Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 376

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo
  4. Capítulo 376 - 376 373 La niña de las flores y el D
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

376: 373) La niña de las flores y el D…

376: 373) La niña de las flores y el D…

Seguimos a Niara por el sendero, que apenas era un sendero; ella lo abría con total naturalidad, apartando ramas y hojas sin esfuerzo.

A pesar de su seriedad y de ese aire lacónico, respondía todas nuestras preguntas… aunque siempre con la misma economía de palabras.

“Entonces… ¿es una tribu de amazonas en un asentamiento de magos?” pregunté, intrigado.

“Sí y no” contestó Niara, sin detenerse.

“La tribu está dominada y dirigida por brujas, pero conviven también algunos no magos.” “¿Y el Estatuto Internacional del Secreto?” preguntó Hannah, preocupada.

Niara apartó una rama gruesa con un gesto suave y continuó: “No nos importa demasiado.

Tampoco lo rompemos.

Estamos en un lugar muy remoto; pocos saben que existimos.

A los no magos que pertenecen a la tribu no podemos negarles conocer la magia.

A los ajenos…” hizo un gesto vago con la mano “nos aseguramos de que no divulguen nada, sea haciéndoles olvidar, sea evitando que lleguen hasta aquí.” “¿Entonces es un asentamiento mixto?

¿Es muy conocido?

Nunca escuché nada parecido” dije, intentando recordar algún registro histórico de las Icamiabas.

“Como dije, pocos conocen nuestra existencia” respondió, sin volverse.

“El gobierno mágico de Brasil sabe de nosotras, pero poco pueden hacer con o contra la tribu, y hay un acuerdo para no divulgar sobre nosotros.

Luego están algunos aliados, conocidos, o quienes manejan cierta información.

No muchos, pero tampoco tan pocos.” “Wow… es como un pueblo oculto” murmuró Hannah, maravillada por todo lo que estaba descubriendo en esta aventura, “pero con brujas y muggles conviviendo.

Es fascinante.” “¿Y rescatan gente perdida en la selva?” pregunté de nuevo.

Había algo que no terminaba de cerrar.

“Más o menos” dijo Niara.

“Usualmente, cuando alguien se acerca a nuestro territorio es porque está perdido.

Y actuamos según las circunstancias.” “¿Cómo cuáles?”(Hannah) “Si encontramos alumnos de Castelobruxo que se extraviaron en una excursión, les indicamos el camino de regreso.

A veces usamos aparición para dejarlos más cerca, si es necesario.

Aunque no suele ocurrir a menudo.” (Niara) “Eso es… noble” admití.

“Si los que encontramos son varones, jóvenes o adultos, les damos una advertencia.

Un susto.

Les dejamos claro que están entrando en territorio prohibido para ellos y que deben irse por otro lado.Si no colaboran, o si son hombres adultos que no nos agradan lo suficiente… les damos una lección permanente y los dejamos valerse solos en la selva.” Lo dijo con una indiferencia demasiado natural.

Luego su voz se suavizó apenas “Si son niñas o mujeres, especialmente si están desamparadas, solas o sin un lugar a donde ir, las llevamos con nosotras.

Les damos asilo, comida, un hogar el tiempo que necesiten.

Y si quieren unirse a la tribu, pueden hacerlo.” “Entonces…” Hannah abrió los ojos, procesando “¿solo llevan mujeres a la tribu?” “Así es” confirmó Niara.

“Los hombres no pueden entrar, está prohibido.

Nuestra aldea es una tierra segura para toda mujer.” Hannah y yo nos miramos, confundidos.

Desconcertados.

“¿Y… nos estás llevando hacia la tribu?” preguntó Hannah, con cautela.

“Sí.

Aún falta” dijo Niara.

“No usamos aparición dentro de la aldea a menos que sea estrictamente necesario.

Por eso caminamos.” Pero nunca respondió por qué me estaba llevando a mí.

Y ese silencio pesó más que sus palabras.

Entonces me aclaré la garganta.

“Esto…” empecé, sintiendo que podía terminar mal.

“Sabes que yo soy un hombre… ¿verdad?” Niara se detuvo apenas un segundo.

Giró la cabeza y me miró con la misma expresión seria que tuvo cuando nos encontró.Una mirada que analizaba, calculaba… o juzgaba.

Luego siguió caminando.

“Lo sé” respondió, con esa misma frialdad seca de siempre.

“¿Y me estás llevando a la tribu que no permite hombres?” pregunté, con Hannah tan curiosa como yo, aunque aliviada de ver que mi sexo no parecía ser un problema… todavía.

“¿Por qué?

Espero no terminar como un sacrificio tribal… Hannah, protégeme si es así” agregué en broma, intentando aliviar la tensión que podía palparse en el aire.

Hannah soltó una risita, pero también noté cómo se le tensaban los hombros.

Algo estaba raro.

Niara no se detuvo ni un segundo.

“Es cierto que no deberías poder ni acercarte a nuestra tribu, y que llevarte allí es un acto que no debería permitirse.

Jamás mancillaría nuestro lugar seguro de ese modo…” dijo con el ceño fruncido, cada palabra cargada de peso.

“Pero lo hago por la misma razón por la que estuve varios días revisando estos jardines de flores esperando a que aparecieran.” “¿Por qué?” preguntó Hannah, completamente tensa ahora.

Lo que decía Niara sonaba más a obligación que a decisión.

“Por la profecía” resopló.

Hannah abrió los ojos de par en par.

Yo también me quedé quieto un segundo.

“¿Qué profecía?

¿Sobre nosotros?” preguntó Hannah, mirándome; sabía que yo entendía más del tema.

Niara comenzó a recitar con voz firme, como si repitiera algo memorizado palabra por palabra: “Cuando la niña de las flores se pierda, las mujeres de la selva la encontrarán.

Ella necesitará su ayuda, pero sola no se la deben llevar.

Al mal a su lado deben permitir entrar, porque el demonio sanguinario que la acompaña de rojo los ríos del Amazonas con la sangre de sus habitantes teñirá, hasta lo que le pertenece recuperar.” Al terminar, me miró con frialdad absoluta.

“No puedo arriesgarme.

Los llevaré a ambos a la tribu” concluyó antes de volver la vista al frente.

Hannah se quedó boquiabierta, mirando a Niara y luego a mí.

Noté que tragaba saliva mientras procesaba lo escuchado.

No era tonta: entendió el subtexto enseguida, y el leve sonrojo que apareció en sus mejillas lo dejó clarísimo.

Antes quizás no habría atado cabos… pero ahora, sabiendo lo que sabía, era imposible ignorarlo.

Yo también me quedé pensando.

Y sí… lo que dijo Niara era plausible.

Si alguien intentara quitarme a Hannah, separarla de mí… no creo que reaccionara con mucha paciencia.

Furia sí sería posible.

¿Teñir todos los ríos del Amazonas?

Bueno… quizás era un poco exagerado, pero la idea no era del todo descabellada.

“Entonces… tengo permisos especiales” dije en tono juguetón, intentando romper el silencio espeso que se había formado.

Ahora me sentía un poco más tranquilo.

Al menos ya sabía de qué iba todo esto.

Y de paso entendía que probablemente también tenía que ver con el “destino” que provoqué.

Aunque me quedaba la duda: si la profecía se había hecho hace unos días… ¿Cómo funcionaba entonces el destino?

¿Ya estaba escrito?

¿El hecho de que yo provocara un destino que ya estaba destinado también estaba destinado?

“¡Red!… no la provoques” me susurró Hannah, aún algo nerviosa.

“¿Y si nos deja atrás?” “No lo haría.

Eres una chica, seguro que te ayudan a ti… yo sería el que debería preocuparse.

Si no fuera por la profecía, probablemente me dejarían tirado solo en la selva mientras a ti te tratan como a una diosa… niña de las flores” le dije, en tono burlón para animarla.

“Eso no es…” empezó a replicar, pero no terminó.

Ni ella entendía del todo lo que estaba pasando.

Era la primera vez que se veía envuelta en una profecía.

“Tú no… ¿no harías algo así, verdad?” preguntó con una mezcla imposible de temor, curiosidad y… expectativa.

“No sé… quizá “respondí, sonriendo.

“Si te alejan de mí, haría lo que fuera necesario para rescatarte.

Un caballero siempre rescata a su princesa.” Le guiñé un ojo.

“Tonto…masculló, inflando las mejillas; pero una sonrisa se le escapó sin que se diera cuenta.

Niara no nos prestó atención durante el resto del camino; simplemente avanzó, guiándonos sin perder el ritmo.

Debo admitir que era un sendero complicado, especialmente desde cierto punto en adelante, donde tuvo que lanzar varios hechizos particulares para abrirnos paso.

A partir de allí empezamos a cruzarnos con otras amazonas.

Iban armadas con arcos, cuchillas y sus propias varitas mágicas.

Eran mujeres similares a Niara: fuertes, musculosas y con un aura salvaje y agresiva.

Aun así, sus rasgos variaban: distintas alturas, tonos de piel y facciones propias de la enorme diversidad racial de Brasil.

Al principio nos observaron con la misma indiferencia con la que uno mira algo cotidiano, como si no fuera raro que Niara trajera a alguien.

Pero eso cambió en cuanto notaron dos detalles en mí: que era varón y, más aún, mi color tan distintivo.

Varias se tensaron de inmediato.

Algunas incluso dieron un paso hacia adelante, dispuestas a interrogar a Niara por traer a un niño tan adentro del territorio.

Otras las detuvieron, murmurando entre ellas en su lengua nativa.

Las miradas que recibí se volvieron más complejas, cargadas de precaución y algo parecido al miedo.

Hannah, nerviosa, se pegó más a mi costado.

La presencia de ambos no dejaba dudas para aquellas que conocían la profecía.

Pero que la reconocieran no significaba que la aceptaran.

Especialmente una, la más agresiva, cuya expresión era tan clara como el filo de su cuchilla: ella quería eliminarme ahí mismo para evitar el supuesto desastre.

Podía sentir sus intenciones asesinas como un aguijón en la nuca.

Pensé en reaccionar, pero no quería causar una mala impresión.

No delante de Hannah, y tampoco antes de saber el final de esta historia.

Sospechaba que la profecía sobre mí estaba ligada a ese “destino” que se había alterado, y quería hablar con esa vidente para descubrir cuán atado estaba realmente.

Una vez me liberara de esos grilletes que yo mismo había provocado, podría actuar con libertad.

Por eso opté por algo más… diplomático.

Saludé cordialmente y usé mis auras para intentar ganarme su simpatía.

Funcionó con algunas, que relajaron la postura e incluso parecieron curiosas.

Otras, en cambio, se pusieron aún más tensas y pronunciaron para referirse a mí nombres extraños.

Más tarde descubriría que eran nombres de demonios propios del folclore local: embaucadores, tentadores, crueles y temidos.

Nos permitieron avanzar, aunque podía sentir a varias siguiéndonos en secreto, vigilándome.

Otras se adelantaron, sin duda para anunciar nuestra llegada.

Después de un tramo más, el entorno empezó a cambiar.

Había menos vegetación salvaje y más indicios de actividad humana: senderos marcados, construcciones dispersas, sonidos de trabajo y vida.

Hasta que finalmente se abrió ante nosotros un asentamiento… peculiar, por decir lo menos.

Me recordó un poco a Carrera Blanca de Skyrim: el centro estaba en una elevación moderada, y las construcciones descendían gradualmente alrededor.

No era una montaña, pero sí una loma que definía la estructura del lugar.

Muchas casas se levantaban sobre plataformas de madera o raíces reforzadas, lo que les daba altura.

Casi todas estaban hechas de materiales vegetales: madera, caña, paja, lianas.

Cada vivienda tenía un diseño diferente, como si cada artesana hubiera impreso su estilo personal.

Los caminos eran de tierra, aunque las rutas principales estaban mejor marcadas y empedradas.

Vimos casas construidas alrededor de árboles enormes, algunas conectadas por puentes elevados.

También había corrales con animales y, sin duda, criaturas mágicas entre ellos.

La gente era igual de variada: algunas lucían el estilo primitivo y salvaje de Niara; otras vestían ropa perfectamente normal para la época.

Racialmente, el asentamiento reflejaba la mezcla étnica brasileña.

Todo vibraba con vida, magia y tradición.

Era admirable.

Sorprendente.

Igual que cuando entramos al Pasaje de los Arcos.

Igual que la primera vez que vi Hogwarts o Hogsmeade.

Otra faceta del mundo mágico que hasta ahora nos había sido completamente desconocida.

“Oye… estoy seguro de que dijiste que los hombres no estaban permitidos, pero veo a varios hombres y niños aquí” comenté, señalando con discreción.

Niara asintió sin detenerse.

“Esos son nuestros hombres.

Esposos e hijos de amazonas.

Se criaron aquí o fueron aceptados en la tribu.

Conocen nuestras leyes, comprenden su lugar en la sociedad y su deber como hombres.

No son como los hombres de afuera.” Miré a los varones del asentamiento.

Eran notablemente más delgados y menos musculosos que las mujeres.

Muchos cuidaban a los niños o realizaban tareas más pasivas y domésticas.

“Bueno… diré que no es nada que no pudiera imaginar” murmuré, observando el lugar con genuina curiosidad, “pero aun así me sorprende”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo