Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 362

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo
  4. Capítulo 362 - 362 358 Clareira da Paixão
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

362: 358) Clareira da Paixão 362: 358) Clareira da Paixão Un sonido húmedo llamó nuestra atención, y Malena nos hizo dar unos pasos más para asomarnos.

Lo que vimos fue a una pareja besándose con tanta intensidad contra un árbol que, de no ser por la ropa, cualquiera juraría que no se trataba solo de “besos contra un árbol”.

Hannah y Neville se pusieron rígidos al instante.

Era obvio que se sentían incómodos, casi culpables, como si estuvieran espiando algo que debiera ser privado.

Intentaron apartarse lentamente, sin que Malena dijera nada… pero la cosa no mejoró: al girarse vieron, entre los árboles, a otra pareja tomándose de las manos y preparándose para meterse en un arbusto.

Aunque no eran los más rápidos para entender, ambos empezaron a sentir que este lugar tenía algo raro.

“Vamos” dijo Malena con una sonrisa, observando cómo los engranajes en sus cabezas empezaban a girar.

La idea de que era simple coincidencia desapareció rápido.

Al avanzar un poco más, lo inevitable se volvió evidente: más parejas besándose, algunas con las manos ya metidas bajo la ropa, otras saliendo despeinadas de los arbustos, sonidos que dejaban claro que los besos habían quedado atrás… Hannah incluso tuvo la desgracia de apartar unas ramas y encontrarse de frente con dos chicas haciendo tijeras.

Se quedó congelada, sin saber qué hacer y con la mirada clavada en ese acto que ella apenas procesaba, hasta que Malena suavemente tiró de ella para alejarla antes de que las chicas la consideraran una mirona… o peor, la invitaran a unirse, pues en este lugar algunas cosas locas pasan a veces.

Neville y Hannah avanzaban rojos como tomates, la vista clavada en el suelo y caminando como autómatas.

Habían visto más sexo en unos minutos de lo que jamás pensaron presenciar en toda su vida.

El shock los mantenía pegados al grupo como si de pronto el bosque entero fuera hostil.

Malena, mientras tanto, reía bajito, divertida por la incomodidad ajena, aunque de vez en cuando me lanzaba miradas esperando encontrar en mí algún signo de sonrojo o vergüenza.

Al no conseguirlo, suspiraba, un poco frustrada.

Finalmente llegamos al otro extremo del jardín, hasta toparnos con una pared de piedra que cerraba el paso.

“Bueno” dijo Malena, sonriendo con picardía, “creo que ya descubrieron el encanto de este lugar, ¿no?” Hannah y Neville estaban tan petrificados que lo único que lograron fue un gesto mínimo con la cabeza… o tal vez fue solo su respiración.

Así que respondí yo.

“Sí, se nota que es un sitio muy… pintoresco.

Y entiendo por qué castigan si te ven entrar aquí” (Red) “Exacto.

Este lugar tiene siglos de existencia, y desde siempre ha servido para que las parejas tengan un espacio donde… animarse un poco” explicó Malena justo cuando un gemido ahogado resonó entre los árboles, dándole la razón.

“Nadie sabe bien cómo se originó.

No formaba parte del castillo al inicio; dicen que fue obra de un chamán, o de un grupo de ellos, antes de la conquista.

Un refugio, un escondite… quién sabe.” “Y ahora es un antro de depravación” bromeé.

Mis palabras solo hicieron que Hannah y Neville se pusieran todavía más rojos, recordando todo lo que habían visto.

“Bueno, sí” rió Malena sin darle demasiada importancia, “es lo que la mayoría viene a buscar.

Pero tampoco es un caos absoluto.

Aquí hay reglas tácitas: no hablar de este lugar, no traer bocas flojas, no resolver peleas a golpes dentro, no interrumpir a las parejas salvo que sea necesario y bajo tu propio riesgo, y jamás sacar fotos.

Recuerden que aquí se muestran cosas que muchos no querrían que se supiera afuera, y si alguien te tiene por chismoso… puede que nunca sepas qué te golpeó.

De hecho, si alguien intenta aprovecharse tomando fotos, todos los que saben del Clareira da Paixão se encargan de darle una lección, es algo acordado unánimemente.” “Comprensible” dije, y noté que tanto Hannah como Neville asintieron sin darse cuenta.

A pesar del shock, parecían entender muy bien lo serio que sería romper esas reglas o siquiera la idea de que alguien tome fotos en un momento tan…

íntimo.

“Pero no se centren en lo malo, ahora conocen uno de los lugares más especiales de Castelobruxo, y ya saben cómo entrar en caso de que quieran traer a un chico o a una chica especial para pasar un buen rato” dijo, dándole un pequeño empujón a Neville y mirando a Hannah, como si esperara que el comentario aliviara un poco la tensión de ambos.

“Yo… yo… no…” tartamudeó Neville, incapaz de mirar a nadie por mucho rato.

Hannah, igual de nerviosa, solo negaba con la cabeza.

“Vamos, no sean tímidos, estoy segura de que cualquier chica estaría encantada de que la trajeran aquí…” insistió, dándole otro golpecito en el hombro a Neville mientras le guiñaba un ojo.

“O quizá sea la chica la que te empuje hasta aquí.

Si juegas bien tus cartas, pronto serás tú el que acabe en esos arbustos… incluso yo podría verme seducida por tus encantos y no resistirme a que me lleves contra un árbol…” La broma de Malena fue demasiado para Neville, que apenas levantó la vista para verla sacarle la lengua antes de desmayarse y desplomarse en el suelo.

Los tres nos quedamos mirándolo con cierta sorpresa.

Era verdad que el chico había ganado confianza y hasta algo de valor, diferente al Neville de Hogwarts, pero con estos temas… todavía eran algo demasiado fuertes para él.

Claro que también había que admitir que Malena no había sido precisamente delicada: por su tono y su lenguaje corporal, cualquiera habría creído que estaba a punto de empujarlo de verdad y mostrarle lo que una chica como ella podía hacer.

“¿Me pasé?” preguntó, sorprendida de que Neville llegara a ese punto.

“Para alguien como Neville… sí” asentí “Bueno, se lo van a comer vivo si sigue así… pero creo que puedo arreglarlo” sonrió con cierta picardía antes de girarse hacia Hannah.

“Al menos tú estás mejor, así que siéntete libre de venir aquí cuando quieras.

Aunque sea solo por unos besos robados, este lugar está fuera de la vista de los profesores, que siempre están listos para regañarte si te encuentran demasiado cariñosa con alguien.” Hannah no respondió.

Seguía atrapada en sus pensamientos, con las mejillas encendidas, algo que Malena y yo notamos de inmediato.

“¿Estás bien?” le pregunté.

“Yo… esas chicas… me vieron observándolas… y no se detuvieron… continuaron mientras me miraban… una incluso me lanzó un beso…” murmuró Hannah, poniéndose cada vez más roja, como si lo reviviera en ese instante.

“Uy… sí que estás bien verde” resopló Malena, rodando los ojos mientras se acercaba a ella, la rodeaba con el brazo y la guiaba hacia la pared.

“Ven, tengo que darte algunas clases antes de que cualquiera te lleve a los arbustos sin que te des cuenta y termines como el juguete de alguna chica astuta… como le pasó a cierta niña inocente en el pasado…” dijo con un tono entre nostálgico y burlón, mientras la conducía hacia una nueva abertura que apareció en la pared.

Viéndolas irse a hablar de… cosas de chicas, supongo, me acerqué a Neville, lo cargué y me preparé para sacarlo de allí también.

Una curiosidad de este lugar es que, aunque solo tenga una entrada, desde el interior puedes salir por cualquier lado con solo tocar una pared.

Eso sí, la abertura siempre es igual de estrecha.

…

El resto del día fue bastante distinto a lo planeado.

Neville despertó al poco rato, aunque necesitaba descansar para asimilar lo que había pasado, así que lo llevé a tomar algo frío fuera de la escuela.

La verdad, creo que Malena no mentía al decir que estaba algo tentada; no soy estúpido, parece tener cierto interés en él desde que lo conoció.

Pero no comenté nada y dejé que el chico se tranquilizara con su batido helado.

A Hannah, en cambio, casi no la vi hasta la tarde.

Por lo visto, Malena se la llevó a los dormitorios para darle una charla muy larga sobre temas que desconozco.

Cuando la volví a ver seguía roja, aunque algo más calmada… al menos hasta que noté cómo se alejaba un poco, casi sin darse cuenta, cuando me acerqué.

La curiosidad me pudo, y más tarde le pregunté a Malena qué había hecho para que Hannah estuviera tan nerviosa conmigo.

“Hablamos de cosas de chicas… sexo, lesbianas, chicos, gustos, cómo cuidarse en más de un sentido… y de cuántos morirían por llevarla a los arbustos… especialmente tú” respondió con total naturalidad, fumando el equivalente mágico a un cigarro: no adictivo y mucho más saludable, pero cigarro al fin y al cabo “¿Qué?” pregunté sorprendido.

“No es como si no me hubiera dado cuenta de cómo la miras.

Prácticamente ya la tienes ‘reclamada’.

Solo le dije que mueres por metérle el pene y que, si tienes la oportunidad, la llevarás a la Clareira da Paixão para hacerla gemir” añadió con una sonrisa burlona.

“¿Y por qué demonios hiciste eso?” dije frotándome las sienes.

Si no fuera porque le había tomado cariño y ya la consideraba una amiga, le habría dado una lección en ese mismo instante.

“Ayudando a una amiga, nada más.

No te preocupes, te dejé muy bien parado.

Y con las dudas que tenía después de ver a esas chicas lo tienes fácil: solo necesitas un empujoncito y la tendrás entre tus piernas, no se va a resistir mucho…” bromeó, aunque no del todo.

“Aunque, por eso mismo, también deberías cuidarla.

Yo misma sufrí la astucia de algunos mayores cuando era más inocente.

Cuídala antes de que alguien más la arrebate.” “Eso no va a pasar… y gracias por tu ‘apoyo'” respondí con sarcasmo.

“Te lo compensaría ayudándote con Neville, pero creo que lo tienes todo bajo control.” Puse los ojos en blanco y me di la vuelta para irme.

“Es tan tímido…” murmuró con cierta emoción mirando a lo lejos.

“Es una dulzura.

Yo también debería cuidarlo, para que ninguna otra se aproveche de él.” Sonrió astutamente, apagó el cigarro y se alejó.

Después de separarnos, volví a encontrarme con Hannah.

Ya sabiendo lo que pasaba, intenté llevar las cosas con más calma… pero no imaginaba lo intensa que había sido la charla con Malena.

La pobre Hannah ni siquiera se atrevía a entrar a los baños de chicas cuando había adentro ciertas alumnas de las que ahora sabía algunas cosas.

Estoy seguro de que Malena fue demasiado específica con sus historias, chismes y experiencias personales, al punto de dejarla medio paranoica.

Por suerte, con los días ese nerviosismo fue disipándose y Hannah recuperó su actitud habitual.

Sin embargo, había algo distinto: a veces me lanzaba miradas fugaces que no se animaba a sostener, se ponía tensa si quedábamos a solas e intentaba disimular… aunque al mismo tiempo parecía quererlo.

Había cierta curiosidad en sus ojos, una pregunta sin hacer que la hacía sonrojarse cada vez más.

Estaba tan confundida consigo misma que resultaba adorable.

Por otro lado, noté cómo Neville parecía querer alejarse de Malena.

Ella, sin embargo, cada vez se mostraba más cercana a él.

Hannah y yo lo advertimos enseguida, y en lugar de burlarnos como antes, compartimos silenciosamente la misma conclusión: Malena no estaba bromeando, realmente quería clavarle los colmillos al pobre e inocente chico.

‘Lo siento, buen compañero, parece que entraste en la mira del lobo’ pensé, conteniendo una risa.

‘Pero yo tengo mis propios asuntos con una chica…’ Miré de reojo a Hannah, que todavía no sabía qué hacer.

Tras hablar con Malena se habían vuelto mucho más cercanas, pero al mismo tiempo se encontraba en una encrucijada: no sabía si debía ayudar a Neville o a ella.

Al final, optó por quedarse al margen, nerviosa, como si cualquier paso en falso pudiera arrastrarla también a más problemas que los que ya cargaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo