Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 346

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo
  4. Capítulo 346 - 346 342 Detrás de escena
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

346: 342) Detrás de escena 346: 342) Detrás de escena Andrómeda ya no quería perder más tiempo allí.

Tenía asuntos más importantes —y agradables— que atender, así que, satisfecha con haber hecho acto de presencia, dirigido una última mirada al ministro ya los presentes.

“Pero no se preocupe, Fudge”, dijo con una ligera indiferencia, “iré al Ministerio dentro de poco para tratar ciertos asuntos que deben resolverse…

asuntos destinados a devolver a mi familia lo que legítimamente le corresponde”.

Hizo una breve pausa y agregó: “Ahora, si me disculpan, debo estar en otro lugar… ¡Kreacher” El elfo doméstico apareció de inmediato a su lado, tomando su mano con una reverencia impecable, muy distinta a la actitud recelosa que había mostrado cuando llegamos hace un rato.

Y entonces, sin más, ambos desaparecieron de la puerta de la casa Black, dejando tras de sí un silencio tenso.

Lucius frunció el ceño, pero no tardó ni un segundo en tomar a su esposa e hijo para marcharse.

No pensaba dejar aquello sin respuesta.

Esto había ocurrido, en gran parte, por su desconocimiento, así que en cuanto regresara a su mansión comenzaría a investigar a Andrómeda y lo que había sido de ella en estos años.

Jamás imaginó que un “pez suelto” pudiera convertirse en una amenaza tan seria… cuando ni siquiera debería ser posible.

Dumbledore actuó de manera similar.

Permanecer allí no tenía sentido, y lo más urgente era verificar si cierta persona había regresado de su viaje internacional y estaba causando caos nuevamente.

Fudge, sin embargo, no estaba dispuesto a dejarlo pasar.

No creía que una simple bruja hubiera logrado lo que afirmaba, y mucho menos que pudiera burlar al Ministerio.

Ordenó a algunos subordinados que investigaran en los registros oficiales, mientras él y otro grupo se disponían a entrar a la casa para “revisar” lo que estaba ocurriendo.

Después de encontrar alguna artimaña legal para justificarlo.

Pero, para su desgracia, ni siquiera pude intentarlo.

La casa Black era muy antigua y estaba protegida por encantos activos desde hacía generaciones.

Y ahora, tras el ritual, esas defensas habían sido recargadas con la magia ancestral de la familia hasta su punto máximo.

Esto no solo la prácticamente impenetrable, sino que, de intentarse otro ritual similar, sería necesario esperar muchas generaciones para acumular la misma cantidad de energía.

Cuando intenten acceder por medios convencionales, las protecciones se limitarán a rechazar a los intrusos, casi como una advertencia.

Sin embargo, aquellos que, siguiendo las órdenes de Fudge, intentaron forzar su entrada… recibieron el castigo característico de la familia Black: una maldición tan perversa que muchos de ellos tendrían que ser trasladados a San Mungo si querían tener una oportunidad de recuperarse.

Irónicamente, una sanadora como Andrómeda sería la más indicada para tratarlos.

Fudge apretó los dientes al no conseguir el más mínimo avance y, contra su voluntad, tuvo que retirarse.

Dejó a varios magos vigilando la zona, esperando que Andrómeda o algún otro apareciera, mientras él regresaba al Ministerio decidido a encontrar la manera de destituir a esa mujer de la posición que —según él— “se había autoimpuesto”.

Cada vez más personas empezaban a cuestionar su autoridad, y aquello no era algo que estuviera dispuesto a tolerar.

…

Kreacher y Andrómeda no se habían ido a ningún lugar en particular; simplemente habían regresado al interior de la mansión.

Todo lo demás había sido un simple acto para los espectadores.

Yo, que había estado observando la escena desde la mirada de la puerta, me giré para mirarlos, fijándome especialmente en Andrómeda, quien soltó un largo suspiro de alivio.

“¿Y?

¿Qué tal estuvo?” preguntó con una actitud relajada y humilde, completamente distinta a la que había mostrado frente a los demás.

“Mhh… bueno…” me hizo el crítico, solo para ponerla un poco nervioso, pero pronto le sonreí y la traje a mis brazos.

“Quizás demasiado bien… por un momento pensé que volverías aquí y me obligarías a llamarte ‘ama’ mientras pisas mis pelotas…

¿Cómo lograste que se viera tan real?

Ella soltó una risa suave, casi tierna, liberando la tensión acumulada.

“Aún recuerdo las clases de etiqueta de cuando era niña.

Solo tuve que imaginarme a todos con el rostro de mi madre, y el resto fue sencillo”, dijo, aceptando sin reparar mis manos sobre su cuerpo.

“Y aún podría hacer lo que dices…

me debes una buena cogida después de todo esto.

Aunque no pisaría muy fuerte…” añadió con una sonrisa maliciosa mientras acariciaba mis ‘joyas familiares’.

“Este par todavía tiene trabajo que hacer” Riendo, regresamos a la sala principal, donde nos esperaba el retrato de Walburga.

Allí despedí a Kreacher, enviándolo al feudo.

Lloró un poco, pensando que lo estábamos echando, aunque en realidad solo lo mandaba con los otros elfos domésticos para que aprendiera sobre la nueva familia a la que serviría.

Además, debía recibir un tratamiento en el hospital y, después, lo rejuveneceríamos.

Necesitábamos un elfo sano y fuerte para seguir sirviendo a esta nueva familia Black.

Ahora solo quedaban dos asuntos que tratar.

“¿Qué pasó conmigo?” —preguntó Walburga.

Ahora que no había más obstáculos, el retrato exigía saber su situación; Era consciente de que algo había cambiado.

“Bueno… supongo que decidiste no irte cuando las demás almas desaparecieron” respondí, sabiendo, al menos en parte, lo que ocurría.

“Sentí que podía quedarme, y quería asegurarme de que mi decisión había sido la correcta” comentó con naturalidad.

Su tono, aunque cooperativo, no era precisamente agradable; tal vez era su manera habitual de hablar.

“Lamento decirte que poder hacer algo no siempre significa que debas.

Dejaste parte de tu alma aquí, lo que significa que no regresaste del todo al mundo de los muertos” expliqué, observando el cuadro.

“Este retrato se ha convertido en algo muy similar a un horrocrux: una parte de tu alma, la verdadera tú, ya no es solo pintura.

Eres Walburga… pero en forma de cuadro, y más débil.” “Bueno, peus, lamento decirte que el poder no significa que deberias.

practicamente dejaste parte de tu alma aquí, osea, que no volviste del todo al mundo de los muertos” Explqiue mirando el cuadro “este cuadro practicamente se volvio algo similar a un horrocrux, una parte de tu alma, la real, ya no eres un simple cuadro, eres la verdadera Walburga, en forma de cuadro, aunque debil” “Entonces…

¿estoy atrapada así?” preguntó, mirando su mano pintada.

No sabía cómo sentirse.

Superar la muerte tenía su mérito, pero aquello también se sintió como una prisión; la eternidad en un cuadro no era precisamente una inmortalidad deseable.

“No exactamente.

No es un horrocrux real; no partiste tu alma con magia oscura.

Si destruimos este cuadro antes de… no sé, entre cincuenta y cien años, tu alma se reunirá con el resto y seguirá su curso normal en el más allá.

Si pasa más tiempo, ahí sí quedaría atrapada en el limbo, igual que los creadores de horrocruxes” dije, convencido de que mi teoría era, correcta aunque sin poder calcular con exactitud el plazo.

Al menos podía asegurar unas cuantas décadas.

“Bien…

creo que puedo permanecer aquí para asegurarme de que cumples tu parte del trato.

También guiaré a esta niña como nueva cabeza de la familia y le inculcaré las tradiciones que seguro ha olvidado” aceptó Walburga con rapidez.

“Luego pueden crear otra copia mía, y yo misma la instruiré antes de que destruyan este cuadro” añadió, ya planificando cómo perpetuar su legado en la casa Black.

“Como deseo” dije, sin darle demasiada importancia, aunque sentí la mano de Andrómeda apretarme con fuerza y noté una leve sonrisa maliciosa en sus labios.

“¿Entonces… es la verdadera Walburga?” preguntó Andrómeda, mirando el retrato con una chispa extraña en los ojos.

“Sí… en forma de cuadro, pero sí” repetí.

“Eso no importa, niña.

Tenemos que reconstruir la familia Black” interrumpió Walburga, sin apartar la vista de mí, tratándome como el único digno de su atención.

Para ella, Andrómeda no era más que un medio para una fin, una herramienta.

“Estoy completamente de acuerdo” respondió Andrómeda, como buscando su aprobación.

Pero antes de que Walburga pudiera relajarse, agregó con una sonrisa peligrosa: “Y lo que más necesita la familia Black en este momento… son más miembros” Walburga comenzó a hablar de aviones, mencionando a parientes lejanos y alianzas posibles, hasta que sus palabras se cortaron de golpe al ver lo que pasaba.

“¡¿Qué… estás haciendo?!” exclamó con los ojos abiertos de par en par.

Andrómeda ya había comenzado a arrancarse el vestido, liberando sus pechos y, enseguida, el resto de su cuerpo.

No planeaba dejar ninguna prenda sobre sí misma.

“Lo que corresponde: hacer nuevos miembros”, le dijo desafiando al cuadro.

Después de desvestirse, se paró frente a Walburga, se inclinó y usó sus manos para abrir su coño goteante.

“Vamos…

hagámoslo ahora, rápido.

Necesito revitalizar el linaje”, pronunció con la urgencia de una bestia en celo.

La miré sorprendida, pero sus ojos me suplicaban, así que no tardé en desnudarme y acomodarme detrás de ella.

Acaricié su valle prohibido con mi apéndice, sintiendo un calor ardiente que solo avivó mi emoción al recordar aquella increíble y mística ocasión; Parecía que volvería a ese magnífico lugar.

“¡¿Qué están haciendo?!”, aulló Walburga, indignada.

“¡Cómo osáis hacerlo en la sala!

¡¡¡frente a mí!!!

Vayan a una habitación si planean hacer un heredero”, dijo con los ojos inyectados en sangre por la falta de respeto.

“¡No podemos esperar, AHHH…!”, gimió Andrómeda al sentir que sus paredes se abrían.

“Vamos, lléname, formemos una gran familia”, gritó sin pudor, su corazón desbocado por la sensación de ser penetrada de nuevo.

Sujeté sus caderas y, sin dudarlo, di una embestida potente, buscando penetrarla lo más profundo posible.

Un chillido se escapó de sus labios.

Sentía su interior extremadamente resbaladizo, lo que me hizo pensar que se había estado conteniendo desde que llegamos.

No tuve que iniciar el movimiento.

Ella misma, una y otra vez, me embestía con su trasero, y el ruido de nuestra unión llenó por completa la sala.

“¡DETÉNGANSE!”, vociferó Walburga, furiosa, con la mirada clavada en el rostro de éxtasis de Andrómeda, una visión que para ella era pura repulsión.

“No podemos…”, respondió Andrómeda con dificultad entre gemidos.

“Debemos restaurar la gloria de la familia…

con mi sucio coño traidor…

que quizás sea tan defectuoso que solo pueda parir muchos squibs para la gran y noble familia Black…”, gritó con euforia, alcanzando el orgasmo con sus propias palabras.

“¡Rellena el coño de esta desgracia!

¡Llénalo de semen!

¡Destrúyelo!

¡Fóllame como a una puta en medio de la mansión y frente a mi tía!”.

Sus gemidos se volvieron más intensos, y con cada palabra aumentaba la fuerza de sus embestidas.

Las palabras de Andrómeda sonaban a la vez como las de una prostituta y las de una mujer profundamente reprimida.

Incluso yo levanté una ceja.

Parecía estar saliendo cuentas pendientes consigo misma.

Supuse que siempre había guardado rencor por ser expulsada de la familia y ahora lo estaba liberando.

No iba a negar que me emocionaba, así que le siguió el juego.

Con una mano, apreté uno de sus pechos hasta dejarlo morado, metí dos dedos de la otra en su boca y me moví con más salvajismo, como si quisiera romperle las caderas.

Walburga estaba asqueada, en estado de shock y muchas otras cosas más.

No podía creer lo que veía, lo que la obligabamos a ver.

Dejó de gritarnos, se volteó y se cubrió los oídos con las manos para intentar no escuchar, pero era inútil.

Andrómeda incluso se desplomó sobre el cuadro para que la vieran más de cerca, apoyando sus pechos sobre la pintura para que Walburga sintiera el ritmo y la intensidad de mi pene con cada embestida.

La vieja bruja nunca esperó algo así al aceptar este trato y no iba a quedarse allí.

Andrómeda guardaba muchos sentimientos reprimidos hacia la Casa Negra y planeaba liberarlos todos…

aunque lamentaba que solo su tía estuviera presente y no su madre.

Le encantaría que su madre la viera convertida en un saco de semen en medio de su “sagrada mansión”, deshonrando su linaje.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo