Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 313
- Inicio
- Todas las novelas
- Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo
- Capítulo 313 - 313 309 El precio de amar a una diosa con pezuñas
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
313: 309) El precio de amar a una diosa con pezuñas 313: 309) El precio de amar a una diosa con pezuñas “No entiendo qué le ves a esto.
Tu raza está mal diseñada” gruñó Elise mientras manoseaba con desagrado sus nuevos pechos humanos.
“¿Quién fue el idiota que decidió poner esto aquí arriba?
¡Las tetas deberían estar abajo!
¿Cómo se supone que los potros alcanzan esto?
¡Es absurdo!” Elise no paraba de refunfuñar sobre su parte superior humana, como si cada segundo le resultara más insultante.
Y lo peor: no tenía ni la más mínima idea de cómo funcionaba esa anatomía.
“Jeje… es que los humanos tienen que cargar a sus bebés para que puedan amamantarse” intenté explicarle, aunque ya sabía que no iba a aceptar ninguna lógica que no fuera la suya.
“Hmm…
hasta sus crías son inútiles.
Ni siquiera pueden mamar solas.” Pronunció con un tono lleno de desprecio.
“De verdad, tu especie es un chiste.
Débil, defectuosa…
¡y con las tetas en el lugar equivocado!
¿Qué clase de diseño es ese?” Miraba sus propios senos como si fueran una aberración evolutiva, pero yo sabía que la única razón por la que les prestaba tanta atención… era porque yo también lo había hecho.
Bastante.
“Si yo me transformé en esto, tú también podrías cambiar en el futuro.
Deberías abandonar esa forma humana fallida y pasarte al lado superior.” Habló con una naturalidad inquietante, como si estuviera predicando.
“Los humanos están condenados a extinguirse con todas sus imperfecciones.
Ven conmigo.
Evoluciona.
Únete a la raza superior.” “Ay, Elise…” solté entre risas, a duras penas conteniendo la carcajada.
“Por favor, no te vuelvas la Hitler de los equinos.” “¿Qué es un ‘Hitler’?” preguntó confundida.
“Nada, nada… olvídalo.
Pero deja de quejarte.
No estás tan mal.
Estás preciosa, aunque no te gusten tus nuevos ‘desperfectos’.” Acaricié suavemente su rostro, y ella se estremeció, aún sin acostumbrarse a la sensibilidad de su nueva piel.
“Eso lo dices tú” resopló.
Elise se cruzó de brazos con torpeza y giró la cabeza a un lado, haciendo un puchero tan perfecto con sus nuevos labios que me sorprendió.
¿Cómo lograba eso si aún no lograba coordinar ninguna otra parte de su humanidad?
Suspire con seignacion, sabia que tendriamos otro de esos episodios con elise, pero aun asi hice mi parte.
Suspiré con resignación.
Otro de esos episodios.
“Amor… ¿qué pasa ahora?” le pregunté con voz suave, intentando calmarla.
“Nada.
Todo está perfecto, ¿no?” respondió con un tono sarcástico mientras se incorporaba.
“No hay nada de qué preocuparse… después de todo, ahora sí soy lo suficientemente bonita.” “¿Otra vez con eso?
Ya te lo dije: eres la yegua más hermosa de todas.” Intenté usar mi tono más dulce, el que suelo usar para bajarle la rabia.
“Sí, claro que lo soy ahora” dijo ladeando la cabeza con una sonrisa cínica.
“Mírame: piel frágil sin pelo, una nariz ridículamente cerca de los ojos y esas bolas colgantes que están demasiado arriba para cualquier uso sensato.
En serio, ¿¡quién puso las tetas tan lejos del coño!?” “Elise… tu nuevo aspecto no cambia nada.
Siempre has sido hermosa” intenté razonar con ella.
“Como si pudiera creerte” masculló, apartando la mirada.
“Te pasaste todo el tiempo toqueteando estas” meneó el torso para hacerlas rebotar dramáticamente.
