Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 320
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320: 316) Comparaciones de Ali…
320: 316) Comparaciones de Ali…
La montaña de productos comenzó a crecer a mi lado.
Sabía que la posibilidad de obtener justo lo que buscaba no era alta, entre tantas opciones posibles… pero aun así, dolía cada vez que usaba una carta.
Peluches, pósters, muñecos, tazas, llaveros, ropa… todo se acumulaba mientras Elise se sorprendía más y más.
Las imágenes de los objetos le daban una primera impresión de lo que planeaba mostrarle, pero no hacían más que aumentar su curiosidad en lugar de saciarla.
La verdad, me hubiera encantado ahorrarme todo este trabajo, pero no tenía otro camino.
Yo mismo no había visto la serie como tal, solo fragmentos y derivados.
Una película que vi con mi hermana —donde aparecían humanos—, un par de capítulos sueltos, algunos análisis en video, canciones, fanmades, fanfics aislados… la verdad, no tenía ni idea clara.Pero por suerte, después de tanto insistir, logré conseguir lo que quería: DVDs pirata con algunas películas y temporadas, y otros más oficiales, con contenido más regular y completo.
Fue una pérdida considerable de tiempo y recursos… y también bastante estresante, pero por fin lo tenía.
Elise esperó a un lado todo el proceso.
Yo ya estaba usando el proyector para generar una pantalla flotante en el aire.
Y así, comenzó.
— “My little ponyMy little ponyAaah aaah…” Me senté sobre una piedra que transfiguré, al lado de Elise.
Ella tenía la mirada fija en la pantalla, atrapada por los colores intensos y la música.
Era completamente diferente a la vez que vimos películas humanas.
La única vez que se había acercado a este nivel de concentración fue con El Rey León, que más o menos le gustó… pero no al mismo nivel.
Pasó el primer capítulo, y Elise no despegó los ojos de la pantalla, solo interrumpía su atención para hacerme preguntas que yo intentaba responder con el poco conocimiento que tenía.
Luego vino el segundo… el tercero… el cuarto… y sin darnos cuenta, habíamos terminado la primera temporada.
Pasamos a la segunda… y seguimos así continuamente.
Por suerte, había activado el doble de velocidad temporal en la zona donde estábamos.
Me sorprendía lo metida que estaba Elise en la historia.
Incluso creo que se forzaba a sí misma a prestar atención, como si quisiera entender algo importante.
Cuando terminó el último episodio de la cuarta temporada, todo quedó en silencio.
Elise seguía allí, inmóvil, mirando la pantalla en negro.
Estaba claramente sumida en sus pensamientos.
“¿Por qué no me mostraste esto antes?
¿Qué me estabas ocultando?” me preguntó finalmente.
“No se me ocurrió2 admití con sinceridad.
“Esta serie era un recuerdo muy profundo, algo que solo empecé a recordar después de que te transformaste en un alicornio…” “Como Celestia, Luna o…” comentó, entendiendo de dónde saqué el nombre de su especie aquella vez.
“Sí.
Fue lo primero que pensé al verte” respondí.
“¿Querías que fuera así?” preguntó, intentando señalar la pantalla negra con su pezuña al estilo de los movimientos de los equinos de la serie, pero su anatomía seguía siendo distinta.
“No, fue pura coincidencia… pero una coincidencia interesante” negué con una sonrisa.
“Y además, no son exactamente iguales.
Es solo una caricatura.” “¿Te gustaba esta caricatura?” me preguntó, aún perdida en sus pensamientos.
“Nunca la había visto así, completa, pero… sí, supongo que es entretenida.
Solo la conocía porque tenía muchos fanáticos” le respondí.
“¿Muchos fanáticos?
¿A mucha gente le gustan los equinos?
“me preguntó con una mirada más intensa, casi grave.
“Sí, eran un grupo bastante numeroso.
Y creo que entiendo por qué… la serie no es mala.
Y sería hipócrita de mi parte negar el amor por los equinos magicos, teniendote en cuenta” suspiré, consciente de la ironía, pero sin arrepentirme en absoluto.
“¿Cuál alicornio te gusta más?” me preguntó mientras hurgaba entre los productos apilados a un lado.
“Tú” le sonreí y le lancé un beso.
“De los ponis…” resopló, pero podía sentir su alegría.
También podía intuir lo peligroso que habría sido no decir eso.
“Todos son lindos a su manera.
Supongo que me gustarían por distintos motivos, no sé si podría elegir solo uno” respondí con evasiva diplomacia.
“¿Y si tuvieras que elegir para una relación como la nuestra?” preguntó, mirándome con los ojos entrecerrados.
Un sudor frío recorrió mi espalda.
Esa era esa clase de preguntas.
Las que tu pareja hace y que te colocan al borde del abismo.
Lo peor era que podía sentir el poder divino de Elise.
Había aprendido a usarlo para discernir la verdad.
