Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 314
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- Capítulo 314 - 314 310 El crecimiento de un nuevo mundo
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314: 310) El crecimiento de un nuevo mundo 314: 310) El crecimiento de un nuevo mundo Tal vez nos lo tomamos con demasiada calma.
Quizá porque nuestro objetivo principal aquí era investigar a los dioses, nunca nos enfocamos realmente en el desarrollo profundo de la campaña.
Seguramente ocurrieron cosas importantes, pero Elise y yo terminamos ignorándolas.
Para ser honesto, nunca supe cuál era el propósito central de esta campaña.
Solo sabía que estaba basada en la leyenda de Merlín y el Rey Arturo.
Más allá de conocer a Morgana y establecernos temporalmente en su casa, no exploramos demasiado esa historia.
Creí que la mayor recompensa que obtuvimos aquí fue lo que ella nos dio, así que tampoco sentí que nos perdiéramos de mucho.
Nuestro tiempo aquí fue, en cierto modo, relajado.
Elise y yo centramos nuestra atención en el desarrollo del nuevo mundo.
Esperamos pacientemente a que su divinidad se estabilizara antes de intentar el siguiente paso.
…
—En un vacío negro, donde no existía nada más que una esfera de tierra flotando— “¿Lista?” pregunté, con el dedo a un centímetro de la pantalla flotante.
“Solo hazlo” respondió Elise, impaciente.
Con su aprobación, presioné el botón para expandir el territorio.
Una cantidad de dinero desapareció de mi [monedero].
En ese mismo instante, la esfera duplicó su tamaño físico.
Sentí cómo la esencia de Elise, que envolvía completamente el planeta, se estiraba repentinamente, dejando grietas como si fuera una telaraña desgarrada.
Pero lo que realmente me hizo notar el cambio fue…
“¡¡¡AAAAAAHHHHHHhhh…!!!” gimió Elise, con un tono que oscilaba entre el dolor y algo más difícil de definir.
“Es…
tan…
grande…” Me giré y vi que había perdido completamente la compostura, como si sus huesos fueran gelatina.
Agitada, sudorosa y temblando, su cuerpo se retorcía sin control en el vacío.
“Me siento tan llena…
como si me partiera en dos…
fue tan repentino…
es demasiado…” seguía diciendo, entre jadeos confusos.
No sabía cómo responder.
Entendía perfectamente lo que estaba ocurriendo, sabía que no lo hacía a propósito…
pero la escena daba lugar a todo tipo de malentendidos.
Me acerqué y la sostuve con cuidado, guiándola para que pudiera recobrar el control.
Le ofrecí apoyo moral mientras ella reparaba los daños sufridos a su divinidad y se preparaba para continuar.
Pasaron semanas, incluso un par de meses, hasta que Elise dejó de temblar por completo y pudo restaurar su esencia.
Fue agotador…
y, en partes, bastante aburrido.
Pero todo volvió a la normalidad.
Bueno, casi todo.
Hubo una escena confusa cuando Elise mencionó todo esto sin dar contexto, justo frente a Morgana, quien me miró con una mezcla de desconcierto y duda.
Su expresión parecía decir: “Estoy segura de que no era tan impresionante la última vez” o “¿Qué clase de hechizos raros están practicando ustedes dos?” Tras un largo tiempo, con el daño ya reparado, nos preparamos para intentar expandir el mundo otra vez.
Elise estaba nerviosa, pero con algo de consuelo y cariño, se tranquilizó.
Aun así, la vi temblar.
Presioné el botón de nuevo y el planeta creció un 50%.
El estiramiento causó nuevas grietas en su divinidad, aunque no tan graves como la vez anterior.
Elise soltó un gemido ahogado, mordiéndose los labios.
Permanecía erguida, pero su cuerpo temblaba y el sudor en su frente dejaba claro que no era algo fácil de soportar.
Nuevamente fui su punto de apoyo.
Esta vez, con más experiencia, Elise logró reparar el daño en un mes, y estabilizarlo tomó algunos días más.
Así llegamos a la tercera expansión.
El planeta aumentó un tercio más, y el daño fue aún menor.
Luego la cuarta, un cuarto.
La quinta, un quinto… hasta llegar a la décima expansión.
En cada una, el impacto sobre Elise era perceptible, pero también más tolerable.
Con el tiempo, se acostumbró y su divinidad se fusionaba cada vez mas profundamente con el planeta.
Cuando la esfera alcanzó una circunferencia de diez metros, el proceso se volvió mucho más sencillo.
Tomábamos unos días, o una semana, entre cada nueva expansión de un metro.
El ritmo era constante, la eficiencia mejoraba, y pronto la canda expansión solo tomaba un día de descanso.
Ver cómo ese pequeño planeta crecía semana a semana resultaba sorprendentemente satisfactorio.
Una vez alcanzamos los 100 metros de circunferencia, dejamos de observarlo desde afuera y comenzamos a caminar sobre su superficie.
Al principio, la experiencia resultaba incómoda para Elise, pero se adaptó con asombrosa rapidez.
Quizás gracias a su conexión con el mundo, incluso la vi disfrutar de la “vuelta al mundo” al galope.
Por fortuna, este nuevo orbe aún no obedecía a leyes de gravedad y similares más allá de las preestablecidas por el [feudo]; de lo contrario, habrían ocurrido fenómenos disparatados, ya que, con ese tamaño, la gravedad real sería casi nula.
Aun así, la idea de Elise de “bautizarlo” teniendo sexo en su superficie fue, como mínimo, curiosa.
…
Nuestro tiempo en este mundo se fue alargando sin que apenas lo notáramos.
Quizá eso es lo que sienten los seres longevos: la eternidad deslizándose suave, casi invisible.
Habían pasado años desde nuestra llegada, mas si consideramos el doble tiempo en el [feudo].
Las personas de Ávalon que conocimos al principio ya no eran las mismas: algunas habían crecido, otras envejecido, muchas habían muerto.
Lo único que parecía mantenerse inalterable, eterno, éramos Morgana, Elise y yo.
Mientras vives el presente, no le das importancia.
Pero cuando tomas consciencia del tiempo que ha pasado, el golpe puede ser brutal, especialmente para quienes apenas empiezan a rozar estas latitudes existenciales.
Incluso yo, que he vivido muchas campañas, sentí el impacto.
No era que me importaran los desconocidos —al fin y al cabo, incluso en una vida corta, todo cambia—, pero no podía evitar pensar en aquellos que sí me importaban.
Las campañas me habían hecho sentir que, sin importar lo que ocurriera, siempre podía repetir ese momento, vivirlo otra vez…
pero ¿y el mundo real?
¿La campaña principal?
No estaba seguro de si tendría una segunda oportunidad para revivir esa “campaña principal”.
¿Y si solo fuera una?
¿Y si esta vida libre e inmortal que había construido me hiciera perder aquello que verdaderamente amaba?
La idea de perder algo me resultaba insoportable, por no decir que la odiaba con una intensidad que ni siquiera yo alcanzaba a comprender.
Claro que, si alguien importante para mí muriera, haría todo lo posible por traerlo de vuelta.
No tenía reparos en el costo.
Lo sabía muy bien después de recorrer a fondo la sección de nigromancia en la biblioteca personal de Morgana y agregarlo a mis conocimientos sobre la no-muerte.
Aun así, no quería dar siquiera la oportunidad al destino de arrebatarme a nadie.
Me aseguraría de proteger a quienes amo.
Había visto que el [Feudo] ofrecía medios para garantizar la seguridad de las personas queridas, aunque su precio fuera elevado.
En cuanto al envejecimiento…
ya había desarrollado una contramedida: mi habilidad de rejuvenecimiento.
Con ella, podía volver inmortal a cualquiera.
Y si la mente llegaba a saturarse, un buen Obliviatem modificado serviría para restaurarla, permitiendo que alguien viva tanto como yo quisiera que viviera.
Pero entonces comprendí el verdadero problema que planteaba esta campaña: ‘¿Qué pasa si no me doy cuenta del tiempo que está pasando?’ Si, como aquí, pierdo la percepción del tiempo y no llego a actuar a tiempo para restaurar la juventud de alguien…
entonces sí que sería un arrepentimiento que no quiero llevar conmigo.
Así que, además de mi habilidad, debía encontrar métodos más estables y permanentes para otorgar longevidad a quienes quiero.
Tal vez la próxima campaña que deba visitar sea la de la Piedra Filosofal…
…
En algún punto, alcanzamos el límite del crecimiento de la divinidad de Elise.
En las campañas secundarias, a diferencia del mundo real, existen restricciones: el Feudo solo permite aplicar mejoras hasta cierto umbral.
En cambio, en el mundo real, el crecimiento es potencialmente infinito.
La circunferencia del planeta que habíamos creado se expandió hasta alcanzar los mil metros.
No podía ir más allá hasta que volviéramos al mundo real, pero aún había muchas otras cosas que podíamos hacer.
No bastaba con construir un único planeta.
Nuestro objetivo era complementar este mundo, dotarlo de estructura y sentido.
Cada elemento estable que añadíamos se convertía en una nueva ley que Elise podría dominar y hacer suya.
Lo primero que hice fue dirigirme al [Mercado] para adquirir al mercader todos los libros posibles de astronomía, geología, biología, meteorología… en fin, todo conocimiento científico que pudiera ayudarnos a comprender y construir nuestro mundo con base sólida.
Claro, con el poder del Feudo podríamos haber inventado leyes existenciales completamente nuevas y absurdas si quisiéramos, pero preferimos tener una base real sobre la cual trabajar.
Estudiamos (principalmente yo), y luego retomamos el desarrollo del nuevo mundo.
Le enseñé a Elise sobre los límites.
Aunque lo que se ve más allá del planeta es un vacío negro absoluto, en realidad hay un borde finito.
Una barrera invisible que encierra todo en todas direcciones.
Lo interesante es que este límite se retrae constantemente a medida que el mundo crece, como si se adaptara al desarrollo de su interior.
Si todo salía bien, incluso podríamos hacer que esta expansión se volviera constante e infinita.
Al final, decidimos que el siguiente paso sería darle a este mundo un ciclo de día y noche.
Eso implicaba la creación de un sol y, ya que estábamos, también de una luna.
Aunque el Feudo ofrecía la opción de comprarlos por un precio, preferimos que Elise los creara por sí misma.
Para lograrlo, salimos del espacio del Feudo y pasamos varios días al aire libre, observando el cielo, contemplando el sol brillante durante el día y adorando la luna y las estrellas por la noche.
Puede parecer una pérdida de tiempo —y en parte lo fue—, pero también fue un merecido descanso, y una forma de que Elise fortaleciera su percepción sobre estos cuerpos celestes.
Además, le di clases de ciencia para ampliar su comprensión y estimular su imaginación.
Seguimos trabajando durante mucho tiempo, mientras el mundo exterior continuaba su curso sin que nos afectara o nos diéramos cuenta.
Guié a Elise para que creara una pequeña llama, combinando su magia con el limitado poder de su divinidad.
Fue un proceso largo lograr que pudiera mantener esa llama viva sin tener que alimentarla constantemente.
Hubo varios intentos fallidos, mucho ensayo y error, pero finalmente lo conseguimos.
Una vez obtenida una llama duradera —aunque no eterna—, vino la parte de darle forma.
Fue más sencillo, pero no necesariamente más fácil.
Al final, una pequeña esfera de fuego, de un dorado tenue, flotaba en el espacio sin órbita definida.
Solo cuando Elise usaba su magia, parecía estabilizarse en un lugar o moverse con un patrón coherente.
Por ahora, sería suficiente, al menos hasta que se desarrollara correctamente.
Esa llama era parte de su divinidad, por lo tanto, tenía cierto control sobre ella.
En el futuro, cuando su poder madure, podrá otorgarle la verdadera esencia de un sol.
Con este nuevo intento de sol, decidí eliminar la iluminación automática que nos proporcionaba el Feudo.
Fue entonces cuando comprendimos cuán dependientes éramos de esa luz artificial: todo se volvió más oscuro.
Solo entonces notamos lo débil que era la luz que emitía nuestra creación… una burda excusa de sol.
Aún quedaba mucho por hacer, pero podíamos tomarnos nuestro tiempo.
No solo porque lo teníamos, sino porque, allá afuera, el mundo seguía avanzando.
Eventos importantes, como los movimientos de un mago y un rey, ya no podían seguir ignorándose, especialmente cuando involucraban directamente a nuestra anfitriona…
Teniendo en cuenta que ahora estamos en la casa de una de las antagonistas principales de esta historia, no es extraño que los problemas nos encuentren, incluso si no los buscamos.
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