Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 284
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284: 280) Chicas animagas 284: 280) Chicas animagas Las chicas estaban impresionadas por la poción y el hecho de que ahora eran animagas.
Sin embargo, esto también trajo muchas dudas e interrogantes.
“¿Tú también tomaste la poción, Red?
¿En qué te transformaste?” preguntó Luna, mirándome con curiosidad en los ojos.
Tras su pregunta, todas las demás también me observaron, expectantes.
“Sí, Red, no nos digas que nos conseguiste estas pociones, pero tú no obtuviste nada.” comentó Tracey con un tono burlón, aunque en su voz se notaba el miedo a sentirse culpable si eso fuera cierto.
“La tomé, pero no me convertí en un animal.” respondí.
“¿Te transformaste en una planta?” preguntó Padma, sorprendida.
“No, utilicé un método nuevo para convertirme en una criatura mágica.” dije, viendo cómo sus rostros se llenaban de asombro.
Estaba rompiendo sus expectativas una tras otra.
“Es un método experimental y con requisitos muy altos.
No cualquiera puede lograrlo.” “¿En qué te transformaste?” preguntó Pansy, emocionada por mí.
Luego, recordando a Elise, añadió: “¿Un unicornio?” “Eso sería fantástico…” murmuró Lavender, desviando su mirada hacia mi entrepierna con una expresión soñadora.
“Eso no importa.
Se los mostraré luego, pero deben recordar no decírselo a nadie.
Es mi secreto, así como ustedes deben guardar el suyo sobre ser animagas.” dije con seriedad.
“Pero no podremos ocultarlo por mucho tiempo.” comentó Hermione.
“Cuando nos registremos en el Ministerio de Magia, esa información estará al alcance de cualquiera.” Todos la miramos en silencio, pero fue Pansy quien expresó en voz alta lo que todos pensábamos.
“No vamos a registrarnos en el Ministerio.”(Pansy) “Pero…
todos los animagos deben registrarse.
Es ilegal no hacerlo.” insistió Hermione, claramente incómoda.
“Hermione, Pansy tiene razón.
No se van a registrar.
Es absurdo.” le dije con firmeza.
“Sí, ¿por qué tendríamos que hacerlo?” añadió Tracey.
“Porque…” Hermione titubeó, sintiendo el peso de todas las miradas juzgándola como si fuera una ingenua.
“Hermione, esa ley existe para controlar a los animagos y evitar que cometan crímenes aprovechándose de su habilidad…
o mejor dicho, para localizarlos cuando lo hagan.” expliqué.
“¡Por eso!
Es necesario registrarse.”(Hermione) “¿Planeas hacer algo ilegal?” le pregunté con una mirada inquisitiva.
“¡No!” negó de inmediato, avergonzada.
“¿Crees que alguna de tus amigas lo haría?” insistí.
“N-no…” dijo, lanzando una mirada rápida a las demás, temerosa de que la malinterpretaran.
“Hermione, registrarte no es algo bueno.
En una realidad utópica, tal vez, pero aquí no.
Si te registras, cualquiera conocerá tu secreto.
Si un mago oscuro quiere matarte y usas tu forma animaga para esconderte o huir, te encontrará y te matará.
También podrían inculparte: imagina que alguien comete un crimen y deja una nutria en la escena.
Si no puedes probar tu inocencia, serás considerada culpable aunque no hayas hecho nada.” Hice una pausa para que mis palabras se asentaran en su mente antes de continuar.
“Y piensa en esto: si te registras, todo el mundo sabrá que lograste convertirte en animaga a esta edad.
No serías la más joven de la historia, pero sí una de las más reconocidas.
Y si se enteran de que todas ustedes lo lograron…
¿no crees que se preguntarán cómo un grupo de niñas consiguió tal hazaña?
Vendrán a por mí.
La capacidad de convertirse en animago de forma tan sencilla es algo que muchos codiciarían.
Querrían mi cabeza…
o mejor dicho, mis secretos.
Algunos incluso me torturarían para obtenerlos.
¿Me harías eso?” pregunté, acercándome más a ella, hasta que quedó justo frente a mí.
“No…” murmuró, sin ningún rastro de seguridad en su voz.
No había considerado nada de lo que mencioné y, de hecho, le costaba siquiera imaginarlo.
Ella aún no comprendía las duras realidades del mundo.
“Entonces simplemente ayúdanos y guárdanos el secreto.
Registrarse no es importante, es solo un método de control que termina beneficiando a las personas equivocadas.
¿Por qué crees que, a pesar de existir desde hace tanto tiempo un registro de hombres lobo , casi ningún hombre lobo se ha registrado?” “Confía en nosotros.
Lo peor que podría pasar sería una reprimenda, una multa o, en el peor de los casos, unos días en Azkaban.
Incluso eso sería temporal, y me aseguraría de sacarte de allí lo antes posible.” La abracé, apretándola contra mi pecho, transmitiéndole seguridad.
Hermione bajó la mirada, aún incómoda con la idea de romper una ley, pero tampoco podía ignorar mis palabras ni contradecir a las demás.
En su interior, empezó a aceptar que sus amigos estaban por encima de una norma que, en este momento, ya no le parecía tan relevante.
“Bien.
Lo mismo para todas.
No registrarse y no revelar esto a nadie.
Ni siquiera a sus padres.
Es un seguro de vida, una habilidad que podría salvarlas en el momento adecuado.
Cuantas menos personas lo sepan, mejor.”(Red) Varias de las chicas, especialmente las de moral más estricta como Hermione, parecían nerviosas al respecto.
“Pero bueno, es momento de correr por el bosque.
¡Todas acérquense!” dije con una sonrisa, aligerando la tensión.
Las chicas se acercaron poco a poco mientras yo activaba mi habilidad.
Les hablé un poco más sobre la importancia de mantener este secreto y todas estuvieron de acuerdo, incluyendo el lugar al que las llevaría.
Esto último despertó aún más su curiosidad, pero no revelé nada hasta que pasó el tiempo suficiente y entonces… *Pop* Aparecimos en medio de un pequeño bosque, si es que podía llamársele así.
Ahora estábamos en el feudo, una fracción completamente separada de los demás.
Era un círculo de un kilómetro de diámetro, con varios árboles y arbustos dispersos.
Pequeño, sí, pero suficiente para lo que quería hacer.
Las chicas estaban asombradas por la repentina teletransportación, pero no les dejé perderse demasiado en ello.
Les dije que podían probar sus formas animagas con libertad en este lugar.
Claro, tenían curiosidad, pero podían dejarla de lado mientras exploraban y descubrían los secretos del sitio.
Aunque, antes de que se entusiasmaran demasiado, sonreí maliciosamente y solté: “Bueno, la verdad es que gasté mucho en ustedes y creo que sus regalos de Navidad no podrán compensarlo… así que me cobraré la diferencia jugando con sus formas animales.”(Red) Un escalofrío recorrió a todas al escuchar mis palabras.
Se voltearon para mirarme, alerta.
“El juego es simple: si las atrapo, puedo frotar y morder las barrigas que quiera.” Hice una pausa, dejando que estuvieran a punto de quejarse para interrumpirlas “Tienen cinco segundos de ventaja.
Cuatro…
tres…” No esperé a terminar de contar.
Todas mostraron horror en sus miradas mientras se transformaban en sus respectivas formas animagas y huían.
Sonreí cuando llegué al “uno” y me lancé tras ellas, convertido en un ciervo.
No me contuve con ninguna y, en el momento en que las atrapaba, jugaba con ellas como si fueran realmente animales… o más bien, mascotas.
Algunas eran peligrosas, pero eso no importaba.
Todas, en el fondo, se sentían en deuda conmigo, así que no se resistían demasiado a mis caricias.
Además, utilicé un poco de [Éxtasis] en las puntas de mis dedos al rascarlas, haciendo que cualquier intento de resistencia desapareciera en pocos segundos.
De hecho, algunas incluso lo buscaron activamente, quedando atrapadas en el placer.
La primera en caer fue Hermione.
Como mi novia, no me contuve al acariciar su cuerpo de nutria sin compasión.
Terminó destransformándose, dejando a una Hermione roja y agitada, desparramada en mis brazos y la mirada perdida.
La próxima vez, la llevaré a un lago para ver cómo se desempeña en el agua.
Luego siguió Lavender.
En realidad, había estado observando todo el tiempo, mirando cómo manejaba a Hermione con esa mirada excitada que siempre tiene en estas situaciones.
Su forma animaga era la de una gata siamesa, y ni siquiera intentó resistirse.
De hecho, se me ofreció por completo con maullidos y poses felinas muy sugerentes.
Aun así, su forma de gata la hacía parecer menos pervertida de lo habitual.
Incluso cuando levantó el trasero mostrándome todo o se volteó boca arriba, abriendo sus patas para exhibir su pancita peluda, se veía más adorable que provocativa.
Le acaricié un rato, pero no me detuve demasiado con ella, pues sus maullidos exagerados pusieron tensas a las demás, como si pensaran que había hecho algo indescriptible.
La siguiente en caer fue Astoria.
Con ella tuve que ser más cuidadoso.
Su forma era la de una hermosa mariposa, y necesité un control asombroso para acariciarla suavemente, permitiéndole disfrutar de mi [Éxtasis] antes de dejarla volar libremente.
Después encontré a Parvati, transformada en una leona.
Aunque su apariencia era imponente, logré saltar sobre ella y rascarle las orejas hasta que terminó boca arriba.
Se avergonzó tanto que huyó corriendo poco después de que me detuviera.
Justo en ese momento Tracey llegó tratando de hacer un ataque sigilos.
Ella se convirtió en una urraca e intento de hacerme una broma atacando mi cabello.
Por supuesto, falló y fue castigada con un acicalamiento forzoso.
Vi a varias chicas más que tomaron formas de aves.
La más notable fue Penélope, convertida en un águila pescadora, quien vino directamente a mí y no se resistió demasiado.
Padma se convirtió en un halcón, y aunque al principio parecía desconfiada, pronto se dejó llevar por la curiosidad y también se me acercó.
Cho, por otro lado, fue un verdadero desafío.
Se transformó en una golondrina, y si no hubiera hecho trampa, probablemente no la habría atrapado.
Pasando a las demás, me encontré con Pansy, en su forma de loba.
Mantenía la cabeza en alto con orgullo, como si quisiera que la admirara, especialmente su pelaje, que restregaba contra mí.
Le di sus cariñitos mientras le susurraba cosas al oído antes de ir tras otra víctima.
Millicent se transformó en un jabalí o algún otro tipo de cerdo salvaje.
No era muy grande, pero lo suficiente como para que jugar con ella requiriera algo de fuerza.
Susan, en cambio, se convirtió en una adorable perrita.
Casi me lamió la mano después de recibir mis caricias.
Era increíblemente tierna, además ella lo sabía y se aprovechaba de eso mostrando su dulzura de forma descarada.
Hannah fue difícil de encontrar, y con ella tuve que tener cuidado, como con Astoria.
Se transformó en una abeja, pero aun así logré darle su dosis de placer hasta que soltó sus zumbidos cuando salió volando torcido de mi dedo.
Luego llegó el turno de Daphne, quien adoptó la forma de una serpiente esmeralda.
Me miró con tranquilidad, esperando que acariciara sus escamas.
Fue una experiencia interesante, ella era muy linda.
Por último, estaban mis hermanitas.
Luna se convirtió en una liebre y pasó la mayor parte del tiempo corriendo y saltando con alegría.
Sin embargo, se tomó su momento para abrazar mi pierna cuando me vio.
Luego, cuando la levanté, apoyó sus patitas en mi cara antes de intentar dormirse en mis brazos.
Y así llegué hasta Ginny… quien, digamos, fue la más difícil de ignorar y también la que más se enojó por no haber ido por ella primero.
Su forma animaga era la de un caballo, el más grande del grupo.
Tenía un pelaje rojizo que la hacía destacar, y su actitud intimidante aumentaba cuando se ponía agresiva.
Conociendo a Elise tan bien como la conozco, sabía perfectamente cómo esquivar y controlar a mi hermana caballo cuando se enojaba.
Me costó un poco apaciguarla, pero lo logré.
Aun así, preferí mantenerme a cierta distancia, ya que tenía demasiada afinidad con los equinos y… que ella insistiera tanto en que la montara era demasiado para mi mente…
era difícil que no pensara en cosas que no debería.
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