuesto, cubierto de un fino pelaje, con bigotes que se movían sutilmente con su respiración agitada.
A los ojos de Hermione, mi expresión permanecía estoica, inmutable, profesional.
No había reacción alguna en mi rostro mientras la miraba.
Sus manos temblorosas se relajaron poco a poco al no ver en mí ninguna burla ni desprecio.
Pero estaba equivocada… No me reí.
No me burlé.
Pero tampoco me mantuve indiferente.
Mi mirada estaba atrapada en su nueva forma.
Sus ojos felinos, su expresión vulnerable, su nuevo cuerpo híbrido… todo ello despertó algo primitivo en mi interior.
Algo que había permanecido dormido, nacido desde mi tiempo en aquel bosque con Elise y que mis recientes experiencias en la naturaleza con mis hijas arácnidas para experimentar con ellas había reactivado sin que me diera cuenta.
Eso, qué mis habilidades crearon en mí, había estado acechando bajo la superficie, esperando una oportunidad para salir.
Y ahora, ante mí, Hermione no era solo Hermione.
Era algo más… algo salvaje.
Algo que hacía hervir mi sangre y avivaba una parte de mí que nunca había querido que me controlara.
“¿Red…?” preguntó con un atisbo de inquietud al notar cómo mis pupilas se estrechaban en finas líneas verticales.
Pero antes de que pudiera decir más, salté sobre la cama.
Un grito ahogado escapó de sus labios cuando la cubrí con mi sombra, atrapándola debajo de mí.
Mi respiración era pesada, irregular, mis manos se aferraban a la cama a ambos lados de su cabeza… o mejor dicho, mis garras.
Hermione palideció al verlas.
No solo mis garras.
Mis dientes eran más afilados.
Mi lengua, al deslizarse instintivamente por mis labios, era larga y puntiaguda.
Mi postura era la de un depredador sobre su presa, y lo peor… lo peor era lo que surgía de mi espalda.
Tentáculos oscuros, rojizos en sus extremos, retorciéndose con ansiosa violencia.
No eran imaginarios.
No eran meros vestigios de un aura agresiva.
Eran reales.
Palpables.
Bestiales.
“¡R-Red?!” tartamudeó con una voz temblorosa, con una súplica implícita en cada sílaba.
Su respiración se aceleró, y su cuerpo se tensó debajo del mío.
Podía oler su miedo.
Mi lengua se deslizó por su cuello peludo en un gesto instintivo, casi reverente, como si estuviera reclamando su sabor, probándola, marcándola.
“¿Q-qué estás haciendo?” su voz quebrada apenas logró salir de su garganta.
Mis labios se curvaron en una sonrisa temblorosa.
Mi mente racional se dejaba llevar por el rugido en mi interior, el instinto era tiranico.
“Me estás volviendo loco…” susurré con voz ronca.
“Hermione, quiero aparearme contigo como nunca pensé que lo querría.
¡Quiero follarte salvajemente!” Dije enardecido con una muy evidente erección que parecía querer romper mis pantalones.
Estaba muy excitado, no sé por qué, pero la idea de follar como un par de animales salvajes me emocionaba mas de lo esperado.
“¡No!” gritó de inmediato, retorciéndose bajo mi peso, pero el hechizo insonorizante impidió que su súplica llegara a oídos ajenos.
“¡Red, no está bien!
¡Esto no está bien!” Su pánico llegó a mí, pero puede que solo me emocionara aún mas.
Mi respiración seguía agitada.
Mi corazón martilleaba en mi pecho con una furia desenfrenada.
“Eres mi novia… mi hembra…” murmuré con una intensidad febril, incapaz de detenerme.
“Y voy a llenarte de gatitos…” “¡Por favor, Red, no…!” Un maullido ahogado escapó de los labios de Hermione cuando mis manos tocaron su cuerpo, desabrochando su ropa, pero tambien cerca de romperla.
Lo peor para Hermione no era solo el miedo paralizante que la consumía.
Era la traición de su propio cuerpo.
A pesar del terror que sentía, algo en ella reaccionaba instintivamente a mi presencia, a la forma en que la dominaba con mi cuerpo, a la intensidad de mi mirada hambrienta.
Su respiración entrecortada no era solo por el pánico, y eso la aterrorizaba aún más.
No quería esto.
No quería sentirse así.
Pero su cuerpo… su nuevo cuerpo, mitad bestial, mitad humano, parecía decirle otra cosa.
Como si algo primitivo dentro de ella la empujara a ceder.
Y eso solo la desesperaba más.
“Lo siento, Hermione…” murmuré con voz ronca, mis ojos recorriendo cada detalle de su expresión aterrada.
“Pero creo que despertaste mi lado furry.” Me reí internamente con esa declaración, pues claramente Elise ya se había encargado de eso hace mucho tiempo.
Hermione sollozó, sus manos temblorosas empujando contra mi pecho sin éxito.
“Por favor… para… haré lo que sea…” suplicó con voz rota, con el miedo reflejado en cada palabra.
Pero yo no me moví.
No todavía.
“Lo único que tienes que hacer es dejarte llevar, saldrá natural” dije con una voz cada vez mas gutural.
“Por favor…” suplicó una vez más, su rostro empapado en lágrimas.
“Esperemos un poco más… para hacer esto…” Su voz era frágil, quebrada, casi ahogada por el sollozo.
Cada palabra que decía estaba teñida de desesperación y una resistencia que menguaba cada vez mas.
“No quiero esperar.
Solo quiero tenerte.”Mi voz salió grave, mientras mi propio cuerpo actuaba por instinto.
La tela de mi ropa se rasgaba sin que yo siquiera lo notara, deshaciéndose bajo el movimiento salvaje de los tentáculos carmesí que brotaban de mi espalda.
“Y-yo… lo haré…”susurró, su cuerpo temblando violentamente contra el mío.
“Pero no ahora… por favor… dame tiempo… solo un poco más de tiempo… aún no estoy lista… no quiero que sea así” Su llanto se ahogó contra mi pecho, sus lágrimas empapando mi piel caliente.
Mis garras se clavaron un poco más en la cama mientras la miraba desde arriba, mis pupilas afiladas analizándola con una mezcla de deseo y frustración.
“¿Estás diciendo que quieres tener sexo conmigo?” pregunté, relamiendo mis dientes afilados con mi alargada lengua.
Ella asintió entre sollozos, su expresión suplicante, completamente vulnerable.
“S-sí… pero por favor… espérame… solo un poco más…” Su voz apenas era un susurro, un último intento de apelar a lo poco de humanidad que quedaba en mí.
“Bueno… creo que podemos esperar un poco más.” Dije, tratando de controlar mi excitación salvaje.
La verdad es que la Hermione “gatuna” había despertado algo en mí que no sabía que era tan fuerte, algo primitivo que rugía por salir.
Pero el ver la angustia en sus ojos, su miedo palpable, me hizo dudar.
No valía la pena hacerlo de esta manera.
Podría saltar sobre ella, podría hacer que lo disfrutara, pero verla llorar así me desgarraba por dentro.
Ella no era una presa, no era un enemigo.
Era mi novia.
Tal vez, por la influencia de Elize, había algo en mí que entendía que esto no era lo correcto, aunque la tentación seguía ardiendo dentro de mí.
“Gracias…” Susurró, con el miedo claramente reflejado en su mirada.
No se atrevía a mirarme directamente, y eso me desgarraba más de lo que podía admitir.
Luego, comenzó a llorar desconsoladamente, mucho más que antes.
Ahora parecía que había un respiro, un alivio.
Ya no se sentía tan acorralada.
“Lo siento, Hermione…” Suspiré, abrazándola con fuerza y usando mi magia para calmarla.
“No creí que verte así pudiera hacerme… convertirme en una bestia.” La sostuve entre mis brazos, viéndola poco a poco recomponerse, como un desastre felino que finalmente encontraba su lugar.
Finalmente, se quedó casi dormida, sus lágrimas cesaron, y su respiración se volvió más tranquila.
“Red…” murmuró entre sollozos, cerrando los ojos y soltando las últimas lágrimas.
“Tengo miedo… Yo no quiero que seas así…” “Lo sé, perdón…” respondí con voz suave, arropándola con ternura.
“Fue algo repentino… trataré de controlarlo.
Pero si no puedo, quiero que sepas que, aunque me convierta en un monstruo, seré tu monstruo.
Y tú serás mi gatita.
Estaremos juntos, y me aseguraré de que todo esté bien.” Le tomé la mano con suavidad, usando [Calma] para que pudiera descansar tranquila, esperando que esos pensamientos de desesperación desaparecieran de su mente por un tiempo.
Sabía que esto no sería fácil de resolver, no en el corto plazo.
Podía ver en su rostro la huella de la desesperación, la duda y el miedo.
Tal vez me había dejado llevar más de lo que debí.
Pero no podía evitarlo, me gustaba mi pequeña gatita, más de lo que pensaba.
A veces, me preguntaba si podría mantenerla así, pero luego, me di cuenta de que esos pensamientos eran peligrosos.
No quería pensar como en la versión malvada de mí mismo.
Necesitaba esperar, dejar que la relación evolucionara de manera natural.
Dejar que ella aceptara primero todo lo demás que sucedía conmigo.
Todo debía hacerse con paciencia… y luego la convenzo de transformarse en su versión felina de vez en cuando.
—///— patreon.com/Lunariuz
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com