“No lo niegues, solo ahora te parezco atractiva, ¿verdad?
Eso duele…” “Oye, también te manoseaba las tetas cuando eras unicornio…” me defendí débilmente.
“¡En este rato me has tocado más que en todos nuestros años juntos!” me gritó con los ojos húmedos.
Y… me quedé sin palabras.
Porque tal vez tenía un punto.
Quizá me había emocionado demasiado con su nueva forma.
Tal vez sí me había pasado de juguetón.
“A ti solo te importan los humanos, ¿no?
Seguro que antes pensabas que era horrible y solo me soportabas, pero ahora, recién ahora, es cuando me aprecias de verdad” dijo, su voz cargada de veneno.
“Espera… esto no tiene nada que ver con Morgana, ¿verdad?
No me digas que le creíste algo.
Sabes que no es de fiar” dije, ya preocupado por la sombra que esa bruja pudiera haber dejado en su cabeza.
“¿Por qué te importaría?” siseó.
“Pero no, tu preciosa amante no tiene nada que ver…” se burló con amargura.
“¿Por qué no vas y le haces unos cuantos potros más?
Estoy segura de que sus hijos serían hermosos.
Ella encaja perfectamente con tu definición de ‘bellaza’, ¿no?” “Elise, cálmate… no es así.
Siempre creí que eras hermosa” intenté acercarme, pero no me dejó.
Con sus patas delanteras golpeó el suelo con fuerza, como advirtiéndome que no diera un paso más.
Por suerte, esta vez su poder no estaba descontrolado.
Si lo estuviera… probablemente ya estaría volando por los aires.
“¿Entonces por qué tienes tantas novias…?” preguntó con una calma inquietante, mirándome fijamente.
“Ya hablamos de…” intenté responder, pero ella me interrumpió sin rodeos.
“…Humanas?” terminó la frase con una intención afilada como una daga.
“¿Qué?” me quedé atónito.
“Dices que soy hermosa y que no tengo nada que envidiarle a las demás, pero curiosamente soy la única como yo entre tus mujeres.” Su mirada me juzgaba sin misericordia “Todas son humanas.
Cada una.
Y yo soy la única unicornio.
O pegaso.
O ‘caballo’, como lo llamaste una vez.
Si fuera tan hermosa como dices… habría más como yo.
Porque no podrías resistirte.” Su razonamiento era tan inesperado como preciso.
No me lo vi venir.
Siempre creí que el problema era que tuviera otras mujeres… pero ahora parecía que el problema era que no había más mujeres…
como ella.
Sin embargo, por suerte, todavía tenía una respuesta que podrias sacarme del aprieto.
“Elise, amor” me acerqué suavemente con intenciones de acariciarla “No creo que haya otra como tú.
Incluso si lo intentara, no podría encontrarla.
¿Qué sentido tendría buscar a alguien como tú, si ni siquiera puedo imaginar a alguien que se te acerque?
Eres… imposible de igualar.” Ella no cambió su expresión.
De hecho, me miró con aún más desprecio, resoplando con frustración.
“Como tú mismo dijiste sobre mí, soy ingenua, no estúpida.
Si creyera lo más mínimo en lo que acabas de decir, preferiría seguir siendo el unicornio tonto que vaga por el bosque.” Dijo con la mirada llena de emociones.
“Si quieres una mujer, la tienes; no te importa si es mejor o peor que la anterior, simplemente la consigues.” Sus palabras me desarmaron.
Elise había cambiado.
Crecido.
Aprendido a entender este mundo, y sus emociones.
Y aunque eso debería alegrarme… en este momento, era un auténtico dolor en las pelotas.
“Elise…” empecé a hablar, con menos confianza esta vez, pero ella volvió a interrumpirme.
“Seguro que cuando mi mundo divino crezca, vas a querer llenarlo de humanos, ¿verdad?
Para tener más hembras que follar.
Para eso sirvo, ¿no?
