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Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 342

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  4. Capítulo 342 - 342 338 El llamado Black
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342: 338) El llamado Black 342: 338) El llamado Black “¿Entonces… solo debo dar mi aprobación?” preguntó Walburga con evidente confusión, observando cómo seguía dibujando un complejo círculo lleno de runas y escrituras antiguas “Prácticamente.

Este ritual permitirá que Andromeda regrese oficialmente a la familia y reclame el liderazgo de la Casa Black, dado que no hay verdaderos herederos puros disponibles.

Solo hay descendientes de otras ramas y, bueno… Sirius, pero en su estado actual, dudo que se oponga” expliqué con serenidad.

Andormeda me miraba con curiosdiad, arada en el centro del circulo, metnalizandose mientras yo continuaba.

“Este hechizo notificará mágicamente a todos los miembros vivos con derecho a herencia.

Si desean competir por la posición, deberán hacerse presentes.

Si se niegan, ejercerán cierta presión sobre Andromeda, pero confío en que ella podrá resistirla” dije al tiempo que concluía los grabados.

Con mi varita, señalé puntos estratégicos del círculo, haciendo que llamas negras se encendieran sin consumir el suelo ni emitir calor.

“Y lo más importante… los espíritus de la familia Black.

Cualquier alma que no haya trascendido más allá de la muerte podrá manifestarse, ya sea para reconocerla o para oponerse.

Es ahí donde entramos nosotros dos.

Walburga, es posible que su alma real aparezca, y utilizará su retrato como ancla.

Tendrá más poder que los demás, y también recibirá los recuerdos que usted ahora conserva.

Úselos bien y recuerde nuestro trato.

En ese momento, no dude en apoyar a Andromeda.

En cuanto a mí… yo me ocuparé de los espiritus hostiles” dije, alzando la varita de jarjacha que traje de mi clon en Castelobruxo.

Era la mejor herramienta para tratar con lo espiritual.

Esto era algo serio.

Finalmente, vertí en el círculo una jarra de sangre: mezcla de Andromeda y Tonks.

Sangre de la familia Black.

Con eso, el respaldo mágico de la casa, la aprobación del retrato de Walburga y mi poder potenciador, el ritual comenzó.

Las llamas se apagaron brevemente, para luego encenderse de nuevo con más intensidad.

El círculo brilló con fuerza, cada línea y símbolo resplandeciendo con una luz ancestral, mientras la magia del ambiente era absorbida y redirigida como un vortice hacia el corazón del ritual.

“Empezamos.

Andromeda, prepárate2 anuncié, mientras comenzaba a recitar el conjuro y caminar lentamente alrededor del círculo, apuntando con la varita al suelo.

Andromeda se irguió, cerró los ojos, y comenzó a fortalecer sus defensas mentales, sellando su mente con oclumancia, sabiendo que lo que vendría sería una prueba intensa.

La iluminación de la sala se atenuó por sí sola.

Kreacher, que ya no se atrevía a aparecer, sintió cómo el lugar entero se volvía gélido.

Pero también sintió cómo el poder acumulado de generación tras generación de la familia Black se hacía palpable, lo que lo hizo dudar aún más si debía mostrarse y presenciar tal acontecimiento.

Walburga, incluso desde su retrato, percibía cómo su lienzo —dañado por mis actos anteriores— se fortalecía poco a poco junto al ambiente.

Andromeda, por su parte, se sentía imbuida de poder… aunque también enfrentaba un sutil rechazo, reflejo mágico de su anterior expulsión de la familia.

Pero era soportable.

“Está comenzando…” murmuré, mientras elevaba la varita y reunía aún más poder, preparado para lo inevitable.

…

Mientras tanto, en otros lugares… …

En Azkaban, dos prisioneros fueron golpeados por una oleada de magia antigua que los atravesó como un relámpago silencioso.

Sin palabras, supieron lo que sucedía: alguien en la casa Black estaba reclamando el título de cabeza de familia.

Sirius Black lo sintió de inmediato.

La imagen de su prima Andromeda, clara y firme, se proyectó en su mente.

Al principio creyó que era una alucinación más… pero esta vez, era diferente.

Él era el actual jefe de la casa, al menos en el papel.

Y eso hizo que el llamado fuera más fuerte.

Pero, tras un instante de reflexión, comprendió que ya no le importaba.

Había aceptado su castigo.

La posición en la familia le era irrelevante desde hacía años.

No odiaba a Andromeda; al contrario, le parecía una de las pocas con juicio propio.

Tras pensarlo un poco, decidió que no valía la pena intentar escapar solo para enfrentar esta disputa.

Si ella quería esa carga… que la tomara.

Internamente, en ese rincón húmedo y silencioso de Azkaban, Sirius Black renunció a su título.

Y lo hizo con una pequeña sonrisa amarga.

Bellatrix, en cambio, fue presa de la locura.

La rabia la invadió al ver a su hermana —una traidora, una descastada, una amante de sangre sucia— intentando tomar el control de la sagrada familia Black.

Aquello era impensable.

No entendía cómo era posible… pero no podía permitirlo.

Gritó, maldijo, se retorció en su celda, negándose a aceptar lo que ocurría.

No podía intervenir físicamente, pero su voluntad era suficiente.

Rechazó con todas sus fuerzas la ascensión de Andromeda, vertiendo en ese rechazo todo su odio, todo su desprecio, toda su locura.

Y así, las piezas se movieron.

…

En la mansión Malfoy, Narcisa se preparaba para una reunión del Círculo de Sangre Pura cuando, de pronto, dejó caer lo que tenía entre manos.

Una oleada de información irrumpió en su mente, tan intensa que la dejó paralizada por unos segundos.

Estaba confundida, alarmada…

y asustada.

Cuando por fin logró comprender lo que acababa de ocurrir, salió corriendo por los pasillos, su vestido ondeando tras ella.

“¡Lucius!

¡Lucius!” gritó, irrumpiendo en el estudio de su esposo.

Lucius frunció el ceño con fastidio al ver cómo su pluma manchaba la carta que estaba escribiendo.

Pero Narcisa no se dejó intimidar por su tono.

Aún jadeando, con los ojos muy abiertos, replicó con urgencia: “¡La casa Black!

Alguien está reclamando el título de cabeza de la familia… ¡y lo está logrando!”(Narcisa) Lucius se levantó de golpe, olvidando por completo su molestia.

“¿Qué demonios estás diciendo?” preguntó, ahora realmente preocupado.

“Hace apenas un momento… algo, una llamada mágica… llegó a mi mente.

Me decía que alguien estaba reclamando el liderazgo de la familia Black.

Se nos convocaba a todos los miembros directos para presenciarlo o emitir nuestro voto, ya sea de aprobación o rechazo.

Solo tenemos una hora” explicó lo más claramente que pudo, a pesar de su agitación.

“¿Quién está haciendo eso?

¿Quién se atrevería?” Lucius la miró con incredulidad.

Él jamás había dudado de Narcisa —no públicamente, al menos— y sabía reconocer cuando algo la sacudía de verdad.

La familia Black estaba en decadencia, sí, pero su herencia aún tenía un peso considerable… y él ya contaba con que su hijo Draco, sin competencia directa, acabaría reclamando esa herencia.

La idea de que alguien estuviera a punto de arrebatársela encendió una alarma en su interior.

“Creo que vi… a mi hermana” dijo Narcisa, aún perpleja “¿Bellatrix?!

¿¡Escapó de Azkaban!?” preguntó, ahora con un dejo de verdadero pánico.

La idea de que su cuñada estuviera libre era mala… pero lo que realmente lo inquietaba era lo que eso podría significar: que alguien más —alguien mucho peor— también hubiese regresado “No, Andromeda” aclaró Narcisa.

“¿Andromeda?

¿La que se casó con ese sangre sucia y fue desheredada?” Suspiró aliviado… aunque su desconcierto no disminuyó.

“¿Cómo demonios podría ella reclamar algo…?” “No lo sé” confesó Narcisa, “pero es real.

Lo siento en mi magia.

Si completa el ritual, no solo será reincorporada… será reconocida como cabeza de la familia, y la línea principal pasará a ser la suya.” “¡Recházala!

¡Tú tienes más derecho que ella!

Fuiste aceptada, ella fue repudiada.

Tu voto debe pesar más.” Lucius dio un paso hacia ella, alarmado.

“Ya lo hice” replicó Narcisa con tensión, “pero no basta.

Solo puedo dar mi voto en contra.

No puedo impedirlo… y no tengo idea de cuántos más la están apoyando.” El silencio cayó por un momento en el estudio, solo interrumpido por la respiración entrecortada de Narcisa.

Lo que ambos sentían era claro: si Andromeda tenía éxito, el legado Black ya no sería algo que los Malfoy pudieran reclamar.

Y eso, para Lucius, era intolerable “Debemos ir a detenerla…

Si alguien debería reclamar el puesto de Señora de la Casa Black, deberías ser tú” dijo Lucius, impaciente.

“No…2 respondió Narcisa con debilidad.

“¿No?” repitió Lucius, desconcertado por la negativa.

Sabía bien que su esposa comprendía sus ambiciones y, hasta ahora, nunca había estado en contra de ellas.

“Al casarme con la familia Malfoy, perdí mi derecho a heredar el título de cabeza.

Ese llamado me lo dejó claro desde el principio.

Pero también me dijeron que, si hay otros posibles herederos, pueden competir… si se presentan antes de que el tiempo acabe.” Lucius entrecerró los ojos, atando cabos.

“¡Draco!” exclamó de pronto.

“Tenemos que ir a buscarlo a Hogwarts y llevarlo a la casa Black” dijo, ya rebuscando entre los frascos de polvos Flu.

Esto era urgente.

Primero, no podían permitir que la fortuna Black cayera en otras manos.

Segundo, tal vez Draco podría reclamarla antes de lo esperado.

Pero lo más importante: ese legado no debía salir jamás de la esfera Malfoy.

Lucius intentó usar directamente la red Flu para contactar la única chimenea activa en el castillo: la del despacho de Dumbledore.

Pero la conexión estaba sellada.

Maldijo al viejo por hacerle perder tiempo —cada segundo que pasaba podía inclinar la balanza en contra.

Cambió rápidamente a una chimenea en Hogsmeade y, sin esperar más, él y Narcisa atravesaron las llamas con urgencia, decididos a recoger a Draco lo antes posible, sin importarles reglas ni protocolos.

Después de todo, Lucius aún era miembro del consejo escolar …

“Harry, estas bien?” Pregunto Ron, al ver que su amigo parecia mirar hacia todas pares “Escuchaste otra ves la voz?” cierta preocupacion trago saliva.

“¿Harry, estás bien?” preguntó Ron al ver que su amigo miraba a su alrededor como si esperara encontrar algo.

“¿Escuchaste otra vez… la voz?” Harry tragó saliva antes de responder.

“No… bueno, sí.

Pero esta vez fue distinto.

Sentí como si alguien me llamara… a reclamar algo.

Como si alguien estuviera tomando algo que podría haber sido mío” dijo con el ceño fruncido.

“Me decía que fuera a la casa Black.” “¿La casa Black?” repitió Ron.

“¿Qué crees que me está pasando?” preguntó Harry, visiblemente perturbado.

Otra voz en su cabeza.

Otro misterio que no entendía.

“¿Qué es exactamente la casa Black?” “Creo que era una familia de sangre pura…” Ron intentó recordar, forzando la memoria.

“Mis padres la han mencionado, creo… pero no sé mucho más” “Tal vez deberíamos contárselo a Dumbledore” dijo Ron, razonando rápidamente.

“Puede ser cosa del heredero otra vez, algún truco o una trampa.

Si lo está intentando de nuevo… quizás podamos atraparlo esta vez” añadió con un dejo de emoción, al pensar que su investigación —hasta ahora estancada— finalmente podría avanzar… y brindarles el reconocimiento que tanto deseaban.

“Tienes razón.

Vamos” asintió Harry.

Como ahijado de Sirius Black(Actual jefe de familia), Harry tenía un débil oportunidad de herencia de la familia.

No era descendiente directo, pero su conexión era suficiente como para que el llamado lo alcanzara… aunque con menor intensidad que a aquellos con sangre Black más pura.

Por desgracia para Harry y Ron, no pudieron encontrar a Dumbledore: el director había salido de Hogwarts debido a mis acciones anteriores.

Tampoco lograron descubrir nada sobre la familia Black.

Al explicar lo sucedido a la profesora McGonagall, y preguntarle por el director, ella palideció visiblemente, ordenando a Harry ir directo a la enfermería mientras ella misma salía de inmediato a buscar a Dumbledore.

Antes de marcharse, se cruzó con Snape, y con tono urgente le informó sobre lo ocurrido… justo cuando Narcisa y Lucius atravesaban los terrenos de Hogwarts, exigiendo ver a su hijo.

Draco, por su parte, también había escuchado el llamado.

A diferencia de Harry, él comprendía bien lo que significaba.

Y preocupado por lo que pudiera estar pasando, se encontraba buscando a su jefe de casa, decidido a pedirle permiso para marcharse… y que avisaran a sus padres cuanto antes

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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