Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 340
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- Capítulo 340 - 340 336 Debatiendo con Walburga
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340: 336) Debatiendo con Walburga 340: 336) Debatiendo con Walburga “Soy la actual pareja de Nymphadora Tonks, hija de Andrómeda.
Curso mi segundo año en Hogwarts.
Soy sangre pura, nacido de la familia Weasley y del linaje Prewett por parte de mi madre” comencé a relatar con voz firme.
No me extendí demasiado, pero resumí lo esencial: cómo, con cierta astucia, logré que Dumbledore me permitiera participar en un programa de séptimo año; cómo trabajé con Tonks como auror temporal; nuestras misiones, nuestras condecoraciones con la Orden de Merlín… y, por supuesto, el asesinato de Ted a manos de nuestros enemigos.
Un poco de todo, adornado lo justo, sin llegar a mentir.
Walburga hizo una mueca de desprecio en ciertos pasajes, pero era claro que había captado su atención.
La historia le interesaba, aunque no lo admitiera.
Más que nada, por mi linaje, por la muerte de Ted… y por lo que había logrado fuera de Hogwarts “Hmm… incluso una basura como tú pudo tener una buena hija” comentó con desdén hacia Andrómeda.
“Gracias” replicó Andrómeda con sarcasmo, rodando los ojos.
Ya esperaba algo así, por lo que ni siquiera se molesto en decir mas.
“Pero no creo que hayas venido sólo a presumir” continuó Walburga, aunque en el fondo parecía disfrutar lo que escuchaba.
Que la rama exiliada de los Black aún produjera individuos capaces le resultaba, cuando menos, reconfortante.
“Desde luego que no.
He venido a restablecer relaciones familiares.
Creo cumplir con todos sus requisitos… ¿no es así, señora Black?” dije, esbozando una sonrisa mientras abría los brazos con teatralidad.
“¿Requisitos, eh?” murmuró con una sonrisa seca, como si no supiera de qué hablaba.
“Buen linaje, la personalidad adecuada… logros y reconocimiento.
¿No es ese el tipo de persona con el que soñarían que se casaran las damas Black?”, comenté con tono casual.
“¿no eso exactamente lo que querrían para su familia y en lo que Andrómeda les ‘fallo’?” Puse comillas en eso último.
“Tu lógica es endeble en varios puntos” espetó.
“No intentes jugar conmigo.
No soy una ingenua adolescente de esas con las que sueles tratar en Hogwarts.” “Dígame entonces… ¿en qué he fallado?” pregunté con una sonrisa.
“Para empezar, aunque los Weasley fueron nobles en el pasado, no puedes ocultarme su decadencia actual” dijo con frialdad.
“¿Decadencia… o simplemente una caída previa al resurgir?
Somos ocho hijos, siete hombres y una mujer.
Si todos lograran casarse con familias influyentes… ¿no significaría eso un resurgimiento, con alianzas y herencias suficientes para elevar nuestra posición?” reí con sorna.
“No me harías creer que han caído tan bajo si fueran realmente inteligentes” bufó.
“Las caídas de una familia no siempre se deben a la falta de inteligencia” repliqué, entrecerrando los ojos.
“A veces es sólo mala suerte.
¿No fue ese el caso de los Black también?
Además, incluso si mi familia fuera torpe, yo al menos no lo soy.
Y por eso, no puede decirme que me equivoco.” “Tienes algo, sí… pero no tanto como crees” replicó, ladeando la cabeza.
“Esos logros de los que te jactas fueron obtenidos bajo otra identidad.
Y lo más grave: sigues refiriéndote a la hija de esa traidora como parte de la familia Black.
Sólo con eso, tu discurso se invalida.” “Como si importara qué nombre usé…” resoplé, ahora poniendo yo los ojos en blanco.
“Podría volver a usarlo si fuera necesario.
Y en cuanto a lo otro… ¿acaso no he venido precisamente a resolver eso?” “Ja… como si no lo supiera” Walburga me miró con desprecio.
“Algo que esperaría de un verdadero Slytherin… pero no esperes llevarte nada de aquí.
Te irás con las manos vacías.” Dijo perdiendo el interés en mí.
“¿Por qué tan brusca?” pregunté con fingida inocencia.
“No hace falta que actúes.
Sé perfectamente a qué has venido” respondió Walburga, entrecerrando los ojos.
“Sólo quieres que reincorporemos a esa niña para poder devorar a la familia Black.” Resopló con desdén, aunque su tono tenía un matiz de resignación “Debo admitir que, si eres quien dices ser, habrías sido un yerno excepcional… pero no seré yo quien entregue nuestra herencia a los lobos” “Creo que está imaginando demasiado” repliqué, con un dejo de gravedad.
“No tengo intención de asimilar a la familia Black.
Todo lo contrario: me importa mucho esta familia, porque de aquí proviene la mujer que amo.
No quiero devorarla… quiero revitalizarla, ayudarla a resurgir.”Dije las palabras con tono sereno, casi cálido.
Pero a sus ojos, cualquier muestra de empatía era sospechosa.
“Hmm… y decías ser listo” se burló.
Su mirada era penetrante, como si buscara leer más allá de mis palabras.
“Aunque lo que propones pueda ser noble, lo cierto es que devorar a la familia sería la opción más astuta.
Es lo que esperaría de alguien que se presenta como tú.” Se inclinó ligeramente hacia adelante, interesada.
“Pero te escucho… si no planeas absorberla, ¿cómo piensas restaurar a la familia Black?” “Fácil” respondí con convicción.
“Tal como usted misma ha supuesto: reincorporando a sus descendientes más capaces.
Nymphadora no sólo es una bruja talentosa, curtida y firme en sus convicciones… también tendría todo mi apoyo.” No mencioné sus defectos.
Ante Walburga, era la encarnación del linaje que debía renacer.
“¿Acaso no es sabio querer restaurar un campo con una buena semilla?” “Sí, claro…” dijo con sarcasmo.
“Y que sus hijos sólo sepan que una vez pertenecieron a los Black, sin haber hecho jamás nada para honrar el apellido.” Habló con rabia, pero su tono pronto cambió.
Una pausa reflexiva se impuso antes de su propuesta: “Aunque quizás… se pueda llegar a un acuerdo.
Si establecemos, por contrato, que vuestros hijos lleven el apellido Black…” Walburga había entrado por completo en modo de negociación.
En realidad, sin que yo dijera mucho más, ya había llegado a esa conclusión por su cuenta.
Para ella, la sangre era todo, y aunque Andrómeda había fracasado como hija, Nymphadora parecía estar redimiendo a su rama familiar.
La situación actual del linaje era precaria, y esta oportunidad era quizá la última pieza que le permitiría resurgir.
Reincorporar a Tonks no suponía una transgresión grave.
Ya había precedentes de hijos enmendando los errores de sus padres.
Si lograba devolverle el apellido Black… si nuestros hijos lo llevaban con orgullo… entonces tal vez seríamos el milagro que esta familia estaba esperando “No, lo siento, pero los hijos de Nymphadora llevarán el apellido Tonks.
Eso ya está decidido” negué de inmediato, cortando su propuesta sin titubeos.
“¡¿Qué?!” exclamó el retrato, entre perpleja y furiosa.
Luego soltó un sonido de absoluto desprecio.
“Y yo que empezaba a pensar que tenías cerebro… Eres otro loco más.” “Fue una promesa” respondí con calma.
“Lo lamento, pero en realidad nunca planeé que Tonks revitalizara a la familia Black de esa forma.
Su papel sería… más bien simbólico.
Una figura digna, que represente la grandeza perdida del linaje.
Mi plan va por otro camino.” “¿Y qué esperas entonces?
¿Adoptar niños y ponerles el apellido Black?” espetó con fastidio.
“Ya no quiero escucharte.
Vete.
Váyanse los dos.” Su frustración era evidente.
El apellido del hijo de muggles solo le provocaba arcadas y que lo llevaran los descendientes Black lo hacía peor.
El sueño que apenas empezaba a acariciar se desmoronaba frente a sus ojos.
Ya ni siquiera parecía interesada en reincorporar a Tonks, aunque fuera útil para el árbol genealógico.
“Un momento, no sea impaciente” dije sin moverme del sillón.
“Mi intención sigue siendo clara: crear nuevos herederos con sangre y apellido Black.” “¿Acaso esperas encontrar a otra Black de sangre pura?” bufó con burla amarga.
“Inténtalo, si quieres.
No es como si no lo hubiéramos intentado antes.
Lo que queda son ramas lejanas, líneas diluidas que ni siquiera conservan el apellido.
Y claro, todos estarían encantados de cambiarse el nombre por una herencia, como tú… pero ninguno tiene la cercanía suficiente para merecerlo.
Sería regalarle nuestra historia a otra familia.” “Ya le dije que no quiero la herencia de los Black” respondí, rodando los ojos.
“Tengo mis propias riquezas.
Comparadas con las mías, las suyas son… modestas” “Entonces, ¿por qué estás aquí?
¿Por qué tanto interés en ‘salvar la familia’?” replicó, ahora con el enojo más evidente que nunca… bueno, más que nunca no.
Nunca lo disimuló, en realidad.
“Por lo mismo que todos ustedes hicieron lo que hicieron” respondí con una media sonrisa.
“Para proteger y fortalecer a las personas que amo.
Para consolidar mi familia.
Exactamente como usted, señora Black.” Ella no respondió.
Y entonces, decidí ser más claro.
Más directo.
“Y por cierto… ya tengo a una Black de sangre pura dispuesta a tener descendencia que lleve el apellido Black.” (Red) Walburga se quedó inmóvil.
La sorpresa congeló su rostro por un instante.
Luego, entrecerró los ojos, alzando una ceja con escepticismo.
Me examinó en silencio, buscando alguna fisura, algún atisbo de mentira… pero mi mirada era firme, limpia, imperturbable.
Ella no quería seguir con esto, no quería abrir más puertas… pero también sabía que esta podría ser su última oportunidad.
Así que, aunque no lo admitiera, decidió escucharme una vez más, con una súplica silenciosa en su interior: que no estuviera mintiendo.
“¿Quién?” preguntó al fin, con voz dura.
“¿Cómo puedes asegurarme que es una Black de sangre pura?” “Creo que omití una parte en mi presentación” respondí, cambiando el tono a uno más juguetón.
“Permítame rehacerla.” Me acomodé en el sillón, y con una sonrisa maliciosa añadí: “Soy Red Weasley.
Segundo año en Hogwarts.
Pareja de Nymphadora Tonks… y también de esta belleza que usted llama sobrina” Mientras hablaba, deslicé mi mano por la cadera de Andrómeda y le di un suave apretón en el trasero.
Ella enrojeció levemente, contenida, pero no se apartó.
Su verguenza era evidente, pero se mantuvo firme Los ojos entrecerrados de Walburga se abrieron de par en par, desbordando confusión.
Por un momento pareció que no había oído bien.
“¿Q-qué?” fue todo lo que alcanzó a balbucear, como si su mente se negara a procesar lo evidente.
Pero la escena delante de ella no dejaba lugar a dudas.
“¿Necesita una explicación más clara?” dije con suavidad, mientras me incorporaba y atraía a Andrómeda hacia mí.
Nos besamos.
No fue un beso largo, ni especialmente apasionado.
Fue justo lo necesario: una muestra clara y contundente de nuestra relación.
Una confirmación silenciosa pero devastadora.
Aunque Andrómeda se sonrojó aun mas—tal vez por hacer eso frente al retrato de su tía—, no se apartó.
Mi mano, por supuesto, nunca abandonó su lugar en su trasero “No esperaba que pudieras caer tan bajo” dijo Walburga con veneno en la voz, dirigiendo su mirada a Andrómeda como si viera a un insecto.
“¿Cómo alguien que alguna vez llevó con orgullo el apellido Black pudo terminar así?” “Digamos que él es tan excepcional… que no pude resistirme” respondió Andrómeda, sonriendo mientras pasaba los dedos por mi cabello con afecto.
“Repugnante…” escupió Walburga, ya casi girando en su marco para desaparecer a otra parte de la casa.
“Fuera de mi vista.” “Lo dice como si la familia Black no tuviera su cuota de perversiones a lo largo de su historia” dije con una sonrisa, agitando mi varita con sutileza.
Un encantamiento selló el cuadro, impidiéndole huir.
“¿Planeas retenerme aquí para jactarte de cómo llevaste a la cama a dos traidoras de sangre?” preguntó con un tono helado, aunque su amenaza era inútil.
“Que un mendigo recoja basura no es digno de admiración” añadió con desprecio, como si su insulto me rebajara.
“No, no, no me malinterprete” dije, aún sonriendo con despreocupación.
“No vine a jactarme… aunque bien podría.”
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