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Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 298

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298: 294) El regreso 298: 294) El regreso Tonks y yo reaparecimos en el mismo lugar donde habíamos desaparecido al comenzar esta misión.

Sin embargo, ahora era de día; había hecho que la proporción del tiempo transcurrido cambiara en lugar de simplemente detenerse.

Tonks inhaló con fuerza, tratando de llenar sus pulmones con el aire puro de este lugar tan familiar y del que habíamos estado lejos por tanto tiempo.

El viaje por el espacio había sido entretenido, pero no había lugar como el hogar.

Tras esa breve contemplación, su mirada descendió hacia sí misma una vez más…

Ya no vestía aquellas ropas futuristas.

Había recuperado su atuendo habitual y, al observar su brazo, ahora de carne y hueso nuevamente, no pudo evitar suspirar.

Se sentía bien tener su propio brazo real de vuelta, pero, al mismo tiempo, sabía que extrañaría su antiguo brazo todopoderoso.

“No te preocupes, te lo recuperaré para que lo tengas como recuerdo” le dije, dándole una palmada en el hombro.

Tonks solo resopló y apartó mi mano con un gesto molesto, haciendo un leve puchero.

Las cosas entre nosotros se habían calmado durante la aventura espacial, pero al volver aquí, al ver tantas cosas familiares, los sentimientos que tenía antes de partir regresaron.

Sentía que aún debía estar enojada conmigo un poco más…

o al menos hasta que alguien inesperado apareció.

“¡Nymphadora!” Ambos volteamos y vimos a Andrómeda corriendo hacia nosotros.

Ya no estaba tan desarreglada como la última vez que la vi; en algún momento, había ingresado al feudo y se había dado un baño.

La hermosa mujer madura no dudó en lanzarse sobre su hija, abrazándola con fuerza, para sorpresa de Tonks.

“Mamá…” murmuró Tonks, quedándose prisionera entre los brazos de su madre.

“Estaba preocupada” susurró Andrómeda, aferrándose aún más a ella.

“No debes preocupar tanto a tu madre.

No puedes irte así sin más…

No los encontré a ninguno de los dos y me asusté bastante.” “Perdón, mamá” respondió Tonks, algo sentimental.

Había mucho que hablar y resolver sobre lo ocurrido, pero había pasado tanto tiempo lejos de casa y de su madre que no pudo evitar conmoverse por el reencuentro.

“¿Estás bien?” preguntó Andrómeda, separándose un poco para verla a los ojos.

“Sí…” murmuró Tonks con dificultad, sabiendo que era una mentira.

Apenas pudo sostener la mirada de su madre cuando los recuerdos de aquel evento regresaron a su mente, haciéndole contraer el párpado involuntariamente.

“Sé que no es así…” susurró Andrómeda con una sonrisa.

“Red, ve a hacer tus cosas.

Necesito hablar con mi hija.” Sin siquiera mirarme, tomó a Tonks del brazo y se la llevó lentamente por el pueblo del [feudo].

No pude hacer nada al respecto.

Aún no sabía cómo enfrentar a Tonks y Andrómeda sin hacer trampa, mucho menos a ambas al mismo tiempo.

Tenía demasiado en qué pensar, pero, para bien o para mal, Andrómeda no parecía esperar nada de mí por el momento y se llevó a Tonks sin darme oportunidad de intervenir.

En fin, había mucho por hacer.

Tendría que rehacer los clones y enviarlos a sus respectivos destinos, organizar los beneficios obtenidos en esta misión y continuar con los experimentos de Elize, que estaban cerca de completarse.

Lo siguiente sería la integración del hipocampo y el thestral y, después, solo faltaría el centauro…

y posiblemente el mago.

…

Tonks no sabía qué decir, así que simplemente se quedó en silencio mientras su madre la arrastraba por el pueblo hasta una plaza cercana.

Allí, junto a una fuente rodeada de bancos de madera, el ambiente era tranquilo.

Estaban en la periferia del pueblo, por lo que no había muchas edificaciones alrededor.

Además, yo aún no había restablecido la configuración, así que ningún NPC rondaba por allí.

Sentada en uno de los bancos, el silencio no podía prolongarse más.

Tonks fue la primera en hablar.

“Lo siento…” murmuró con la mirada baja, casi sollozando, sin atreverse a mirar a su madre a los ojos.

“¿Por qué?” preguntó Andrómeda con tranquilidad, levantando suavemente la barbilla de Tonks para que la mirara.

Mientras Andrómeda veía a su hija al borde del llanto, Tonks, en cambio, se encontraba con una madre que sonreía con calma, incluso con felicidad.

Aquello la confundió, pero aun así continuó.

