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Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 336

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  4. Capítulo 336 - 336 332 Niñera T
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336: 332) Niñera T…

336: 332) Niñera T…

Tonks entró al feudo como solía hacerlo cada tanto.

Desde que su madre se había instalado allí, procuraba espaciar sus visitas.

Las cosas habían cambiado demasiado, y todavía no lograba acostumbrarse a la nueva actitud de Andromeda… y mucho menos al hecho de que ahora era también la mujer de su novio.

Por eso, aunque no se había distanciado del todo, últimamente dormía en la taberna.

Al menos así mantenía el negocio en marcha.

Siguió el camino habitual hasta el centro del pequeño poblado, esperando encontrar a su madre, quizás saludar a las chicas.

Pero entonces algo le llamó la atención: una gran multitud reunida frente a un tablón de anuncios, casi idéntico al del gremio… o mejor dicho, el original.

Lo extraño era que no eran humanos.

Y lo más extraño aún, fue que la multitud desapareció de un momento a otro, dejando tras de sí a dos personas.

O… ¿eran tres?

“¿Red?” llamó Tonks, alzando la voz con sorpresa al acercarse.

En ese instante, yo terminaba de besar profundamente a Gemma, despidiéndola, y me giré hacia la pelirosa con una sonrisa, cargando en brazos a nuestra hija de dos años.

Tonks frunció el ceño al ver a la pequeña.

“¿Ahora secuestras niñas?” bromeó con un tono sarcástico, pero se interrumpió al notar la figura de Gemma que se alejaba lentamente saludándola con la mano.

“Espera… ¿Gemma?” “Hola, Tonks” la saludé, mientras mi hija se escondía en mi pecho, mirando a la recién llegada con curiosidad.

“Te presentamos a Ruby, nuestra hija.” “¡¿Ya nació?!” exclamó, totalmente desconcertada.

Se quedó paralizada.

Aceptar que su novio tuviera un hijo con otra mujer ya había sido difícil en su momento.

Pero que de un día para otro esa hija no solo existiera, sino que además ya fuera una niña de dos años, era demasiado.

Claro que había estado ausente una semana… pero aun así, no tenía sentido.Recordó las misiones y empezó a atar cabos, pero eso no la tranquilizó.

Notó ciertos detalles extraños en la niña… y también en mí.

Esa cosa carnosa enrollada en mi brazo, esa textura que no podía dejar de asociar con los alienígenas de aquella misión… “¿Qué… cómo…?” empezó a tartamudear, pero no tuvo tiempo de ordenar sus ideas.

“Nymphadora” dijo Andromeda, acercándose con una sonrisa que se amplió al verme.

También se mostró sorprendida al ver a Ruby, aunque no tanto como la recién enterada.

“¡Mamá!” le dijo Tonks, notando algo en su expresión.

“¿Por qué no me avisaste?” “Oh… él me pidió que no lo hiciera” respondió Andromeda, entendiendo el reproche.

Tonks me miró, ahora con una mezcla de enfado y confusión.

Para ella, el nacimiento de Ruby no era algo menor.

Y no saber nada hasta ahora no le era razonable.

“Quería darte tu tiempo para asimilarlo…” dije, acariciando a Ruby, que seguía observando con curiosidad a las mujeres, mientras se aferraba a mí, restregando su cuerpo con ternura.

Su cola, larga y escamosa, seguía enrollada en mi brazo.

“Al final, no te avisé antes de que llegaras, pero… creo que fue mejor así.

Si la conocías recién nacida, todo habría sido más difícil.

Ahora es más fácil de manejar.” Sin decir más, me acerqué a Tonks y extendí a Ruby hacia ella.

Tonks retrocedió, desconcertada.

Lo que vio fue una niña preciosa… pero con cola de serpiente en lugar de piernas.

Y entonces, cuando la miró directamente, Ruby abrió la boca.

Su expresión cambió: de una carita tierna pasó a una extraña boca simétrica con cuatro colmillos que emergían de sus labios, los cuales parecieron volverse sólidos y afilados.

Su lengua, larga y puntiaguda, siseó al aire.

“¡Aaah!” exclamó Tonks, dando un paso atrás mientras su mano iba instintivamente hacia la varita.

La experiencia con los alienígenas había dejado sus reflejos afilados.

Estuvo a punto de aplicar la regla más básica: dispara primero, pregunta después.

“Tonks, no seas así, vas a herir sus sentimientos” le dije con un tono burlón.

