Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 311

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo
  4. Capítulo 311 - 311 307 Estableciendo la divinidad
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

311: 307) Estableciendo la divinidad.

311: 307) Estableciendo la divinidad.

La verdad, crear un “reino divino” no es tarea fácil.

Tiene muchas complicaciones y limitaciones.

Sin embargo, el [Feudo] resolvía todos esos problemas, y la nueva idea que se me ocurrió aclaró todas mis dudas anteriores.

Finalmente, encontré el camino.

Elise me miraba confundida.

Yo permanecía en silencio, moviendo los ojos y las manos mientras manipulaba las pantallas que controlaban el [Feudo].

En realidad, podía hacerlo todo con el pensamiento, pero así resultaba mucho más cómodo.

Después de un rato, sonreí al ver que el primer paso de mi idea estaba listo.

Entonces, la miré.

“Ya lo resolví” afirmé.

“¿En serio?” preguntó con sorpresa.

“¿Cuál será mi divinidad?” “Vamos a verla” le dije, sujetando su pata justo antes de desaparecer juntos.

…

Cuando volvimos a aparecer, flotábamos en un vacío negro absoluto.

No había nada a nuestro alrededor… excepto un pequeño suelo de tierra de apenas 1×1 metros, suspendido sin base ni techo, como si flotara en medio de la nada.

Estabilizarnos fue complicado.

Elise, en especial, no podía dejar de moverse.

Daba vueltas, se retorcía, y ni siquiera sus alas le servían para volar bien.

Fue gracioso; incluso más que aquella vez que creyó que se estaba ahogando.

Al final, tuvo que apoyarse en la pequeña plataforma de tierra para tranquilizarse y aprender a flotar.

Bueno, en realidad era sencillo: bastaba con dejarse llevar.

Aunque el entorno parecía un espacio infinito, en realidad no era tan grande.

Cuando nos sentimos estables, volvimos a flotar frente a la plataforma, observándola.

“¿Este piso va a ser mi divinidad?” preguntó, algo confundida.

Aunque la verdad es que no le importaba.

Si yo se lo pedía, lo aceptaría sin dudar.

“Sí… pero no es solo un trozo de tierra” aclaré, haciendo algunos gestos más con mis manos.

Entonces, la plataforma pareció deformarse.

La imagen se desdibujó por un momento mientras la tierra cambiaba de forma, y pronto, frente a nuestros ojos, se fundió sobre sí misma hasta convertirse en una esfera perfecta.

“Esto” dije con entusiasmo “es un pequeño mundo, Elise.

Un mundo que podemos hacer crecer y desarrollar como queramos.” Lo había logrado.

Aproveché una de las cualidades del feudo: su capacidad para dividirse en subespacios.

No quería gastar todo el feudo en la divinidad de Elise, y gracias a esta función, no fue necesario.

De hecho, me abrió muchas más posibilidades.

Un reino divino tiene sus ventajas, pero también muchas limitaciones.

Elegir algo demasiado pequeño como divinidad puede hacer que el crecimiento sea lento, tedioso, y con un límite bajo.

Perder la oportunidad de desarrollarse realmente como un dios sería un desperdicio.

Por eso ningún dios establecería su reino en un lugar tan minúsculo como este… pero nosotros no tenemos que preocuparnos por eso.

Este tamaño es perfecto para un reclamo rápido, y su desarrollo no dependerá únicamente del dios.

Usaremos la función de expansión del feudo para hacer crecer la tierra y mejorarla, simplemente invirtiendo dinero.

Práctico, ¿no?

Intenté explicarle todo esto a Elise, pero parecía no comprender del todo lo fascinante que era.

Yo, en cambio, estaba emocionado.

Poder dividir el feudo en subespacios significaba que, si en el futuro aparecían más dioses, tendríamos un camino fácil para su desarrollo.

Un reino divino permite a un dios controlar todas las leyes de su dominio.

Con un mundo grande y relativamente completo, se puede evolucionar rápidamente hasta convertirse en una deidad superior.

Si logramos crear submundos complejos, incluso podríamos formar aquí un panteón entero de superdioses.

Y quién sabe… si llegamos a la era de la batalla final en el apocalipsis, no veo por qué no podríamos unirnos a la lucha… y patear unos cuantos traseros divinos.

Aunque, claro, eso será un problema para el futuro.

