Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 341
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- Capítulo 341 - 341 337 Cerrando las negociaciones
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341: 337) Cerrando las negociaciones 341: 337) Cerrando las negociaciones Di un paso hacia el centro de la sala y hablé con calma, como quien enumera una lista trivial: “Podría presumir todo eso, claro… como también el hecho de contar con el amor y la devoción de la heredera Parkinson… de la heredera Bulstrode… de la heredera Greengrass… y, aunque no sea una casa particularmente prominente, también de una hija de la familia Farley, quien hace poco dio a luz a nuestra pequeña y adorable Ruby Farley.” La expresión de Walburga se quebró por un instante: una mezcla exacta de incredulidad y consternación.
“Y eso sin contar” continué “que, sin exagerar, soy uno de los magos más prometedores de esta era.
Poseo un territorio más extenso que el de la mayoría de las familias mágicas actuales.
Mis recursos hacen que la herencia Black me resulte… irrelevante.
Dirijo lo que posiblemente sea la red de producción mágica más eficiente del mundo.
Ya tengo cierto fructuoso negocio consolidado en Inglaterra y Francia, y estoy en proceso de expansión hacia Alemania, España, Brasil y varios países asiáticos” Hice una pausa.
El aire mismo pareció detenerse.
“Y, además, poseo una magia de linaje única.” Con un gesto de mi mano, la sangre se alzó a mi alrededor.
Olas caóticas danzaron por el salón, vibrantes, indomables… pero perfectamente contenidas.
No tocaron ni un solo objeto.
Fue una demostración de poder absoluto con precisión quirúrgica —Y es hereditaria.
Aunque no exactamente como la manifiesto yo.
En la pequeña Ruby, por ejemplo, se presenta como regeneración acelerada, una resistencia mágica notable, y una constitución física superior.
Pero aún es pequeña… y lo que pueda despertar con el tiempo, es un misterio lleno de potencial.
El silencio cayó como un manto pesado.
Walburga no sabía qué decir.
Cada una de mis palabras parecía demasiado improbable para ser cierta… pero la forma en que las decía, la seguridad con que me movía, la confianza que emanaba… no le daban margen a la duda.
Yo no mentía.
No lo necesitaba.
“Entonces…” añadí al fin, con una sonrisa afilada “¿podemos hablar de negocios?
Tengo más cartas a mi favor de las que imagina.
De hecho, planeo sacar de Azkaban a su otra querida sobrina para ayudarnos… aunque, claro, habría que anular su infructuoso matrimonio con la familia Lestrange.
Unirse al Señor Oscuro no le trajo más que dolor, cadenas y locura… a diferencia del matrimonio de Andrómeda, que, a pesar del escándalo, dio frutos excepcionales” Lancé una mirada cómplice a Andrómeda, con un gesto travieso.
Ella, por primera vez, pareció genuinamente sorprendida.
De todo lo que había dicho… eso era lo único que no le había compartido aún.
“¿Qué piensa?” pregunté, volviendo la vista hacia el retrato, al notar cómo Walburga me observaba con una mezcla de sospecha y furia.
“Siempre hablas de mujeres…” espetó con frialdad, tratando de ocultar la duda que comenzaba a calarle por dentro.
“Como si no supieras que tengo hijos.
Como si su existencia fuera irrelevante.” No podía negar el impacto que le causaban mis palabras, pero se aferraba a lo poco que le quedaba: la imagen de sus hijos como último argumento.
Era su escudo… su única defensa “Señora” respondí sin suavidad, con un tono que rozó la irreverencia.
“Sabe perfectamente cuál es la situación de sus hijos.
Me ofrecería a liberar a Sirius también… pero él logrará hacerlo por sus propios medios.
Y en cuanto a Regulus… Kreacher debió dejarle claro que él… no va a volver.” Mi voz se endureció en la última frase.
El rostro de Walburga se tensó.
Una tormenta se dibujó en su mirada.
Furiosa.
Dolida.
Humana.
Mencionar a Regulus fue como apretar una herida abierta que nunca cerró.
Y yo lo sabía.
Pero esto ya no era sólo una conversación.
“¡Solo espera que todo te explote en la cara cuando esas familias se enteren!” escupió Walburga con odio, sus palabras impregnadas de desprecio.
“O cuando la estupidez de esas niñas se disipe al crecer…” “Señora Black” respondí avanzando hasta quedar frente a su retrato, “la que está siendo necia es usted.” Mi voz ya no tenía rastros de cortesía.
“¿Cree que esto es un juego?
¿Cree que soy un aficionado, un encantador de serpientes que seduce niñas sin rumbo?
¿Me escuchó?
Dije que tuve una hija con la heredera Farley.
¿Le parece poco?
Está loca por mí.
Y yo por ella.
¿De verdad cree que las demás, que son más jóvenes, podrían resistirse si una mujer como ella cayó rendida?” mi tono descendió, volviéndose más grave, más peligroso.
“¿Cree que sus familias pueden impedirlo?” Mis auras se desataron, acompañadas de otras habilidades.
Se materializaron, distorsionando el aire a mi alrededor y mi propia imagen a la vista de los demás, mucho mas magnificando que el efecto de mi primera entrada.
Mi voz retumbó, perforando lo físico para atacar directamente el alma de todos los presentes.
Para ellos, mi figura parecía cubierta por un aura roja y negra, errática y peligrosa.
Tenían la sensación de que tentáculos agresivos azotaban el aire a mi alrededor, listos para aniquilarlos.
Una boca llena de dientes y un vacío negro en su interior se formaron, junto a unos ojos que eran solo una luz roja brillante.
Mi aspecto se había vuelto completa y monstruosamente aterrador.
Al otro lado de la puerta, el elfo doméstico Kreacher se retorcía en el suelo, aplastado por mi presencia.
Sentía sus órganos triturándose y su cerebro golpeado por hierros candentes.
Walburga no lo pasaba mejor; incluso en su retrato, la magia se resquebrajaba, y ella, desde su interior, parecía ser devorada por un vacío.
Incluso Andrómeda, a mi lado, luchaba por respirar, como si un infarto fuera inminente.
Extrañamente, las secuelas de “ese día” la atormentaban de nuevo.
Su útero palpitaba, forzado a ovular, su clítoris se erguía y su sexo se humedecía sin control.
En su mente, solo quedaba un miedo instintivo hacia mí y una imperiosa necesidad de postrarse en el suelo, esperando ser fecundada por un ser superior.
“¡Ni siquiera hay tantos magos en este país que merezcan que me detenga a considerarlos…
y menos aún unas cuantas familias insignificantes que no se acercan ni en lo más mínimo al nivel de quienes ya enfrenté!” Mi voz estalló como un rugido de bestia antinatural, tan profundo y aberrante que distorsionó la percepción de los presentes, como si el espacio mismo se retorciera a su alrededor.
Tras pronunciar esas palabras, mi aura comenzó a replegarse lentamente, disipándose con la misma intensidad con la que se había manifestado.
Me giré hacia otro lado, dejando que el silencio pesado tomara la escena.
Sí, mi actuación había sido exagerada, pero no por eso innecesaria.
Walburga temblaba, acorralada en una esquina de su propio retrato, reducida a poco más que un espectro vencido por el miedo Pero claro… liberar tal poder iba a atraer atención.
Afortunadamente, ya había preparado contramedidas.
Un clon mío se dirigía hacia la antigua guarida de los cazadores furtivos que nos habían atacado antes, listo para desplegar una energía similar y así distraer a Dumbledore, que se aproximaba.
También había sellado el retrato de Phineas para evitar que delatara nuestra ubicación.
Si lo hubiera hecho, ya sabrían que el epicentro del caos era la Casa Black.
Esos cazadores… ya estaban fuera de juego.
Resultaron ser el mismo grupo que Tonks y yo enfrentamos en aquella misión por la que fuimos condecorados.
Los mismos que asesinaron a Ted.
Extraje información útil de ellos… y puede que pronto los visite de nuevo.
Tal vez le dé a Tonks su merecida venganza.
Curiosamente, eso también me hizo recordar por qué los atacantes en Brasil me resultaban familiares: también eran traficantes, aunque de otra red.
Mi habilidad profética me estaba advirtiendo todo el tiempo, pero aún no sé cómo interpretarla con claridad.
Tengo que aprender a leer ese sexto sentido.
Volviendo al presente, observé cómo Walburga comenzaba a recobrarse lentamente, al igual que Andromeda, que temblaba aún a mi lado.
Le tomé la mano con firmeza y lancé un [Calma] suave sobre ella.
Parece que no me había controlado lo suficiente, pues su voz sonaba ronca al agradecerme, y se esforzaba por ocultar lo mojado de la parte inferior de su vestido, aunque no parecía haber perdido el control de su vejiga.
Por precaución, le entregué un vaso de agua por si se deshidrataba, antes de volver mi atención a Walburga Agradecí en silencio que la mansión Black tuviera defensas tan robustas; sin ellas amortiguando mi poder, mi presencia habría causado una catástrofe real entre cualquier criatura viviente cercana “Señora Black… no solo tengo como compañera a su sobrina-nieta, también tengo a su sobrina.
Y muchas otras mujeres.
Herederas, brujas poderosas, oscuras, luminosas…
hasta hijas de muggles, como le gustaba a su sobrina renegada.” Solté una breve risa, acariciando con ternura el cabello de Andromeda mientras se recuperaba.
“Mujeres de todas las castas, según su visión… inferiores o superiores, da igual.
Todas fortalecen a mi familia.
¿Cree en la pureza?
Bien.
Entonces debería comprender que lo que estoy construyendo no tiene parangón” Me giré para mirarla con astucia, y continué: “¿No es acaso eso lo que su familia siempre ha buscado?
¿Relaciones, poder, herederos fuertes?
Piénselo.
Si ignora el pequeño detalle de mi vínculo con madre e hija… podría permitir que la familia Black resurja.
Y no con cualquier heredero: con varios, poderosos, respetados y temidos, ademas de tener un fuerte respaldo(Yo).
Solo necesito su cooperación para restaurar a Andromeda y a Nymphadora al árbol familiar.
Todos nuestros hijos llevarán el apellido Black… y lo llenarán de gloria.” La situación había dado un giro brutal.
La bruja del retrato, antes altiva e implacable, no podía ocultar ya sus emociones.
El miedo se mezclaba con un asombro casi reverente.
Me miraba como si viera un monstruo con piel humana, que quizás lo fuera… pero también como si ese monstruo fuera su única esperanza “¿Q-que quieres…?” Pregunto teblorosamente.
No tenía ya fuerzas para imponer autoridad ni mantener una fachada.
Incluso un cuadro puede sentir el verdadero miedo cuando frente a él hay una entidad que huele a muerte.
Y técnicamente yo realmente tenía parte del poder de la muerte dentro de mí.
Ya no dudaba de mis palabras.
No sabía si maldecir o bendecir mi existencia.
Pero… tal vez, solo tal vez… aún tenía la posibilidad de ver a su linaje resurgir Dejar que el par de exiliadas fueran un sacrificio a cambio de mi favor…
incluso si me entregaran a más mujeres Black, sería aún más provechoso.
Convertir a Andrómeda y Tonks en simples fábricas de bebés sería incluso mejor; así podría tener muchos herederos Black de gran poder.
La mirada que me dirigió cambió: ya no solo tenía miedo, sino también una chispa de esperanza.
“Quiero que Andromeda recupere su apellido” dije con voz firme.
“Que tanto ella como su hija vuelvan al árbol familiar.
Y además… deseo que Andromeda se convierta en la nueva cabeza de la familia Black.” Andromeda jadeó de sorpresa.
Esa parte no la esperaba.
Había creído que venía solo a reclamar la herencia perdida… no a tomar el trono de la familia.
“No hay mucho que pueda hacer en mi estado” respondió Walburga, pensativa, “pero… si logras traer a mi hijo, él, como jefe actual, podría autorizarlo…” Sabía que eso vendría.
No importaba.
“No se preocupe” dije, mientras mi varita tallaba un intrincado círculo mágico a mis pies, las llamas dejando un leve resplandor rojizo.
“Tengo mis métodos.
Solo necesito… su cooperación, para facilitar el proceso”
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