Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 338
- Inicio
- Todas las novelas
- Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo
- Capítulo 338 - 338 334 Henry
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
338: 334) Henry…
¿Futuro ex-taxista?
338: 334) Henry…
¿Futuro ex-taxista?
“¿Entonces… la policía no va a venir?” -preguntó Henry, extrañado por la falta total de presencia policial.
Las explosiones, el fuego y el caos que habíamos generado eran lo suficientemente escandalosos como para que cualquier vecino hubiera hecho la denuncia.
“No.
Ellos bloquearon esta zona.
Todo estuvo planeado con antelación: desde el silencio de la zona hasta los ataques.
Nuestra lucha fue aislada del mundo exterior” explicó mientras sentía cómo mis clones llegaban a la base temporal de los atacantes.
Por fin, pronto tendré respuestas.
“Si llegara a aparecer alguna fuerza del orden, sería la policía mágica…
y esto está tan bien orquestado que probablemente ni ellos lo detecten sin un golpe de suerte o una coincidencia” “Y yo que creía que en el ejército ya había descubierto suficientes verdades ocultas”, dijo, rascándose la cabeza con una mueca incrédula.
“¿Esto es algo común?” Era la primera vez que Henry presenciaba magia, y por extensión, deducía la existencia de todo un mundo oculto, con su propia estructura, reglas… y amenazas.
“No exactamente.
Esto parece un ataque dirigido específicamente contra mí, por algún motivo que aún desconozco.
El mundo mágico tiene su cuota de caos, sí, pero atentados de este tipo no son comunes fuera de los períodos más oscuros de la historia.
El mundo mágico no tiene una población lo suficientemente grande como para desperdiciarla” Miré el camino por delante y retomé el foco.
“Sea como sea, las respuestas llegarán.
Por ahora, debemos seguir.
Ya estamos cerca, podemos ir caminando desde aquí.
¿Cuánto te debo, Henry?” “Reparaste los rayones de mi auto…considerará la deuda saldada” respondió con una sonrisa.
Descubrir el mundo mágico, con todo su potencial y peligros, era suficiente pago para alguien como él, siempre precavido.
Saber que existía algo más… era invaluable.
“Red… ¿quieres que lo haga yo?” -preguntó Andrómeda con tono suave, levantando su varita y mirando a Henry con cierta duda.
Se ofrecía a borrarle la memoria.
“¿Qué pasó?” Le preguntó al notar el gesto hacia ese “palo” con el que nos había visto enfrentarnos a muerte hace minutos.
“Eh… lo típico en estos casos.
La razón por la que nunca oíste hablar de estas cosas antes.
El mundo mágico no permite que su existencia se haga pública” le expliqué.
“Ahhh…” asintiendo, comprendiendo.
Su expresión cambió, volviéndose seria, casi solemne.
Dio un par de pasos hacia atrás y se quedó quieto.
“Está bien.
Hacé lo que tengas que hacer” cerró los ojos, con una expresión decidida, como si aceptara un destino trágico.
“¿Por qué parece que estás esperando que te ejecuten?” Pregunté entre risas al ver su pose de mártir.
“Solo se borra la memoria, no a matarte.” “¡Ahh!” exclamó abriendo los ojos con sorpresa.
“Pensé que me iban a silenciar…
en el otro sentido” suspiro aliviado, relajándose visiblemente.
“¿E ibas a aceptarlo con tanta naturalidad?” preguntó, curioso.
Andrómeda, a mi lado, tenía la misma expresión de desconcierto.
“Yo…” dudó al ver nuestras caras, pero tras un segundo de silencio y luego de hacerle caso a su instinto, confesó: “En realidad, estaba esperando que bajaran la guardia para dispararles”.
Dijo esto mientras levantaba lentamente la pistola que tenía bien firme en la mano.
“No iba a caer sin pelear” Andrómeda y yo nos quedamos mirándolo, atónitos.
No solo por la sinceridad de su confesión, sino por la tranquilidad con la que lo decía y la seguridad de conseguirlo.
“Henry…
eres todo un personaje”, dije, soltando una risa ante la situación.
Era claro que alguien como él podría ser un peligro real para cualquier mago desprevenido… aunque si lo intentara, conmigo no le saldría bien.
“No puedo hacer otra cosa, tengo esposa e hija esperándome en casa.
Por ellas, haría lo que fuera”, respondió, encogiéndose de hombros con cierta vergüenza, pero con firmeza en la voz.
“Ah, cierto, tienes una hija…” murmuré, recordando por un segundo a la mía.
Qué diferente se sentía todo ahora, comparado con aquella primera vez que este tipo me llevó en su taxi junto a mi hermana.
“Sí, es un amor”, dijo con una sonrisa sincera, rebuscando en su bolsillo hasta sacar la billetera.
La abrió y nos mostró una pequeña foto con orgullo, como si no acabara de admitir que pensó en matarnos.
“Es hermosa…
pero la mía más”, le dije sin dudar, asintiendo con seriedad.
Henry parpadeó, sorprendido.
No se esperaba que yo también tuviera una hija cuando la última vez que me vio con Tonks pareciamos recién graduados.
“Discrepo totalmente, y no tengo problema en sacar el arma para debatirlo”, respondió con tono seco, pero claramente en broma… creo… quizás yo haría lo mismo en su lugar.
Andrómeda nos miraba desde un costado, entre divertida y nostálgica.
Por un momento, pareció recordar con cariño a Ted, cuando él también se metía en estas competencias de padres orgullosos.
“Bueno, volvamos a lo importante”, dije, retomando el foco.
“Tengo que ir a conseguir que la familia de mi novia la desrepudie y conseguir su herencia.” “Y yo…
supongo que debería volver al trabajo”, murmuró Henry, aunque se notaba que no estaba muy tranquilo con lo que venía.
“Eso de borrar la memoria…
¿Es seguro?
Digo, soy el sostén de mi familia y…” Lo miré en silencio un momento, luego a Andrómeda, y finalmente a mi varita.
Pensé en todo lo que había hecho, dicho y demostrado en tan poco tiempo.
“¿Sabes qué?
Podemos saltarnos esa parte.
No creo que pase nada si sabés todo esto.
Igual te tratarían de loco si lo contaras”, le dije con una sonrisa cómplice.
“Claro, claro… capaz debería tomarme unos días libres.
Casi alucino con magia y todo eso, ¿no?” respondió Henry al instante, adaptándose al juego con naturalidad.
Era más astuto de lo que parecía.
“Bueno, hasta luego, señor taxista que no vio nada y no dirá nada”, le dije mientras le estrechaba la mano.
Luego de asentirnos brevemente, me giré hacia Andrómeda.
Como era de esperarse, no planeaba cuestionar mis decisiones.
Sin embargo, a mitad de camino, algo me hizo detenerme.
Pensé en lo que estaba construyendo.
Y entonces…
“¿Henry?” lo llamé sin siquiera darme vuelta.
“¿Sí?” respondió él, justo cuando estaba por entrar a su auto.
“¿Te gusta ser taxista?” pregunté mientras, con uno de mis clones, obtenía un objeto del mercader y lo enviaba al inventario que compartíamos.
“Hmm…
supongo2 dijo tras una pausa.
“Da dinero, conocés gente interesante, ves lugares nuevos…
aunque a esta altura todo me resulta rutinario.
Bueno, al menos hasta hoy.” “¿Y alguna vez pensaste en cambiar de trabajo?” continué, acercándome para entregarle una pequeña tarjeta dorada.
“Tal vez tenga una propuesta que te interese.” Henry la tomó con cierto recelo.
Notó al instante que no era común: tenía un peso inusual, y su superficie dorada brillaba con inscripciones que parecían moverse levemente a la luz.
“No tengo idea de magia” respondió rápido, casi como si se excusara.
“No creo estar capacitado para nada de ese mundo.” Dudaba.
Y no era por falta de curiosidad.
Lo que había vivido ese día lo había dejado alerta, consciente de los riesgos.
Después de todo, tenía una familia que dependía de él.
“La magia es algo genético.
Si no recibiste una carta a los once, no eres un mago, así de simple” aclaré, aunque me di cuenta de que me estaba desviando del punto.
“Lo que te ofrezco es un trabajo que existe entre ambos mundos.
No tan diferente al tuyo, pero…
más interesante.” “¿Quieres que sea tu chofer personal?” preguntó, entre curioso y escéptico.
“Oh, no.
Casi no uso vehículos” me reí.
“Pero sí sería algo parecido a un transportista.
De momento no es algo que se pueda concretar, pero…
guardá la tarjeta.
Me pondré en contacto contigo más adelante.
Entonces podré explicártelo bien, y decidirás si te interesa.” Me di vuelta una vez más y regresé al lado de Andrómeda.
Pero antes de alejarme por completo, eché un último vistazo: Henry seguía ahí, contemplando la tarjeta con una expresión difícil de descifrar.
“Piénsalo.
Podría ser algo bueno para tu familia.
Te prometo beneficios del mundo mágico y más: salud, educación…
incluso un lugar para tu hija en cierta escuela especial, donde podría llegar más lejos de lo que cualquier humano normal lograría.
No maltrato a quienes trabajan para mí” le dije con una sonrisa sincera.
Sabía que mi idea no tenía por qué excluir a los muggles.
“Lo pensaré…” dijo finalmente, guardando la tarjeta en el bolsillo.
“Tal vez nuestras hijas puedan jugar juntas, si eso ocurre.” “No creo que sea buena idea por ahora.
Mi hija probablemente se comería a la tuya” comenté mientras me alejaba con Andrómeda.
Y así nos separamos.
Pero Henry no podía dejar de pensar en todo lo que había pasado.
Él creía haber visto el mundo, pero aquel día descubrió que el mundo era mucho más grande de lo que jamás imaginó.
Incluso cuando llegó a su casa, besó a su esposa, abrazó a su hija, cenó y trató de retomar su rutina habitual, no lograba sacarse de la cabeza lo que había presenciado.
Su esposa, preocupada por su silencio, le preguntó si todo estaba bien.
Henry solo le sonrió y la tranquilizó, sin contarle nada.
Esa noche, sentado en el sofá, sacó la tarjeta del bolsillo y la miró en silencio.
Al pasar los dedos sobre su superficie, la tarjeta mostró imágenes cambiantes del feudo: el restaurante, el hospital, los campos fértiles con cultivos.
Aparecían frases como “Cualquier comida del mundo”, “Sanar cualquier herida o enfermedad”, “Cosechas en minutos”.
Tomó un trago más de su bebida y se quedó pensando en las palabras de aquel joven.¿Podía realmente cambiar de vida?
¿Ese mundo era tan impresionante como parecía?
¿Podría darle a su hija un futuro mejor si aceptaba?
Aún no tenía la respuesta.
…
Por otro lado, cuando Andrómeda y yo dejamos a Henry, empezamos a vagar por las calles, supuestamente buscando la dirección correcta.
No es que fuera difícil encontrarla… simplemente no teníamos demasiada prisa.
Ir a la casa Black era el objetivo, sí, pero también se sentía como una excusa para pasar algo de tiempo juntos.
Andrómeda disfrutaba poder hablar conmigo, caminar a mi lado.
Y yo…
yo no podía evitar preguntarme cuánto la había afectado todo esto.
Sé que mis habilidades fueron las que detonaron lo ocurrido, pero claramente ella lo había vivido de forma mucho más intensa.
“¿Qué trabajo querías ofrecerle?” preguntó de pronto, volviendo sobre lo que le dije a Henry.
“Más o menos lo que él mismo sugirió: un conductor.
No para mí, claro.
Tengo formas de aprovechar mi habilidad de teletransporte para crear rutas desde y hacia el feudo, pero necesito a alguien que las gestione de forma segura y eficiente” dije mientras la rodeaba por la cintura.
“A su debido tiempo te contaré más.
Será útil…
y beneficioso para mis hijas.
Todas ellas” agregué bajando la voz, apretando su trasero, mirándola fijamente a los ojos.
“¿De verdad quieres que te embarace también?” Pregunté con seriedad, intentando ver a través de ella.
Nunca me disgustó la idea del sexo, ni siquiera la de embarazar a una mujer, algo que acepté plenamente tras el nacimiento de mis primeras hijas.
Sin embargo, quería discernir si ella realmente lo deseaba o si actuaba impulsada por su propio deseo momentáneo, o peor aún, por el deseo de complacerme a mí.
Si solo fuera lujuria, no me detendría, pero sí me tomaría mi tiempo para cultivar los sentimientos necesarios y asegurar que ella lo deseara de verdad.
Desde que tuve a mi hija, mis prioridades cambiaron: ahora anhelo que las madres de mis descendientes los quieran genuinamente, y que no sean solo una responsabilidad más.
En un futuro, con todo más estable, no me importaría, pues podría encargarme de todo; pero, por ahora, esto es lo que busco.
“Hace tiempo que quiero otro hijo…
y sería muy feliz si fueras tu el que me lo diera” dijo ella suavemente, apoyando su cabeza en mi hombro mientras seguíamos caminando.
“Entonces parece que voy a tener que satisfacer tus deseos… especialmente los sexuales, y qué bueno que vayan de la mano con los reproductivos” respondí en tono de broma, apretando otra vez su trasero.
“Parece que no me dejas más opción que embarazarte.” “¿Vas a llevarme a un callejón ahora mismo para empezar?” preguntó, mirando a los alrededores como si realmente considerara dónde podría ser ‘violada’ por sorpresa por su yerno.
“Sería una linda experiencia, la verdad…” sonreí.
“Pero me temo que tendremos que posponerla” dije al alzar la vista hacia los números 12 y 14 de Grimmauld Place.
“Llegamos.”
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com