Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 288
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- Capítulo 288 - 288 284 Otro gran pecado
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288: 284) Otro gran pecado 288: 284) Otro gran pecado No puedo decir si Tonks estaba realmente enojada, pero vaya que le puso empeño en demostrarlo.
Terminamos “follando como conejos” en la parte de atrás, ¿lo pillan?
Conejos… Y debo decir que fue una experiencia bastante placentera, aunque, lamentablemente, pudo haber sido mejor.
Me hubiera gustado sujetarla de las orejas mientras la follaba, pero al parecer eso le dolía.
Algo a mejorar para futuras sesiones, supongo.
Nos dimos duro durante un buen rato, tanto que cuando salimos, Tonks tenía las piernas temblando y el coño bien lleno.
Luego nos preparamos para ir a casa de Andrómeda a celebrar la Navidad.
Claro, dejé un clon en el gremio por si alguien aparecía aquí aun en navidad.
La cena en casa de los Tonks fue agradable.
Como regalo, le di a Andrómeda un elegante vestido con un collar a juego.
Ambos tenían efectos mágicos sutiles que realzaban su belleza sin hacerlo demasiado llamativo, el tipo de cosa que solo aprecias si te detienes a mirarlo con detalle.
Le encantó, aunque, como siempre, me recordó que preferiría un nieto.
El día fue tranquilo, pero la noche… bueno, la noche fue complicada para mí, sabiendo lo que pasaría al día siguiente.
Tonks había mencionado que saldría por un rato mañana, así que tome una decisión importante, y para aliviar la tensión, la follé hasta dejarla inconsciente.
Lo que no sabíamos era que habíamos olvidado otra vez los hechizos insonorizantes y que Andrómeda había estado escuchando todo desde su cuarto una vez mas.
…
A la mañana siguiente, me encontraba sentado en el sofá de la casa Tonks, con una sensación amarga en la garganta.
Sabía lo que quería hacer, sabía lo que debía hacer… pero mi corazón, decidió sentirse culpable en el último momento.
Andrómeda entró a la sala con una bandeja de bocadillos y té, sonriendo con esa elegancia natural que la diferenciaba de su hija.
“¿Por qué tienes esa cara de funeral?” preguntó mientras dejaba la bandeja sobre la mesa ratona.
“Te ves… culpable.
¿Qué hiciste?” Yo guardé silencio, aún mentalizándome para lo que venía.
Tonks no estaba en casa, y no volvería por horas.
El momento era ahora.
“No me digas…” continuó Andrómeda, con una sonrisilla burlona.
“¿Otra vez tuvieron sexo anal por Navidad y ahora no puede caminar?” Me atraganté con el té.
“¿¡Te lo dijo!?” Pregunté, un poco incomodo de que mi sugra lo dijera tan abiertamente.
“No hacía falta” se rió.
“La otra vez estuvo en su habitación quejándose toda la noche de lo incómoda que se sentía.” dijo, aunque ella misma se sentia algo avergonzada.
“Pero si la curé” Comenté involuntariamente.
“No fue por eso” dijo con aire de sabiduría.
“Estaba preocupada por la próxima vez que quisieras intentarlo y… bueno, estuvo practicando por su cuenta.” Me quedé boquiabierto.
“Lo que ella no entiende” continuó Andrómeda, con una mueca “es que los encantamientos insonorizantes deben aplicarse para que funcionen, no nacen de la nada.
Hubo varias veces en que pensé en decirle que podía escuchar sus… ensayos desde toda la casa, pero me pareció demasiado intrusivo.
Así que al final fui yo quien lanzaba los hechizos para que no se escuchara todo.
“Voy a… hablar con ella sobre eso…” Dije con cierta pena.
“Sí, sería lo mejor” asintió.
“Los jóvenes de hoy hacen cosas muy locas.
Yo nunca me imaginé usar… ese lugar, y le habría cortado el pene a mi marido si siquiera lo sugería.” Se quedó pensativa por un momento, su expresión decayendo al recordar a su difunto esposo.
En estas fechas debía ser difícil para ella.
“Entonces…” Sacudió la cabeza y cambió de tema, no queriendo pensar mas en eso y deprimirse “¿qué le hiciste o qué piensas hacerle para poner esa cara de culpabilidad?” “Nada… a ella…
bueno sí…
pero solo un pequeño efecto rebote.” Dije volviendo a mi estado de conflicto interno mientras miraba discretamente a mi suegra.
“¿Entonces a quién…?” Su expresión cambió de curiosidad a diversión.
“No me digas que piensas hacerle algo a tu pobre suegra.” Llevó una mano a su pecho y fingió indignación Me quedé en silencio, mirándola fijamente.
Andrómeda notó mi reacción y su expresión cambió, pasando de la burla a una curiosidad genuina.
No había miedo en sus ojos, solo la certeza de que, fuera lo que fuera, debía haber una razón detrás.
Pensaba que podía manejarlo.
Pero yo sabía que no podía seguir retrasando esto.
Alargarlo solo lo haría peor.
Inspiré hondo y coloqué una mano sobre mi pecho, cargando mi magia de sangre al máximo.
Andrómeda me observó con creciente inquietud mientras yo cerraba los ojos y fruncía el ceño, concentrándome con una intensidad que hacía que el aire a mi alrededor pareciera pesar más.
La presión de la magia acumulándose en mi mano era palpable.
Por un momento, permaneció en silencio, analizando la situación, tratando de adivinar qué demonios estaba haciendo.
Pero estaba seguro de que no se esperaba lo que iba a ocurrir.
Con la energía suficiente reunida, activé [Control de Sangre], dirigiéndolo contra mí mismo para inducirme una excitación inhumana.
Al mismo tiempo, liberé [Éxtasis] a su máxima potencia y seguí amplificándolo sin detenerme.
No fue fácil.
De hecho, fue un infierno.
Sentir todo ese placer de golpe, mantener el control y seguir aumentando la potencia era casi imposible.
Había deshecho todos mis clones antes de comenzar, y fue una decisión acertada, porque requería cada gramo de mi fuerza de voluntad para soportarlo.
Andrómeda empezó a alarmarse cuando notó las venas marcándose en mi rostro por el esfuerzo extremo.
El sudor comenzó a correr por mi piel y, cuando abrí los ojos por un instante, ella se sobresaltó al verlos completamente inyectados en rojo.
Pero lo que más la perturbó fue lo evidente de mi excitación: una erección tan monstruosa que amenazaba con destrozar mis pantalones en cualquier momento.
Ahora estaba realmente asustada y abrió la boca para decir algo, su mano titubeó en dirección a su varita, pero justo cuando estaba a punto de actuar… Ocurrió.
Sentí como algo dentro de mí se rompió.
Toda la tensión que me aplastaba desapareció en un instante, como si me hubieran liberado de unas cadenas invisibles.
El placer abrumador se desintegró…
al igual que toda mi ropa.
[Habilidad adquirida: “Esencia de la Lujuria”] [Esencia de la Lujuria – Nivel 1] -Puedes despertar la lujuria en todos los seres.
Cuanto más excitado estés, mayor será el deseo que provocas en aquellos dentro de tu radio de influencia ([Aura de Lujuria] adquirida).- -Puedes alimentarte de ese deseo, convirtiéndote en un ser de lujuria perpetua sin fin.- -A cierto nivel, incluso el más mínimo contacto contigo puede generar un placer inconmensurable en otros, y hay probabilidades de provocar efectos extraño y/o impredecibles.- (Como se ha activado por primera vez la habilidad se vera potenciada) Me sentía excitado, pero en total control.
Un deseo ardiente me recorría, pero no era incontrolable.
Podía moldearlo, dirigirlo, usarlo.
Físicamente, la presión insoportable que había acumulado desapareció.
Mi pene, a punto de explotar por el exceso de sangre por mi peligrosa erección, se relajaba.
Seguía duro, al mismo nivel, pero sin sentir la carga, como si pudiera manejarlo a voluntad.
Sin embargo, no era lo único que había cambiado.
Como con las otras Esencias, mi cuerpo se había transformado.
La Ira me hacía desprender un humo ardiente y aumentar de tamaño.
La Envidia me había cristalizado y vuelto reflejante como un espejo.
La Lujuria… me había hecho húmedo y femenino…
quizas andrógino.
No me había convertido en mujer, pero mi piel ahora era suave y brillante, mi silueta más delgada y con sutiles curvas adicionales.
Mi rostro adquirió ciertos rasgos más delicados, casi irreales, mientras una delgada capa de líquido resbalaba por mi piel, haciéndome parecer como si brillara bajo la luz.
Y entonces, si alguien me hubiera visto desde otra perspectiva, habría notado algo más.
Una figura ilusoria se abrió paso detrás de mí.
Una sombra similar a un súcubo.
Sus ojos se abrieron, observando al mundo con un fulgor carmesí de deseo insaciable.
El entendimiento sobre mí mismo duró menos de un segundo, pero la sensación de cambio era absoluta.
No solo yo había sido transformado, sino que todo a nuestro alrededor parecía distorsionarse en un parpadeo.
Una presencia sexual y abrasadora se apoderó de la atmósfera, impregnando la habitación con una energía sofocante, como si la realidad misma se hubiera sumergido en un océano de deseo.
Todo, excepto Andromeda y yo, se tiñó de un resplandor violeta profundo, oscureciéndose con la distancia como si una brecha entre mundos se hubiese abierto a nuestro alrededor.
Y entonces, escuché su voz… o más bien, su alma gritando a través de un gemido.
No fue un sonido humano.
Fue un aullido primal, una onda de placer desbordante que retumbó no solo en la casa, sino en mi propio ser.
Cuando la miré, la encontré arqueada sobre sí misma, su espalda formando un puente imposible mientras su cuerpo se sacudía.
Sus jugos de amor se derramaban sin contención, como un torrente imparable que amenazaba con ahogarlo todo.
Era una peligrosa cantidad de agua perdida.
El placer la recorrió como un relámpago incontrolable durante largos segundos, sus dientes rechinando mientras su alma se retorcía dentro de su carne.
Y cuando el paroxismo alcanzó su cenit, su cuerpo cedió, cayendo del sofá como un titiritero al que le hubieran cortado los hilos.
Di un paso hacia ella, pero no fue necesario.
Se reincorporó por sí misma, apoyada sobre sus manos y rodillas, con la respiración entrecortada y los labios entreabiertos.
Y entonces levantó la cabeza para mirarme.
En ese instante, supe que Andromeda ya no estaba allí, ni siqueira habia algo que se pudiera llamar humano.
En su lugar, un ser puro, nada mas que la lujuria encarnada en algo fisico, me observaba.
Sus pupilas habían sido devoradas por corazones de una tonalidad rosa incandescente y un abismo de deseo absoluto donde nada existía salvo la busqueda del placer.
No hubo palabras.
No hubo pensamientos.
Solo comprendimos lo inevitable.
Follar…
sexo…
lujuria…
deseo…
No existía nada, excepto lujuria entre nosotros, ningún otro sentimiento, solo lujuria, nosotros éramos lujuria.
Antes de que pudiera reaccionar, ella ya estaba sobre mí, desgarrando su ropa con manos temblorosas, sus labios devorando los míos en un beso abrasador.
Se hundió en mi regazo, empalándose a sí misma con mi pene, con la desesperación de un ser que ha encontrado su único propósito, su piel encendida y su cuerpo vibrando al unísono con el mío.
No hubo titubeo, no hubo resistencia.
Solo unión perfecta, como si hubiéramos sido esculpidos el uno para el otro desde la creación del mundo.
Los gemidos y gritos se fundían mientras movíamos nuestras caderas para que choquen entre sí con la fuerza de un tsunami y con la velocidad del aleteo de una abeja.
Nuestros cuerpos, encendidos como brasas ardientes, se electrizaban con cada roce, cada contacto recorriendo la piel.
Pero esto no era solo físico.
Podía sentirla a un nivel más profundo, sentir su esencia misma vibrando con la mía.
Cada mínimo toque transmitía sus emociones, sus pensamientos más íntimos, su deseo y su rendición absoluta a la lujuria que nos envolvía como una prisión de fuego.
La arrojé contra la mesa con una fuerza que habría sido violenta en cualquier otro contexto, pero en este instante era la única forma en la que nuestros cuerpos podían expresarse.
Me hundí en su interior con una profundidad imposible, atravesando su carne y más allá, como si estuviera invadiendo su misma esencia.
Su grito no fue humano, fue un eco primigenio que resonó en el aire y en lo más profundo de mi ser.
Su boca se aferró a mí con una desesperación animal, sus dientes se clavaron en mi piel con un hambre insaciable, como si quisiera devorarme, beber de mí más que solo la esencia de mi cuerpo.
Lo hacía, de hecho.
Su lengua recorría mi piel, intoxicándose con el néctar de mi existencia, alimentándose de la lujuria misma.
Yo tampoco era ajeno a esta voracidad.
Mi boca encontró sus pechos, y al succionarlos, sentí que extraía más que un simple y lacteo néctar físico que produjo debido al placer.
En aquel instante, bebí de su ser, de su frustración, de cada deseo insatisfecho que había reprimido durante años.
Sus pensamientos, sus fantasías, sus momentos de placer y de negación desfilaron ante mí en una secuencia vertiginosa.
Veía sus sueños más íntimos y fantasías mas perversas, desde su despertar sexual hasta incluso antes, de los rincones más oscuros de su imaginación.
Y ella no estaba mejor.
Con cada embestida, sentía que la follaba en todos los niveles: su útero, su corazón, su cerebro.
Ya no solo la poseía físicamente, sino que la estaba invadiendo en su totalidad, traspasando las barreras de la carne y sumergiéndome en su espíritu.
Mientras esto sucedía, su conciencia se vio invadida por los fragmentos de mi propia existencia.
Imágenes de mis experiencias sexuales pasadas desfilaron ante sus ojos como visiones etéreas.
Se vio a sí misma como espectadora de mis momentos más íntimos con otras mujeres.
Luego, la percepción se distorsionó aún más: ella tomaba el lugar de mis amantes, sintiendo lo que ellas sintieron; en otras, se convertía en mí, experimentando mis propios deseos desde dentro de mi piel.
Y en un punto, las tres perspectivas se entrelazaron y existieron al mismo tiempo.
Esto ya no podía llamarse simplemente un desenfreno de furia carnal.
Nos estábamos follando mutuamente a nivel espiritual, atravesando los límites del placer y adentrándonos en un territorio al que ningún ser debería llegar.
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