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Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 312

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  4. Capítulo 312 - 312 308 Elise
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312: 308) Elise 312: 308) Elise “¡Lo hice!” aulló Elise, relajando apenas el ceño fruncido y soltando parte de la tensión acumulada por la concentración, aunque no del todo.

“Siento la conexión.” “Bien, pero no la pierdas.

Ahora consolídala.

Solidifícala.

Rodea toda la masa de tierra y reclámala,” le dije desde un costado, con la voz serena pero firme.

“Está bien,” asintió, y continuó con su labor, cerrando los ojos con determinación.

Me quedé a su lado, observándola con la misma concentración que ella dedicaba a la esfera.

Había tomado mucho tiempo, pero por fin veíamos un progreso.

Yo no podía sentir lo mismo que ella, claro —carezco de ese sentido divino—, pero aun así estaba emocionado.

Aunque había algo que sí podía percibir.

Al principio fue apenas un cosquilleo, pero ahora que comenzaba a funcionar, la sensación se hacía más clara.

Era algo extraño, una especie de presión, como si alguien estuviera intentando quitarme algo que era mío.

Y sabía exactamente qué era.

El [Feudo].

Elise estaba imponiendo soberanía sobre un fragmento que me pertenecía sin lugar a dudas.

Sentía que, con solo pensarlo, podía destruir todo lo que ella había logrado hasta ese momento.

Porque el [feudo] no puede ser reclamado por otro, ni siquiera en una mínima porción.

Pero hacerlo significaría echar por tierra su esfuerzo, e incluso podría herirla seriamente…

así que simplemente no lo hice.

Permití que su poder fluyera.

Según lo que sentía, la existencia de esa pequeña porción del feudo estaba siendo cubierta por la esencia de Elise, pero en el núcleo, mi autoridad seguía firme.

Incluso si lograba consolidar su divinidad ahí, yo aún podría romperla en cualquier momento por la fuerza.

Pasaron horas, muchas, hasta que fueron más de doce.

Elise comenzó a relajarse, como si el proceso ya no exigiera tanto esfuerzo de su parte, y luego de otro largo tramo de tiempo, finalmente se desplomó en el vacío, flotando suavemente hacia mí.

“Listo,” murmuró, exhausta más en lo mental que en lo físico.

Se notaba que lo único que quería era dormir.

Así que la ayudé.

Abracé su cabeza contra mi pecho y formé una cuna mecedora con sangre.

Era líquida, sí, pero lo bastante densa como para ser cómoda, y con el suave vaivén en el vacío, Elise se durmió… durante casi tres días.

Cuando por fin despertó, aún estaba algo aturdida.

De hecho, había estado babeando sobre mí todo ese tiempo, y me habría encantado burlarme de eso… pero ella tenía otras cosas en la mente.

“¿Lo hice?” preguntó, aún confusa.

“Dímelo tú… pero creo que sí,” respondió, mirando hacia la gran esfera terrestre.

Elise la observó en silencio, sintiendo esa extraña conexión.

Pero la duda apareció en su mirada.

“Creo que sí… lo siento… como si eso fuera parte de mí, como si pudiera moldearlo con mi voluntad… pero no siento absolutamente nada diferente,” dijo mientras se acercaba a la esfera y la golpeaba suavemente con una de sus pezuñas.

“¿Ahora soy un dios?

Porque no se siente así.” “Jeje… tranquila.

Debió haber funcionado,” respondí.

“Lo que pasa es que en realidad, esto no es nada impresionante.

Una divinidad en un mundo tan pequeño y vacío como este no provoca cambios.

Prácticamente, todo lo que puedes hacer aquí, podrías haberlo hecho con tu propia magia.

Por eso no sientes la diferencia.

Por eso ningún dios intentaría algo como esto: no es ni siquiera una gota en el mar.

No trae benéficos, es mas, es una perdida para cualquier dios” “¿Entonces todo esto no sirvió de nada?” preguntó, visiblemente decepcionada.

“Oh no, claro que sirvió.

Es solo un comienzo… desalentador, sí, pero necesario.

Tenemos un futuro brillante por delante,” le dije acariciando suavemente su rostro.

“Ahora lo importante es que te acostumbres a esta nueva conexión, a este vínculo.

Aunque hayas establecido tu divinidad, es probable que aún no esté del todo solidificada.

Necesitamos asegurarnos de que sea estable para poder seguir adelante.” La verdad es que ninguno de los dos estaba completamente seguro de qué tan bien había salido todo, y por eso tomé esa decisión.

Prefería prevenir que lamentar.

Tomarnos un poco más de tiempo para asegurarnos de que todo estuviera bien no era ninguna tontería.

Elise volvió a su modo de concentración.

Intentó sentir si había algo fuera de lugar, o si podía fortalecer aún más su vínculo con la esfera, mientras yo permanecía a su lado, acompañándola en silencio.

…

El tiempo transcurrió con sorprendente normalidad, como si nada estuviera ocurriendo… a pesar de que, en realidad, una nueva diosa estaba naciendo.

Aunque la divinidad era un asunto trascendental, comenzamos a tomarlo con más calma.

Elise seguía fortaleciendo su recién establecida autoridad divina, pero lo hacía de forma más relajada.

Incluso empezamos a tomarnos tiempo para pasear y explorar, más allá de Avalon.

La Inglaterra medieval tenía mucho que ofrecer, o al menos, eso esperábamos.

Por supuesto, no pasó mucho hasta que Morgana nos descubrió nuevamente juntos.

Y como era de esperarse, sus engranajes mentales comenzaron a girar otra vez, urdiendo alguno de sus planes retorcidos.

No fueron pocas las veces que intentó quedarse a solas con Elise, claramente para hablar… o más bien, para envolverla con su lengua de plata e intentar arrastrarla hacia sus maquinaciones.

No tuvo mucho éxito.

Elise no era precisamente la más avispada de todas, pero seguía siendo un unicornio, y ahora más que eso.

Pudo sentir que el corazón de Morgana no era puro.

Antes, la bruja tenía métodos tan refinados que incluso podía engañar a los unicornios comunes, haciéndoles creer que era la doncella mas inocente y pura que han visto.

Pero con Elise, eso no funcionó.

Y si bien los discursos retorcidos de Morgana podían confundir a cualquiera, Elise simplemente se perdía en sus vueltas y no caía en sus trampas… por pura confusión.

Lo peor vino cuando Morgana decidió cambiar de estrategia.

Intentó alcanzar a Elise por otro medio: seduciéndola físicamente, como creía que yo lo había hecho en su momento.

Para lograrlo, usó sustancias peligrosas que habrían matado a cualquier humana —maga o no— por una sobreestimulación tan intensa que habría colapsado el cerebro.

Sí, tampoco funcionó.

Lo único que consiguió fue una fuerte patada cuando Elise sintió que alguien tocaba una parte de su cuerpo que ella consideraba reservada solo para mí.

Aunque, siendo sincero, esa crema que Morgana tenía en las manos sí causó problemas… que luego yo tuve que resolver.

A partir de ese momento, Elise no permitió que Morgana se le acercara más.

De hecho, la enfrentó con agresividad.

Morgana, consciente de que ya no tenía oportunidades con ella —y de que no podía dañar a esta nueva diosa por mi culpa— decidió cambiar de táctica.

Esta vez, volvió su atención hacia mí.

Aceptó, al menos de forma temporal, que el amor entre Elise y yo era real.

Y en lugar de oponerse a ello, decidió usarlo a su favor para evitar el desastre que sería tener a una diosa en su contra.

Incluso aspiraba a obtener algún tipo de beneficio de todo esto.

Yo, en lugar de enfadarme, simplemente me reí, aunque tuve que fingir cierto desprecio para que esta bruja arrogante suplicara mas.

Al final, logré mediar entre ambas.

Desde entonces, todo fue más llevadero.

Morgana, al no tener otra opción que cooperar conmigo para conseguir lo que deseaba, se volvió sorprendentemente útil.

Con el tiempo, la relación se volvió más cordial.

Mientras tanto, Elise y yo solíamos pasear y aventurarnos juntos, siempre que no estuviésemos en el feudo trabajando en el mini-planeta.

Aunque, claro, también empezaron a suceder cosas extrañas, como… …

En medio del bosque, aún dentro de Avalon, me encontraba buscando a Elise.

Ella se había adelantado para encontrar un buen lugar entre los árboles, probablemente para organizar nuestra nuestra…

¿pijamada?

¿picnic?

Algo así.

Mientras tanto, yo había estado —digamos— “cumpliendo con la noble tarea de simular extender el linaje de las fey”, si es que se le puede llamar así.

A Elise nunca le agradó mucho mi estilo de vida “libertino”, pero, por suerte, hacía ya tiempo que había dejado atrás los celos y los berrinches.

Después de terminar un último encuentro con Morgana, salí a buscarla.

No me costó demasiado.

La encontré en un claro del bosque, tan hermoso como tantos otros en esta isla encantada.

Pero lo que sí me sorprendió fue lo que vi.

Tanto que, por un momento, no la reconocí.

Frente a mí no estaba la Elise que conocía.

Lo que vi fue una criatura extraña y deslumbrante: la mitad inferior de un caballo de pelaje blanco como la nieve, y la mitad superior de una mujer desnuda, de piel luminosa, orejas largas como las de un elfo, ojos grandes y azules, y una melena blanca que caía suavemente sobre sus hombros.

Era una centauride, y por un instante me quedé sin palabras.

Me quedé pasmado ante su belleza.

Pero fue nuestra conexión, ese vínculo mágico que compartíamos, lo que me hizo comprender que sí, era Elise.

“¿Elise?” pregunté, acercándome con cautela, sin poder evitar que mi mirada se perdiera en su torso desnudo, brillante bajo la luz del bosque.

“Red…” pronunció con la misma voz de siempre, suave y familiar.

“Estaba probando magia y… bueno…” parecía algo desconcertada, pero no alarmada.

“Debe ser el linaje centauro que llevas en la sangre” murmuré, pensativo.

“Los dioses suelen manifestar una forma verdadera una vez que su divinidad se estabiliza, como una especie de reflejo puro de su esencia.

Tu divinidad recién se ha consolidado, pero aún es inestable.

Por eso tu forma física también lo es.

Con el tiempo, podrás adoptar la forma que desees a voluntad.

Pero tu forma principal… eventualmente será otra.” Elise asintió, comprendiendo que este cambio era accidental y temporal.

No parecía muy contenta con su nuevo aspecto, aunque tampoco lo rechazaba del todo, pero estaba segura de que cuando sea momento de consolidar su aspecto como lo hizo con su divinidad no elegiría esta forma.

Aunque luego notó que yo no dejaba de mirarla fijamente… en particular, a sus tetas.

“¿Te gusta esto?” preguntó con una mezcla de ironía y fastidio, apretando sus pechos con ambas manos.

“Oh, sí…” respondí con una sonrisa ladina, lamiéndome los labios.

“No sabes cuánto soñé con este día.

Debo decirlo: eres hermosa.” Esta vez hablé con sinceridad, sin la menor traza de lujuria.

La observé directamente al rostro, y era como contemplar una obra de arte perfecta.

“Lo sé, siempre dices que soy hermosa” rió juguetonamente.

Aunque claramente disfrutaba de los elogios, no era consciente de lo diferente que era.

“Lo digo como humana.

Incluso tu sonrisa… brilla más que cualquier otra que haya visto.” expresé maravillado.

Me acerqué poco a poco, aunque ahora que era centauride, era incluso más alta que antes.

Sin pensarlo mucho, transformé una piedra en un banco bajo mis pies y me elevé.

Sujeté suavemente uno de sus pechos y, antes de que pudiera reaccionar, la besé.

Con intensidad, con ferocidad.

Como nunca antes.

Era una venganza dulce: su anatomía de unicornio me había dejado muchas veces a merced de su gran lengua violando mi boca, y ahora, al menos esta vez, era yo quien tomaba la iniciativa.

Nos quedamos enfrascados en un beso profundo.

Elise no sabía bien qué hacer con sus brazos; su nueva forma aún era torpe, como si su cuerpo estuviera aprendiendo a moverse desde cero.

No era extraño, después de todo, había sido un equino toda su vida.

Y así, comenzó nuestro “picnic”.

Yo disfrutaba de su nueva parte superior humana, besándola, acariciándola, manoseandola con intensidad.

Pero ella, claramente, no lo estaba.

Su torpeza la frustraba.

Cometía errores simples, como casi atragantarse con un trozo de fruta.

A cada rato se enfurruñaba y murmuraba su deseo de volver a su forma original.

Pero yo no se lo permitía todavía.

No por crueldad, sino porque quería disfrutar un poco más de esta nueva Elise, semihumana y divinamente bella.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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