Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 333
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333: 329) Sucesos Importantes 333: 329) Sucesos Importantes “¿Estás bien?” Pregunté, acercándome con cautela, aunque podía sentir cómo la esfera de energía divina me repelía suavemente, como si rechazara cualquier contacto externo.
“Creo que sí…” respondió Elise con voz confusa.
“Estaba aquí y… me dio sueño, pero no tenía sueño.
Me dormí, pero seguía despierta.
Desde que mi mundo creció… me he sentido rara.
Cada vez peor.
Y luego… terminé así”, dijo con una mezcla de calma nerviosa, si eso es posible.
“Me siento bien, pero extraña.
¿Voy a morir?” “No lo creo…” respondió, sin mucha seguridad.
Pero algo en mi interior me decía que no sería así.
Mis instintos, más que nada, me advertían que lo que tenía delante no era una amenaza aún, pero pronto podría convertirse en algo difícil de manejar.
Activé [Sentir Presencia] y, aunque me costaba interpretarlo, pude percibir que Elise no estaba debilitándose, sino estabilizándose… fortaleciendo algo dentro de sí.
Pasé el tiempo allí, analizando su estado mientras mis clones recopilaban toda la información que teníamos sobre los dioses.
También contacté con las únicas dos personas de aquí que podrían saber algo sobre esto: el mercader y el archimago.
Finalmente, tras muchas conjeturas, pude darle a Elise una explicación.
Una que, aunque no resolvía todo, al menos traía algo de claridad: “Estás consolidando tu divinidad” le dije con voz suave.
“No como antes, cuando apenas la despertaste, sino como un proceso para definirla.
Estás convirtiendo ‘la divinidad de algo’ en ‘la divinidad de Elise’.
Estas consolidando tu forma divina” “¿Eso es bueno?”(Lys) “Mucho.
Una vez complete este proceso, podrás manejar la divinidad a tu manera.
Desarrollarás habilidades propias, poderes únicos.
Este mundo empezará a crecer por sí mismo si lo alimentas, sin necesidad del poder del [Feudo].
Y más importante aún: al consolidar tu forma divina, alcanzarás una verdadera inmortalidad.
No solo longevidad… sino la de reconstruirte capacidad desde cero incluso si tu cuerpo es destruido por completo, mientras tu mundo siga existiendo.” “Sí… sí… puedo sentirlo.
Es como si la magia fuera distinta, más poderosa, más obediente.
Como si pudiera hacer lo que quisiera”, dijo, analizándose a sí misma.
Hasta ahora, Elise solo podía usar el poder divino de manera burda: para potenciarse, protegerse o atacar.
Pero esto era diferente.
Ahora podía sentir que, con suficiente concentración, sus deseos podrían hacerse realidad.
Aunque, claro, eso no significaba que fuera fácil.
“Pero… ¿por qué no estás feliz del todo?” me preguntó, percibiendo mis emociones.
“El problema es…” dije con cierta incomodidad “que este proceso puede tardar mucho.
Años…
décadas…
tal vez más…” “¿Más?” repitió el alicornio, flotando inmóvil dentro de la esfera.
“Podrías apresurarlo, sí… pero entonces tu mundo se vería limitado.
Si quieres liberar todo su potencial, necesitarás tiempo.
Mucho.
Y este estado en el que estás es el mejor momento para hacerlo.
No se puede desperdiciar.”(Red) “Oh…” murmuró, comprendiendo la magnitud del asunto.
Para ella, el tiempo no era ya una prisión.
Su mente se había adaptado a una existencia eterna, y pasar años en ese estado no representaba un sacrificio real.
El problema no era ella… era yo.
Y el mundo exterior.
“Incluso con la aceleración actual de x5, seguiría siendo un proceso lento” dije, algo triste.
“Pero no te preocupes.
Te apoyaré en la decisión que tomes.” “Creo… que realmente no hay ningún problema” respondió con una naturalidad desconcertante, como si lo que acabábamos de hablar no fuera la antesala a una eternidad suspendida.
“Entonces… tomaremos el camino largo” dije, alzando la mano para tomar la suya… pero la retiré de inmediato.
En este estado, no podía tocarla.
Ni acercarme.
Solo podría comunicarme mentalmente desde cierta distancia.
“Sí… pero no voy a dejar que estés lejos de mí”afirmó con seguridad.
“Dejaré un clon contigo” asentí.
Sabía que sería una tortura mental, pero ya habíamos pasado años en una cueva.
Ironías del destino, ahora repetiríamos algo parecido por un tiempo indefinido.
“No… no será así” dijo Elise con firmeza.
Estaba confundido.
Elise podía ser desinteresada, sí, pero quedarse sola por quién sabe cuánto tiempo solo para que yo no sufriera…
eso no era propio de ella.
Ella aprovecharía cada oportunidad para estar a mi lado.
La miré, pero dentro de la esfera de energía, su rostro no mostraba expresión alguna; parecía un cadáver flotante, lo que me impedía comprender lo que quería decir.
Entonces lo sentí: su poder divino acumulándose.
Estaba haciendo algo, algo importante.
No sabía qué, pero no podía interrumpirla.
En este estado, cualquier alteración externa podía ser peligrosa.
El espacio a nuestro alrededor comenzó a distorsionarse.
A un lado de la esfera, pequeños puntos de luz blanca comenzaron a converger.
Sabía que Elise se estaba concentrando… enfocando todo su ser en materializar algo.
Lo único que podía hacer… era observar y esperar.
Los puntos de luz se fusionaron en una esfera que creció sin detenerse, hasta que, de pronto, estalló en un destello tan brillante que me cegó por completo.
Aun así, alcancé a ver cómo esa luz comenzaba a cambiar de forma justo antes de perder la visión.
Cuando finalmente abrí los ojos, allí estaba: otra Elise.
Casi idéntica a la original, salvo por una pequeña diferencia.
Su tamaño era menor, similar al que tenía en sus días de unicornio.
“¿Funcionó?” preguntó la nueva Elise, al mismo tiempo que la misma pregunta se escuchaba en mi cabeza.
“¿Elise?” dije, mirando alternativamente a la Elise encerrada en la esfera divina y a esta versión libre frente a mí.
“Sí, funcionó” respondió con alegría, dando pequeños saltitos en círculos…
en pleno espacio.
No sé cómo, pero parecía caminar sobre él con total naturalidad.
“¿Qué hiciste?” pregunté con el ceño fruncido, tratando de analizarla usando todas mis habilidades.
Curiosamente, no sentía ningún vínculo mental con esta nueva Elise, pero mi [Sentir Presencia] me confirmaba que tenía un cuerpo real…
y una pizca de divinidad.
“¡Un clon!
¡Como tú!” dijo emocionada.
“Siempre quise algo así.
Desde que te vi usar esa habilidad, soñaba con poder acompañar a cada uno de ti, pero nunca me salía.
Luego encontré algunas notas entre las cosas de Morgana sobre los dioses y creí que podía intentarlo.
No funcionaba…
hasta ahora que manejo mejor este poder divino” explicó con evidente orgullo.
“Elise…
creo” dije mientras sacaba los libros de Morgana y los hojeaba rápidamente “que eso no es un clon.
Es un avatar divino.” Me sorprendía que lo hubiese conseguido.
Usualmente, solo los dioses que ya han consolidado completamente su forma divina logran algo así.
No había registros de nadie que lo hubiera hecho durante el proceso de consolidación.
“¿Y cuál es la diferencia?” preguntó, aunque se notaba que no le importaba realmente.
“Eh… no importa” dije, viendo su cara de desinterés.
Decidí estudiar el fenómeno más a fondo por mi cuenta más adelante.
“Ahora podemos seguir como antes.
Literalmente sé que estoy ahí” comentó, mirando su cuerpo dentro de la esfera de energía, “pero también siento a la perfección todo lo que ocurre en este cuerpo.
¿No es genial?
¡Con razón tienes tantas copias!
Es increíble poder hacer tantas cosas al mismo tiempo.” “No, Elise, es diferente.
Mis copias no son reales.
Tu avatar es una extensión real de ti misma” dije mientras me acercaba para acariciarla.
Todo en ella era igual a la Elise que conocía… o, mejor dicho, a la antigua Elise, ya que podía sentir que este cuerpo no era tan fuerte.
“Tu avatar es una versión debilitada de ti, pero puede fortalecerse si le transfieres más poder desde tu cuerpo original.
Sin embargo, no debes forzar más que esto por ahora.
Todavía no estás consolidada del todo.
Podrías terminar haciéndote daño si envías más poder del que tienes disponible.” “Está bien…” respondió, frotando dulcemente su cara contra mi mano.
“Una pregunta.” “Dime.”(Red) “¿Si nos apareamos ahora… sería algo real?”(Lys) “Bueno… a diferencia de mis clones, sí.
Incluso podrías tener descendencia real.
Serían tus hijos, aunque la herencia mágica y genética dependerá de cómo hayas construido este avatar…” expliqué con un tono científico, hasta que vi la expresión en su rostro cambiar por completo.
Una sonrisa depredadora apareció en su mirada.
“Pero no creo que debamos preocuparnos por eso ahora…
hay cosas más importantes” intenté desviar el tema con torpeza.
“¿Más importantes que eso?” (Lyz) Antes de poder reaccionar, un alicornio mágico se lanzó sobre mí, y comenzamos a rodar por el vacío del espacio.
Elise estaba completamente eufórica.
Para ella, el hecho de poder volver a tener intimidad —después de creer que no podríamos hacerlo en siglos— era un motivo más que suficiente para celebrar.
Intente decirle que deberíamos enfocarnos primero en desarrollar su mundo: crear fauna, flora, atmósfera, población…
pero su respuesta fue: “¡De eso estoy hablando!” (lyz) …
Tener sexo con el avatar de tu mujer mientras su cuerpo real está congelado dentro de una esfera de energía a tu lado… es más excitante de lo que suena.
Era como follarse a la hermana gemela de tu novia, obligándola a mirar.
Y sí, fue tan retorcido como genial.
Me dejó con ganas de experimentar aún más…
pero no tuve tiempo.
Porque entonces recibí el [mensaje].
Sin pensarlo, prácticamente arrastré a Elise —ya mí mismo— fuera de aquel rincón cósmico.
Nos transporté directamente al centro del feudo, desnudos, sudorosos, todavía cubiertos de nuestros fluidos… sin importarme nada ni nadie.
Entré a la vieja casa que solían usar Lily y Petunia.
Allí estaban las hermanas, Andromeda, Andra y Eileen también, todas rodeando una cama.
Sobre ella, Gemma, desnuda de la cintura para abajo, estaba en mitad del parto… o mejor dicho, al borde de terminarlo.
Corrí a su lado, tomé su mano mientras ella gritaba de dolor.
Quise usar mis poderes para aliviarla, pero antes de hacerlo… todo acabó.
De su entrepierna emergió una masa rojiza y palpitante.
Se movía como un capullo alienígena sacado de una película de terror: hinchándose, contrayéndose, temblando como si algo en su interior luchara por salir.
Y lo hizo.
Una pequeña mano de dedos afilados desgarró la membrana desde adentro.
El huevo rojizo se desinfló como un globo roto, y con nuestra ayuda, retiramos el resto del tejido carnoso.
Dentro, envuelta en sangre y fluidos, había algo que casi podía ser un bebé humano.
El llanto llenó la habitación.
La levanté en brazos sin importarme los restos viscosos que la cubrían.
Como si pudiera sentir que otra cosa viva la sostenía, me mordió con fuerza instintiva y se aferró a mí.
No supe si lo hacía por hambre, por defensa… o por afecto.
Pero tenía fuerza, eso era claro.
Mucha, para ser una recién nacida.
Era una niña, lo sabía.
Yo mismo lo había configurado así.
Pero no sabía decir qué era exactamente.
Solo establecí proporciones de linaje y algunos parámetros…
lo demás fue pura evolución espontánea.
El resultado era algo completamente nuevo.
Ya tenía cabello.
Mucho.
Negro casi azabache, pero con reflejos rojizos cuando le daba la luz.
Sus orejas eran puntiagudas, al estilo élfico.
No podía ver sus ojos porque los mantenía cerrados, pero su boca… No era una boca humana.
Carecía de labios como los nuestros, y no tenía dientes visibles.
Una línea cruzaba su rostro desde una mejilla, bajaba por el centro y volvía a subir hasta la otra.
Me recordé a Eren Yeager en su forma titánica, pero sin esos dientes y más pulida…
Sus propios labios parecían funcionar como cuchillas, finos y duros.
Aun así, detecté que en esos labios crecía algo puntiagudo similar a colmillos por su cantidad y disposición.
Su cuerpo… era aún más desconcertante.
No encontré pezones.
Tal vez su pecho estaba algo más desarrollado que el abdomen, pero no era experto como para decir si eso era normal.
Lo cierto es que podía ser una nueva especie, y con eso venía toda una nueva anatomía.
Tenía dos brazos humanos, aunque sus dedos eran largos, afilados, sin uñas visibles.
Quizás porque no las necesitaba: sus dedos ya eran duros como cuchillas.
En cuanto a sus genitales, se veían humanos a simple vista, pero aún era temprano para saber cómo se desarrollarían.
Y lo más llamativo de todo: en lugar de piernas, tenía una larga cola como si fuera una Lamia.
Pero no con las escalas de una serpiente, sino más parecida a la de un insecto segmentado, con placas superpuestas que se movían con elegancia y fuerza.
Una cola juguetona y viva, que se enredó en mi brazo y me apretó con curiosidad o afecto.
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