“Por haber provocado que todo esto pasara…

por haber traído a Red a nuestras vidas y que…” dijo, sin poder contener las lágrimas.

Después de un momento de reflexión, no pudo evitar pensar que todo era su culpa.

Red tenía la culpa de lo que le había pasado a ella, pero sentía que ella era responsable de lo que había ocurrido con su madre.

Si tan solo hubiera mantenido a Red alejado de su familia…

“No tienes que disculparte por algo así, mi niña” dijo Andrómeda, acariciándole el cabello con ternura.

“Sí, sí tengo que hacerlo.

¡Fue mi culpa!” gritó Tonks, poniéndose de pie bruscamente.

“Yo lo traje a nuestra casa, yo lo dejé acercarse a ti…

le di libertad para hacer lo que quisiera y ahora…” su voz se quebró mientras ocultaba su rostro con el brazo, tratando de contener el llanto.

“Shhhhh…” susurró Andrómeda, levantándose también y abrazándola con suavidad antes de volver a sentarlas en el banco.

“Está bien…

quizás todo habría ocurrido de todas formas.” “P-pe-pero lo que te hizo…

l-lo que nos hizo hacer…” sollozó Tonks, reviviendo los recuerdos.

“No llores, mi amor.

No hay razón para hacerlo.

No fue tan malo…” susurró Andrómeda con dulzura, intentando calmarla.

“¡¿Cómo puedes decir que no fue malo?!” gritó Tonks, con la furia resurgiendo en su interior.

“Mírame” dijo Andrómeda, sosteniéndole el rostro entre sus manos.

“Dime…

¿cómo me ves?” Tonks no entendía qué le pasaba a su madre.

¿Por qué ella era la única que estaba destrozada por lo que sucedió?

Pero entonces la miró detenidamente, tal como se lo había pedido.

Se veía…

bien.

No como ella, que parecía consumida por las emociones.

También notó algo más: su madre parecía más joven.

No podía decirlo con certeza, pero…

¿acaso había rejuvenecido?

Y luego, tardíamente, se fijó en su sonrisa.

No era una sonrisa forzada, sino natural, casi…

perpetua.

“Te ves…

bien…” susurró Tonks, confusa.

“Oh, sí…

De hecho, creo que he vuelto a mis treinta” respondió Andrómeda con una risa ligera.

“Incluso las arrugas que habían empezado a aparecer y que tenía que ocultar ya no están.

Además, me siento mucho más enérgica que antes.” “Sí…

pero…” Tonks tragó saliva, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda.

“¿Por qué te ves…

feliz?” Algo no estaba bien.

“Quizás porque estoy feliz” respondió Andrómeda con una sonrisa inquebrantable.

“¡¿Qué?!” exclamó Tonks, incrédula.

“¿Por qué?

¿Qué pasó mientras no estábamos?” Dudaba de cuánto tiempo había transcurrido aquí mientras ellos estaban en la misión espacial.

“Nada” respondió su madre con naturalidad.

“Desde que te fuiste, solo dormí unas horas y luego vine aquí a buscarlos, así que no ocurrió nada nuevo.” “Entonces, ¿por qué…?”(Tonks) “No lo sé…

“comentó con ligereza, como si hablara del clima.

“Simplemente estoy feliz.

No he dejado de sonreír y no creo que lo haga nunca.

Aunque suene aterrador…

parece que esta felicidad se quedará conmigo para siempre.” “Pero…

¿por qué…?” preguntó Tonks, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda.

Algo estaba mal.

Algo no encajaba en todo esto.

Su madre…

no era así.

Y entonces, un pensamiento horrible cruzó su mente.

“Espera…

¡¿Te gustó?!” preguntó con miedo, su voz quebrándose.

“Sí…

mucho…” susurró Andrómeda, soltando una risita infantil.

Sus ojos, vidriosos y perdidos en el vacío, reflejaban una paz inquietante.

“¡Hijo de p…!” Tonks saltó de su asiento, entre lágrimas y gritos de furia.

Si su odio hacia mí se había calmado antes, ahora estaba a punto de estallar a niveles inimaginables.

Sus puños temblaban, su respiración era errática, y en su mente solo había una única resolución: matarme.

Pero justo cuando estaba por correr en mi dirección, la mano de su madre la sujetó del brazo, deteniéndola.

“Calma, Tonks.” (Andromeda) “¡¿Cómo quieres que me calme?!” gritó, destrozada.

“¡Mira lo que te hizo!

No te das cuenta, pero…” su voz se quebró en un sollozo desgarrador.

La idea de que su madre hubiera sido prácticamente lobotomizada, que su mente hubiera sido manipulada hasta este punto…

era algo imperdonable.