Entendía perfectamente su reacción.

“¿Qué le pasó?” preguntó finalmente, al notar que no había ácido ni colmillos volando, y que la criatura frente a ella no tenía intenciones de devorarle la cara.

Solo era… una niña monstruosa muy extraña.La intriga sobre qué demonios le había pasado no la abandonó ni siquiera cuando logró relajarse un poco y se acercó con cautela para verla más de cerca.

“Nada, nació así de linda.

Igual que su padre” me burlé con una sonrisa descarada.

“Tú tampoco eras tan lindo cuando naciste” comentó Andromeda, sumándose a la burla con naturalidad.

Tonks puso los ojos en blanco ante los comentarios, aunque la duda seguía retorciéndose dentro suyo.

Pero no tuvo tiempo de preguntar nada más, porque en ese momento, casi sin previo aviso, le deposité a Ruby en los brazos.La incomodidad fue inmediata.

“De hecho, es genial que hayan llegado ambas” dije, ignorando su expresión tensa.

“Acabo de terminar la primera etapa con los elfos y pensaba que era un buen momento para hacer una visita a la casa Black.

Tonks puede cuidar a Ruby mientras no estamos.

Gemma necesita un descanso.” Acaricié con ternura la cabeza de mi hija, que ahora estaba en los brazos de una Tonks completamente rígida.

Ruby era sostenida a medio metro del cuerpo de la pelirosa, así que me acerqué para empujarla con suavidad hacia ella hasta que no tuvo más remedio que sostenerla bien pegada.

El temblor de sus brazos era evidente.

“¿Espera, qué?” reaccionó justo al sentir cómo la cola de Ruby intentaba encontrar la forma de enroscarse alrededor de ella.

“Pero yo aún no pasé tiempo con Ruby… y ha crecido tanto” se quejó Andromeda, mirando a su hija con cierta nostalgia.

Una vez superado el asombro, lo cierto es que Ruby era adorable.

Y su instinto maternal solo se intensificaba con cada segundo.

“Un momento… yo nunca dije que iba a cuidarla” dijo Tonks, incómoda, sintiendo que las cosas otra vez se estaban yendo de las manos a toda velocidad.

Apenas si había empezado a entender qué estaba pasando.

“Vamos, Tonks, es mi hija.

No puedes dejarla tirada por ahí” le dije con una mirada acusadora.

“Es una ternura… y ya no muerde.” Justo al terminar esa frase, vi cómo Ruby, muy lentamente, comenzaba a inclinarse hacia la clavícula descubierta de Tonks.

Su boca humana dio paso de nuevo a aquella mandíbula extraña, de labios endurecidos, colmillos simétricos y una lengua larga y puntiaguda.

Todo muy suave.

Todo muy disimulado.Me lanzaba miradas de reojo mientras lo hacía.

“¡Thhh!” le chisté, dándole un toquecito leve en la cabeza con el dedo.

“No.

Mami Tonks no se muerde.” La niña se detuvo un poco, soltando apenas un lametón sobre la piel de Tonks antes de volver a su carita humana como si nada hubiera pasado.

“¡¿Pero qué…?!” reaccionó Tonks, apretando los dientes para no soltar a la criatura ante el cosquilleo inesperado.

La situación se estaba volviendo demasiado rara, pero aun así, había algo más urgente que gritar.

“¡Yo no soy ‘mami Tonks’!” “Es mi hija.

Y tu eres mi mujer, así que te guste o no… sos su mami.” respondí con total naturalidad, rodando los ojos.

“Serás la madre de todos y cada uno de mis hijos, te guste o no.” “¡Yo nunca acepté nada de eso!” protestó casi al borde de las lágrimas, aunque con ese tono medio cómico de alguien al que le acaban de tirar encima una gran responsabilidad sin previo aviso.

Para ella, Invasión alienígena, aceptable.

Ser madre… “Tarde, ya recibiste mi pene.

Además, acostúmbrate… también vas a tener los tuyos propios.

Ahora, si me disculpas, tengo que llevar a tu madre a una cita a casa de sus padres” dije mientras retrocedía, tomando de la mano a Andromeda, que colaboró con mi huida con una naturalidad alarmante, lanzándole a su hija una mezcla de lástima y diversión.

“¡Esperá, no te vayas!” gritó Tonks, corriendo tras de mí con Ruby en brazos.

Aunque hubiera querido soltarla, ya era demasiado tarde: la niña se había aferrado a ella con fuerza.

“¡No te escapes!

¡No quiero esto!

¿Y qué fue eso de que muerde?” “No te preocupes, Tonks.

Vas a estar bien.

Ya le enseñé a no morder a sus mamis.

Si tiene hambre, dale un poco de sangre o carne” expliqué sin dejar de avanzar.

“Pedile algo al mercader, o lo de siempre en el restaurante… sin grasa.

Y no te preocupes si no muestra expresión, simplemente es así.

Puede que veas cambios… está desarrollando un mimetismo humano, es normal si notas que su cola empieza a parecerse a piernas.

Si tienes dudas, pregúntale a Gemma, y de paso, pónganse al día.” Tonks siguió persiguiéndome hasta que desaparecí junto a su madre.

Ya no podía alcanzarme.Estaba tan abrumada, tan enojada conmigo, que por un momento se olvidó que sostenía en brazos a un engendro del demonio(Yo).

Miró a Ruby.

Le dolía la cabeza.

No tenía idea de cómo cuidar niños.

Mucho menos a una criatura tan extraña.

Su primer impulso fue buscar a su madre, a Andra o a Eileen, y entregársela.

Pero entonces la vio mirándola.

Sintió cómo la cola se aferraba a su brazo, cómo las manitos pequeñas se aferraban a su ropa, cómo esos ojitos rojos —muy parecidos a los míos, aunque más claros y limpios— se clavaban en los suyos.La niña no parpadeaba.

O si lo hacía, eran parpadeos tan rápidos o tan lentos que parecían irreales.

Tonks suspiró.

Estaba atrapada en un dilema.No podía enojarse con esa criatura que, a pesar de todo, era adorable.

Era innegable que había heredado lo mejor de sus padres.

Y hasta la cola… bueno, la cola tenía su encanto.

Le traía recuerdos de los alienígenas asesinos, lo cual le generaba una mezcla de nostalgia, incomodidad y… algo que no sabía nombrar.

Ternura, tal vez.

Hasta que Ruby volvió a lamerla con esa larga lengua.

“¿Qué voy a hacer con contigo…?” murmuró, sin esperar respuesta más allá de la mirada fija de la niña y el suave roce de su cabeza restregándose contra su pecho.

Tonks la sostuvo un poco mejor, resignada, y empezó a caminar por el pueblo, rumbo a la residencia de Gemma.

Esperaba encontrarla allí…

esperaba poder hablar…

esperaba poder devolverle a su hija.

Porque, por muy tierna y retorcida que fuera, Tonks todavía no se hacía la idea de ser madre.

Y no solo le parecía incómodo: temía equivocarse y hacerle daño a la niña sin querer.

En ese momento, mientras caminaba, se detuvo de golpe al darse cuenta de algo.

“¡Hijo de puta!”gritó en plena calle.

Nadie respondió; todos eran NPC.

Luego miró a Ruby con una ceja arqueada.

“Tu padre es un desgraciado” le dijo, con rabia renovada.

Acababa de caer en la cuenta de que podría haber dejado un clon en lugar de esto y le habían endilgado a la niña como castigo o como método de adaptación forzada.

“Tu papi se merece una patada en las pelotas, ¿no es así?” añadió mientras levantaba y bajaba levemente a Ruby, como si la estuviera haciendo asentir.

“Sí, se lo merece.” Rió un poco.

La escena era absurda, pero la calma de la niña tenía algo hipnótico.

Tal vez… tal vez no era tan terrible.

Hasta que Ruby volvió a morderle la ropa.

Con precisión quirúrgica.

Sin tocar la piel, pero dejándola empapada de saliva.

“¿Qué pasa?

¿Defiendes a tu padre incluso ahora?” le preguntó con tono acusador.

“Tu papi es mala gente.” Pensó en enseñarle un poco sobre la verdadera naturaleza de su progenitor, quizás como pequeña venganza.

Pero entonces sintió cómo la niña le apretaba el pecho con sus manitos… y cómo volvía a morder la ropa justo sobre el pezón.

No creía que Ruby fuera una pervertida como su padre —aunque con esa genética, todo era posible—, pero entonces lo entendió.

“¿Tienes hambre?” preguntó tentativamente.

La presión de la mordida y el agarre en su pezón se intensificaron.

“Bien… vamos a comer” dijo, resignada, cambiando de rumbo hacia el restaurante.

Pero entonces se detuvo otra vez al recordar mis palabras, con una expresión entre perturbada y preocupada.

“¿Bebés sangre?”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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