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Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 330

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  4. Capítulo 330 - 330 326 Bienvenida y gastos
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330: 326) Bienvenida y gastos 330: 326) Bienvenida y gastos Era una verdadera fiesta de sabores.

Había platos típicos de todo Brasil, desde la tradicional feijoada hasta el crujiente acarajé, pero también del resto de América Latina: tamales, arepas, empanadas, cazuelas, ceviches, dulces de leche y mucho más.

Hannah, algo indecisa, comenzó sirviéndose solo lo que le resultaba familiar.

Luego me pedía probar primero lo desconocido antes de atreverse ella.

No era por desconfianza, sino por el miedo —muy comprensible— de pasar vergüenza si la comida resultaba demasiado picante, demasiado rara… o, peor aún, viva.

La cena fue abundante y alegre, cargada de un ambiente festivo.

El bullicio de las conversaciones, las risas y el tintinear de los platos llenaba la plaza con una sinfonía caótica y reconfortante.

Al finalizar, el director tomó la palabra brevemente para agradecer nuestra presencia y desearnos una excelente estadía y un gran año escolar.

En ese momento, unas antorchas mágicas se encendieron alrededor de la plaza, y con ellas los tallados del suelo y de los edificios comenzaron a brillar.

Proyectaban constelaciones, figuras míticas y paisajes asombrosos, revelando la magia nocturna de Castelobruxo.

Aquello no era habitual: las antorchas sí, pero los tallados solo se activaban en festividades especiales o la última noche del año.

Esta vez, claramente los habían encendido para darnos la bienvenida… y, por qué no, para presumir un poco.

La profesora Silvia se acercó a nosotros tres con una sonrisa amable.

“Vengan” dijo en voz baja, lo justo para que solo nosotros la oyéramos.

“Les mostraré sus dormitorios.

Mañana por la mañana, antes de las clases, pasaré a buscarlos.

El director quiere hablar con ustedes.” Nos pusimos de pie.

Hannah y Neville estaban algo adormilados por la comida y el largo viaje, pero seguimos a la profesora.

La noche amazónica nos envolvía como un manto cálido y húmedo, y sobre los árboles se alzaba la luna, plateada y majestuosa.

…

La profesora Silvia nos condujo al interior del castillo, que resultó ser aún más grande de lo que parecía desde afuera.

Era un laberinto de pasillos anchos y estrechos, con habitaciones, salones y aulas que se sucedían una tras otra, ademas de tener muchos niveles, algunos por encima del suelo y otros por debajo.

Por un momento, me sentí dentro de una mazmorra de un RPG.

Las paredes estaban decoradas con relieves y motivos misteriosos, pero era de noche y no había tiempo para detenerse a admirarlos: teníamos que seguir a la profesora.

Castelobruxo no utiliza un sistema de casas como en Hogwarts.

Aquí no se divide a los estudiantes en grupos, sino por años.

Cada curso escolar ocupa un nivel distinto del castillo.

La regla era sencilla: cuanto más avanzado el año, más alto el piso en el que se vive.

Nos guió hasta el segundo nivel, donde vivían los alumnos de segundo año.

Vimos a varios estudiantes que ya estaban entrando por los pasillos, conversando o bostezando.

Llegamos a una bifurcación: el pasillo de la izquierda conducía al dormitorio masculino, y el de la derecha , al femenino.

Neville y yo esperamos mientras la profesora acompañaba a Hannah hasta la entrada de su dormitorio.

Unos minutos después, Silvia regresó y nos llevó por el otro pasillo.

Al final, entramos en una sala común que tenía un detalle…

curioso: en el centro, en medio de un gran pentágono de tierra incrustado en el suelo de piedra, ardía una hoguera real.

Agradecí mentalmente a la magia por evitar que nos intoxicáramos con monóxido de carbono, porque el lugar no parecía tener ventilación suficiente para un fuego así.

Varias puertas conducían a distintas habitaciones, todas conectadas a esa sala común.

La profesora nos llevó hasta una de ellas y, señalándola, dijo que sería nuestro dormitorio, compartido con otros estudiantes de segundo año.

Luego, con la misma sonrisa tranquila de siempre, se despidió recordándonos que a la mañana siguiente pasaría a buscarnos para ver al director.

La habitación ya tenía ocupantes: ocho varones de segundo año, completando casi el total de las diez camas disponibles.

No era un dormitorio especialmente espacioso.

Había una única ventana —si es que se le podía llamar así—: un rectángulo vertical angosto que dejaba pasar apenas un hilo de luz.

