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Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 307

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  4. Capítulo 307 - 307 303 En busca de respuestas
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307: 303) En busca de respuestas 307: 303) En busca de respuestas El mapa con las distintas campañas se desplegó ante mis ojos.

Mientras lo observaba, comencé a hacer cálculos mentales, suspirando ante las decisiones que debía tomar.

El misterio sobre los dioses y la divinidad se había convertido en uno de mis principales problemas.

El mercader y el archimago sabían más de lo que aparentaban, pero no planeaban revelarme gran cosa.

Logré arrancarles algunas respuestas, pero el resto debía investigarlo por mi cuenta.

Ahora sé que este mundo tuvo dioses en el pasado, pero eso fue hace muchísimo tiempo, y hoy apenas quedan rastros de su existencia.

Lo más preocupante es que, con los años, la información relevante se ha vuelto cada vez más escasa.

No me refiero a datos históricos que cualquier historiador muggle podría recitar de memoria, sino a conocimiento verdadero, profundo, el tipo de saber que nunca fue registrado por miedo o por conveniencia, transmitido solo de boca en boca, y que por ello se ha ido diluyendo con el tiempo.

Ante esta situación, y agotando cada posible opción, me quedaban pocos caminos para entender cómo ayudar a Elise.

Podía seguir buscando pistas en este mundo, con una dificultad extrema, intentar acceder a una misión relacionada con los dioses a través del tablón —que sí existen— o viajar al pasado, cuando aún quedaban rastros tangibles de ellos.

No tuve suerte con el tablón, así que opté por el viaje en el tiempo.

El único medio disponible eran las campañas.

Al observarlas, supuse que cuanto más atrás me remontara, mejor.

Por eso descarté las que ocurrían apenas unas décadas o siglos atrás.

Sin embargo, no fue tan sencillo.

Tuve que comprar los DLCs con monedas de cristal y, aun así, descubrí que para acceder a algunas campañas era necesario estar físicamente en la región donde ocurrieron.

Así, descarté por ahora las campañas de Asia, pues no he estado allí aún, aunque ya envié a mis clones a expandir el alcance de los [puntos de viaje].

Por el momento, solo tenía acceso a campañas en Europa.

Tras revisar las opciones, identifiqué dos campañas particularmente antiguas sobre las que tenía cierta información, aunque no sabía cuál contenía la clave que buscaba —si es que alguna la contenía.

Finalmente, decidí comenzar con la más antigua.

Si no servía, probaría con la siguiente.

Hice algunas configuraciones menores.

Mi objetivo no era quedarme a explorar por placer, sino encontrar respuestas.

Tenía que ser eficiente; ya habría tiempo después para examinar todo con detalle.

[Inicializando:…

Cuentos de Camelot…] …

Mi búsqueda de respuestas comenzaría con el mago más famoso de mi patria natal: Merlín.

Sí, es debatible que viviera hace tanto tiempo si se supone que asistió a Hogwarts.

Pero la verdad es más compleja.

Existen registros de más de un Merlín a lo largo de la historia.

No sé si el nombre simplemente era común, o si, como algunas teorías sugieren, Merlín ha sido una figura reencarnada múltiples veces a lo largo de los siglos.

En cualquier caso, no hablo del Merlín de hace unos siglos —el que fue a Slytherin y es ampliamente reconocido en la actualidad—, sino del Merlín antiguo, del que apenas quedan fragmentos de información.

Aparecí en un campo boscoso, en medio de la nada, con mi cuerpo real, sin modificaciones, y a plena potencia.

No pensaba contenerme en esta campaña.

No sabía dónde encontrar lo que buscaba, ni siquiera si Merlín realmente poseía la información que deseaba… pero siendo el mago más notable de su época, tenía sentido que supiera más que el promedio.

Así que comencé mi búsqueda.

…

…

…

La verdad, no tuve tiempo de buscar problemas… porque ellos me encontraron primero.

Mi estancia allí no fue ni corta ni larga, hasta que ocurrió un encuentro crucial: me topé con una figura destacada tanto de la época como de la campaña.

Morgana le Fay.

Una mujer madura, imponente, hermosa… y en su mayoría, peligrosa.

Su sola presencia dejaba claro que no era una mujer común.

Su mirada tenía un encanto hipnótico, capaz de doblegar voluntades con apenas una palabra.

Pero en mí, esas técnicas —como la legeremancia y otras formas de manipulación mental— no surtían efecto.

No vino con buenas intenciones, desde luego.

No había ocultado mi existencia, ni mi alineamiento, ni mis poderes.

