Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 355
- Inicio
- Todas las novelas
- Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo
- Capítulo 355 - 355 351 Arañas malas
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
355: 351) Arañas malas 355: 351) Arañas malas En lo profundo de la cueva, varios capullos descansaban en el suelo.
Dentro de ellos, algunas chicas aún conservaban la conciencia, aunque debilitadas por el veneno que los colmillos habían inyectado en sus venas.
Los sonidos a su alrededor eran confusos: a veces chirridos, a veces palabras humanas… o algo muy parecido “¿Qué hacemos con ellas…?” “Huelen a Papá…” “Papá dijo que no matar humanos pequeños…” “Pero también dijo atacar intrusos…” “Repartámonoslas… me gustan.
Son frágiles, huelen a Papá… seguro son del tipo que él caza.
Algo deben tener…” “No matar.
Papá enojarse si robamos presas…” “Entonces juguemos con ellas mientras terminamos la misión.
Cuando volvamos, le preguntamos si todavía quiere las que queden.
Total, son muchas… Papá no podría comérselas todas…” “Si se enoja, pedimos perdón con ojos tristes, como hacen otras presas humanas… parece gustarle eso.
Quizás por eso no se ha comido a las otras todavía.
Tal vez también está jugando con ellas…” “Sí… jugar con ellas es divertido.
Cómo tiemblan, cómo gritan y lloran en pánico… sus corazones latiendo tan rápido… Es… excitante.” …
La situación fue complicada, pero al fin medianamente solucionada.
¿Quién diría que terminaría de esta manera?
De no haber dejado un clon en Hogwarts, ni siquiera sabría que las cosas habían llegado tan lejos.
No esperaba que las chicas entraran al bosque tan pronto.
Mi plan original era que se toparan con unas pocas acromántulas con las que pelear cuando mis niñas terminaran su trabajo y ya no estuvieran aquí.
Pero tuvieron que indagar con Hagrid antes de lo previsto, y mis movimientos con Andrómeda aceleraron el encarcelamiento del semigigante.
Quizás, en parte, la culpa fue mía.
Aun así, es agotador desviar la atención de Dumbledore una vez más.
No puedo permitir que descubra la legión de arañas que ahora habita en el bosque.
Por fortuna, pude copiar la habilidad de metamorfomago de Tonks con [Envidia]; una breve aparición cerca de la guarida, bajo la apariencia de las chicas, bastó para cubrir la situación.
Con la inclusión de Ginny y Luna, puedo dar por terminado ese encubrimiento.
Ahora debo asegurarme de que mis hijas no hayan causado más problemas.
Moverse por este bosque, ahora tan distinto, resulta extraño.
Menos mal que les ordené no expandirse sin control; de lo contrario, la situación sería insostenible Mágika ha perfeccionado la creación de formaciones y campos.
Si no fuera tan sensible a la magia y conocedor de sus habilidades, yo mismo podría haber caído en sus trampas.
No sorprende que las chicas terminaran como terminaron.
Las telarañas aumentaban a medida que avanzaba, y las crías de la Reina Roja se hacían cada vez más evidentes.
Resulta curioso… podría considerarme su abuelo, quizá el abuelo con mayor número de nietos en el mundo.
No percibo en ellas el mismo afecto que sus madres me profesan, pero tampoco me desafían ni intentan atacarme, salvo las más agresivas.
La única razón por la que avanzo sin problemas hacia donde están mis hijas es mi aura dominante y las órdenes de la Reina Roja.
Y aquí estoy.
Las telarañas comunes comienzan a mezclarse con las rojas, que se expanden cada vez más.
Tonks tenía razón: esto parece la guarida de una criatura alienígena… pero en versión arácnida.
Un tiempo después llegué al nido improvisado donde mis hijas solían reunirse: una cueva.
No era exactamente el corazón de la Telaraña Roja, pues al resto de ellas no les agradaba demasiado, pero estaba lo suficientemente cerca.
Al entrar reduje el paso, caminando lentamente hacia el centro.
Ellas ya me habían sentido; no tenía sentido apresurarme ni fingir sigilo.
Casi todas estaban presentes: Mágika, Goldie, Fantasma, Araña Hermione y Aracne.
Solo faltaba Reina Roja, aunque su ausencia era relativa: residía en el corazón de la telaraña, pero podía participar de manera emisiva y receptiva a través de la telaraña roja que había en esta cueva.
Bien podía haber venido, pues movilidad no le faltaba, pero de antemano le envié la señal para que comenzara a retraer a todos sus hijos, por lo que está organizándolo todo desde su “centro de control”.
Planeo dar por concluida la misión en el Bosque Prohibido.
Aunque logré mantener a Dumbledore apartado hasta ahora, dudo poder contenerlo mucho más si decide venir a investigar.
Ya fue difícil mantener a los centauros alejados, y solo lo logré gracias a la ayuda de Marril.
Claro que mi incapacidad para detener a Dumbledore no radica en debilidad ni falta de recursos; simplemente aún no es momento de mostrar todas mis cartas.
El esfuerzo y el riesgo no lo valen en lo absoluto.
“Bien, chicas… ¿en qué problema se metieron ahora?” dije al entrar en la cueva, observando a mis hijas reunidas.
Algunos capullos colgaban yaciendo en el suelo; por el número, estaba claro que no todas las chicas estaban aquí.
“¡Papá!” respondieron varias al unísono, con cierta reverencia en la voz.
Aunque entre las arañas no existía una jerarquía de alfas, ciertamente me trataban con el respeto de uno.
Las miradas que antes eran seguras se volvieron titubeantes cuando avancé con calma, las manos apoyadas en la cintura, recorriendo con la vista el lugar.
Me detuve en Susan.
Estaba colgada al estilo bondage, con la boca, los ojos y los oídos sellados.
No hacía falta adivinar de quién era la obra: Aracne “Papá… nosotras… capturamos a tus presas…” dijo Araña Hermione con voz insegura, como si sintiera culpa.
No por las víctimas, claro.
“Esas no son presas, niña.” Me acerqué y revolví suavemente su cabeza antes de mirar a todas las demás.
“No todo se trata de comida.” Mis hijas me observaron con una confusión palpable, como si hablara un idioma ajeno.
Era de esperarse.
De toda mi progenie araña, solo la araña Hermione, Aracne y Reina Roja habían desarrollado deseos distintos a los de su especie, o por lo menos, una comprensión de ellos…
No necesariamente bueno, pero distinto.
“Se los dije… Papá las tiene como sus juguetes, y lo entiendo perfectamente” dijo Aracne, sonriendo mientras clavaba el aguijón de su cola en el vientre desnudo de Susan.
Ya había varias marcas allí; la niña, inmovilizada, se estremeció con un espasmo de dolor.
“¡Aracne!” rugí furioso, alzando un dedo y lanzando un leve ataque de energía contra ella.
“¡Papá!” gritó la araña, retrocediendo y encogiéndose en una bola en una esquina, temblando mientras me miraba con pánico.
El ataque había sido puramente simbólico, apenas más fuerte que una palmada.
Pero para ellas bastaba: el simple hecho de que yo mostrara enojo y estuviera dispuesto a actuar contra ellas era suficiente para hacerlas entrar en pavor.
No solo Aracne temblaba como si la hubiera azotado sin piedad; las demás también dieron un paso atrás, temerosas de haberme disgustado por haber raptado a las chicas.
Todas menos Goldie, que seguía pareciendo una estatua, aunque en su interior existía el mismo miedo.
Ignoré por un momento sus murmullos de disculpa y bajé a Susan.
La niña tembló aún más apenas sintió el contacto de mis manos, aterrada.
Aracne sabía muy bien lo que hacía… en el peor de los sentidos.
La privación sensorial parecía haber destrozado por completo la resistencia de Susan: no podía dejar de temblar y llorar ante cualquier estímulo.
No quiero ni imaginar el infierno mental que estasufirendo al no ver, no oír, no hablar… y al mismo tiempo no saber qué vendría después.
La dejé inconsciente con rapidez y revisé las heridas de su estómago.
Por lo menos, Aracne no parecía haber tenido intención de matarla; solo estaba “jugando”.
Las picaduras no eran profundas ni estaban envenenadas.
El daño, aunque grave, era casi en su totalidad psicológico.
“Perdón… para… yo… yo…” sollozó Aracne, como si estuviera a punto de ser ejecutada, o peor aún segun ella —abandonada—.
“Está bien, no llores… no es tanto lo que hiciste, sino con quién lo hiciste.” Suspiré.
Siempre era complicado tratarlas como hijas normales; no compartíamos el mismo sentido común…
y eso que el mío ya estaba muy distorsionado.
“Perdón, Papá… no volveré a tocar tus cosas…” murmuró, acercándose lentamente.
Intentó abrazarme como había visto hacer a las chicas en el feudo, pero solo se aferró a mis piernas, en señal de degradación.
Viniendo de ella, la más orgullosa y caprichosa, era mucho.
Aunque sabía bien que era un monstruo en todos los sentidos —tanto físico como mental—, no pude evitar ablandarme.
Le acaricié la cabeza.
“Ya, ya… es solo que estabas jugando demasiado fuerte con una de las chicas que Papá quiere.
Ella es joven y no resistiría mucho.” Mientras hablaba, curaba las heridas de Susan.
“Perdón… es que huele a Papá… sentí que sería como cazar con Papá… lo que le gusta a Papá… perdón…” suplicó con voz quebrada.
“Sabes… no digo que no me guste tu forma de jugar.
De hecho, creo que es algo que heredaste de mí.” Observé las ataduras que había hecho en el cuerpo de Susan: precisas, complejas, demasiado específicas para ser casualidad.
No estaba seguro de si Aracne lo había visto en algún sitio o si era un conocimiento innato.
“¿A Papá también le gusta?” preguntó mirándome con esos ojos de cachorro… aunque fueran ojos de araña.
“Sí.
Si no fueran justo alguna de ellas, a quien no quiero que les pase nada… quizás hasta te hubiera felicitado.” Luego miré al resto de mis hijas y suspiré.
“Creo que les he prestado poca atención, niñas.
Me tomaré mi tiempo para jugar con ustedes a partir de ahora.” “¿No estás enojado?” preguntó Araña Hermione con cautela.
“Un poquito, pero no las culpo.
No es del todo su culpa.
Ahora… vamos a salvar a las chicas antes de que esto empeore.
Y por favor, no me digan que mataron a alguna… porque ahí, ‘enojado’ sería poco.” Me froté los ojos, pensando en esa posibilidad, aunque en el fondo sentía calma: sentia que esa especie de sexto sentido profético me decía que aún estaban vivas.
“Están vivas… te las guardamos… Padre.” La voz chillona de Mágika resonó con seguridad.
Asentí complacido y apunté mi varita hacia Susan.
Lancé un hechizo de olvido; después de lo que había sufrido en manos de Aracne, cualquier recuerdo sería un trauma insoportable.
La cargué con cuidado y la deposité sobre una mesa de piedra cubierta de telarañas, retirando las ataduras de su cuerpo.
Ahora, sin heridas y sin memoria, parecía dormir plácidamente.
Hice lo mismo con el resto de los capullos, levantándolos y colocándolos sobre otras mesas cercanas.
“Bien.
Una vez tratemos este problema, podemos dar por terminada la misión en el Bosque Prohibido.
Hay que limpiar todos nuestros rastros y llevarnos a las crías de la Reina Roja al feudo.” Apoyé la mano sobre un hilo de la Telaraña Roja, como si acariciara a mi hija a través de ella.
La respuesta emocional que transmitió confirmó que me había entendido.
Mis hijas reaccionaron con alivio y, al mismo tiempo, con un regocijo inquietante.
Algunas apenas comprendían más allá de sus instintos básicos, pero sabían que se habían librado de una reprimenda seria por haber tocado a “mis presas”.
“Bien… ¿dónde están las demás chicas?” pregunté una vez más, temiendo lo que iba a escuchar.
Rogaba para que no hubiera algo más traumático que lo que hizo Aracne.
Aunque los hechizos de memoria funcionaran, siempre existía el riesgo de que lo recordaran inconscientemente.
En ese instante, Goldie se acercó lentamente.
Abrió la boca y escupió una serpiente verde muy reconocible, empapada en esa saliva brillante de purpurina dorada que caracterizaba a Goldie.
Incluso su interior parecía inorganico de algún modo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com