Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 317
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317: 313) Últimos momentos (parte 2) 317: 313) Últimos momentos (parte 2) Yo continué la profanación de Nyneve bajo las órdenes de Morgana.
Ella, por su parte, le aplicaba tatuajes, lanzaba maldiciones, suministraba pociones y otras sustancias, mientras al mismo tiempo le extraía algo, razón por la cual ya no me permitía chupar sus pechos por miedo a que succionara algo accidental.
En realidad, esta “tortura” no buscaba solo infligir dolor.
Tampoco era que Morgana quisiera únicamente ver a su enemiga humillada, aunque ciertamente disfrutaba mucho de ello.
No, todo esto era para debilitarla y destruir sus fuerzas —físicas, mentales y espirituales—, con el fin de extraer esa “esencia” que, en verdad, eran los restos del poder divino en su linaje.
Esto no le hacía ningún bien a Nyneve; la vi pasar de ser una hermosa elfa a…
esto.
Su aura inmaculada había desaparecido por completo; su cuerpo, ahora sucio y marcado, ya no mostraba el brillo de antaño en su cabello, piel u ojos.
Todo se había opacado mientras una energía depravada surgia de su ser.
Tampoco se comportaba como al principio, cuando mostraba desesperación, dolor, resistencia e incluso resiliencia.
No, ahora solo parecía una mujer enloquecida, desesperada por que yo moviera mis caderas con más fuerza, sus expresiones más cercanas a las de una puta que a las de la santa que una vez fue.
Y todo esto con un claro deterioro mental, al menos desde que Morgana le clavó esa aguja a través de la oreja.
No sé qué contenía, pero el daño que provocó era evidente.
Cuando Morgana me indicó que me detuviera, lo hice, aunque con cierta resistencia.
Nyneve yacía en el suelo, exhausta, murmurando incoherencias.
Ya no parecía la figura sagrada de leyenda, sino una sombra distorsionada, vacía.
Morgana se sentó a horcajadas sobre el cuerpo profanado y corrompido de Nyneve, apoyando ambas manos sobre su pecho lleno de tatuajes mientras comenzaba a entonar un cántico bajo, casi susurrado, que activó el círculo mágico trazado bajo nuestros pies.
Los sacrificios —tanto seres vivos como objetos inorgánicos colocados con precisión en ciertos puntos del círculo— comenzaron a consumirse lentamente, desintegrándose hasta no dejar rastro.
Incluso aquella esencia de linaje divino que habíamos extraído a la fuerza de Nyneve se alzó en forma de energía pura y fue absorbida por el conjuro.
Podía sentir cómo un poder inmenso empezaba a alterar el ambiente.
Corrientes de magia desconocida surcaban el aire formando patrones extraños, casi como si fueran los engranajes de una maquinaria celestial mucho más antigua y compleja.
Era una magia que iba más allá de lo que había presenciado.
Pasaron horas.
Morgana no cesó de cantar ni un instante, sudando intensamente, como si aquella ceremonia requiriera un esfuerzo sobrehumano.
Yo no pude hacer más que observar en silencio, quizás hacer guardia, sin saber si habría alguna forma de ayudarla.
Finalmente, todo concluyó.
Morgana dejó de cantar y el resplandor perpetuo que había iluminado el lugar empezó a apagarse lentamente, hasta desvanecerse por completo como si jamás hubiera estado allí.
Frente a mí, Morgana se levantaba del cuerpo inerte de Nyneve, empapada en sudor.
La víctima yacía sobre el suelo, casi inmóvil, con leves espasmos musculares… pero sin aliento.
Estaba muerta.
“¿Vas a decirme qué hiciste?” pregunté, con un tono más triste de lo que pretendía.
La pérdida de una mujer como Nyneve dejaba un sabor amargo en mi mente.
‘Quizás no merecía esto… Quizás pude haberla llevado conmigo…’ Morgana rió, con esa sonrisa torcida que tanto la caracterizaba, mientras sacaba una poción y bebía con lentitud para recuperar fuerzas.
“¿Qué crees que sería peor para Merlín: morir a mis manos… o ser traicionado por uno de sus más fieles aliados?” preguntó con ironía maliciosa.
Luego de insistirle varias veces, accedió a explicarme lo que había hecho.
Y lo hizo mientras seguía trabajando en el cadáver de Nyneve, refinándolo con cuidado como si aún fuera una pieza útil.
Morgana sabía que no podía vencer a Merlín en esta vida y el problema de las proximas.
Así que, en lugar de buscar una victoria directa, eligió un camino que llevaba años considerando, aunque incluso ahora no tenía la certeza de que funcionara.
Había modificado el antiguo hechizo de reencarnación que usaban ella y Merlín, adaptándolo para una tercera persona, del mismo modo que Merlín lo había hecho con Arturo.
Sin embargo, este nuevo hechizo estaba diseñado para una única reencarnación.
Se alimentaba tanto de una fracción de la energía divina que aún poseía Morgana, como del poder sagrado que habitaba en el linaje de Nyneve, aquel que habíamos extraído.
Todo lo demás —las maldiciones, la tortura, la violación, la profanación física y mental— no fue mera crueldad: fue el método para quebrantar su alma, corromperla y dejarla vulnerable al siguiente paso.
Nyneve no era una criatura común.
En el pasado, Morgana había intentado matarla, solo para verla regresar a su lago.
Incluso destruir el lago fue inútil.
Intentó acabar con su alma… pero esta era demasiado pura, demasiado arraigada al ciclo natural.
Así que ideó un plan más perverso: no destruir el alma, sino contaminarla.
Morgana fusionó un fragmento de su propia alma —no al estilo de un horrocrux, sino una impureza, una escoria que podía desprender sin riesgo— y la unió con el alma de una antigua aprendiz suya, que había conservado.
Esa alma doble actuaría como parásito dentro del alma debilitada de Nyneve.
Normalmente, el alma de Nyneve se liberaría de esa magia de reencarnación para volver a nacer, como siempre lo hizo.
Pero ahora sería distinto.
Durante el proceso, su alma parasitada se fusionaría a la perfección con la de la aprendiz, creando una abominación .
Esta nueva entidad ya no podría usar el método anterior de la Dama del Lago, pero sí reencarnaría junto a Morgana, Merlín y Arturo en la próxima vida, la que transcurriría en los años de Hogwarts.
Y dado que en esa próxima encarnación todos tendrían recuerdos vagos o nulos, Morgana esperaba que esta nueva Nyneve volviera a acercarse a Merlín.
Con su pasado y destino entrelazado, sería fácil que volvieran a confiar el uno en el otro.
Pero, con el tiempo, el odio implantado en lo profundo de su alma emergería, y justo cuando Merlín menos lo esperara… zas, apuñalado por la espalda por quien alguna vez fue una de sus más leales aliadas.
Escuché en silencio ese plan tan perverso que me hizo estremecer.
No solo reafirmaba lo venenosa que era Morgana, sino también lo afortunado que era por no tenerla como enemiga.
Ella haría cualquier cosa contra quien se interpusiera en su camino.
Y sin embargo, algo hizo clic en mi mente… no pude evitar reír un poco.
“¿Qué te causa tanta gracia?”, se mofó Morgana, asumiendo que mi risa se debía a su plan.
“¿Te irrita no poder deleitarte con tu nuevo agujero de carne un poco más?” “No… solo pensaba que quizás, incluso sin mi aparición en esta época, habrías intentado lo mismo.
Y probablemente habrías tenido éxito” sonreí, justo cuando la refinación de Nyneve terminó.
Donde antes flotaba su cuerpo, ahora solo quedaba un frasco con un líquido rojo brillante.
“¿Qué sabes…?” preguntó entrecerrando los ojos, con desconfianza.
Aunque no tenía del todo clara la historia —la leyenda de Merlín nunca me interesó demasiado—, le conté lo que sabía: cómo Nimue, la aprendiz de Merlín, tras aprender de él, terminó encerrándolo en un árbol o algo por el estilo.
Morgana soltó una carcajada como pocas veces la había oído.
Una risa llena de alegría, orgullo, victoria y arrogancia.
Por primera vez en mucho tiempo, vi una sonrisa genuinamente feliz en su rostro.
Saber ese detalle parecía confirmarle un destino inevitable… y eso la embriagaba.
Estaba tan eufórica que me arrojó sin dudar el frasco de “Nyneve refinada”.
“Quédatela” dijo con desdén, pero sin perder su tono alegre.
“Puedes usarla como lubricante cuando juegues con tu pene, o refinarla en una poción de belleza para alguna puta que quieras embellecer.
Haz lo que quieras con ella.” Y sin más, se volteó para abandonar el palacio submarino con esa presencia imponente que siempre la acompañaba, pero mas enérgica y feliz.
…
Después de ese incidente en el lago, el tiempo pareció acelerarse, como si el final se acercara a grandes pasos.
La gran batalla entre Avalon y Camelot estalló: la batalla final.
Ejércitos enteros se enfrentaron, pero el foco estaba en los grandes personajes.
De un lado, Merlín, Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda.
Del otro, Morgana, sus antiguas aprendices, Elise y yo.
Fue una batalla digna de leyendas, de esas que arrasan ciudades hasta convertirlas en polvo.
Morgana, sabiendo que en el futuro su método funcionaría, no se contuvo en gastar lo que le quedaba de poder divino.
Después de todo, si Nimue lograba encerrar a Merlín sin matarlo, y si Morgana reencarnaba dos veces seguidas sin que lo hiciera Merlín, el ciclo podía romperse La guerra fue tan brutal que incluso Elise, a quien no quería en el frente por su falta de experiencia, terminó luchando.
Aunque claro, no sin protección: los herreros mágicos de Avalon forjaron para ella una armadura de combate excepcional.
Su inexperiencia y falta de medios la limitaron, pero su cuerno lanzaba rayos útiles contra enemigos de no muy alto nivel, y sus cargas causaban estragos entre los caballeros rasos.
Aun así, más de una vez tuve que intervenir cuando era atacada por varios enemigos a la vez.
La batalla arrasó Avalon.
Fue una masacre.
Los gritos de dolor, el estruendo de las armas, los llantos por los compañeros caídos… todo impregnaba el aire con una tristeza absoluta.
Muchos caballeros de Arturo perecieron.
Yo mismo maté a varios que intentaban llegar a Elise.
Incluso me enfrenté directamente a Arturo, sin usar magia, como dos caballeros.
Fue una lucha digna de respeto.
Cuando me preguntó mi nombre —nunca lo había dicho—, respondí con una sonrisa irónica luego de que tuve una idea: “Mordred.” Arturo fue un rival digno.
Su espada… una reliquia envidiable.
Pero eso solo valía en un duelo limpio.
Cuando vi a Morgana en desventaja frente a Merlín, dejé de jugar.
Usé todas mis habilidades y herí a Arturo de muerte.
Merlín reaccionó e intentó intervenir.
La batalla entre los más poderosos se intensificó, y aunque no hubo un ganador definido ese mismo momento, las pérdidas fueron graves.
Morgana resultó herida como nunca la había visto, por la magia de Merlín.
Incluso envejeció de golpe.
Su cabello se volvió gris ceniza, su piel se llenó de arrugas, su cuerpo perdió gran parte de la belleza que tanto orgullosamente mostraba.
Merlín, por su parte, probablemente moriria en poco tiempo.
Logramos atravesarle el corazón con una flecha antimagia, además de otras heridas graves.
Aunque desapareció, dudo que pudiera sobrevivir mucho más.
Arturo también desapareció.
Según Elise, uno de sus caballeros lo rescató y lo llevó a un pueblo entre las ruinas de Avalon, pero después no lo vio más.
Y así, la batalla terminó.
Fue una victoria, sí… pero amarga.
Morgana fue la que más perdió.
Era la enemiga predestinada de Merlín, y luchó sin reservas.
Aprendí en nuestra batalla anterior que no puedes enfrentarte a enemigos de alto nivel de forma directa sin pagar el precio, pero ella ignoró esa regla.
Sabía que era su última batalla.
La cargué entre mis brazos como una princesa, llevándola de vuelta a lo que quedaba de su torre.
Verla así, tan envejecida, era triste.
Aún me quedaba algo de tiempo en este mundo, aunque no mucho.
Elise, sus aprendices y yo nos quedamos con ella, intentando ayudarla a recuperarse.
Aunque sabíamos que no se podía hacer demasiado.
Con los materiales y cuidados adecuados, tal vez pudiera vivir una o dos décadas más.
En el mejor de los casos.
Le prometí que intentaría llevarla conmigo…
pero debía cooperar.
Y, como parte de mis esfuerzos por conseguir ese pasaje gratuito…
seguí haciendo el amor con ella, una y otra vez hasta el último día.
Aunque ahora pareciera una abuela, tuviera el coño seco, las tetas caídas y su piel flácida y arrugada, aun sabia que hacer para que no me ablandara del todo
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