“Elise, tienes que reclamar este mini planeta” dije, aunque en realidad apenas superaba el tamaño de una pelota de playa.

“Bueno…” respondió ella con naturalidad, intrigada por lo que iba a ocurrir.

“Pero… ¿cómo se hace eso?” Y así comenzó una improvisada clase sobre cómo establecer una divinidad… impartida por alguien que solo sabía del tema gracias a lo que otro le había contado.

En efecto, ninguno de los dos tenía experiencia real.

Solo podíamos guiarnos por lo que Morgana nos había dicho, y por algunos textos antiguos que habíamos conseguido.

Elise logró hacerse una idea básica, y comenzó a intentarlo.

Frunció el ceño, se quedó mirando fijamente aquella esfera de tierra… La concentración que mostraba era tan intensa que parecía que su cabeza iba a explotar.

Pero no pasaba nada.

Nada en absoluto.

El proceso estaba siendo increíblemente difícil.

Una hora.

Dos.

Tres… “Usa tu magia, Elise.

Rodéala, llénala con tu esencia.” Le hablaba desde un lado, tratando de guiarla e inspirarla.

“Es algo que ningún otro dios podría hacer, pero tú sí, porque esto es lo suficientemente pequeño.

Aprovecha eso.

Reclámalo, domínalo, impón tu ser sobre él… Esta es tu divinidad.” Diez, once, doce horas después…

La verdad, todo era bastante monótono.

Más allá de darle algunas palabras de aliento, yo no tenía mucho más que hacer.

Elise seguía allí, flotando en el vacío, inmóvil, concentrada en establecer su vínculo con su futura divinidad.

Afortunadamente, ya había actualizado la función de ajuste temporal del [Feudo].

Por ahora solo podía duplicar el tiempo interno respecto al mundo exterior, pero algo era algo.

Sabía que esto tomaría tiempo.

Éramos inexpertos.

Incluso si esta divinidad fuera la más fácil de asimilar, para nosotros seguía siendo un reto abrumador.

Por suerte, había enviado un clon al exterior, y además había activado la habilidad que usaba durante las campañas: dividir mi mente.

Porque si no lo hubiera hecho… tener una conciencia funcionando en dos tiempos distintos me habría vuelto completamente loco.

…

Mientras tanto, en el mundo exterior, me crucé con Morgana.

Nuestras interacciones eran… peculiares, por llamarlas de algún modo.

No éramos amigos, pero tampoco enemigos.

Había cierta familiaridad entre nosotros, pero no llegábamos a ser amantes.

Aunque, siendo sincero, nunca perdí la oportunidad de sacudirle las entrañas.

En fin… esta vez vino con lo que podrían llamarse “malas intenciones”.

Aún no renunciaba a sus ambiciones con Elise.

Para ella, Elise era una oportunidad dorada que no podía dejar escapar.

Se me acercó con la esperanza de que la ayudara a conseguir un poco de pelo, sangre, tal vez algo de cuerno molido y otros ingredientes que, por alguna razón, consideraba “útiles” de mi mujer.

Tuve que rechazar su petición, por muy persuasiva que fuera.

Le expliqué que ahora no estaba disponible… aunque, sin querer, dejé escapar suficiente información como para que ella comprendiera lo esencial: Elise estaba estableciendo su divinidad.

No dije mucho, pero Morgana es astuta.

Muy astuta.

Bastó con eso para que atara todos los cabos.

Decir que se puso ansiosa sería poco.

Literalmente me agarró de los genitales con una mezcla de fuerza y ternura, a medio camino entre una orden y una súplica: “Llévame con ella” dijo con voz tensa y seductora.

No quería perderse el espectáculo.

A sus ojos, Elise era una presa demasiado jugosa, y estaba más que lista para exprimirla… quizá incluso de forma literal.

En cierto modo, ella nunca me juzgó por mi relación con Elise, al menos no como lo hacían los demás.

Su visión era…

distinta.

Creía que yo era como ella: una auténtica Slytherin, aunque aún no existiera ese término.

Pero esa era la mejor forma que encontré para describir cómo percibía mi existencia.

Estaba convencida de que mi vínculo con Elise era puro interés.

Que no me importaba que no fuera humana, ni siquiera que fuera un equino.

En su mente, todo era una cuestión de poder.

