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Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 283

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  3. Capítulo 283 - 283 279 Feliz navidad
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283: 279) Feliz navidad 283: 279) Feliz navidad Las chicas del feudo se levantaron temprano ese día, a pesar de habernos acostado tarde después de la cena de Nochevieja.

Las habitaciones eran compartidas, pero lo suficientemente cómodas como para no necesitar compararlas con los dormitorios del colegio.

Solo hizo falta que una se despertara para que las demás la siguieran, impulsadas por la emoción del día.

En este caso, fue Lavender, quien apenas pudo dormir de la emoción por el regalo que les esperaba.

Desde que abrió los ojos, no dejó de despertar a sus compañeras para que fueran a buscarme y recibir sus obsequios.

Aunque, bueno… en su mente, lo único que podía imaginar era estar junto a todas sus amigas encadenadas mientras yo, desnudo, iba una por una… Las chicas se fueron levantando una a una, algunas con más esfuerzo que otras, pero la promesa de regalos fue suficiente incentivo para que todas hicieran el pequeño sacrificio de abandonar el calor de sus camas en una gélida mañana.

Cuando salieron de sus habitaciones y llegaron al área principal de la guarida, sus ojos se iluminaron al ver el enorme árbol que se había colocado allí, rodeado de pequeñas montañas de regalos.

Se emocionaron, aunque no tanto como cuando me vieron aparecer con varias tazas de chocolate caliente y una bandeja repleta de bocadillos.

Se acercaron de inmediato, tomando una taza y picando algo mientras nos deseábamos una feliz Navidad mutuamente.

Entre sorbo y sorbo, me asediaron con preguntas sobre la sorpresa especial que tenía preparada.

“Tranquilas”, les dije, divertido.

“Desayunen primero.

Cuando terminen de abrir los demás regalos, les daré el mío”.

No todas recibieron la respuesta con agrado.

La expectativa que había sembrado la noche anterior las dejaba impacientes, pero no les quedaba otra opción más que esperar.

Fue un rato tranquilo: bebimos chocolate, comimos los panecillos que había horneado, abrimos los regalos y los compartimos entre risas.

Era una imagen hermosa, una que esperaba repetir en el futuro, porque sus sonrisas alimentaban mi alma.

Pasó casi una hora hasta que todos los obsequios fueron abiertos, mostrados y algunos incluso probados.

Pero la impaciencia era palpable, así que, sin más preámbulos, se presentaron ante mí para exigir su regalo.

Pensé en hacerlas rabiar un poco más, pero me abstuve por mi propia seguridad.

Les pedí que me siguieran a un espacio abierto y, antes de continuar, me aseguré de que la puerta de la guarida estuviera bien cerrada.

Este gesto puso nerviosas a algunas, pero confiaban en mí lo suficiente para no protestar.

Las organicé en un círculo y, con calma, comencé a repartir viales de pociones idénticas a cada una.

Al recibirlas, todas mostraron expresiones de confusión e intriga.

“Este es su regalo”, anuncié una vez que todas tenían un frasco en las manos.

“¿Una poción?” —preguntó Cho, observándola con desconfianza antes de acercarla a su nariz para intentar descifrar su contenido.

“¿Es Felix Felicis?

No… es diferente”, murmuró Daphne, inspeccionándola con atención.

“¿Una poción de belleza?” —intentó adivinar Parvati.

“Es una poción de amor tan potente que podría matarnos”, declaró Lavender con absoluta seguridad, ganándose miradas de espanto por parte de sus compañeras.

Yo me limité a sonreír en silencio mientras las chicas seguían lanzando teorías.

Ninguna se atrevió a probar la poción de inmediato, especialmente después de que alguien sugiriera que podría ser peligrosa.

Las dudas fueron creciendo hasta que, finalmente, su paciencia se agotó.

“Ya dinos, Red.

¿Qué es esta poción?

¿Este es nuestro regalo?” —cuestionó Tracey, cruzándose de brazos.

“Está bien”, cedí al fin, escaneando con la mirada a las más precavidas que aún dudaban.

“Es una poción muy especial, y todas deben beberla ahora mismo”.

Algunas fruncieron el ceño, pero antes de que pudieran protestar, añadí con voz firme: “No es veneno ni nada por el estilo, créanme.

No se arrepentirán.

Ahora, bébanla.

De un solo sorbo, así será más fácil”.

Las chicas dudaron por un instante, hasta que vieron a Lavender llevarse la poción a la boca como si estuviera a punto de tragársela junto con la botella.

Al verla, todas la siguieron sin pensarlo demasiado.

Para su alivio, el sabor no era desagradable como el de otras pociones, por lo que nadie tuvo problemas al ingerirla.

Pronto, todas terminaron su dosis, pero algo ya estaba ocurriendo con aquellas que la bebieron primero.

En cuestión de segundos, dejaron caer el frasco con expresión de asombro mientras se abrazaban a sí mismas, como si un escalofrío recorriera todo su cuerpo.

La inquietud inicial se extendió rápidamente cuando las demás empezaron a experimentar la misma sensación.

Sus corazones latieron con fuerza con latidos dobles y un cosquilleo intenso recorrió cada fibra de su ser.

Pareció durar una eternidad, aunque en realidad fueron solo unos instantes.

De repente, en un parpadeo, sus formas humanas desaparecieron.

Los sonidos de miedo en el ambiente fue reemplazado por una sinfonía de sonidos animales.

Cuando la sensación desapareció, todas quedaron en estado de shock, tanto por el cambio en sus cuerpos como por la imagen frente a ellas: el círculo de chicas había sido reemplazado por un pequeño zoológico de animales desconcertados, todos emitiendo ruidos en un intento fallido de hablar.

Fue una escena divertida de presenciar.

Se miraron entre sí con incredulidad, luego examinaron sus propios cuerpos y, al final, todas dirigieron sus miradas hacia mí.

Algunas intentaron moverse por reflejo y terminaron tropezando torpemente, mientras que otras parecían tener problemas de coordinación.

Sin embargo, poco a poco se acostumbraron a sus nuevas formas.

“Solo piensen en volver a ser humanas”, sugerí con una sonrisa, divertido por la situación.

Mientras tanto, un clon invisible grababa todo con una cámara mágica.

Una a una, comenzaron a recuperar su apariencia humana, aliviando la tensión del momento.

Sin embargo, ahora sus miradas se llenaron de consternación, curiosidad y, en algunos casos, enojo.

“¡Red!

¿Qué fue eso?” exclamó Hermione, aún aturdida por la sensación del cambio.

“Piensa en transformarte de nuevo”, respondí, acercándome a ella.

Hermione dudó, pero la curiosidad la venció.

Sin quererlo del todo, su cuerpo reaccionó por instinto y, en un instante, se convirtió en un pequeño mamífero.

Antes de que pudiera asimilar lo que había ocurrido, la sujeté con ambas manos y la levanté, restregando mi rostro contra su suave pancita peluda.

*Sonidos de nutria desesperada.* Hermione volvió a su forma humana de inmediato, con el rostro encendido de vergüenza y una mirada furiosa dirigida hacia mí.

Yo solo la observé con cierta pena, pero no porque se hubiese transformado de nuevo, sino porque su forma animal era… una nutria.

Pensé que, dado que aún tenía rasgos de gato, su forma animaga cambiaria y se asemejaría a un felino, pero claramente me equivoqué.

“Red… ¿esto es… animagus…?” preguntó Daphne, todavía confundida, mirando sus manos y luego a las demás chicas, quienes, tras ver a Hermione, también comenzaron a probar sus nuevas habilidades.

“Sí”, confirmé con una sonrisa, extendiendo los brazos.

“¡Felicidades a todas!

Ahora son animagas.” “¡¿Qué?!/*¡Sonidos de animales exaltados!*” exclamaron todas al unísono.

“¿¡Somos animagas!?” repitió Cho, incrédula.

“Sí”, reafirmé.

“¿Cuánto dura la poción?” preguntó Tracey, emocionada por todas las posibilidades que se abrían ante ella.

“Es permanente”, respondí.

“¡¡¡¿QUÉ?!!!/*¡Sonidos de animales aún más exaltados!*” “Les digo que ahora todas son verdaderas animagas”, intenté explicar, aunque la conmoción general no me permitió continuar.

“¿¡Pero cómo!?

¿¡Por qué!?

No se supone que…?” Hermione comenzó a lanzar preguntas sin poder terminarlas.

“Debes estar mintiendo, Red.

Es imposible volverse un animago así de la nada”, dijo Tracey, riendo nerviosa.

“Sí, volverse animago requiere mucho trabajo, tiempo y conocimiento sobre transformación…” añadió Padma, con el ceño fruncido.

“Sí… pero para mí no”, respondí con una sonrisa burlona.

“Solo necesito una poción imposible de conseguir, con un valor incalculable y… listo, animago para siempre.” “No… puede… ¡SER!” gritó Tracey, dejando de lado sus dudas por la emoción y transformándose de inmediato en su forma animal.

Las demás chicas también estaban incrédulas.

Muchas volvían a cambiar entre su forma humana y animal, intentando asimilar la realidad de mis palabras o, al menos, queriendo creerlas.

Después de todo, convertirse en animago era un proceso extremadamente difícil, algo que requería años de práctica y preparación.

Que todas lo hubieran logrado a su edad y con solo beber una poción resultaba casi imposible de aceptar.

“¡Red!

¿Cómo lo hiciste?” preguntó Hermione, aún en shock mientras observaba a las demás probar sus formas animales.

Tras la primera clase de transformaciones con la profesora McGonagall, había investigado sobre los animagos y sabía lo complejo que era el proceso.

“¡¿Cómo creaste esta poción?!

¡Esto es un invento revolucionario!” exclamó, sin poder contener su asombro.

“Yo no hice la poción”, aclaré con tranquilidad, captando por completo la atención de todas.

“Sí, son mías, y nadie más que yo podrá obtenerlas, pero no fui yo quien las creó.

No hay una receta que se pueda seguir, no pueden replicarse ni difundirse.

Y, de todas formas, el costo es algo que nadie podría permitirse”.

“Deben tener un precio incalculable”, comentó Daphne, comprendiendo de inmediato la magnitud de una poción así, aunque aún dudaba de cómo había conseguido tantas.

“Es la primera vez que escucho de algo así”.

“Porque hasta hace poco no estaban disponibles.

Bueno, en realidad sí, hace unos meses…

pero eran tan caras que ni yo me atrevía a comprarlas en grandes cantidades como ahora.

Conseguí un buen descuento y gasté todos mis ahorros para obtenerlas.

Su precio era solo una quinta parte de lo que costaban antes”, respondí con un suspiro, como si todavía sintiera el peso del gasto.

“Yo puedo pagarte mi parte”, dijo Tracey con convicción.

Otras chicas de familias adineradas parecían querer hacer lo mismo.

“No importa, no podrías hacerlo de todas formas”.(Red) “Mi familia tiene dinero de sobra…”, insistió Tracey.

“No, realmente no puedes pagarme”, la detuve.

“No puedes comprarlas con galeones.

Se necesita una moneda especial que solo unos pocos pueden obtener.

No importa cuántos galeones tengas, no puedes intercambiarlos por esa moneda.

Aunque el tipo de cambio fuera de un millón de galeones por una, seguiría siendo imposible.

Por eso digo que su valor es inalcanzable: sin esa moneda especial, ni siquiera la persona más rica del mundo podría conseguir una sola”.

“Y…

¿cómo conseguiste tú esa moneda?” preguntó Hannah con cautela.

“No tengo permitido decirlo”, respondí con aparente reticencia, aunque sabía perfectamente que estaba logrando el efecto deseado: despertar su curiosidad.

Las chicas parecieron un poco incómodas ante mi respuesta.

Algunas no comprendían del todo la situación, pero sus mentes ya habían formado imágenes de mí arriesgando mi vida o haciendo sacrificios extremos para conseguir semejante regalo.

Ahora, ninguna parecía del todo cómoda aceptando algo tan valioso, especialmente cuando sus propios regalos hacia mí no podían compararse.

Aunque, claro, no todas pensaban igual.

Penelope, que conocía algunos de mis secretos, no parecía sorprendida.

Hermione y Pansy, en cambio, se repetían en sus mentes que debían esforzarse por ser mejores novias para compensar los sacrificios que hacía por ellas.

Aunque, al mismo tiempo, no podían evitar sentirse un poco molestas de que hubiera gastado tanto en todas en lugar de darles algo especial solo a ellas.

Daphne, por otro lado, sintió un extraño alivio.

La decisión que había tomado con respecto a mí había sido la correcta, y entregarse por completo a mi voluntad no había sido un error.

Sabía lo absurda que era esta poción y comprendía su verdadero valor.

Solo este regalo ya justificaba en parte su lealtad, y no podía evitar preguntarse qué otras maravillas podría traerle en el futuro, no solo a ella, sino también a su hermana.

Por último, estaba Lavender…

que, lejos de sentirse culpable o reflexionar sobre la situación como las demás, solo pensaba en cómo saltarme encima para que la follara frente a todas antes de pasar a las demás.

—///— patreon.com/Lunariuz

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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