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Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 343

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  4. Capítulo 343 - 343 339 El Ritual parte 1
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343: 339) El Ritual (parte 1) 343: 339) El Ritual (parte 1) El peso del aire aumentaba con cada segundo.

La energía acumulada durante generaciones por la familia Black comenzaba a materializarse.

El ambiente mismo se distorsionaba, literalmente, dando forma a un espacio separado del mundo, un lugar donde incluso los difuntos del linaje podían presentarse… y donde solo los miembros de sangre tenían derecho a residir.

Aun siendo yo quien había iniciado el ritual, podía sentir cómo aquel lugar trataba de expulsarme por no pertenecer a la familia.

Podría considerarme esposo de Tonks o de Andrómeda, pero ellas habían sido oficialmente repudiadas, así que mi posición allí era nula.

Claro que no sería tan fácil echarme.

Liberé mi poder una vez más, esta vez sin preocuparme por ser descubierto.

Después de todo, lo que estaba creándose era un espacio ajeno al mundo mortal.

Cuando desato todo mi poder, dejo de ser algo que pertenezca a ese plano, y lo que serviría para expulsar a un mago común no funciona conmigo.

Aun así, debía mantener cierta concentración para evitar ser arrastrado fuera… pero eso no me impedía ayudar a Andrómeda, sobre todo ahora, cuando las primeras respuestas comenzaban a llegar.

La frente de Andrómeda estaba perlada de sudor, sus puños apretados con fuerza.

Las primeras respuestas no fueron amables: cada negativa se sentía como un martillazo eléctrico en su mente, intentando derribarla.

El rechazo de Narcisa y Bellatrix le provocó un dolor tan agudo que dejó escapar un alarido que no pudo contener… pero, por suerte, pronto llegó la aprobación de Sirius, y fue como un chorro de agua fría aliviando la quemadura.

Sirius era la cabeza actual de la familia, y su voto pesaba más que el de cualquier otro, ni hablar de los miembros casados con otras casas.

Andrómeda sintió un enorme alivio; ese respaldo le daría fuerza suficiente para resistir, incluso si llegaban más rechazos.

Otros votos fueron llegando, la mayoría de poco peso, negativos pero irrelevantes gracias al veredicto de Sirius.

Eran de ramas lejanas, casi olvidadas, y de mujeres que se habían casado con otras familias.

Personas que, aunque escucharon el llamado, probablemente no vendrían o no sabrían cómo llegar.

Quienes sí sabían llegar eran los difuntos.

Ellos aparecían directamente en la casa.

El aura de los muertos —esa que ya había sentido en Helena y en el cementerio del feudo— se intensificó, y figuras espectrales comenzaron a materializarse, débiles pero visibles.

Andrómeda abrió los ojos al sentir muchas miradas sobre ella.

Se sorprendió al reconocer algunos rostros: figuras ilusorias que había visto de niña, familiares fallecidos hacía años.

No todos los difuntos de la familia estaban presentes; como ya he dicho, los que habían trascendido no podían acudir, así que la mayoría eran almas recientes.

Muchos de esos espíritus, apenas formados, la observaron con curiosidad.

El llamado también les había explicado la situación: Andrómeda buscaba reclamar el liderazgo ahora que no había nadie capaz de hacerlo.

La mayoría de esas almas eran viejos tradicionalistas que, por una u otra razón, no aceptaban que ella tomara ese lugar… y se abalanzaron sobre ella como espectros del averno.

Mi presencia fue ignorada por los más impacientes y estúpidos… hasta que me notaron.

Un tentáculo rojo, etéreo, golpeó a las almas, dispersando a las más débiles.

Me interpuse frente a Andrómeda, sosteniendo la varita con firmeza, listo para realizar un trabajo de exorcismo.

La risa del jarjacha resonó por toda la habitación, haciendo que todos, además de mí, se sintieran incómodos.

Aquella varita perversa era un arma excelente para atacar la mente y el alma; combinada con el poder de la muerte que habitaba en mí, esas almas estaban perdidas.

Cada vez que alguna intentaba acercarse, un corte certero, un golpe brutal o un rayo devastador la interceptaba.

Yo, un extraño que en teoría ni siquiera debería poder estar presente en este antiquísimo ritual familiar, ahora estaba manipulando el resultado… con una sonrisa en los labios.

Pero, claro, no todo era tan sencillo.

El número de almas presentes solo aumentaría con el tiempo, y aunque lograra impedir que atacaran directamente a Andrómeda, cada voto en su contra ejercía una presión insoportable sobre ella.

Necesitábamos más votos a favor… y Walburga, la verdadera, aún no se había presentado.

Por suerte, la temperamental varita estaba siendo muy cooperativa.

Aunque no podía desplegar todo su poder sin su gemela, me estaba resultando de gran ayuda.

Parecía entusiasmarle la idea de que me acostara con madre e hija —o al menos eso supuse—, y no me importaba lo más mínimo.

… Fuera de la mansión, Lucius y Narcisa se aparecieron en la calle, trayendo consigo a Draco.

Habían intentado usar los polvos flu para acceder a la casa, pero yo ya había desactivado las chimeneas internas, así que la única entrada posible era la puerta principal.

Sus rostros dejaban claro que no estaban tranquilos; más bien parecían tensos, incluso ansiosos.

Ambos sabían la importancia de lo que estaba ocurriendo y la urgencia de intervenir.

Draco, contagiado por la tensión de sus padres, entendía que aquello no era un simple asunto familiar.

Corrieron hasta donde debería encontrarse el número trece de Grimmauld Place… pero no lo encontraron.

Dieron varias vueltas por las calles muggles, llamando la atención de los transeúntes con sus ropas poco discretas, pero no les importaba.

Pronto notaron que algo no encajaba.

Narcisa conocía bien el hechizo que ocultaba la entrada a la casa Black, pero aquello… aquello se parecía mas a un encantamiento Fidelius por su complejidad.

“¿Qué está pasando?” gruñó Lucius, visiblemente molesto y frustrado.

“No lo sé… ya deberíamos haber llegado.

Siento el llamado, pero no puedo encontrar la puerta” respondió Narcisa, con el ceño fruncido.

En ese momento, varios magos aparecieron a su alrededor.

Eran, por así decirlo, matones de la familia Malfoy.

Lucius no se arriesgó a pensar que todo aquello fuera únicamente obra de Andrómeda; prefirió asumir que había algo más detrás y, por eso, había llamado refuerzos Aunque llamaron mucho la atención, unos pocos ya se habían apartado para encargarse de esos muggles presentes, mientras el resto continuaba buscando.

Lucius también envió gente para asegurarse de que el Ministerio ignorara lo que estaban haciendo en aquel lugar.

Claro que aquello sería solo temporal; suponía que sus movimientos ya habrían atraído la atención de ciertas personas y debía actuar rápido.

No quería que nadie más interviniera en esta disputa por la herencia Black.

Tras un tiempo, finalmente lograron romper la ilusión que había colocado, solo para encontrarse con una espesa niebla cubriendo los alrededores, tan densa que algunos de los matones se perdieron.

Ver tantas contramedidas solo aumentó la preocupación de Lucius.

…

Dentro de la casa, yo era plenamente consciente de todo aquello: esas protecciones las había levantado yo mismo.

De hecho, la razón por la que alargué un poco mi charla con Walburga fue precisamente para terminarlas… y, de paso, para molestarla un rato.

Aunque no tuve tanto tiempo para hacerlas, no serían fáciles de desactivar, pues utilicé los métodos que obtuve en la campaña de Morgana: los encantamientos de Ávalon.

Como he dicho antes, no son conjuros pensados para el combate, pero sus utilidades son extremadamente valiosas en un momento como este.

Solo teníamos que resistir una hora desde el inicio del ritual, y ya había pasado la mitad del tiempo.

Sin embargo, los fantasmas eran ahora mucho más poderosos y tangibles, lo que hacía mi trabajo más difícil.

Aunque contábamos con el apoyo inicial de Sirius, la cantidad de votos negativos era tal que estábamos en desventaja.

No era que estuviera perdiendo, pero no tenía la capacidad de eliminarlos a todos a la vez, y de vez en cuando Andrómeda sentía la presión.

La acumulación de oposiciones se volvió tan intensa que llegó a apoyarse sobre una rodilla, sintiendo el peso de aquella carga.

No podía rendirse.

Incluso si las negativas superaban con creces a los apoyos, mientras permaneciera consciente y decidida a continuar, ganaría al cumplirse la hora, demostrando su fuerza y su capacidad para liderar la familia.

Sabiendo esto, Andrómeda apretó los dientes, dejando incluso que un hilo de sangre escurriera por sus labios, y prosiguió.

En realidad, a ella no le importaba demasiado obtener el título… pero sabía que yo lo deseaba, y estaba extrayendo fuerza de voluntad de su amor por mí para seguir adelante Justo en ese momento, el cuadro de Walburga comenzó a distorsionarse.

La mujer en la pintura mostró una expresión de incomodidad y dolor mientras un rostro fantasmal se superponía lentamente sobre el lienzo.

Era como si el espíritu estuviera fusionándose con la pintura, y aquel proceso se desarrollaba de forma lenta y perturbadora.

Al mismo tiempo, un espíritu apareció en la sala.

No miró a Andrómeda ni mostró intención de atacarla; en cambio, se dirigió directamente hacia Kreacher, que temblaba en una esquina bajo la presión que llenaba la habitación.

El elfo había acudido para presenciarlo todo y estaba emocionado de ver reunidos a tantos antiguos amos, pero, como elfo doméstico, carecía del derecho a intervenir… o al menos así fue hasta que aquel espíritu se acercó “¡¿Amo?!” exclamó Kreacher, con la voz quebrada, al reconocer a quien siempre había lamentado perder.

“Kreacher… ¿hiciste lo que te pedí?” preguntó el espíritu de Regulus.

“Regulus…” murmuró el cuadro de Walburga, que ahora parecía distinto: más serio, más vivo, como si la pintura misma hubiera recobrado su alma.

Walburga había absorbido los recuerdos de su versión pintada, así como otros fantasmas presentes tambien estaban logrando, por lo que no estaba del todo desorientada.

Decidió ignorar de momento lo que la había llamado al mundo de los vivos y observó en silencio a su hijo conversando con el elfo.

Los espíritus allí apenas recordaban algo de su existencia tras la muerte; lo único claro en sus mentes eran sus días en vida, su muerte… y el llamado que los había traído.

“Perdón… perdóneme, mi señor… Kreacher es un inútil… no pude cumplir su última petición” sollozó el elfo, derramando un mar de lágrimas mientras se golpeaba la cabeza contra el suelo con verdadero dolor.

“¡Regulus!” grité al espíritu mientras seguía repeliendo a los fantasmas que nos rodeaban, logrando que se volviera hacia mí.

“Acepta a Andrómeda como cabeza de la familia y yo me encargaré de destruir el horrocrux de Voldemort.

Además, le daremos a Kreacher la buena vida que merece” ofrecí, con voz tan firme y tentadora como la de un demonio negociando un pacto.

Regulus me observó, viendo cómo seguía combatiendo sin descanso, apartando espectros uno tras otro, mientras su elfo continuaba flagelándose por su supuesto fracaso.

“Buen trabajo, Kreacher.

Cumpliste tu misión… ahora vive una buena vida” dijo, sonriéndole con paz y sincero afecto.

Kreacher contempló a su amo por última vez antes de que este se convirtiera en una nube de plasma blanquecino que voló hacia Andrómeda, distinta de las grises y apagadas que formaban los demás fantasmas.

La nube de Regulus pareció revitalizarla.

No solo eso: comenzó a luchar a su lado, defendiéndola de los espectros.

Aunque eran muchos más que él y lo golpeaban una y otra vez, siempre se levantaba para interponerse, añadiendo otra capa de protección a Andrómeda.

Kreacher volvió a llorar, pero esta vez se incorporó y chasqueó los dedos, lanzando magia contra los fantasmas.

Sus ataques apenas resultaban eficaces, pero estaba decidido a ayudar.

“¡Elfo traidor!” rugió un espíritu con odio, al ver que un sirviente de los Black osaba alzarse contra él, aunque apenas le hubiera causado daño.

“¿Cómo osas atacar a tu amo?” “¡Yo solo tengo un amo!” replicó Kreacher, sintiendo el peso de intervenir siendo solo un sirviente, en forma de un ardor abrasador que consumía su interior, pero eso no lo detuvo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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