Cada cama era una cucheta, dispuesta contra la pared en un diseño genérico y funcional.

Aun así, algunas ya mostraban señales del toque personal de sus ocupantes: una manta con estampado de tigre, otra con el logo de Batman…

detalles mínimos.

La llegada de la profesora había impuesto un breve silencio incómodo.

Ahora que se había marchado, el murmullo volvió a llenar el cuarto.

Y al notar quiénes éramos, nos convertimos en el centro de atención una vez más.

De los presentes, apenas uno o dos nos habían acompañado en el autobús; los demás solo nos habían visto durante la presentación del director.

Éramos los nuevos, los raros, los interesantes.

Las preguntas comenzaron enseguida.

El intento de conversación fue intenso, aunque breve.

El cansancio se notaba en todos, y para Neville era especialmente complicado seguirle el ritmo al caos lingüístico de español, portugués y otros acentos que danzaban por la habitación.

Aun así, estaba visiblemente aliviado de tenerme en la misma habitación.

Incluso si no estuviera allí para hacer de intérprete y absorber la mayor parte de la atención, al menos tenía a alguien con quien hablar —aunque fuera poco— y no sentirse completamente perdido.

Nos adueñamos de una de las camas: Neville tomó la de abajo, y yo salté a la de arriba.

Lo único que quería era dormirme de una vez.

Ser observado como bicho raro y bombardeado con preguntas por un grupo de adolescentes no era precisamente mi idea de una buena noche.

Eso podía esperar a mañana.

Mientras el murmullo continuaba entre las demás camas —charlas perezosas de quienes aún no se rendían al sueño—, decidí desconectarme del mundo, me acomodé, y leugo de responder el darle las buenas noches a Hannah, cerré los ojos para mentalmente usar [Dormir].

…

En el feudo, todo transcurría como de costumbre.

Cumplía con mis deberes habituales, pasaba un rato con mis chicas, revisaba las novedades que el comerciante traía gracias a la última actualización del mercado brasileño, y me dedicaba a mis experimentos… Todo normal.

Al menos, lo era.

Hasta que Elise tuvo aquel…

incidente con la serie de My Little Pony.

Sí.

Fue extraño.

Muy extraño.

Volví con la corona y los supuestos “Protectores de Pezuñas”, dispuesto a calmar a la yegua loca, y me la encontré atrapada frente a la pantalla del proyector, devorando dulces y palomitas mientras cantaba la canción del programa.

Estaba recostada sobre una montaña de peluches, tapada con una manta que decía “Friendship is Magic”.

Cuando nuestras miradas se cruzaron, el mundo pareció congelarse.

Un silencio incómodo lo envolvió todo.

Juro que fue como si un padre descubriera a su hijo viendo porno por primera vez.

Elise quedó paralizada.

Y tras unos segundos eternos, sin siquiera moverse, me empujó mágicamente lejos.

Literalmente me lanzó hasta que desaparecí de su vista.

No me habló durante días.

Pero gracias a nuestro vínculo, supe que no era enojo: era pura vergüenza.

Al parecer, la serie la había atrapado a un nivel que ni ella misma esperaba.

Si no hubiera actuado tan raro al respecto, quizás nunca me habría enterado.

Tonta Elise.

La cosa se puso peor cuando noté la ausencia de Lily y Petunia… y las encontré junto a Elise, metidas en ese improvisado “cine del bosque”, mirando la serie.

Así nació un pequeño culto, y no tengo idea de qué les dijo Elise, pero cuando las descubrí, se asustaron bastante.

No voy a mentir: fue tierno.

Sobre todo cuando las niñas —y mi yegua— comenzaron a usar expresiones de la serie en la vida diaria.

Incluso se las enseñaban a los demás.

Gemma hablando del “poder de la amistad” mientras guiaba a las niñas durante “esos momentos” fue, honestamente, glorioso.

Y todo habría quedado en una anécdota algo bizarra… si no fuera porque un día descubrí cuánto dinero habían gastado.

Mi querida yegua y las niñas vaciaron literalmente la mayoría de nuestras reservas en mercancía oficial y en expandir el mundo de Elise.

En serio.

Alguien merecía un buen golpe en el hocico.

Y lo recibió.

Elise lloró como nunca, escondiendo la cara hinchada bajo un almohadón con forma de Twilight Sparkle.

Ni siquiera se atrevió a usar su magia divina para curarse, por miedo a enfurecerme aún más.

Por unos minutos, realmente me tuvo miedo.

Y no la culpo: no sólo vaciaron el banco del feudo, ¡pidieron préstamos sin consultarme!

Estaba realmente enojado.

Jamás bloqueé su acceso al dinero porque, antes de esto, el oro para Elise era como una piedra más.

Si quería comprar algo, debía ser importante.

Caro, tal vez, pero con justificación.

Nunca imaginé que cambiaría tanto por culpa de una caricatura de ponis.

Después vino la charla.

Una profunda y seria conversación sobre finanzas, adicciones y economía responsable.

Y sí… también le azoté el culo.

Quizás con más fuerza de la necesaria, pero tenía mucho que desahogar.

La expansión del mundo al menos resultó útil, aunque costosa.

Así que no todo fue una pérdida…

o eso me decía a mí mismo.

¿Y las hermanas Evans?

También recibieron su castigo.

Sus nalgas estaban tan rojas y brillantes que, si esto fuera una caricatura, saldría humo de ellas.

Me di cuenta de que me había pasado cuando, al día siguiente, las encontré tiradas sobre una cerca, con los traseros al aire, exactamente en la misma posición en la que quedaron la noche anterior.

Me tocó pedir disculpas… un poco.

Aun así, no podrán sentarse durante varios días, al menos no sin magia curativa que no planeo brindarles.

Estoy seguro de que aprendieron la lección a de no seguirle la corriente a un caballo sin idea de economia o sentido comun en general.

Ahora el verdadero problema es cómo recuperar ese dinero.

Porque lo gastaron todo.

Literalmente vaciaron el banco y además comprometieron nuestro crédito.

Me va a llevar mucho tiempo y esfuerzo recueperar todo.

…

A la mañana siguiente, me desperté temprano y, como era de esperarse, tuve que levantar también a Neville.

Ya había preguntado sobre los horarios escolares durante el viaje, y considerando que debíamos ver al director antes de las clases, era mejor no correr riesgos.

La habitación apenas recibía luz a través de la pequeña ventana, pero había algo mágico en ella.

Incluso durante la noche anterior, la tenue luz de la luna y las estrellas lograba iluminar el cuarto con una suavidad reconfortante.

Era como si aquella ranura vertical no fuera una simple ventana, sino un canal directo al cielo, anulando por completo la sensación de estar encerrado entre muros.

Neville aún estaba somnoliento, pero logró desperezarse.

Ambos salimos hacia la sala común, donde ya había algunos estudiantes despiertos sentados cerca de la hoguera central.

Los saludé cordialmente, recibiendo la misma atención neutral que la noche anterior.

Seguramente seguiría así durante un tiempo, al menos hasta que se acostumbraran a nuestra presencia.

Tomamos el pasillo que nos llevaba de nuevo a la bifurcación que separaba los dormitorios de chicos y chicas.

Allí nos detuvimos a esperar.

Al despertar a Neville, también aproveché para enviar un [Mensaje] a Hannah.

Quizá no fue del todo justo decirles a las chicas que la distancia afectaba la precisión de la magia y que todo mensaje no urgente sufriría retrasos y errores…

pero era parte de una pequeña ilusión que quería mantener.

Quería que la sensación de lejanía fuera real.

Después de todo, controlaba perfectamente el alcance de este poder.

Hannah me había enviado un “Buenas noches” la noche anterior, además de contarme —con entusiasmo y algo de resignación— cómo sus compañeras la habían abordado con tanta efusividad como a nosotros.

También les había escrito a las otras chicas del grupo… pero ese mensaje llegaría tarde, distorsionado y con varios errores.

Justo como planeado.

Hannah apareció poco después, frotándose los ojos.

Y, como si lo hubiéramos ensayado, la profesora Silvia llegó justo entonces.

Se sorprendió ligeramente al vernos ya listos, aunque todavía medio dormidos.

“Buenos días” nos saludó con una sonrisa cálida.

Comenzamos a caminar tras ella, subiendo por pasillos y escaleras que parecían no terminar nunca.

A medida que avanzábamos, Silvia nos iba explicando brevemente sobre algunos espacios del colegio por los que pasábamos, aunque no se detuvo demasiado en los detalles.

Dijo que más adelante tendríamos tiempo de explorar a fondo por nuestra cuenta.

—///— Lo siento, chicos.

Esta semana sólo habrá un capítulo, ya que el Patreon ha bajado bastante.Pero no se preocupen, buscaré la manera de reactivarlo publicando capítulos adelantados allí, de historias que sí me sea posible compartir, una vez termine algunos pendientes.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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