En teoría, no debería afectarme por mis propias habilidades… pero al tener dentro de mí la “bondad de Elise”, había conseguido convertirlo en una especie de detector de mentiras que si funcionaba en mi.
Negué con la cabeza, sabiendo que no había escapatoria.
“No sé… ¿Celestia?” dije al azar.
De verdad no podía decidir.
“¿Por qué?
¿Qué tiene?” preguntó.
Pero su tono no era de celos…
era más inquisitivo, como buscando una comparación.
“Poderosa, maternal…
¿un trasero enorme…?” respondí con muy poca convicción.
“¿Cómo sabes que tiene un trasero grande?
No vi que tuviera uno tan notable.
Si fuera así, todos lo tendrían en ese mundo” dijo con una mezcla de confusión y desconfianza.
“Había mucho porno sobre ella” Respondí involuntariamente.
Sí, esa era otra de los medios por el que conocía la serie.
“¿Porno?” repitió, ahora sí con una intención mucho más intensa en la voz.
“Es…” me rasqué la cabeza, sintiendo volvería a tener un dolor de cabeza, pero aun así intenté explicarle “Como películas, series y otros medios diseñados para excitarte.
Cosas que ves para querer tener sexo.” Antes de darme cuenta, Elise me había empujado al suelo y se encontraba encima mío, con la cara peligrosamente cerca.
“¡¿Veías cosas para aparearte con otras yeguas?!” gritó, entre indignada y dolida.
“Sí, digo…
¡no!
O sea, fue hace mucho, y solo era una entre muchas otras pornos que había encontrado” traté de explicarme, deseando que se calmara y se bajara de encima, pero no parecía querer cooperar.
“¿Y cuándo pensabas decírmelo?
¡Miraste a otras yeguas en el pasado!
¿Entonces por qué te costó tanto…
aparearte conmigo?”(Lys) “¡Apenas lo recordaba!
Y como te dije, fue uno de muchos contenidos…
¡Y deja de gritarme!” respondí elevando la voz, esperando que eso la hiciera reaccionar.
“¡Pero aun así significa que podías hacerlo con películas de ellas!” insistió, dolida.
Pese a su tono, gracias a nuestra conexión podía sentir que lo que más la invadía no era la ira… sino la inseguridad.
“¿Qué tiene esa Celestia que yo no tenga?
¿Por qué ella te atrae más?” preguntó, ya con la voz más suave.
Me calmé y la abracé, transmitiéndole mis emociones.
Usar la habilidad [Calma] ya no era tan eficaz ahora que su nivel de existencia era tan elevado.
“No era particularmente Celestia.
Había contenido de muchos personajes “le expliqué, incorporándome y levantándola suavemente ahora que ya no ofrecía resistencia.
“¿Y qué tienen ellos que yo no tenga…?” murmuró, pero más como una pregunta para sí misma.
“No tienen nada, Elise.
Tranquila.
Es tu poder creciendo, tomando control de tus emociones” le dije mientras la acariciaba suavemente.
Era cierto: Elise estaba inestable.
Su cuerpo y mente aún no se habían adaptado completamente al poder divino que ahora llevaba dentro y la mejoraba constantemente.
Y considerando lo lejos que estábamos aún de que su mundo creciera por completo… esa estabilidad tardaría.
Lo peor era que Elise ya era una criatura emocional por naturaleza.
“¿Quién te gusta más?
¿Ellos o yo?” me preguntó de nuevo, activando su habilidad para discernir la verdad.
“Tú” respondí con sinceridad, sin apartar la vista de sus ojos.
“¿Y si no me conocieras?
Si yo fuera solo una unicornio cualquiera, y tuvieras que elegir entre una de ellas o a mí…
¿a cuál elegirías como pareja?” preguntó, ahora con total claridad.
En ese momento me quedé en silencio.
Sabía que cualquier cosa que dijera, o no le gustaría… o sabría que era mentira.
Pero ese silencio bastó.
Lo vi en su rostro, en cómo bajó la mirada, dolida.
“¿Por qué, si somos iguales… ellas ganan?” dijo apretando los dientes y golpeando el suelo con frustración.
“A pesar de que hago todo lo posible para que te guste mi forma…” Era una queja sincera sobre la soledad de ser la única pareja no humana, una especie de confirmación de que su raza no era atractiva.
Pero ahora, la nueva situación sembraba la duda: ¿ella misma no era lo suficientemente bella?
“No es eso, Elise” intenté calmarla.
“No son iguales, y esto solo era una suposición, una pregunta hipotética.
Sí, tienen características que me atraen, pero nada que tú no puedas superar.” “¿Qué tienen?
¿En qué nos diferenciamos?
Si somos equinos y ellas te gustan más… ¿qué tienen ellas que yo no?”(Lys) Se levantó de golpe y se acercó al proyector.
Con torpeza pero determinación, uso magia y retrocedió los videos hasta una imagen donde las alicornios estaban reunidas.
Se sentó otra vez, sin apartar la vista de la pantalla.
“Dime” ordenó con voz tranquila pero firme, haciendo un esfuerzo visible por contener sus emociones.
“Dime qué tienen ellas que te gusta, una por una.” Me acerqué y me senté a su lado, apoyando mi cuerpo contra el suyo.
La noté temblar un poco.
Estaba dolida, confundida, pero aún dispuesta a escuchar.
Decidí ser sincero, porque ella lo merecía.
“Supongo que…
me gustan sus piernas.
Y sus traseros” dije con tono neutral, mirando la imagen.
“Yo también tengo un trasero grande” me respondió al instante.
“Sí.
Y es hermoso, Elise.
Es un trasero grande, fuerte, digno de una yegua poderosa.
Pero… es diferente.
El de ellas tiene otra estética, algo más suave, más… estilizado.
No sé, también sus piernas son más rellenitas.
Las tuyas están bien, pero a veces se notan los huesos, y eso no me gusta ni en humanos ni en nadie.
Además, ellas tienen articulaciones mucho más versátiles.
Supongo que las posibilidades me excitan” Confesé con total honestidad.
Sabía que la verdad, era lo único que ella aceptaría, aunque eso significara señalarle lo que no me gustaba.
Vi cómo Elise miraba sus patas.
Nunca las había visto como un problema… hasta ahora.
Sin embargo, continuó.
“¿Qué más?”(Lys) “Sus cabezas.
Son más redondeadas, con ojos grandes… muy grandes.”(Red) “Mis ojos también son grandes” susurró con inseguridad.
“¿Y mi hocico…?
¿Realmente no te gusta?” “Elise… yo te amo.
Tal como eres…
Sí, tus ojos son grandes, pero no como los de ellas.
Los de la serie son…
exageradamente enormes, pero tienen algo hipnótico.
Claro, unos ojos grandes solo funcionan si armonizan con el resto del rostro.
Ademas sus ojos están diseñados para mirar al frente y a los lados al mismo tiempo.
En cambio, los tuyos —los de un equino real— son ojos laterales.”(Red) “Las alicornios grandes también tienen cabezas menos redondas” se defendió, como si intentara convencerse de que me equivocaba.
“Sí, y curiosamente son las que más me gustan.
Ese punto medio entre lo redondeado y lo alargado… me resulta perfecto.” Dije, destruyendo la poca seguridad que estaba intentando ganar.
“¿Algo más?” preguntó con un tono casi inaudible, como si no quisiera oír la respuesta.
“Bueno… me encantan las crines de Luna y Celestia.
Tienen ese aire etéreo, flotante.
Les da un aspecto mágico, son geniales.”(Red) “En eso tienes razón” resopló fuerte, como si, excepto eso último, todo lo anterior fueran patrañas.
“Ahora vete.” “¿Qué?”(Red) “Quiero estar sola.
No quiero verte hoy” dijo, casi sin rabia.
Solo herida.
“Seguiremos después con lo de mi mundo.
Hay que hacer cambios… grandes.
No sé cómo lo vamos a lograr, pero tú lo harás.” “Elise…”(Red) Intenté tocarla, pero ella apartó la cabeza con brusquedad.
“No me toques.
Ya insultaste suficiente mi cuerpo.
Y aún no te perdono.”(Lys) Volví a suspirar.
Conocía bien ese estado de ánimo: la fase en la que negaría necesitar consuelo, pero lo demandaría igualmente.
No obstante, esta vez la dinámica fue otra.
“¡Vete!
En serio, no quiero verte ahora.
Y si esperas que algún día te perdone…
más te vale traerme una corona más grande que las de Celestia… y esas cosas brillantes que usan en los cascos.
¡Son…
geniales!
Y tú nunca me has regalado nada así…
¡Tonto!” soltó, intentando sonar hiriente, aunque su voz temblaba más por frustración que por enojo real.
Le faltaban las palabras adecuadas para expresar lo que sentía, así que atacaba como podía.
“¿No decías que odiabas los accesorios?”, pregunté confundido.
Así no era ella… o como normalmente sucedían estas situaciones.
“Ahora sí me gustan… ¡Ahora que estoy segura de que si alguna de esas poni estuviera aquí, seguro tú sí se los darías a ella!” —gruñó molesta, dándome la espalda—.
“¡Vete ya!
Me voy a dormir… a pasar el rato pensando cómo mi semental prefiere a otras yeguas antes que a mí.” Me empujó con una mezcla de resentimiento y tristeza, alejándome.
Pero justo cuando cruzaba el umbral, su voz me alcanzó por última vez: “Y me quedo con todo esto… el proyector, las películas… y los peluches.
Todos.
Los usaré de cama… o para practicar mi puntería mágica.
Ya veré.”Su tono fue entre vengativo y melancólico, como si no supiera si quería castigarme o simplemente refugiarse en algo que la hiciera sentir mejor.
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