Fui como una llama encendida en la oscuridad: demasiado visible, demasiado tentadora.

Mi sola presencia bastó para atraer su atención.

Yo era, para ella, material interesante… un espécimen valioso para una bruja oscura con intenciones cuestionables.

Tal vez, por mi apariencia joven, no me tomó en serio al principio.

Apenas intercambiamos unas cuantas palabras antes de que intentara someterme.

Y así, comenzó el primero de nuestros enfrentamientos.

Su poder… lo clasificaría dentro del nivel de “Gran Bruja”.

No era algo que esperara, esperaba un nivel legendario por lo menos.

Pensé que no me supondría demasiados problemas con mi fuerza actual.

Estaba equivocado.

Me defendí con eficacia, y gracias a las técnicas modernas de lanzamiento de hechizos, tenía cierta ventaja inicial.

Sin embargo, aquello no parecía tener fin.

Intercambiamos hechizo tras hechizo; incluso utilicé otras habilidades, pero no logré obtener una ventaja clara.

Claro está, tampoco estaba usando todo mi poder desde el principio… y tal vez ese fue uno de mis primeros errores.

Debí haberla derrotado tan rápido como me fue posible.

La batalla escaló sin pausa.

Llegó un punto en el que ya no podíamos detenernos hasta que uno de los dos cayera.

Cualquier intento de reducir la intensidad para hablar se volvía inútil: no podíamos confiarnos.

Si uno titubeaba, el otro podía aprovecharlo.

Así que seguimos… y pronto, el simple combate se tornó en resentimiento puro.

Morgana llegó a odiarme con tanta intensidad que finalmente decidió sacar sus cartas ocultas, metafóricamente hablando.

Su nivel de gran maga era ya impresionante para la mayoría… pero entonces ocurrió algo que no esperaba.

Parecía que había un tipo de sello en su interior, una contención mágica que desconocía.

Y con un conjuro arcano —que no comprendía del todo— lo rompió.

Lo que emergió fue aterrador.

De un nivel de gran maga ascendió a uno legendario en apenas unos segundos.

Y no un nivel bajo, precisamente.

La intensidad de la lucha se disparó brutalmente.

Tuve que desplegar casi todas mis habilidades solo para resistir.

En poco tiempo, el terreno por donde pasábamos quedaba arrasado a nuestro paso.

Y lo peor fue descubrir que muchas de sus magias eran completamente desconocidas para mí.

Algunos de mis hechizos, en lugar de herirla, parecían fortalecerla.

No era una simple resistencia mágica… era como si su esencia distorsionara la naturaleza de la magia misma.

Subestimé cuánto se complicaría todo.

No podía escapar.

Muchos de mis métodos de evasión estaban anulados, y no podía asegurar una retirada sin consecuencias graves.

La lucha se prolongó, obligándonos a ambos a desplegar nuestras técnicas, a aprender el estilo del otro, a adaptarnos.

Fue una guerra de desgaste.

Creo que duró entre dos y tres días.

Al final, no hubo vencedor.

Las circunstancias se dieron de tal forma que ambos nos vimos forzados a retirarnos.

Yo terminé herido por su oscura magia de cuervos: heridas que no podía curar con mis propios poderes.

Podía sentir cómo esa maldición intentaba corroerme lentamente.

Mi magia de sangre apenas lograba contener su efecto, pero sabía que me tomaría tiempo recuperarme.

Ella tampoco salió ilesa.

Tal vez no cargaba con una maldición como la mía, pero la golpeé tantas veces, la presioné tan intensamente, que al desvanecerse el estado de “sello roto”, se le notaba pálida, temblorosa, agotada… demacrada.

La última mirada de odio que me lanzó antes de desvanecerse en una nube oscura fue suficiente para entender que no se olvidaría de esta derrota.

Lo sabría… más adelante.

Por un tiempo, dejé de lado mi investigación sobre la divinidad.

Lamerme las heridas era una prioridad.

Esta batalla me había abierto los ojos.

La magia que enfrenté era tan distinta a lo acostumbrado, y los métodos de Morgana tan extraños, que incluso yo tuve que reconocer su talento.

Presenciar todo aquello no hizo más que aumentar mi curiosidad sobre Merlín.

Pensaba que, al encontrarlo, muchas de las dudas con las que llegué serían resueltas.

Pero no tuve la oportunidad de hallarlo.

La lucha contra Morgana fue solo la primera… y esa bruja sí que era rencorosa.

Sin su transformación, no era especialmente poderosa en combate directo.

Pero sus métodos… sus métodos superaron todas mis expectativas.

Maldiciones.

Muchas, horribles y constantes maldiciones comenzaron a caer sobre mí como una plaga incesante.

Más adelante descubriría la razón: era un objetivo fácil de ubicar.

Al parecer, pocas veces existe alguien tan puramente malvado, o con una magia tan anómala como la mía, la magia de sangre.

Y por eso, para ciertos entes o ritualistas, era fácil seleccionarme como blanco de sus maldiciones.

Eran retorcidas, perversas, más allá de lo que jamás pude imaginar.

Si la primera batalla contra Morgana terminó en empate, esta etapa fue, sin duda, una derrota total.

Poco podía hacer frente a algunas de aquellas maldiciones; sólo me quedó aprender a sobrellevarlas… y comenzar a usar rituales para contenerlas o debilitarlas.

Fueron meses infernales.

Hasta que apareció de nuevo.

Volvió para terminar el trabajo.

Para vengar la humillación anterior.

Para matarme… o usarme como sujeto de experimentación, o quién sabe qué otra perversidad.

Esta segunda vez, ambos dimos lo mejor desde el inicio.

Y fue eso lo que me permitió sobrevivir… y escapar tras una jornada entera de combate sin vencedor.

Ella no esperaba que pudiera seguir sacando poder de mi interior, aunque fueron principalmente las Esencias de los Pecados las que me ayudaron.

La Lujuria, por ejemplo, era un excelente distractor para la mayoría, aunque no tanto con ella.

Al igual que yo resistía sus ataques mentales, ella se volvió rápidamente resistente al influjo de la lujuria que intentaba provocarle.

Eso solo confirmaba que estábamos igual que antes: sin que ninguno pudiera imponerse con claridad.

Pero esta vez, fui yo el más perjudicado.

Y mis planes de encontrar a Merlín casi se extinguieron.

No porque ya no creyera en él, o en que pudiera ayudarme contra Morgana, sino porque simplemente no tenía oportunidad.

Vivía oculto como una rata… a veces, literalmente.

Tratando de sanar, de recuperar fuerzas, de prepararme para el próximo encuentro con esa maldita fey.

Sí… la lucha continuó mucho más de lo que cualquiera habría imaginado.

Lo que comenzó como una riña se transformó en una rivalidad tan intensa como enfermiza.

Yo no fui precisamente el más dispuesto a dejarlo atrás: sus maldiciones realmente me afectaron.

Y ella, con su orgullo desmedido, tampoco lo permitió.

Nos encontramos una y otra vez, a lo largo de varios años.

Y cada vez lo dimos todo, sin contención.

Ambos fuimos perfeccionando técnicas, aprendiendo a contrarrestar la magia del otro.

Sus maldiciones seguían siendo un dolor insoportable, pero yo aprendí a sobrellevarlas, incluso a romperlas.

A su vez, ella logró adaptarse a mi magia moderna… y a los embates crudos de mi magia de sangre.

Así como ella aprendió a encontrarme, yo también aprendí a rastrearla.

Y comenzamos a atacarnos mutuamente, en nuestras respectivas bases o en terreno neutral.

Yo tenía una pequeña ventaja gracias a al [Feudo], pero ni siquiera eso fue garantía.

Creo que ni Merlín ni Arturo odiaron tanto a Morgana como yo.

De hecho, es muy posible que, en medio de nuestra guerra personal, ellos pasaran a segundo plano.

Porque para nosotros, ya no había otro objetivo: sabíamos que en cuanto se presentara la oportunidad, lanzaríamos el ataque fatal.

Casi una década.

Eso duró nuestra guerra.

Con altos y bajos, con luchas decisivas que casi terminaban con la muerte de uno u otro.

Morgana era, sin duda, una némesis formidable.

Nada que ver con Voldemort ni con otros imbéciles con delirios de grandeza.

Ella era una bruja oscura real, letal, inteligente… alguien con quien no se podía bajar la guardia.

Y entonces llegó la última batalla.

Año nueve.

Una ciudad entera fue arrasada.

Y no una aldea cualquiera… era una gran ciudad para su época.

Las llamas la consumieron por completo.

La tierra se fragmentó, el aire se volvió fuego, y el cielo se tiñó de rojo sangre.

Incluso el propio Merlín se vio atraído por nuestra lucha, y estuvo a punto de intervenir para detenernos, para evitar que causáramos más daño.

Pero no sé si lo logró… Porque yo… perdí.

—///— Me operan a mediados de la semana.

Después de eso, tomaré dos semanas de recuperación antes de ir retomando mis actividades.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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