“Él no sabe lo que me hizo” dijo Andrómeda con una calma inquietante, jalando a Tonks contra su pecho una vez más.

“¿Qué…?” preguntó Tonks, confundida, con un zumbido en los oídos por la intensidad de sus emociones.

“Él no tiene idea de lo que hizo.

Creo que solo yo soy consciente de ello…

y ni siquiera sé si hay cosas que aún desconozco” susurró Andrómeda.

Tonks se quedó en silencio.

Más allá del odio, lo único que quedaba en su mente era una absoluta confusión.

“Las cosas fueron mucho más allá…” continuó su madre.

“Pero no estoy enojada por lo que pasó.

De hecho, creo que estoy agradecida.” Tonks la miró en estado de shock.

…

Dentro de la torre del archimago, analizaba si el uso del nuevo aspecto tecnológico adquirido en la misión espacial podría aportar algún beneficio al combinarlo con la versión mágica.

Fue un trabajo tedioso, lleno de pruebas y ajustes, pero valía la pena el esfuerzo.

Además, no quería salir de aquí.

Sentía que la muerte me esperaba al otro lado, donde estaban Tonks y Andrómeda, y temía enfrentarlo.

La decisión que tomé con respecto a ella ahora pesaba sobre mi cabeza como la espada de Damocles… pero no había tiempo para detenerse.

Con la incorporación de la tecnología en la torre, podía realizar algunas pruebas y preparativos para la próxima adición de linaje.

La parte genética se veía beneficiada, pero la integración mágica aún presentaba ciertos inconvenientes menores.

Elise estaba lista, así que no dudé en comenzar tan pronto como los preparativos estuvieron terminados.

Hoy trabajaríamos con dos esencias particularmente complejas: una provenía de un ser equino, aunque con notables diferencias y una profunda conexión con la muerte; la otra pertenecía a una criatura acuática, pero no valía la pena ahondar en eso ahora.

Como siempre, iniciamos con un 1%.

Esta era una de las fases más críticas, donde mi intervención era imprescindible.

Se trataba del comienzo de un cambio genético que podía derivar en una inestabilidad severa.

Ver la piel de Elise burbujear y resquebrajarse en ampollas era aterrador, pero ambos nos habíamos acostumbrado a ello.

Afortunadamente, parece que con el tiempo cada adición se vuelve más sencilla.

Elise se recuperó rápidamente, lo que nos permitió seguir adelante.

Continué aumentando la concentración de esencia en cada fase, con un porcentaje mayor cada vez.

No hubo demasiados contratiempos, más allá de que Elise perdió pelo, plumas y la conciencia en varias ocasiones.

Tras varias horas de trabajo, el proceso estaba completo.

Elise salió tambaleándose, pero se recompondría con rapidez, al menos mentalmente.

Físicamente, le tomaría un poco más de tiempo adaptarse, a pesar de que los cambios en su cuerpo eran mínimos.

Por suerte para ambos, no terminó convirtiéndose en una versión esquelética de sí misma—nadie quería eso—pero sus alas sufrieron algunas alteraciones.

Perdieron varias plumas y su estructura cambió ligeramente: cada cierta cantidad de plumas aparecían unas más grandes, con un final romboidal.

Por otro lado, desarrolló algunas escamas, lo cual era inesperado, aunque tenían un color agradable.

Se concentraban principalmente en sus patas, justo antes de sus pezuñas, sin cubrir demasiado espacio.

También noté algunas en su cuello cuando la abracé; por suerte, eran del mismo tono que su pelaje y pasaban desapercibidas.

Elise descansó una hora antes de sentirse lo suficientemente bien como para realizar algunas pruebas… y los resultados fueron sorprendentes.

Por un lado, su magia parecía haber perdido por completo el atributo sagrado que poseía antes, pero su pureza se había elevado a niveles extraordinarios.

Como en ocasiones anteriores, sus reservas mágicas quedaron completamente drenadas.

Será interesante ver cómo evoluciona una vez que se recupere.

Por otro lado, su cuerpo había adquirido una habilidad de metamorfosis en el agua.

Al sumergirse, su piel se cubría de escamas y su crin se transformaba en una especie de aleta dorsal.

A pesar de que mantenía su cuerpo y sus alas, su apariencia cambiaba, volviéndose más adecuada para la vida marina.

Además, ahora podía respirar bajo el agua y desplazarse con una velocidad increíble, comparable a la que tenía en tierra.

Eso sí, su falta de experiencia le jugaba en contra.

Su reacción de pánico—”¡Me ahogo!”—fue divertida de ver, sobre todo considerando que pasó más de veinte minutos en el agua sin darse cuenta de que podía sobrevivir allí sin problemas.

—///— patreon.com/Lunariuz

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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