Para darte más coños humanos que coleccionar.” lo dijo con una mezcla dolorosa de desprecio y tristeza.
“Elise… para.
Sí, puede que tengas razón en muchas cosas… pero sabes bien que tú no eres eso.” Me acerqué despacio, a pesar de su amenaza tácita de patearme la cara “Te amo.
Y… sinceramente, estoy cansado de tener estas discusiones una y otra vez.” Suspiré mientras usaba el banco transfigurado para elevarme y poder sostener su rostro entre mis manos.
Su piel aún no se acostumbraba a ese contacto “Entonces deberías ser mejor semental” murmuró con voz débil, evitando mirarme.
Sus ojos enrojecidos estaban al borde del llanto.
“Lo sé.
Soy pésimo…” dije con una sonrisa triste, intentando suavizar su rabia.
“Dime la verdad.” me miró de reojo “¿Te gustan más los cuerpos humanos… que los equinos?” “Yo…” hice una pausa.
Pude mentir.
Pero no lo hice “Para follar, sí.
Pero eso no significa que piense que tu forma equina es menos atractiva… en algunas ocasiones, hasta es más.” “Hmmm…
eso no me hace sentir mejor”, dijo, frunciendo el labio mientras algunas lágrimas se le escapaban, aunque era evidente que intentaba contenerlas para mostrarse fuerte.
“Está bien, Elise…” le susurré con cariño “Sé que me equivoqué.
Y a partir de ahora… me esforzaré.
Haré lo que sea para ver tu verdadero aspecto, para aprender a desearlo… hasta que me guste.
Hasta que me vuelva loco por ti, de todas tus formas.” “Eso no es suficiente…” murmuró, con ese tono agrio que solo se mezcla con el dolor.
“Entonces… ¿cómo puedo arreglarlo?” pregunté con sinceridad.
Antes, yo era quien decidía cómo resolver cada situación.
Pero ahora… Elise había crecido.
Intelectual y emocionalmente.
Y sentí que merecía tener la palabra final.
Elise se quedó pensativa.
Se notaba un poco mareada por el repentino cambio de rol.
Antes, era una criatura salvaje, libre de preocupaciones complejas.
No necesitaba planes, ni negociaciones.
Solo correr, pastar y patear cosas que no le gustaban.
Pero ya no era aquella bestia del bosque.
Aun así, no tardó en encontrar algunas ideas.
“Tienes que hacer lo que dijiste.” me dijo con firmeza, con el ceño fruncido y sin dudar “Mirarme como miras a las humanas.
Haz que te guste.
De verdad.” Asentí, sin decir nada.
Estaba claro que esto no sería fácil.
“Y el nuevo mundo…” añadió, pensativa.
“¿Qué pasa con él?” pregunté con cautela.
“No quiero que tenga humanos.” dijo finalmente, casi como una orden “Si algo va a habitar ese mundo, que sean equinos.
O criaturas parecidas.
Nada de humanas.” La idea parecía estar tomando forma en su mente mientras hablaba, como si al verbalizarla la estuviera creando.
“Está bien.
Es tu mundo, podemos hacerlo como quieras.” respondí con una sonrisa suave mientras acariciaba su mejilla “Además… si lo llenamos de unicornios, podrías alcanzar esa ‘Divinidad de los Unicornios’ de la que hablábamos.
¿Recuerdas?” “Sí.” —respondió con un pequeño respiro de alivio.
Pero no terminó ahí— “Y… también quiero que consigas más mujeres como yo.” La frase quedó suspendida en el aire.
“¿Más… unicornios?” —pregunté, con el alma temblando.
“Equinos esta bien” dijo, como si la idea se le acabara de ocurrir “O por lo menos… que no sean humanas.
Si no puedes tener más como yo, al menos que no todas sean de dos piernas.” “Elise… eso ya es algo… más complicado.” admití, sintiendo que esto se estaba desviando.
“Por lo menos inténtalo.” pidió con una mirada que mezclaba tristeza y súplica.
Sus ojos grandes, brillosos y húmedos eran como una trampa emocional de la que no podía escapar.
Suspiré.
“…Okey… lo intentaré.” dije resignado, rindiéndome por completo a su poder emocional.
Intenté sonar molesto “¿Eso es todo?” “No.” —respondió rotundamente mientras se alejaba unos pasos y me daba la espalda.
Su cola se agitaba con nerviosismo— “Falta una última cosa.” Se giró apenas, lo justo para mirarme de reojo, con una sola pupila brillante y una expresión exigente.
Su lenguaje corporal era claro: lo que venía ahora no era negociable.
“Quiero que me des amor.
Ahora mismo.” La forma en que lo dijo fue un ultimátum disfrazado de deseo.
Todavía estaba molesta.
Y su postura rígida y tensa indicaba que, si no le daba lo que pedía, iba a pagarlo.
Y no quería, bajo ningún concepto, tener la misma experiencia que Morgana en lo que respecta a… patadas de caballo.
“Y nada de usar la parte humana.
No, no.” dijo Elise con total seguridad, como si hablara de una verdad científica “Tienes que usar la única parte de mi cuerpo actual que todavía es decente.” Tenía esa mirada de orgullo salvaje, convencida de que su mitad equina era perfecta y gloriosa.
“Tengo que ayudarte a superar ese asqueroso gusto tuyo por las humanas y enseñarte lo obvio: que la verdadera belleza, la verdadera sexualidad, siempre estuvo en los coños de caballo.” Lo dijo sin pestañear.
Yo sí parpadeé.
Muchas veces.
“Y en unas tetas bien cercanas a él, para que puedas jugar con ellas como debe ser.” Añadió con tono didáctico, como si me estuviera educando en una gran verdad universal, “Ahora deja atrás tus creencias estúpidas… y descubre la verdad absoluta adorándome.” La miré en silencio.
Un poco asustado.
Un poco confundido.
Un poco… estimulado, lo cual era aún más preocupante.
Las palabras de Elise empezaban a preocuparme seriamente.
No tanto por el contenido (aunque… también), sino por lo que implicaban: por mi culpa estaba naciendo un dios.
Uno muy raro.
Uno con ideas muy específicas sobre ‘religión’, sexo interespecies.
Ya no tenía escapatoria.
Solo me quedaba seguirle el juego… por ahora.
Aunque en cuanto pudiera, le hablaría sobre lo que hace buena a una religión, qué es un dios decente, y por qué no todo el mundo debería andar por ahí adorando coños de caballo como si fueran templos sagrados.
Pero eso, claramente, sería una conversación para más tarde.
…
Para cuando volvimos a lo de Morgana, Elise ya había retomado su forma anterior.
También se la veía mucho más segura de sí misma… mientras que yo tenía la cadera y la lengua completamente exhaustas.
La cosa se puso un poco peor cuando nos cruzamos con Morgana.
Sin previo aviso, Elise me besó con violencia, invadiéndome la boca con su lengua , mientras miraba fijamente a la bruja con esa expresión de arrogancia triunfante.
Como diciendo: “Mírame, humana inferior”.
O al menos, eso creo.
Porque honestamente, no estoy seguro de que alguien más entendiera su gesto… excepto ella.
En fin, sobreviví a su arrebato, y ahora las cosas entre nosotros estaban más o menos bien.
Claro que aproveché la calma para establecer ciertos límites y dejar en claro que cosas así no deberían repetirse en el futuro.
Aunque…
no estoy tan seguro de que me hiciera caso.
Este, me temo, es el precio de tener una novia que es una criatura mágica, con superpoderes, y que además ha descubierto el goce de la dominación emocional, sexual y, al parecer, también diplomática.
—///— La verdad es que el Patreon bajó bastante para la cantidad de capítulos semanales, pero como fallé algunas semanas debido a mi operación, he decidido, aun así, hacer todos los capítulos durante algunas semanas para compensar.
patreon.com/Lunariuz
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com