Creía que incluso si Elise tuviera un miembro de caballo, yo no tendría reparo en dejarme atravesar, si eso me permitía seguir aprovechándome de esta diosa naciente.

Porque para Morgana, el fin siempre justificaba los medios.

Estaba convencida de que yo estaba con Elise solo por su potencial divino, y por eso, cuando me tuvo solo, no dudó un segundo en caer de rodillas, liberar a mi “gran serpiente” y tomarla entre sus labios, susurrándome propuestas con voz diabólica.

Me prometía resultados.

Doblados, triplicados… hasta diez veces más grandes de lo que Elise podría lograr por su cuenta.

Me decía que compartiéramos el botín, que le entregara a Elise, que ella, experta en lo divino, sabría extraer hasta la última gota de su esencia y llegar mucho mas lejos, que ella era una mejor opción, mucho mas prometedora y bella que podía usar incluso con mucho mas descaro.

Esta última parte se dijo con un tono y acento muy sugerente mientras liberaba y apretaba sus propios pechos.

Ella había deducido que, a pesar de todo, yo seguía siendo un hombre que pensaba con la parte inferior de mi cuerpo y lo aprovechaba muy bien.

Debo decirlo: Morgana era una maldita bruja en todos los sentidos de la palabra.

No solo por lo que hacía con la boca, sino por lo que decía.

Era capaz de convertir en seducción la traición más vil.

Pintaba con palabras un cuadro tan tentador que, por un momento, sí, imagine la posibilidad.

Pensé en traicionar a Elise… y luego revolcarme con Morgana en el altar de la ambición.

Claro, fue solo una fantasía.

Nunca tuve intenciones reales de hacerlo.

Pero Morgana no se detuvo.

Siguió insistiendo, cambiando de estrategia, probando diferentes métodos de seducción y manipulación.

Me decía que ya no tenía que mendigar poder revolcándome con una yegua, o que si me gustaban los equinos, ella me conseguiría los más hermosos, encantados y dispuestos… solo tenía que entregarle a Elise.

Rechazarla fue difícil, especialmente después de que me abalancé sobre ella y terminamos como dos bestias en celo.

Sí… fue cuestionable haber ido tan lejos solo para luego decirle que no.

Estoy seguro de que, si no existiera el contrato que nos ataba, tendría motivos reales para preocuparme por mi vida después de eso.

Ella no desistió, claro, pero le dejé en claro que mi relación con Elise no era por interés.

Que lo que teníamos era amor verdadero.

Que no iba a permitir que realizara algún ritual retorcido para arrancarle el alma a Elise y saborearla como un vino añejo.

Morgana me regaló entonces la mueca más despreciativa que he visto en su rostro.

Me llamó “idiota”, “degenerado”, e intentó aplastar mis genitales con odio.

Por suerte, no le era físicamente posible.

Tiempo después, volvió a mostrarse cariñosa.

Esta vez su objetivo era diferente: obtener información sobre Elise.

Si no podía obtener nada de mí, intentaría seducirla a ella para obtener beneficios… y quizás, usarla para deshacerse de mí.

Realmente era una mujer dispuesta a todo.

Y luego me llamaba enfermo a mí.

¿Qué puedo decir?

Lo peor es que siguió intentando seducirme.

Descubrió que yo era capaz de obtener cosas que otros ni siquiera imaginarían… y después del segundo asalto, digamos que cedí un poco.

Nada definitivo, pero lo suficiente como para alimentar su codicia.

Por un breve instante, Morgana —aunque frustrada por no haber conseguido todo lo que quería y reconociéndome como un obstáculo molesto— consideró que quizás lo mejor era conservarnos… a ambos.

A mí y a Elise.

Como piezas útiles en su tablero.

Después de eso, me dejó relativamente en paz.

Pero noté un cambio.

Comenzó a involucrarme más en sus asuntos.

No porque me abriera su corazón o me considerara digno, sino porque estaba esperando el momento justo para usarme.

Sabía perfectamente qué carta jugar y cuándo hacerlo.

Las brujas del futuro tienen mucho que aprender en lo que respecta a magia sexual.

Incluso yo comencé a considerar expandir mi biblioteca en ese campo.

Sí, eran técnicas oscuras, con consecuencias cuestionables, pero en esta campaña… la moral no pesaba tanto.

Y debo reconocerlo: su título de “Bruja Oscura” estaba más que merecido.

Quizás incluso era demasiado modesto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo