Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 373

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo
  4. Capítulo 373 - 373 369 Problemas en la excursión
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

373: 369) Problemas en la excursión 373: 369) Problemas en la excursión Caminábamos por la selva entre plantas densas, malezas y enjambres de insectos.

Aunque eran principalmente los profesores quienes abrían el camino con hechizos, aún así el avance resultaba difícil; la selva parecía empeñada en recordarnos que éramos intrusos en su territorio.

A pesar del esfuerzo, yo lo vivía como una excursión divertida.

No era la primera vez que exploraba estos parajes —había enviado clones a husmear en más de una ocasión durante mis días en Castelobruxo—, pero sí era la primera vez que lo hacía acompañado.

Hablar con Hannah al caminar lo hacía mucho más llevadero, y hasta charlar con Neville y Malena agregaba cierta ligereza al viaje.

Sin embargo, había algo en el aire… o tal vez en mí.

Una sensación extraña, como si algo estuviera a punto de suceder.

No era miedo, más bien un presentimiento insistente que me erizaba la piel.

En nuestro camino dimos con un cuerpo de agua: un riachuelo estrecho y poco profundo, tan delgado que podíamos cruzarlo caminando sin mojarnos más allá de los tobillos.

Seguimos su curso durante un tramo recto, hasta que desembocó en un río mucho más grande.

A diferencia del primero, este imponía respeto.

La corriente rugía con fuerza desmedida, capaz de arrastrar a cualquiera sin piedad.

Incluso para los buenos nadadores, adentrarse en él sería un error posiblemente fatal.

“Extraño… la corriente de este río está extremadamente fuerte hoy”, comentó el profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas, inclinándose hacia la orilla.

Tenía razón.

Bastaba una mirada para comprenderlo: un torrente furioso, con rápidos que parecían ansiosos por engullir a quien se acercara demasiado.

El profesor permaneció un buen rato investigando, sorprendido como si fuera la primera vez que veía al río comportarse así.

Pronto se reunió con los demás docentes, discutiendo en voz baja.

La preocupación se extendió: el magizoólogo temía por el comportamiento alterado de las criaturas, mientras que los de Herbología pensaban en posibles inundaciones y en los efectos sobre la flora con la que íbamos a trabajar.

Cada uno cargaba con sus propios temores académicos, aunque al final se optó por tratarlo como un fenómeno aislado, nada más que un obstáculo adicional en el viaje Retomamos la marcha bordeando el río.

El rugido del agua, mezclado con el coro de aves, insectos y el crujir de las hojas bajo nuestros pies, resultaba tan ensordecedor como hipnótico.

Y sin embargo, mi sensación se intensificaba.

No era un déjà vu común, sino algo distinto: como si estuviera a punto de vivir lo que ya sentía inevitable, como si el viento mismo me empujara hacia adelante.

El trayecto estaba lejos de ser seguro.

Profesores y guardianes lanzaban hechizos de cuando en cuando para despejar serpientes, espantar jaguares, apartar insectos gigantes o contener criaturas mágicas que se cruzaban en nuestro camino.

Era asombroso pensar en todo lo que se requería solo para llegar a una simple clase de Herbología.

Tal vez ahí residía su encanto: en lo salvaje, en lo impredecible.

Hannah, a mi lado, irradiaba entusiasmo.

La Herbología era su pasión, y desde que llegó a Castelobruxo no había dejado de demostrarlo.

Aunque el inicio le costó, ahora se entregaba con verdadero fervor.

No paraba de señalarme plantas, describiéndome sus usos, comparando especies mágicas y no mágicas con un brillo en los ojos.

Cada hallazgo la llenaba de emoción, y verla tan viva en ese entorno me hacía imposible no sonreír.

Después de un largo trayecto, en el que más de un alumno agotado tuvo que ser instado a continuar, llegamos a un claro a orillas del río.

Allí hicimos una pausa: era nuestra última parada antes de cruzar.

Los profesores decidieron que no sería prudente intentarlo sin antes recuperar energías.

Nos concedieron entre quince y treinta minutos para descansar y comer lo que hubiéramos traído.

El viaje había sido fascinante, pero también extenuante, especialmente para quienes no estaban en buena forma física.

Mientras los alumnos se acomodaban en el suelo o contra las mochilas, uno de los profesores de Herbología cruzó el río mediante aparición, decidido a inspeccionar de cerca cómo las plantas se habían visto afectadas por aquella corriente anómala.

Limpié el suelo de insectos con mi aura y luego me senté sobre la hierba junto a Hannah, ofreciéndole algo de comer y beber.

La pobre había estado tan absorta en lo ocurrido durante San Valentín que se había olvidado por completo de preparar provisiones para el viaje.

Por suerte, yo siempre cargo con lo necesario… y si no, basta con darme una vuelta rápida por el [feudo] para conseguirlo Malena y Neville no tardaron en unirse, acomodándose a nuestro lado.

Sí, las cosas aún tenían cierta tensión, pero nuestro pequeño grupo se mantenía firme.

Neville estaba callado al principio, aunque tras insistirle un poco logré sacarle conversación… tal vez ayudado por un discreto empujón de [Calma], quien sabe.

La cuestión es que funcionó: Malena me regaló un pulgar arriba cómplice cuando animé al chico con un par de palabras a favor de ella.

Éramos verdaderos compañeros de crimen.

Incluso Hannah terminó sumándose a la dinámica con un par de bromas, y pronto estábamos los cuatro riendo, compartiendo comida y bebida como si nada pesara sobre nosotros.

No tardamos en atraer más compañía.

Algunos compañeros de dormitorio se acercaron, tentados por el ambiente animado.

Nunca habíamos tenido una relación especialmente estrecha con ellos, pero tampoco mala; así que nos reímos juntos sin problema.

Un par de alumnos mayores también se acercaron al vernos, conocidos de Malena.

Entre ellos estaba un chico que no paró de “tirarle los tejos”.

Malena, sin embargo, mostró una indiferencia tajante, hasta el punto de pegarse más a Neville.

Y ahí aprovechó la ocasión: se inclinó hacia él y, con un susurro suplicante, le pidió que la ayudara a librarse de aquel pesado fingiendo ser su “novio falso”, igual que ella lo había hecho el día anterior con él.

La jugada fue perfecta: se encogió un poco, con esa apariencia de “niña indefensa” que pedía protección contra su acosador.

Neville, fiel a su carácter amable y aún convencido de que lo de ayer había sido simple cortesía y no una clara manipulación de parte de esta chica, no pudo oponer resistencia a sus avances, sentía que se lo debía.

Por dentro, Malena estaba extasiada.

No le gustaba para nada aquel chico que intentaba conquistarla, ya había elegido a quién dedicar toda su atención y cariño.

Pero por otra parte estaba agradecida: él le estaba regalando otra excusa para acercarse a Neville.

Tanto así que se prometió mentalmente mandarle un pastel al día siguiente si todo salía bien.

En cierto momento, poco después de terminar de comer, Hannah y un par de compañeras se levantaron y le susurraron algo a Malena, que enseguida se unió a ellas.

Juntas se internaron en la selva, siempre cerca del río para no perderse.

Supuse que la naturaleza llamaba.

Este viaje tenía mil encantos, pero ir al baño en plena selva no era precisamente cómodo.

Lo más seguro era hacerlo en grupo… quién sabe qué podría pasar ahí dentro.

Pensé, inevitablemente, en que eran chicas y no tenían la ventaja de orinar de pie con facilidad.

¿Y si una serpiente venenosa las mordía en un lugar tan… delicado?

La única forma de salvar a Hannah sería succionar el veneno…

Sacudí la cabeza con brusquedad, expulsando esas imágenes.

Demasiado tiempo leyendo historias raras.

Sí, era un escenario erótico, pero la realidad era distinta: tenía antídotos, magia sanadora y al menos una docena de personas allí que podrían resolverlo.

Sobre todo, los profesores de estas materias en particular.

Y aun así, no podía evitar fantasear con qué excusa usaría yo para hacerlo.

Me perdí en esos pensamientos hasta que lo sentí.

Otra vez.

Algo estaba mal.

El aire estaba cargado de magia, pero no era natural.

Reconocí la textura arcana al instante.

“¡Un campo antiaparición!” rugí dentro de mi cabeza.

Me puse de pie con brusquedad, mirando hacia la selva.

Un instante después, una vibración recorrió el suelo y un estallido lejano llegó a mis oídos, tan leve que los demás lo confundieron con sonidos propios de la jungla.

Yo sabía la verdad: había una pelea no muy lejos.

Y ese campo de antiaparición nos alcanzaba solo de refilón, débil pero funcional.

Mis ojos buscaron a Hannah.

Por suerte, ella y las demás regresaban por la orilla, riendo aún.

Pero las sonrisas murieron de golpe.

Lo primero fue la profesora de herbología, que intentó reaparecer desde el otro lado del río.

El campo distorsionó el hechizo y terminó despartida, gritando de dolor.

Apenas tuvimos tiempo de reaccionar cuando la selva escupió una estampida de criaturas desbocadas.

Tras ellas, un par de magos desconocidos emergieron, sorprendidos al vernos… y en un latido ya nos estaban atacando.

Actué por instinto: un hechizo veloz salió de mi varita, derribando a dos de ellos antes de que dañaran a nadie.

Pero la situación estaba lejos de mejorar.

Más figuras emergieron de la espesura, uniéndose al ataque.

Los alumnos entraron en pánico en cuanto vieron los primeros destellos de maldiciones.

A eso se sumaban los temblores bajo nuestros pies y los relámpagos de explosiones en la distancia, prueba de que había otra batalla desatada en lo profundo de la selva.

Todo se volvió un caos.

Los dos profesores restantes y los alumnos de cursos superiores, principalmente los de séptimo, saltaron al frente para contener a los atacantes desconocidos.

El ambiente era puro desorden, gritos, destellos de luz y estampidos que sacudían el suelo; pero por suerte, había quienes mantenían la calma y levantaban sus varitas con firmeza.

Varios alumnos, tanto mayores como algunos más jóvenes, respondieron sin dudar.

Aunque los enemigos parecían poderosos, eran pocos en comparación con nosotros, lo que dificultaba que lograran abrirse paso.

En cuestión de segundos, llamas y explosiones iluminaron la ribera.

Entonces lo vi: un mago usó aparición, y confirmando de inmediato que eran ellos quienes sostenían el campo antiaparición.

Apareció peligrosamente cerca de Neville, con la varita lista para atacarlo, pero en ese instante Malena llegó y se interpuso.

Atacó con tal fiereza que el mago retrocedió.

Parecía una caballera arremetiendo para salvar a su príncipe: la destreza de Malena en combate era asombrosa, y hasta ese momento había mantenido oculta semejante habilidad.

Se plantó frente a Neville, enfrentando al enemigo en un duelo directo, con una furia indomable y una determinación férrea de protegerlo con su vida.

Neville la miró paralizado unos segundos, como si no pudiera creerlo, hasta que finalmente reunió valor.

Empuñó su varita y se unió a ella, lanzando hechizos junto a Malena contra el mago que ya tambaleaba bajo la presión de la chica salvaje.

Por mi parte, mis ojos recorrieron con desesperación el lugar donde debería estar Hannah.

Mi pecho se apretó cuando comprobé que no estaba con sus compañeras: ellas observaban asustadas desde la orilla, incapaces de reaccionar, algunas mirando la batalla y otras al río.

Fue entonces que la vi: Hannah estaba siendo arrastrada por la corriente.

Quizás en la conmoción había caído al agua, y ahora el río, embravecido, la devoraba sin dificultad.

El terror me heló por un instante, pero reaccioné de inmediato.

Sin pensarlo, corrí hacia la orilla y me lancé al agua, olvidando todo lo demás.

La corriente era brutal, casi inhumana, pero avancé con toda mi fuerza y magia, luchando contra ella hasta alcanzarla.

Cuando al fin la tomé en mis brazos, la rodeé con un abrazo firme y levanté un campo protector alrededor de ambos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo