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Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 302

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  4. Capítulo 302 - 302 298 El gen de D
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302: 298) El gen de D…

302: 298) El gen de D…

La explosión de luz llamó la atención de todos en el feudo, pero fui yo quien llegó primero.

En el mismo instante en que sentí que mi clon moría, me lancé hacia allí con el corazón en la garganta, presa de la preocupación.

“¡¡ELISE!!” grité con todas mis fuerzas al espacio desolado que había dejado la explosión.

Por suerte, la torre del archimago estaba lo bastante alejada del pueblo, a diferencia del mercader; de no ser así, los daños y el peligro para los demás habrían sido mucho mayores.

Me acerqué con rapidez, sintiendo una aura abrumadora envolver todo mi ser.

Era extraña, poderosa, pero sobre todo inestable e incontrolable.

Al adentrarme en el cráter humeante, la vi.

Elise estaba allí… y solté el mayor suspiro de alivio que había dado en mi vida.

Trataba de ponerse de pie con dificultad, como si sus piernas fueran incapaces de sostenerla, como si su cuerpo pesara más de lo que su fuerza podía soportar.

“Elise…” la llamé, sin pensar.

Fue un error.

Aturdida, al oír su nombre alzó la mirada hacia mí.

Sus ojos, con un iris celeste brillante que no había tenido antes, me observaron… y en ese mismo instante sentí una fuerza invisible estrellarse contra mí.

Me lanzó varios metros hacia atrás, haciéndome volar por los aires.

Un ataque inesperado.

Pero el daño era mínimo comparado con la preocupación que me embargaba.

Elise no parecía en sus cabales.

No estaba loca… simplemente parecía estar perdiendo el control, especialmente el control de su magia.

Al levantarme, pude sentirlo con claridad: oleadas salvajes de magia se expandían desde ella, como latidos erráticos de poder.

Ella era el epicentro, luchando contra su propio poder desbocado… sin éxito.

Cuando sus cascos golpeaban el suelo, grietas se esparcían como relámpagos.

Cada aleteo de sus alas desataba espadas de viento en todas direcciones.

Y con cada grito, una onda sónica devastadora se liberaba a su alrededor.

La presión era abrumadora, pero no algo que no pudiera manejar.

Comencé a acercarme lentamente, resistiendo ese aura opresiva, ese torrente mágico que me empujaba como un huracán.

Activé [Drenar Magia] junto con [Gula], absorbiendo parte de la energía salvaje que Elise liberaba.

Al no tratarse de un hechizo como tal, sino de magia pura e indómita, aunque era difícil de absorber… no era imposible.

No completamente.

Para soportar los ataques accidentales que recibía y la parte de la magia que no podía neutralizar, activé [Ira].

Gracias a ello, logré avanzar paso a paso hacia Elise, cuyo poder no dejaba de aumentar.

Seguí usando nuestra conexión para intentar calmarla.

Sabía que eran sus emociones descontroladas las que alimentaban esa tormenta mágica.

Pero cuanto más poder brotaba de ella, más parecía alterarse.

Aunque oía mi voz, el miedo a lo que le estaba ocurriendo la desbordaba.

Su estado mental era frágil, casi quebrado, y cualquier estímulo podía llevarla al límite.

Cuando ya estaba a solo unos pocos metros de Elise, con el cuerpo cubierto de heridas, toda la aura abrumadora pareció detenerse de golpe… e implosionar.

El poder increíblemente puro que Elise había estado liberando comenzó a replegarse, segundo a segundo, como si una fuerza invisible lo absorbiera de vuelta en su interior.

Al cabo de unos instantes, no quedaba rastro de esa magia salvaje, más allá de la devastación que había dejado a su paso.

Elise se desplomó en el suelo, jadeante y aturdida.

Por fin, logré llegar hasta ella… y la abracé con fuerza.

“¿Qué… pasó?” murmuró entrecortadamente, con la respiración agitada.

“No lo sé” respondí, mientras usaba mis poderes para examinar su estado.

Era extraño.

Aquella magia tan pura y violenta había desaparecido por completo.

Aunque al tantear su energía, noté que su maná era más refinado que antes, no alcanzaba ni de cerca la intensidad que había mostrado unos minutos atrás.

Mi mente se llenó de preguntas, pensamientos que iban y venían sin encontrar respuestas.

No tenía idea de qué había ocurrido exactamente, pero sí que había sentido algo… algo familiar, aunque difuso, que me dejó inquieto.

Justo antes de la explosión, cuando el experimento alcanzó su punto máximo y aquel “huevo” se rompió, sentí una extraña sensación.

No sabría describirla con precisión, pero era algo que había experimentado antes… dentro de mí mismo.

Fue en los momentos en que obtenía las [Esencias].

Sí, eso fue.

No siempre ocurría, pero con algunas lo sentí claramente.

Las Esencias de los Pecados… creo que algo similar me pasó la primera vez que conseguí cada una de ellas, aunque quizás solo fui plenamente consciente con las últimas dos.

Con [Lujuria] lo percibí con bastante claridad, aunque en su momento lo ignoré, al no entender qué era.

Con [Gula] también lo sentí, pero solo al alcanzar aquel estado en el que consumí el planeta de “eso”.

Tal vez con [Ira] y [Envidia] también ocurrió, pero al ser las primeras, la sensación fue más débil… o tal vez simplemente no supe reconocerla.

Siempre pensé que, al obtenerlas, me iba acostumbrando poco a poco y por eso lograba dominarlas mejor.

Pero… ¿y si no era así?

¿Y si su poder es acumulativo y hay algo más que las conecta?

Y ahora… ahora creo que hubo otra vez, otro momento en que sentí algo parecido.

Con “eso”.

Sí, la primera vez que lo percibí me asusté, y creí que era por su vitalidad abrumadora, por su poder desbordado… pero tal vez había algo más.

No era una sensación completa como con las Esencias… ni como lo que pasó con Elise.

Era como si intentara alcanzar esa sensación, pero siempre se quedara a las puertas, como si algo le impidiera llegar del todo.

¿Será esa sensación una forma más pura de magia?

¿Un nivel más elevado que solo se alcanza en ciertos estados de poder extremo?

Solo la he sentido en momentos en que mi fuerza estaba al límite… aunque en aspectos distintos.

Quizá no estoy tan equivocado.

Mis dudas fueron saciadas por uno de mis clones, que ya se había dirigido a la torre del archimago.

No, no había sido destruida permanentemente.

De hecho, ni bien fue desintegrada, había reaparecido en otra zona aleatoria del feudo… como si nada hubiera pasado.

Allí obtuve la respuesta de la versión de inteligencia artificial del Archimago.

Esta versión, mucho más comunicativa y concisa que su contraparte de viejo excéntrico, era la que solía usar cuando necesitaba explicaciones directas.

Aunque claro… al ser más tecnológica que mágica, ciertos detalles relacionados con lo místico quedaban fuera de su alcance.

La respuesta que me dio sobre lo que le había ocurrido a Elise fue directa: [El Gen de Dios] Sí… un nombre que por sí solo te obliga a abrir los ojos.

Aunque no deja de ser la denominación más científica y precisa que ARK-M.A.G.E.

pudo encontrar para algo tan abstracto.

Según su explicación… El Gen de Dios es, en efecto, un gen.

Pero no uno que pueda analizarse fácilmente de forma física o mágica.

De hecho, en el momento en que se despierta, cualquier medición —ya sea muggle o arcana— se vuelve inútil.

Si alguien hubiera intentado escanear a Elise durante su pérdida de control, los resultados habrían sido ininteligibles.

El nombre puede dar lugar a malentendidos.

Cualquiera pensaría que quien porta ese gen se convierte automáticamente en una deidad… pero no es así.

El Gen de Dios no te convierte en un dios, solo indica que posees el potencial para llegar a serlo.

La cantidad de seres no divinos que lo han despertado a lo largo de la historia es casi nula.

En cambio, aquellos que lo intentaron y fracasaron son incontables.

Su aparición, además, no depende únicamente del poder: no importa cuánto entrenes, cuánto acumules, o cuán fuerte te vuelvas… el gen no se despierta por mera fuerza o poder.

No.

Su activación depende de una posibilidad ínfima, un evento excepcional, casi milagroso.

Elise tuvo una suerte absurda… demasiada.

Los experimentos a los que la sometimos estaban destinados a romper los grilletes de su linaje, de su especie, de su ser.

En ese proceso, finalmente alcanzó los requisitos mínimos para siquiera tener una oportunidad de despertar el gen.

Pero cumplir esos requisitos no es garantía de nada: la mayoría de los seres fracasan justo en ese punto final, incapaces de romper el “huevo”, esa especie de cascarón que simboliza la mortalidad, la mundanidad y la limitación.

Cualquier otro habría muerto en el intento.

Pero gracias a mis [Habilidades Auxiliares] —las que recibí al llegar a este mundo—, fue posible no solo que Elise sobreviviera al proceso de integrar linajes puros a su ser, sino que todo estuviera perfectamente controlado para maximizar sus posibilidades.

Era un evento inédito, prácticamente imposible, pero sucedió.

Y eso le dio a Elise, una simple unicornio, la oportunidad de romper el cascarón y despertar el Gen de Dios.

Lo que logró es algo de proporciones cósmicas.

Según las estimaciones de ARK-M.A.G.E., es posible que durante toda la vida útil de un planeta ningún ser llegue a lograrlo.

Así de raro es.

Pero volviendo al tema, como ya se explicó, esto no la convierte en una deidad.

Solo rompe sus límites naturales y le permite caminar por el sendero que podría llevarla a convertirse en una.

Y aun así, según ARK-M.A.G.E., muchos seres que han despertado el Gen de Dios terminan muriendo sin siquiera acercarse a un verdadero estado divino.

Y eso me llevó a hacer una pregunta inevitable:”¿Qué es realmente un dios?” Intentando responder, el Archimago me proporcionó una clasificación general para ubicar los distintos niveles de existencia mágicos.

Le pedí que adaptara la escala para que fuera más comprensible a mis ojos.

El resultado fue este: Aprendiz → Mago → Élite → Gran Mago → Leyenda || Dios Aprendiz: Es el nivel más básico, correspondiente desde aquellos con manifestaciones mágicas mínimas.

El nivel 0 o 1 de este rango seria un hijo de muggles con arrebatos magicos pero sin control ni conocimiento de la magia.

Aquí, para superar este estado, no importa cuánto sepas; lo que define el limite de este nivel es la cantidad de magia disponible.

Podrías conocer todos los hechizos, pero si tu energía es escasa, seguirás siendo un aprendiz, aunque uno de un nivel muy elevado.

Mago: El nivel más común y se define si se alcanza cierta cantidad de magia.

En el mundo mágico suele alcanzarse a la par de la mayoría de edad, cerca de los 17 años.

Sin embargo, hay excepciones.

Algunos, mágicamente débiles, pueden tardar mas, o en ocasiones raras y tristes, nunca lograr ese nivel.

También esta el caso contrario, donde por tener una gran reserva mágica desde pequeños, o por crecer en entornos intensivos, o poseer poderosos linajes, lo alcanzan antes.

Yo mismo lo superé durante mi primer año aquí.

Mago de Élite: Es prácticamente lo opuesto al Aprendiz.

Aquí no se mide la magia bruta, sino el control.

Este nivel se alcanza al dominar el uso eficiente del maná: sacar más con menos.

La mayoría de duelistas, aurores y sabios buscan o logran llegar aquí.

Gran Mago: Es el equilibrio entre poder y control.

Aquellos que alcanzan este nivel pueden manipular la magia con una maestría única.

Han logrado hazañas notables, como McGonagall en transfiguración o Snape en las artes oscuras.

Incluso casos como Newt Scamander, cuyo poder reside en su afinidad mágica con criaturas, mas que la expresión de la magia en el mundo físico, una habilidad mas pasiva.

Usualmente tienen mas poder que cualquier mago y mas control que las elites, por lo que son reconociblemente mas fuerte que cualquier mago en general

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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