Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 378
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- Capítulo 378 - 378 375 Las Amazonas II
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378: 375) Las Amazonas II 378: 375) Las Amazonas II Hannah y yo nos quedamos escuchando la historia de Chiara.
Era una persona amable, muy cálida, y sorprendentemente interesante.
Me llamó la atención enterarme de que se había graduado hacía ya cuatro años, algo que difería de lo que yo recordaba de su “personaje”.
Aunque, considerando que Tonks estaba en su séptimo año cunado yo ingresé, no podía pretender que la línea temporal de todos fuera exactamente como la conocía.
“Una vez que me gradué, decidí seguir mi sueño de ser sanadora en San Mungo.
Estaba preparada para ello” contó, apoyándose en la mesa que antes había usado como camilla.
“De hecho, tenía una recomendación de los medibrujos del hospital por mis prácticas.
Estuve allí unos meses, pero una de las sanadoras más veteranas me dijo que aún era demasiado joven para limitarme a un solo lugar.
Me recomendó perfeccionarme, aprender más, y que San Mungo siempre me recibiría cuando decidiera volver.” “¿Entonces viniste aquí?” preguntó Hannah, totalmente atrapada en la historia de esta ‘compañera Hufflepuff’.
Se veía intrigada… y maravillada.
“No, no directamente.
Empecé un viaje por el mundo” dijo con una sonrisa suave.
“Primero Europa, luego América.
Visitaba cada centro médico mágico que encontraba, tanto para ofrecer ayuda como para aprender, un mes aproximadamente en cada lugar, dependiendo como iban las cosas.
Llegué aquí aproximadamente un año después de graduarme y me encantó.
Aprendí muchísimo de las amazonas.
Regreso cada vez que tengo vacaciones en San Mungo para ayudar un poco… como una forma de devolverles todo lo que me enseñaron.” Miró a través de las paredes abiertas del edificio hacia el pueblo que respiraba vida bajo el sol matutino.
“Esta es una comunidad que vive del apoyo mutuo” dijo con orgullo.
“Y soy feliz de poder aportar mi parte.” Hannah la observaba con una mezcla de admiración y respeto.
Chiara era una mayor que había logrado su sueño: trabajar de lo que amaba, vivir aventuras, viajar por el mundo.
Algo se encendió en los ojos de Hannah.
Después de este viaje, ella también había entendido lo hermoso y emocionante que era el mundo más allá de Inglaterra.
Y, si pudiera, quizá querría hacer como Chiara: descubrir qué otras maravillas escondía.
Chiara terminó su relato con algunos detalles más —algunos interesantes, otros simplemente simpáticos—, y luego pasó a prestarnos atención a nosotros.
“Y esa es mi historia.
¿Cuál es la suya?
¿Cómo llegaron aquí?” preguntó con curiosidad sincera.
“Estamos en un programa de intercambio con Castelobruxo” respondió Hannah con entusiasmo, lista para contar la aventura.
“Estábamos en una excursión para una clase de Herbología en el bosque cuando…” se detuvo, mirándome sin saber muy bien cómo explicar lo que había pasado.
“Unos tipos raros salieron del bosque y nos atacaron al vernos” resumí, intentando mantenerlo casual.
“Caímos al río, nos arrastró lejos, nos perdimos en la selva y las amazonas nos encontraron.” Chiara se puso seria al escucharlo, aunque no por la razón que nosotros creíamos.
Además de preocuparse por nuestro accidente, parecía haber otra idea rondando en su cabeza.
“¿Dices que unos tipos atacaron a alumnos de Castelobruxo?” preguntó, con el ceño ligeramente fruncido.
“Sí.
Escuchamos sonidos de lucha, bestias… parecía que había una batalla en la selva.
Y luego simplemente aparecieron.
Creo que querían silenciarnos o algo así, porque se sorprendieron al vernos antes de atacarnos” dije, tratando de hilar mis recuerdos.
Había algo que no terminaba de encajar… algo en lo que aún no había reparado.
“Hmm… deberían tener cuidado” dijo Chiara con tono grave.
“Yo también noté algo extraño cuando llegué a Brasil.
Más grupos sospechosos de lo habitual, y las amazonas llevan semanas en estado de alerta.
Creo que algo está ocurriendo en la selva” nos advirtió, mirándonos como a dos niños que se habían metido sin querer en algo peligroso.
“Deberían quedarse dentro del campamento o encontrar un traslador directo a Castelobruxo.
No salgan a la selva por un tiempo.” Hannah y yo la miramos preocupada, aunque ninguno de los tres sabía realmente qué estaba pasando.
Aun así, seguimos charlando un rato más, hasta que Niara vino a buscarnos.
Nos despedimos de Chiara, que volvió a su trabajo atendiendo a otros pacientes.
Niara nos indicó que la vieja vidente podría vernos, así que nos guió hacia una de las zonas internas del pueblo, una parte menos transitada.
Allí, las construcciones se veían más antiguas, aunque no por eso menos resistentes.
El olor a hierbas y plantas era incluso más intenso que en el resto del lugar, lo cual era decir mucho tratándose de una selva.
En esta área no solo vivían las videntes: también se encontraban maestras mágicas de todo tipo, como pocionistas, alquimistas y otras brujas de gran importancia.
Llegamos a un edificio circular cuyas paredes estaban formadas por delgados palos apilados uno junto al otro, con un techo cónico hecho de los mismos materiales.
Dentro había varias amazonas, algunas guardias, aunque en su mayoría eran mujeres menos robustas que las guerreras; casi lo opuesto a ellas, lo que dejaba claro que su rol no era el bélico… aunque, claro, siempre existían excepciones.
Entramos en la estructura mientras Niara nos pedía que fuéramos respetuosos y mantuviéramos la voz baja.
El suelo era completamente de tierra, sin ningún tipo de pavimento.
Había varias habitaciones, muchas sin puertas, y en su interior algunas amazonas realizaban rituales, prácticas mágicas o adivinaciones para familias y visitantes.
Continuamos avanzando hacia el fondo, a una zona donde ya no había civiles, solo personal del lugar y guardias.
Llegamos a la última habitación.
Niara tomó la delantera, apartó la cortina que hacía de puerta y nos permitió entrar.
Al cruzar, el olor a humo de hierbas mágicas se intensificó; el ambiente estaba algo nublado, aunque por suerte no parecía peligroso para los pulmones, porque de ser así ya habría varias muertas en ese sitio.
En el centro de la habitación ardía una hoguera, rodeada por varias alfombras individuales.
Al otro lado, sentadas cada una sobre su alfombra, había tres mujeres.
Pero una destacaba por encima de las demás: extremadamente anciana y delgada, con un ojo completamente ciego y el otro apenas funcional.
Su piel parecía corteza agrietada, y llevaba ropas tradicionales junto a numerosos collares y adornos nativos.
Era tan vieja que daba la impresión de que podría morir en cualquier momento.
Esa era la vidente principal.
La misma que había hecho la profecía sobre mí.
No sé si realmente me vio, pero sintió nuestra llegada: respiró hondo en cuanto crucé la entrada, como si mi presencia la hubiera asustado, abrumado o sorprendido.
La anciana extendió la mano temblorosa, intentando alcanzar algo en el aire.
Una de las mujeres a su lado le entregó lo que parecía ser una varita antiquísima.
La vieja vidente, con voz rasposa y quebrada, pronunció unas palabras en un idioma desconocido.
Parecía nativo, y muy antiguo; incluso Niara tenía dificultades para comprenderlo por completo, ya fuera por su falta de conocimiento… o por lo desgastada que estaba la voz de la anciana.
Hannah y yo nos mirábamos sin entender nada.
Las demás mujeres también hablaban en ese idioma ancestral, así que poco podíamos hacer salvo observar.
Yo, por mi parte, la observaba con fascinación.
Con mis habilidades podía sentirlo: su vida era como una vela consumida, una mecha agotada.
Su vitalidad era tan escasa que resultaba sorprendente que siguiera viva… aunque no le daba más de un año de vida.
Quizás algún método mágico podría prolongarla un tiempo, pero no mucho.
“Soy muy vieja… viví muchas lunas y amaneceres…” tradujo Niara de pronto, trasmitiendo lo que la anciana decía con voz apagada.
“…yo ya debería reunirme con la Gran Madre, pero viví hasta hoy para ver este día… para guiar a las amazonas a cumplir los deseos de la Gran Madre…” Hannah y yo nos miramos, luego miramos a Niara, que escuchaba con solemnidad absoluta.
Lo mismo las otras mujeres de la habitación.
Claramente, algo importante estaba siendo revelado.
—“…este día llegó, y espero que puedas cumplir con tu deber, demonio sanguinario… las amazonas harán todo lo posible por ayudarte en tu misión… incluso a costa de nuestras vidas…” Cuando la anciana terminó de hablar, parecía haber quedado exhausta, como si solo esas palabras hubieran consumido lo poco que le quedaba de energía.
El silencio llenó la habitación.
Nuestras miradas se volvieron hacia Niara, esperando alguna explicación… pero ella tampoco dijo nada.
Fue una de las otras videntes, sentada junto a la anciana, quien habló esta vez, dirigiéndose a Niara en un portugués que por fin podíamos entender.
“Llamaré a las guerreras y nos prepararemos.
Saldremos en breve.
Tu misión, Niara, será llevarlos a la cueva y explicárselos” dijo la mujer, levantándose antes de marcharse por otra de las puertas.
Niara, sin añadir palabra, nos hizo salir del edificio.
Estábamos aún más confundidos que al entrar, y la atmósfera de seriedad dejaba claro que algo grande estaba ocurriendo.
“Niara… ¿qué está pasando?” pregunté con desconfianza.
“El destino llama.
Ha llegado nuestro momento.
Las amazonas cumpliremos nuestra gran misión, así como tú cumplirás la tuya” respondió Niara, perdida en sus pensamientos, con una solemnidad casi dolorosa.
“¿Qué?” preguntó Hannah, preocupada ante tanta ambigüedad.
“La profecía de tu llegada fue reciente” dijo mirándome, “pero antes ya existía otra sobre ti.
Aunque solo ahora sabemos que hablaba de ti.
La gran sacerdotisa recibió esa profecía en sus últimos momentos, y al comprender su importancia… se obligó a vivir hasta hoy solo para ayudarnos a cumplir esta misión.
Ahora que estás aquí, y que todo está por comenzar… es posible que no aguante mucho más” explicó con tristeza e impotencia.
Se notaba que la anciana era un pilar espiritual para todas ellas, y su partida seria como la perdida de una madre muy amada.
“Eso… no es lo que pregunté” dije, consciente de sonar insensible, pero sintiendo que me ocultaban lo esencial.
“Te explicaré todo allá.
Ahora vayan a prepararse.
Será un viaje largo.
Avisaré a todos que les den lo que necesiten.
Tomen lo que crean necesario Partimos en una hora” dijo Niara, alejándose.
“¿Dónde?
¿Qué?
¿Cuándo?
¿Por qué?” pregunté mientras se marchaba, dejándonos con más dudas que certezas.
Por un momento, la idea de sacar respuestas por la fuerza pasó por mi cabeza… pero ver a Hannah nerviosa me obligó a mantener la calma.
La situación no mejoró al salir: por todo el pueblo, guerreras salían de sus casas despidiéndose de sus familias.
Muchas se dirigían hacia el mismo punto, formando columnas apresuradas.
Había brujas con sus varitas, pero también mujeres no mágicas cargando arcos, lanzas y armas improvisadas.
Incluso creí ver una que llevaba una vieja pistola oxidada entre sus pertenencias.
La sensación de una guerra inminente era imposible de ignorar, y el ambiente se volvió tenso, casi sofocante.
Hasta las guardias habituales, las que antes patrullaban la selva, se unían a la marcha, dejando aquella zona prácticamente desprotegida.Incluso Chiara observaba desde el edificio del hospital, confundida y preocupada, sin entender qué estaba pasando.
Por mi parte, me mantenía relativamente tranquilo.
Ya había visto situaciones igual de malas… o peores.
Confiaba en mis habilidades, en que podría enfrentar cualquier cosa que nos lanzaran, o al menos escapar con Hannah si algo sobrepasaba mis límites.
Aunque sinceramente, no creía que llegara a ese extremo.
Con Hannah recorrimos el pueblo y varias tiendas, donde tal como Niara había indicado, todos nos ofrecieron productos y suministros gratis.
Algunos no parecían saber exactamente por qué, pero otros me miraban con una mezcla de miedo y esperanza, especialmente las mujeres más ancianas o tradicionales; eran ellas quienes más expectativas depositaban en mí.
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