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Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 334

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  4. Capítulo 334 - 334 330 Sigamos con el plan
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334: 330) Sigamos con el plan 334: 330) Sigamos con el plan Era extraña… muy extraña.

Pero la amaba.

Su aspecto inhumano no significaba nada para mí.

Solo sentía nuestra conexión.

Fuerte, instintiva, inquebrantable.

Como con mis hijas arañas… El linaje era poderoso.

Quizás por eso no podía experimentar el más mínimo asco.

O tal vez ya me había alejado tanto de la humanidad que todo eso me resultaba irrelevante.

“Red…” susurró Gemma con voz débil.

Entonces reaccioné.

Me volví hacia ella y llevé a nuestra pequeña hasta sus brazos.

Apenas se posó en su madre, Ruby empezó a llorar de nuevo.

Se retorcía inquieta.

Gemma, queriendo calmarla, estuvo a punto de ofrecerle el pecho… pero la criatura, en lugar de recibirlo con ternura, la mordió con furia.

Fue un ataque impulsivo, y si no hubiera intervenido, probablemente le habría arrancado un pedazo de carne.

Con mi mano en su cabeza, invoqué [Calma].

Y funcionó.

Casi de inmediato.

La niña se serenó, y pude notar cómo la supresión de linaje potenciaba mis poderes sobre mis descendientes.

Especialmente aquellos poderes nacidos de la magia de sangre.

Ruby quedó tranquila entre los brazos de Gemma, que a pesar del dolor y el cansancio, se esforzaba por mantenerse firme, abrazando con ternura a nuestra hija.

Yo comencé a curarla: las heridas, el desgaste del parto, el agotamiento.

Fue un nacimiento rápido, pero no por eso menos devastador para su cuerpo.

Entonces, vimos cómo Ruby, apoyada en el pecho de su madre, abría la boca.

De ella salió una lengua delgada, larga, claramente no humana.

Pero tampoco era del todo reptiliana: su punta cónica le daba un aire de lanza biológica, como un delgado tentáculo capaz de perforar carne si se lo proponía.

Con movimientos rápidos, empezó a lamer la sangre del pecho de Gemma.

Gemma la miró, y a pesar de lo monstruosa que pudiera parecer nuestra hija, no hubo miedo en sus ojos.

Solo amor.

Con delicadeza, la acercó a su pecho para amamantarla.

Ruby pareció reconocer el olor y buscó por sí sola el pezón.

Gemma sonrió con ternura… al menos hasta que la bebé lo mordió con fuerza casi al punto de arrancarselo.

No solo lo atrapó para succionar leche: también extrajo sangre.

La bebía con avidez, como si necesitara ambas cosas para vivir.

Tuve que curar a Gemma otra vez, conteniendo a Ruby con mi poder.

Debía calmar su instinto antes de que volviera a hacer daño.

Tendría que entrenarla.

Enseñarle.

Por lo menos hasta que pudiera hablar, comunicarse, entender.

No quería que mi hija fuera un monstruo salvaje.

Aquí, en esta casa… somos monstruos civilizados…

la mayor parte del tiempo.

…

Decir que este fue un momento importante sería quedarse corto.

Sentía que todo mi mundo estaba cambiando ahora que era padre.

Era una sensación parecida a cuando me enteré del embarazo de Gemma… pero mucho más intensa.

Más real.

Miré hacia un costado, donde Gemma acunaba a Ruby en sus brazos.

A su alrededor estaban las demás mujeres, observándola, acompañándola, charlando en voz baja.

Vi una mezcla de emociones en sus rostros… y no todas eran buenas.

“¿Qué pasa, Lily?

¿Y tú, Petunia?” pregunté, al ver que ambas susurraban entre sí, lanzando miradas hacia mi hija… y hacia mí.

“Red… si alguna vez tenemos hijos contigo…” empezó Lily, con una voz débil, insegura, sin atreverse a completar la oración.

“¿Serán como ella?” terminó Petunia, con los ojos clavados en Ruby.

Las dos, al igual que Andrómeda, compartían la misma duda.

La idea de tener hijos conmigo siempre había estado en el aire, como algo inevitable, incluso deseado… hasta ahora.

Después de ver a Ruby, surgieron miedos que antes no existían.

A sus ojos —aún limitados, incapaces de percibir lo que yo sí veía—, mi hija era una criatura extraña, violenta, que incluso podría comerse a su propia madre sin pensar.

Me amaban, sí.

Pero ahora la idea de ser madres ya no brillaba con la misma intensidad.

Lo harían por mí, sin dudarlo… pero no querían pasar por lo mismo que Gemma.

“Tranquilas, niñas” les dije, acercándome y acariciando sus cabezas con suavidad.

“Puede parecerles rara, incluso aterradora, pero es solo una niña.

No sabe lo que hace.

No es muy distinta a ustedes cuando eran bebés… solo que ella nació más fuerte.” Ambas miraron a Ruby, que dormía profundamente con su cola enroscada en el brazo de su madre.

Así, en calma, realmente parecía pacífica.

Intentaron verla con ternura, con ojos más abiertos… pero aún no estaban acostumbradas a lo desconocido como para aceptarlo con naturalidad.

“Además” agregué, con una sonrisa traviesa mientras les apretaba el trasero con firmeza, “mis hijos pueden ser completamente humanos… si yo así lo decido.” Ambas soltaron un pequeño chillido, sonrojadas.

Pero lejos de apartarse, se apoyaron más contra mí, moviendo sus caderas contra mis manos inmóviles.

Solo hizo falta un toque para que la preocupación sobre sus futuros hijos se empezara a diluir, reemplazada por ese pensamiento silencioso: “Por ti… lo aceptaría”.

Realmente, las había corrompido.

Andrómeda no dijo nada, pero noté en sus ojos la misma inquietud.

Aun así, yo sabía que no rechazaría mi petición si algún día le propusiera dejarme un hijo.

Escucharme hablar pareció tranquilizarla.

Incluso suspiró con alivio al saber que su descendencia podía ser normal… aunque, luego pensó en Tonks, en sus habilidades, en cómo había terminado conmigo… y aceptó que quizás nunca tuvo una hija “normal”.

Gemma pasó el resto del día en cama, a pesar de que ya la había curado.

Solo se levantó al día siguiente, saliendo con nuestra hija en brazos.

Desde entonces, comenzó un pequeño período de vida familiar.

No quería dejar a Ruby sola ni un segundo.

Fue recién al segundo día que notamos señales de que empezaba a abrir los ojos.

Sus movimientos también se volvían menos torpes.

Tal vez no era evidente para los demás, pero yo, que la observaba con atención, lo notaba claramente: estaba desarrollando ciertas partes más rápido que un bebé común.

Particularmente aquellas que pertenecían a su lado depredador.

No sentía que fuera malvada.

No… simplemente era una criatura destinada a sobrevivir.

La miré.

Miré a Gemma, que acariciaba con dulzura la cabellera de nuestra hija, la cual comenzaba a tornarse más rojiza.

Y, por unos segundos, volví a perderme en mis pensamientos… en mis planes para ella.

Ya esperaba que mis hijos no fueran normales.

Quizás no tan extremos como Ruby, tan de golpe… pero lo tenía en mente desde el principio.

El mundo difícilmente aceptaría algo como esto.

Puedo sentirlo: la magia en mi hija… no es común.

Es fuerte, pura, como la de los sangre pura, y hablo de los mejores.

El mundo mágico la temería.

No solo por su poder, sino por lo que representaría.

Muy pocos aceptarían el surgimiento de una nueva raza, una que podría ser superior a los humanos en más de un sentido… y que tal vez, con el tiempo, los reemplazara.

Sí, suena a película de terror… pero si pienso en mis hijas araña, si Ruby heredara siquiera la fertilidad normal de un humano, y con el tiempo se multiplicaran… seres como ella, superiores tanto física como mágicamente… entonces no es descabellado imaginar un conflicto inevitable.

Pero eso no es lo que quiero.

No me importa la guerra racial.

En el fondo, sé que siempre estaría del lado de mi hija.

No, el verdadero problema es otro: no quiero que viva una vida marcada por eso.

Por el miedo, por la idea de que tiene que ser o no ser un “ser superior”, o de que algún día deba pelear contra otras razas por sobrevivir.

Yo solo quiero que sea feliz.

Criarla en el Feudo no será un problema.

Este lugar no para de crecer y mejorar.

Incluso Elise está creando su propio mundo, y quién sabe cuántos más aparecerán.

Con el tiempo, el Feudo podría llegar a ser más vasto y seguro que el mundo exterior.

Y aun así… Aun así quiero que mis hijos puedan caminar ese mundo con la cabeza en alto y en total libertad.

“Parece que me estaba conteniendo demasiado” dije de pronto, rompiendo el silencio.

“¿Qué?” preguntó Gemma, mientras seguía meciendo a Ruby en sus brazos.

“Que voy a allanar el camino” respondí, acariciando suavemente a la bebé.

“Para ella… y para todos mis futuros descendientes.

Haré lo necesario, incluso si algunas cosas que haga son cuestionables incluso para lo que acabo de decir.” Gemma se acostó contra mi hombro, con una sonrisa cálida y lágrimas en los ojos.

“Harás lo correcto” dijo con voz temblorosa.

“No importa lo que tengas que hacer.

Te apoyo.

Por nuestra hija… todo está bien.” “Te amo, Gemma” susurré, sintiendo sus emociones tan puras, tan fuertes… La besé, y al mismo tiempo, creé un clon y lo envié a poner en marcha mi plan.

…

-Mientras tanto, en el Ministerio de Magia…- Amelia Bones firmaba unos papeles en su despacho, pero no se sentía cómoda.

De forma inconsciente, su mano se dirigía a un rincón vacío de la mesa, como buscando algo que no estaba allí.

Varias veces llevó una taza vacía a los labios, solo para recordar —tarde— que no había nada en ella.

Frunció el ceño, molesta consigo misma.

Ese día ocurrió algo extraño.

Su asistente… no había aparecido.

Siempre le preparaba un café como de otro mundo, y dejaba unos pequeños bocados en un plato para que no trabajara con el estómago vacío.

Pero hoy, nada.

Ni café, ni presencia, ni palabra alguna.

Y aunque en sí misma la ausencia no era un problema… lo que de verdad la inquietaba era su propia reacción.

El joven que parecía tan empeñado en seducirla, ese que ella misma había aceptado tácitamente —aunque sin ceder del todo—, se había vuelto tan constante en su rutina diaria que su rendimiento bajaba sin él.

Eso la preocupaba.

No quería depender de nadie, y menos de alguien como él.

Aunque había permitido su cortejo sin protestar demasiado, y había aceptado algunos de sus cuidados… sabía que debía ponerle fin, o al menos, equilibrar la balanza.

Si seguía aceptando su atención sin dar nada a cambio, algo en su interior comenzaría a erosionarse.

Tenía que encontrar una forma de compensarlo… o de frenarlo.

Pero no era fácil.

Porque lo único que él parecía querer… era a ella.

Justo entonces, la figura de Tenebrius apareció repentinamente en la oficina, sobresaltándola una vez más.

Ya estaba harta de que su asistente hiciera eso.

“Tenebrius” lo saludó, con un tono neutro.

No mencionó que llegaba en un horario distinto al habitual ni preguntó por qué, para no mostrar interés.

“Amelia” respondió él, serio.

“Necesito pedirte algunas cosas.” Amelia se sorprendió por el tono.

Había algo inusual en su voz.

Pero se recompuso de inmediato, incluso sintiendo un leve alivio.

Tal vez, al fin, podría equilibrar esa deuda silenciosa que sentía con él.

“Habla” respondió con firmeza, en el mismo tono seco y profesional de siempre.

“Necesito la dirección de la casa Gaunt.

Y muchos elfos domésticos.”(Tenebrius) “¿La casa Gaunt?

¿Elfos domésticos?” repitió, confundida.

Esperaba algo difícil… pero no algo tan extraño.

“Sí.

La mayor cantidad posible” aclaró Tenebrius, sin rodeos.

“Preferentemente hembras.

Me ahorrará mucho trabajo.

No importa la edad, enfermedades o condiciones.

Mientras estén vivas, sirven.

Y el precio no importa.” Amelia lo observó con atención.

Intentaba descifrar sus verdaderas intenciones.

No quería verse involucrada en algo turbio.

Pero el joven se había ganado su confianza.

Y por ahora, le daría el beneficio de la duda.

“Lo primero es fácil” dijo al fin.

“Pero lo segundo… es más complicado.” —///— Agradezcan a The_Fool y a Mauricio López: gracias a ellos volvemos a los cuatro capítulos semanales.

–//– Duda:Sobre lo que leí que quieren, hay un tema que fue debatido y no me decidí aún.

Ustedes pueden elegir: A) Sin interés sexual o romántico definido, que fluya lo que surja en el camino.

B) Una Red femenina: se lanza con todo lo que se mueve (aunque centrado en personajes masculinos).

C) Atracción hacia Red (la verdad, aunque soy un degenerado, no planeaba este tipo de incesto para esta historia).

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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