Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo - Capítulo 380

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Harry Potter: Red Weasley El Extraño Mago Rojo
  4. Capítulo 380 - 380 377 Viajando a nuestro destino
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

380: 377) Viajando a nuestro destino 380: 377) Viajando a nuestro destino Niara vino a buscarnos, guiándonos fuera del pueblo.

Intentamos preguntarle adónde íbamos o qué estaba pasando, pero no quiso responder.

Solo dijo que no hablaría “en este lugar”, que no era seguro, por extraño que eso sonara.

Tomamos los senderos fuera del asentamiento, avanzando cada vez más hasta que volvimos a adentrarnos en la selva.

En un punto del camino, Niara se detuvo y nos preguntó qué tan buenos éramos corriendo en la jungla.

Le aseguré que podría con todo; en cuanto a Hannah, ella ya había aprendido por las malas lo difícil que era moverse por este terreno.

Para nuestra sorpresa, la enorme amazona cargó a Hannah en su espalda sin pedir permiso.

Luego sacó unos objetos y pociones, indicándome que me los colocara, igual que lo haría ella.

Estaba curioso sobre qué eran exactamente, pero solo dijo: “Potenciadores físicos.” Con una pequeña artimaña ded [mercader] —mandar los objetos al Feudo, venderlos, comprarlos y recuperarlos al instante— comprobé que eran auténticos.

Me puse los elementos alquímicos y bebí las pociones, sintiendo un claro aumento de mis atributos… aunque no tanto como debería, probablemente porque mis estadísticas ya eran bastante altas de por sí.

“Sígueme.

No te separes” ordenó Niara antes de comenzar a correr a velocidad absurda.

No tardé en alcanzarla.

Corrimos sin parar, los dos demostrando lo hábiles que éramos para atravesar la jungla sin romper ramas ni detenernos por nada.

Hannah, por su parte, sufría el viaje como si estuviera en la peor montaña rusa del mundo, sacudida en la espalda de Niara.

Avanzamos sin descanso, zigzagueando de forma extraña, como si diésemos vueltas irregulares por zonas que repetíamos varias veces.

Niara claramente conocía un camino oculto… o intentaba confundir a cualquiera que quisiera seguirnos.

Tras un par de horas de este recorrido interminable, llegamos a un pequeño acantilado con una cascada.

Abajo, un lago donde varios ríos convergían.

De repente, Niara me sujetó del brazo y saltó, llevándonos a los tres en caída libre directo hacia el centro del lago.

Saltaba increíblemente lejos.

La acción fue tan repentina que estuve a punto de usar magia para amortiguar el impacto y proteger a Hannah, que era la más frágil.

Pero entonces sentí algo: .magia, en el agua, una magia espacial muy fuerte.

Confiando en que Niara no nos mataría, desistí de intervenir y me dejé llevar.

Caímos al agua… y seguimos cayendo.

Más de lo físicamente posible.

Era como si la gravedad nos arrastrara hacia un fondo infinito, ignorando la flotabilidad y la resistencia del agua.

Luego, de golpe, aquella succión cambió: empezó a empujarnos hacia arriba, pero no hacia el lugar por donde habíamos entrado, sino en la dirección contraria.

El agua nos expulsó hacia la superficie y salimos caminando por la orilla.

Hannah estaba sostenida por Niara, al borde del vómito por tanta intensidad.Yo salí sin problemas, secándome y secándolas a ambas en el proceso, aunque mis ojos estaban más ocupados examinando el lugar.

Habíamos emergido de un lago… pero era otro lago totalmente distinto.

Más pequeño, con vegetación diferente.

Un ambiente distinto de la Amazonia que conocíamos.

Lo confirmé en mi [Mapa]: habíamos recorrido una distancia increíble.

“Vamos, aún queda un largo camino por delante” dijo Niara, esta vez avanzando a un paso humanamente posible.

Las pociones y los elementos mágicos habían perdido su efecto y no eran más que baratijas que dejamos atrás.

Si todo esto era solo el comienzo del viaje, entonces lo que venía debía ser importante… y muy intenso.

Ahora que habíamos reducido la marcha y todo parecía más tranquilo, aproveché para preguntar otra vez qué estaba pasando.

Por lo general era yo quien mantenía secretos y movía los hilos desde las sombras… no al revés.

“Aún no es lugar para hablar” respondió Niara con ese tono seco tan suyo.

“¿Por qué no?” preguntó Hannah.

A ella le incomodaba profundamente avanzar en silencio absoluto, ignorando incluso los sonidos de la selva.

“No es seguro.

Alguien podría escucharnos.” (Niara) “¿Aquí?

¿En medio de la selva?” dije mirando alrededor.

Habíamos entrado en la parte más virgen e inexplorada que había visto hasta ahora.

“Sí”respondió simplemente.

“¿Y de quién se supone que nos escondemos?”(Red) “De todos.” (Niara) “¿Hay alguien más por aquí?” Fruncí el ceño.

“Puede que otras amazonas.

Quizás algunas de las que salieron antes… o de las que vienen detrás.

Este lugar solo lo conocemos nosotras.” (Niara) “¿Y estamos a la defensiva contra tu propia gente?” pregunté, más intrigado aún.

Niara se detuvo apenas un instante antes de contestar: “Esto es demasiado importante para permitir el más mínimo error.

Si debemos desconfiar incluso de la persona más cercana para aumentar las probabilidades de éxito… así será.” Tras eso, volvió al silencio.

Se notaba cuánto peso cargaba esta misión.

Hannah y yo nos callamos también, entendiendo que esto era mucho más grave de lo que imaginábamos.

Y yo… yo podía sentirlo.

Ese destino que me había guiado hasta aquí estaba a punto de cerrarse.

Lo que fuera que íbamos a buscar, donde sea que nos llevara este recorrido, probablemente era el final de mi castigo por alterar el destino de otros.

Caminamos durante un buen rato más.

Tanto, que pensé que terminaríamos durmiendo en la selva si seguíamos así.

Si intentábamos volver por el mismo camino, no llegaríamos al pueblo antes del anochecer.

El hambre comenzó a atacar después de tantas horas de ejercicio continuo, sumado al aburrimiento.

Especialmente para Hannah, que seguía siendo cargada por Niara sin poder hacer más que mirar a su alrededor.

Apenas se movía para no incomodar a su “transportista”.

En un momento, Niara sacó lo que parecían provisiones militares amazonas: unas tiras dulces, aunque no podía saber si eran carne, plantas o quién sabe qué mezcla.

Eran fáciles de comer sin detener la marcha.Como buen compañero de viaje, saqué comida de mi inventario, mucho más variada y más fácil de tragar que aquellas tiras misteriosas.

Niara la rechazó de inmediato y nos advirtió: “No nos detendremos a ir al baño ni por ninguna otra necesidad.

No arriesgaremos el viaje por comida que pueda caerles mal.” Yo estaba más que seguro de que mis alimentos no causarían problemas, así que igual comimos Hannah y yo, aunque la amazona nos miró con evidente desaprobación.

Claro, Hannah, con miedo de que la naturaleza la llamara, redujo la cantidad ingerida solo por precaución.

Seguimos adelante, pero a cada paso el camino se sentía más pesado, como si la propia selva no quisiera que nadie avanzara… y aun así parecía cooperar con nosotros.

Los animales nos abrían paso, y con el tiempo empecé a notar criaturas mágicas cada vez más abundantes.

Era como si la selva estuviera viva y vigilante.

Este recorrido continuó hasta que por fin vimos a otras personas: más amazonas del mismo pueblo de antes, vigilando y colocando algunas trampas.

No pudimos detenernos a observar demasiado; nuestro camino no podía frenarse.

Hannah ya estaba agotada mentalmente.

Toda esta tensión y el viaje constante, sin poder hacer otra cosa más que aferrarse a Niara, la tenían al límite.

Yo solo podía consolarla hablándole y contándole chistes para hacerla reír.

Pero incluso así… esperaba que esto terminara pronto.

Temía que fuera demasiado para la niña.

Quizás no traerla habría sido lo mejor; si estuviera sola podría avanzar más rápido y soportar mejor todo esto si se prolongaba.

El camino seguía y cada cierto tiempo encontrábamos más amazonas en puntos específicos, formando lo que parecía un perímetro de protección.

Cuanto más avanzábamos, más clara era la distribución: las más jóvenes patrullaban las zonas exteriores, mientras que las mayores estaban en las partes más profundas, hacia donde nos dirigíamos.

Llegamos a una zona donde la vegetación dejaba ver un poco más, y entonces la vimos: una pequeña montaña o formación rocosa cubierta de plantas.

Parecía ser nuestro destino.

A medida que avanzábamos, más piedras sobresalían del suelo.

Finalmente cruzamos un control: un perímetro formado por amazonas mayores.

Pocas eran ancianas, pero en más de una se notaban arrugas alrededor de los ojos.

Niara se detuvo al llegar allí, jadeando un poco.

Se la veía exhausta por todo el viaje.

Incluso con su excelente condición física, soportarlo no había sido fácil.

Yo, en cambio, estaba fresco como lechuga, y eso hizo que me ganara cierta admiración de su parte… así como que reconoció aún mas mi título de “demonio sanguinario”.

Niara y una mujer que parecía ser una comandante o líder intercambiaron saludos en ese idioma extraño que ya habíamos oído antes.

Se comprendieron con apenas unas palabras, y enseguida nos abrieron paso.

Niara bajó a Hannah, que estaba entumecida y apenas podía moverse al principio.

La sujeté y la ayudé, usando mi poder para aliviar su sitaución.

Los tres cruzamos el perímetro y avanzamos hacia aquella extraña montaña.

Cuanto más nos acercábamos, más evidente era que no era muy alta ni extensa… quizás del tamaño de Hogwarts.

Pero lo peculiar era la piedra que la formaba: oscura, no como ébano ni tinta, pero sí de un gris opaco y profundo.

Llegamos a la entrada: una cueva natural formada en la roca.

En su interior, el color oscuro de la piedra se volvía casi negro bajo la ausencia total de luz.

“Llegamos…” susurró Niara, dando un suspiro de alivio, pero sin dejar su lado su seriedad.

Entonces, como preparándose para cumplir la siguiente parte de la misión, mirándonos, dijo.

“Vamos.” Caminó hacia adentro con pasos lentos, como si no quisiera perturbar el silencio sagrado del lugar, y sacó su varita para conjurar el equivalente portugués de Lumos.

Hannah y yo la seguimos, a medio paso de distancia, una a cada lado, admirando el extraño lugar al que nos habían traído.

“Ahora sí me dirás qué estamos haciendo y qué es este lugar, ¿no?” Pregunté mientras que cierta carga sobre mí se desvanecía.

Sentía que el poder del destino que me había traído hasta aquí se desvanecía.

Ya no estaba atada a nada.

Había cumplido mi parte y, si quería, podía irme sin más, sin consecuencias… siempre y cuando no volviera a meterme en problemas.

Pero luego de todos este viaje y misterio, la curiosidad me mantenía allí, esperando ver que era todo esto.

“Sí, ahora podemos hablar” respondió Niara mientras avanzaba por el túnel, iluminando las paredes.

“Este lugar es sagrado?” preguntó Hannah sin poder contenerlo, curiosa y algo nerviosa.

Bajo la luz de la varita de Niara, las paredes de la cueva revelaron un entramado de dibujos tribales y diversos símbolos de colores.

A simple vista, se notaba que algunos eran más recientes que otros.

Con un conocimiento básico de magia, se podía discernir que formaban una especie de matriz protectora: un encantamiento complejo diseñado para resguardar este lugar.

Pude entenderlos en parte gracias a mi tiempo en Avalon, ya que sus principios eran similares.

“No, este lugar es medianamente normal.

Lo sagrado aquí no es la cueva en sí, sino lo que resguarda, algo que las Amazonas juramos proteger,” afirmó Niara con la mirada fija en el frente.

“¿Un tesoro?

¿Una persona?

¿Un…?” pregunté, notando cómo Niara nos dejaba, intencionalmente o no, en el misterio.

“Un tesoro de la Vieja Era, un ser que debemos proteger hasta que cumpla su destino,” dijo, mirándome con una punzada de intensidad, “hasta que cumplan su destino.” “¡¿Pero qué es exactamente?!” Me estaba impacientando.

Pero antes de que pudiera insistir más, noté que más adelante había luz, una luz que no provenía de la varita.

Parecía que llegábamos al final del túnel, que no era tan largo ni tan enrevesado como había esperado.

🎁—/——/🎁/———/🎄🎁🎄/———/🎁/——/—🎁  ✨🎄✨ ¡Feliz Navidad a todos mis lectores!

✨🎄✨ 

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo